Nuestra historia desde la oscuridad a las estrellas ✦ CAPÍTULO 18 ✦
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✦ CAPÍTULO 18 ✦

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Entre la magia y el primer destello de duda

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Al llegar a casa tras aquel fin de semana en el campo, encendí el teléfono y comprobé que ya tenía mensajes suyos.

Me escribía diciendo que ya me echaba de menos, que no dejaba de pensar en mí.

Aquello me dio un vuelco directo al corazón, y a partir de ahí las quedadas se volvieron mucho más intensas y llenas de ganas.

Aunque trabajara y se acostara a las tantas —igual que yo—, todas las noches las dedicábamos a charlar.

Eran conversaciones llenas de intenciones, con el único objetivo de volver a vernos cuanto antes.

Y así fue. Quedamos un día, y otro, y otro más.

Todo era maravilloso, ya fuera para tomarnos un café rápido o para ir directamente a su casa.

Aunque a veces tenía la sensación de que todo iba más rápido de lo normal, por primera vez en mi vida me pasaba algo así: sentía que el corazón me palpitaba de verdad, una sensación que jamás solía experimentar.

Decidí no complicarlo y dejarme llevar por lo que sentía, porque sabía que era completamente auténtico.

Recuerdo una noche especialmente en su casa, mientras veíamos una película y estábamos abrazados. Le miré y le dije con sinceridad:

—Yo no sé si hago bien o mal, porque tengo miedo a que me vuelvan a lastimar.

Él me miró y me aseguró que no, que jamás me haría daño, que le transmitía muchísima paz y que le encantaba estar conmigo.

Pasó aquella noche y volvimos a la rutina de siempre: los mensajes, las idas y venidas.

Sin embargo, con el paso de las semanas, la vida empezó a verse de otra manera.

Aunque seguíamos quedando cuando las agendas lo permitían —a veces con un poco más de distancia por falta de tiempo—, mi forma de observarlo todo cambió.

Echaba la vista atrás y recordaba cuando íbamos por la calle de la mano, sonriendo y sintiendo que nos comíamos el mundo.

Pero en esos reencuentros más tardíos noté que la cosa se había enfriado un poco.

Me daba cuenta de todo, observaba cada detalle.

Había empezado a abrirse un pequeño hueco entre nosotros.

Él ya caminaba un poco más adelantado, con la mano en los bolsillos, como si algo estuviera cambiando o como si el desinterés empezara a asomar.

Los días pasaban y ya no quedábamos espontáneamente para un café; cada uno parecía estar más a lo suyo.

La magia curiosa y desbordante de aquella noche mágica en el campo parecía haber bajado de intensidad.

Yo lo notaba todo, observaba cada silencio, y en mi interior comenzaron a surgir las preguntas inevitables. ¿Qué estaba pasando realmente?

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