Novio perfecto (Campus Drivers 2) 28. Donovan #3
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28. Donovan #3

—Entonces deja de intentar hacer no sé qué cosa inédita para convertirte en no sé qué cosa diferente. No necesito eso, ya me conquistaste con tus amenazas y tu mal carácter. ¿De verdad quieres perder más tiempo en lugar de disfrutar de este cuerpo maravilloso?

—Cómo he podido echar de menos tanta arrogancia...

—Repite eso —digo, separándome de la puerta.

—Me has oído perfectamente.

—Se me ha acumulado leche seca en los oídos, no estoy seguro.

—Te he echado de menos —susurra escondiéndose bajo la manta.

Esas palabras me golpean. Es la primera vez que se abre así. Ya no hay juego en este momento, solo está Carrie, a la que me muero por abrazar. Tiro de la manta y la aparto a un lado.

—Dilo otra vez.

—Era más fácil salir corriendo que enfrentar lo que sentía. Pero ha sido demasiado difícil para mí poner distancia. Yo quiero...

—¿Qué quieres?

—Ya lo sabes...

—Dilo.

Se muerde el labio; su pecho sube y baja.

—Dilo —repito, apoyando una rodilla en el colchón.

—A ti.

—¡Aleluya!

Subo a la cama y me coloco encima de ella.

Con mis piernas a cada lado de sus caderas, desato el cinturón de esa cosa ridícula que lleva puesta y la abro de par en par.

Joder, el encaje de su conjunto es tan fino que puedo distinguir sin problema lo que hay debajo.

Me obsesiona tanto que me aparto del tema principal.

Agarro los bordes de su ropa interior y tiro.

—Don, estamos en mitad de una conversación seria.

—Un segundo.

Repito el mismo gesto.

—¿Quieres dejar ya tu numerito?

—Te mereces a un tío que te rasgue la ropa interior.

Me da un golpe en las muñecas y me obliga a desistir.

—Ya volveré a ocuparme de ti —gruño al trozo de tela rebelde.

—Donovan...

—Te escucho, ¿por dónde íbamos? Ah, sí. Me echas muchísimo de menos y te sientes culpable por haber huido porque me echas muchísimo de menos.

Se tira de los rizos para cubrirse la cara. Yo los deslizo entre mis dedos disfrutando de su suavidad. Tiene las mejillas rojas. Está demasiado adorable cuando abre su corazón. Es hora de poner fin a nuestra batallita de gallos. «He ganado».

—Solo tenías que decirme eso para que volviera a ser tu novio. No hacía falta montar todo lo demás. Me encanta verte intentar conquistarme, pero no cambia nada: me enamoré de ti en cuanto te vi.

—¿De verdad?

—No, pero en tus libros siempre queda de lujo.

—¡Qué cabrón! ¿Y encima te atreves a decir que eres el mejor?

—Fuiste tú quien provocó nuestra ruptura. Tú eres la mala de la historia.

—¡Para nada! ¡Yo soy el giro de la trama!

—Vamos, no hubo ningún suspense. Todo el mundo sabía que acabarías cambiando de opinión.

Frunce el ceño. Sabe que tengo razón, y eso la vuelve loca. Así que, inevitablemente, va a amenazarme.

—Te voy a depilar los huevos, tío.

«¡Ahí está!».

—Vuelves a tus orígenes, cariño. El círculo se ha cerrado. Ahora bésame para hacer las paces.

Se incorpora para alcanzar mi boca, pero me divierto echando la cabeza hacia atrás para obligarla a acercarse más.

—Don...

Atrapo el nombre que pronuncia entre mis labios y lo empujo con la lengua mientras caigo con fuerza sobre ella.

Sus piernas se cierran alrededor de mis caderas, sus brazos alrededor de mi cuello, y nuestro beso sobrepasa todos los límites conocidos.

Se abandona por completo, y lo siento tan profundamente que gruño de placer.

—Fue en ese momento cuando me enamoré de ti, Carrie Wolinski. Cuando me besaste por primera vez después de tirarme leche encima.

—Ese discurso es tan perfecto que estoy orgullosa de ti, soldado.

—Ahora te toca a ti.

—¿El qué?

—¡Declararte!

—Eso no funciona así.

—Eso es lo que hacen las buenas novias. Suéltalo, ¿cuándo fue?

—Cuando te tiré leche encima.

—¿Hace apenas veinte minutos?

—Diría que quince, como mucho.

—Todo ese amor no correspondido durante semanas... Entonces, si analizo la situación, ¿manifiestas tus sentimientos tirándome líquido a la cara?

—Sí.

—Un líquido blanco y templado... —continúo arqueando una ceja—. En realidad, es precioso.

Me incorporo sobre ella y hago como si fuera a bajarme la cremallera del pantalón.

—Ni se te ocurra.

—Quiero demostrarte cuánto te quiero.

—Guarda tu artillería pesada, eso no va a pasar nunca.

—Pero tú ha...

—Nunca.

Me dejo caer hacia delante y ruedo sobre la espalda, arrastrándola conmigo contra mi costado.

Apoya la mejilla en mi pecho y desliza una pierna sobre la mía.

Probablemente no siempre seré el mejor novio del mundo, Carrie seguramente será una novia loca la mayor parte del tiempo, pero eso es precisamente lo mejor.

—Amelia está aquí, seguro que tiene ropa decente que prestarte.

—¿Para qué?

—Estamos oficialmente juntos, así que tenemos que ir a casarnos y a tener un hijo que tenga tu pelo y mis ojos.

—¿Podemos comer una pizza primero?

—Supongo que podemos picar algo antes.

Miro de reojo su muslo desnudo y el encaje negro que cubre su culo.

—En realidad, vamos a empezar por hacer honor a ese conjunto. Ha tenido un comienzo desastroso, ahora toca darle una continuación majestuosa.

—¿Un poco como nosotros?

—Exactamente como nosotros.