Nudos de sal Capítulo 17
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Capítulo 17

T EO C OSTAS

¿Perdón? ¿Estaba a punto de desvelaros a qué olía cuando me atacaron? Pues… no me acuerdo. Sinceramente.

¡Ah, lo siento, don Estoy En Mi Casa O En La Playa Bien A Gustito Enterándome De Esta Historia Mientras Teo Tiene La Cabeza Como Un Melón! A ver si ahora va a ser mi culpa perder el hilo de las conversaciones.

Me voy a tranquilizar hablándote de algo que sí sé. Lo que tenía claro es que Ramiro estaba metido hasta el puto cuello. ¿Cómo no iba a estarlo? Jodida prensa de los cojones y su san Ramiro. En este país se dulcifica a los muertos. ¿Y si resulta que era un cabrón?

Acusarlo era imposible porque no tenía pruebas, pero yo lo sabía de antes, claro.

¿Cómo suponíais que había entrado Antón en ese negocio?

Esa fue su verdadera herencia. Miles de euros.

¿Qué digo miles? ¡Millones! Décadas llevando una vida cojonuda a costa de ser el tesorero de los narcos.

A costa de no tener moral ni principios. Así todo es más fácil, ¿verdad?

Si queréis saber cómo lo hacía, buscad la historia de Cala Aster pot.

Y, si no os acordáis, rebobinad. Adonis Asterpot pierde su dinerito porque folla pagando día sí y día también, esnifa todo lo que le entra por la nariz y bebe hasta que le revienta el hígado.

¿Y quién está allí cuando su decadencia alcanza el summum ?

Los capos que querían convertirse en ciudadanos honrados.

Aprovecharon la ruina del inglesito para pasar de narcos a constructores.

Y se lo permitieron con sobres. Pero ¿no os parece algo extraño que unos traficantes de droga se interesen repentinamente por una zona concreta de Monteferro?

Hoy en Aprende con Teo : «M i instinto policial está atrofiado».

A ver, lumbreras, ¿cuál era el gran capricho que había motivado, incitado, animado, a Charles «Forradito de Pasta» Asterpot a construirse la humilde mansioncita en Monteferro?

Sí, la cala. No una cala cualquiera donde puede ir todo el mundo, aunque el acceso sea difícil.

No, no: SU cala. PRI-VA-DA . Es decir, los tipos que metían droga en la zona dieron con un fulano que necesitaba dinero y encima tenía una cala privada.

Vamos, que el negocio estaba hecho. Compraron los terrenos y el casoplón a Asterpot, el tipo volvería al fish and chips (valiente guarrada) encantado y los honrados «constructores» deshicieron toda la mansión, construyeron adosados y otra cosa mucho más importante.

Bueno, importante se queda corto. Construyeron algo decisivo, imprescindible, clave para entender quién mató a Ramiro.

Y esa cosa es…

Es mejor que pare de contarlo aquí, ¿no? Así genero un poco de intriga. Tendría que haberme ganado la vida como narrador de historias. O cuentacuentos. Me habría ido mejor. Y tal vez lo hubiera hecho de no ser por lo de mis padres…

Sí. Eso también más adelante. Ahora querréis saber cómo está vuestro amigo Teo, ¿no?

Bueno, en realidad no. En realidad os estáis preguntando qué es eso tan importante que construyeron los putos narcos cuando compran la cala Asterpot.

¿A que sí? ¿Qué es eso tan decisivo, tan imprescindible, tan clave… ?

Pues a esperar. Que esta es mi historia.

Ahora mismo estoy en una cama de hospital.

Es una habitación individual, creo. Nada más entrar, a la izquierda, está el baño.

Huele a lejía. Esto de estar a punto de diñarla desata los sentidos.

Menuda fantasía de olores y ruidos. La lejía, un médico que apesta a colonia barata, un enfermero con halitosis y una tía que huele a talco.

No sé si se echa encima el bote de polvos de talco o es que el perfume huele así, pero me flipa.

Entiendo que me han estabilizado. Y, teniendo en cuenta la hostia que me dieron en mi propia casa, me parece un milagro.

He intentado abrir los ojos varias veces, pero no soy capaz.

Imagino que estaré en coma o más sedado que un perroflauta de festival.

Vete tú a saber. Sé que mi chica viene de vez en cuando por su colonia…

Pero tal vez podría estar imaginándolo todo.

La verdad es que morirme me toca los cojones. Más ahora que espero una hija. Me había costado decidirme a dar ese paso y ahora que por fin lo doy llega un hijoputa o hijaputa y me deja la cabeza como un melón. Manda carallo .

Por cierto, ¿seguís pensando en qué construyeron los narcos en la cala?

Normal. Yo también lo haría.

Cómo me gusta tocar las narices. Si alguien me dijese que tengo que estar un día sin hacerlo, creo que me moriría.

¿Os lo cuento?

Un momento…, veo una luz… Una luz al final del túnel…

Túnel.

Del túnel.

Más claro no puedo ser, amiguiños y amiguiñas. Todos y cada uno de los adosados de Cala Asterpot estaban conectados por un túnel.

¿Tuvo esto que ver en la muerte de Ramiro Rey?

Si usamos la aplastante lógica policial: si Antón Rey era el tesorero de la Fariña, ¿no debía él conocer ese túnel secreto?

¿Y si fue su vía de escape, o incluso su forma de llegar a la piscina?

Tal vez bastaría con ausentarse de la fiesta…

No sé, por ejemplo, ¿los quince minutos que Javier Marco dijo que lo había perdido de vista?