Nuestra noche negra (Dioses de Euskadi) Bederatzi. En el más allá. Nueve
17%

Bederatzi. En el más allá. Nueve

BEDERATZI En el más allá NUEVE

Herio

—Me encanta tu risa.

Me siento como un tonto después de haberlo dicho, pero no pasa nada. Soy un tonto cuando estoy con ella, ya debería asumirlo.

Ella se contiene. Quiere reír, pero no quiere darme en el gusto.

—Creí que odiabas las risas —dice y se muerde el labio para no reír.

La luz de la mañana ilumina el brillo de sus ojos. Tengo que contenerme mucho para no inclinarme y ser yo quien muerda ese labio. Si nos vieran, me expulsarían de la academia.

Aunque me inclino de todas formas, aunque sea solo para susurrarle al oído.

—Ya, pero es que odio las risas de los tontos. ¿Eres una tonta, panpina? [47]

No se aparta. Levanta el rostro, su nariz casi roza la mía, no le importan nuestros compañeros alrededor. No le importa lo peligroso que es que estemos tan cerca.

—A veces —dice, mirando mi boca— soy una tonta.

Su aroma me está enloqueciendo.

—¡Herio! —La voz de la profesora me hace saltar sobre mi asiento—. Vuelve con tu compañera, ahora.

Sé que se refiere a mi compañera asignada. Ojalá pudiera decirle que mi compañera, mi única compañera, es…

El ronroneo del tren nos interrumpe. Está a punto de ponerse en marcha. Ya no estamos en la clase; yo estoy en un vagón y la chica de pelo celeste, fuera, en el andén, de espaldas a mí, casi consumida por la oscuridad.

Corro hacia las puertas y golpeo, desesperado porque se abra.

—¡Sofía! ¡SOFÍA! —El grito me desgarra la garganta y me vuelvo loco creyendo que la voy a perder, mientras golpeo con fuerza el cristal de la puerta.

Las puertas se abren, joder.

Doy un paso, pero solo uno. No puedo bajar. Si bajo, ambos estamos condenados.

Ella se gira hacia mí y abre mucho los ojos, mirándome impresionada.

No sabe quién soy.