27. Carrie #2
Mis manos están agarradas a sus hombros, pero mi mente ya no controla nada. Ni siquiera oigo sonar mi móvil; es Donovan quien hace que me dé cuenta.
—Por suerte para mí, nunca contestas.
El teléfono vuelve a sonar. Miro hacia mi asiento sin intención de coger la llamada... hasta que el nombre que aparece en la pantalla me hace cambiar de idea al instante. Me apresuro a por el móvil, me aparto para bajar de las piernas de Don y vuelvo a mi asiento con dificultad.
—¿Hola?
—¿Estás contestando al teléfono? —se indigna Donovan.
Le tapo la boca con la mano, más fuerte de lo que pretendía, pero es porque acabo de reconocer la voz de Greyson al otro lado y la sangre se me hiela. Si me llama es porque seguro que a mi madre le ha pasado algo. He estado ignorando sus últimas llamadas; tenía un mal presentimiento.
—Sí, Grey, te escucho.
—Será mejor que vuelvas. Tu madre la ha vuelto a liar.
Con una sola frase hace añicos la ligereza del momento.
—¿Qué ha hecho esta vez? —susurro.
—Tranquila, ya está todo bajo control, pero será mejor que vengas.
—¿Qué ha hecho?
—Ha provocado un inicio de incendio.
—¿Cómo? ¿Dónde?
Siento la mano de Donovan apretándome el muslo. Mis ojos se deslizan lentamente hacia él, pero en realidad no lo veo; mi mente ya está en Cinci. Por mucho que haya querido mirar hacia otro lado estos últimos días, mis problemas no se han arreglado.
—En tu casa. Tranquila, estaba delante de la mía cuando empezó el fuego, así que he podido correr para evitar una tragedia. El salón ha sufrido algún daño, pero podría haber sido mucho peor.
—¿Ella dónde está?
—En su casa. Los bomberos querían llevarla al hospital para comprobar que no hubiera inhalado humo, pero perdió los nervios. También vinieron dos policías. Creo que harán un informe.
—Mierda, mierda y mierda... Voy para allá. Seguro que aún puedo coger un autobús antes de que cierre la estación. Yo... joder. Gracias por avisarme, Grey.
—Estaré aquí al lado. Avísame cuando llegues, puedo ir a recogerte a la parada.
—Vale, te llamo cuando esté a punto de llegar.
Oigo el pitido que indica el final de la llamada, pero el móvil sigue pegado a mi oreja.
Tengo el brazo rígido y entumecido, como si mi corazón estuviera a punto de detenerse.
De algún modo, eso es lo que está pasando.
La chica despreocupada que he sido estos últimos días acaba de morir; la verdadera Carrie acaba de despertar.
—¿Carrie?
«¡Esto tiene que parar!». La calma de la que he querido disfrutar era demasiado perfecta para ser real.
De hecho, creo que nunca ha existido; solo he estado fingiendo que todo iba bien porque quería saber cómo me sentiría.
El golpe de realidad es más violento de lo que esperaba. Y también más rápido.
—¿Carrie?
El interior del coche me oprime de repente. Mis rodillas parecen estar atrapadas bajo el salpicadero, y es como si mi codo estuviera demasiado cerca de la puerta. Donovan se mueve incómodo a mi izquierda y empeora mi malestar. Tengo que irme.
—¿Puedes dejarme en la estación de autobuses? —consigo articular.
Tengo náuseas. Siento cómo la rabia va ganando terreno y chocando con unas lágrimas contenidas.
—¿Tu madre tiene algún problema?
—Tengo que coger el autobús ahora mismo.
—¿De qué autobús estás hablando? Te llevo yo.
—¡No!
No quiero que me acompañe a Cinci. No tiene nada que hacer allí, y me niego a que vea el estado en el que mi madre ha dejado la casa desde que mi padre se fue.
Cada vez que vuelvo a casa, intento borrar el rastro de uno de sus arrebatos, pero todo vuelve a empezar en cuanto me voy.
Y haciendo un cálculo rápido, me doy cuenta de que hace un tiempo que no he puesto un pie en mi casa.
«¡Dios mío, eso va a ser un desastre!». Mis pensamientos se desbocan y se vuelven cada vez más oscuros.
—Prefiero coger el autobús. Greyson vendrá a buscarme cuando llegue.
—¿Greyson? ¿El vecino con el que jugabas al strip basket ? —reacciona con la voz tensa.
«¿Se acuerda de eso?». Da igual, no tiene ninguna importancia ahora mismo.
—En coche tardamos menos de dos horas...
—¡No quiero que me acompañes! —lo interrumpo.
Se desabrocha el cinturón y se gira para sentarse de lado.
—¿Qué está pasando allí? ¿Qué te ha dicho tu amigo?
Pronuncia «amigo» con cierta acidez mientras me mira fijamente.
Aquí está pasando algo, pero estoy demasiado alterada para prestarle atención.
Lo único que me importa ahora mismo es salir de Columbus.
El móvil emite un sonido de aviso de la aplicación: le ha entrado una solicitud de viaje.
A él le espera una clienta; a mí, el desastre. Él no pinta nada en todo este lío.
—¿Sabes qué? Déjalo. Llegaré antes andando.
—¡Espera!
Me sujeta la mano justo cuando estoy a punto de abrir la puerta y ladea la cabeza para buscar mi mirada.
—Cuéntamelo. Ya veía que algo no iba bien cada vez que ibas a Cincinnati. Siempre me he mantenido al margen a la espera de que confiaras en mí, pero ahora ya no tienes por qué apartarme.
—¿Eso crees?
—Soy tu chico, es normal que esté ahí para ti.
«¡Eh, eh, eh! ¿Cómo?».
—Párate un segundo y respira. Ahora vas a calmarte y me vas a explicar qué te pasa para que estés tan rara de repente.
—No quiero hablar de eso, Donovan.
—Pero eso es lo que hacen las parejas, Carrie.
«Pero ¿qué demonios está diciendo?».
—¿De qué hablas? Tú y yo no somos...
Las palabras se quedan atrapadas entre mis dientes apretados. Él sabe que no quiero novio. Nosotros solo, solo... De tanto forzar mi cerebro, acaba entrando en cortocircuito.
—¿Crees que porque nos acostemos y te deje besarme eso nos convierte en pareja?
Sus ojos se abren de golpe antes de entrecerrarse. Ni siquiera sé muy bien qué acabo de decir; solo quiero salir de este cerco asfixiante que me estrangula.
Una risa seca se escapa entre sus labios tensos.
—No, en realidad soy más idiota que eso. Creía que estábamos juntos porque me gusta pasar tiempo contigo y tenía la impresión de que era mutuo. Así que, ilumina a mi pobre cerebro de retrasado. Según tú, ¿qué somos?
Respondo al instante.
—Soy la que te da consejos de mierda para que seas un buen novio, aunque ni siquiera crea en todas esas tonterías.
—¡Guau! ¿Y ya está? ¿No te parece que ya hemos dejado ligeramente atrás esa etapa?
—Lo que he dejado atrás han sido mis límites, eso desde luego.
Mi cuerpo se mueve solo. Mi mente es un caos, igual que el que debe de reinar en casa de mi madre en este mismo momento. Cojo mi bolso y salgo del coche.
Camino sin fijarme en la dirección, solo intentando llegar a la avenida principal.
Desbloqueo el móvil para pedir un Uber cuando una mano tira de mi brazo hacia atrás.
—¿Qué coño haces?
—Voy a la estación de autobuses —recito mecánicamente.
Recupero mi brazo y vuelvo a echar a andar a paso rápido. Donovan me adelanta y se planta delante de mí para impedirme avanzar.
—¡Déjame pasar!
—No hasta que me expliques por qué vas a mandarlo todo a la mierda.
—¡Tengo cosas más importantes de las que ocuparme, por si no te has enterado!
—Pues eso mismo, que no me he enterado.
—¡Tengo una emergencia familiar, Donovan! —escupo con rabia.
—¡Y yo quiero ayudarte! Así es como funciona entre nosotros: tú me ayudaste y ahora te devuelvo el favor.
—No necesito tu ayuda y, ya que estamos, ¡estoy harta de esta historia! Las cosas van mejor con tu hermana, así que ya podemos dejar esta farsa.
—Estás alterada, pero no digas tonterías. ¡Míranos, joder! ¿Por qué actúas como si no hubiera nada entre nosotros? Al principio puede que solo fuera sexo, pero ¡no me hagas creer que las cosas no han cambiado!
«Eso es mentira. Nada ha cambiado. Mi madre sigue siendo una carga, y yo sigo siendo la misma».
—Has conseguido desviarme de mi camino, puedes estar orgulloso. Ahora no tendrás ningún problema para seducir a cualquier chica de la facultad.
—Me importan una mierda las otras tías, no me interesan. Es contigo con quien quiero estar, Carrie Wolinski, y llevo días dándome cuenta de ello. Solo esperaba que tú también abrieras los ojos.
Me está declarando lo que siente y lo único en lo que pienso es en lo que pasa cuando dejas que un chico encuentre el camino hasta tu corazón.
Me siento amenazada. Nunca habría intercambiado ni una palabra con él si no hubiera insistido tanto en pedirme ayuda.
Mirándolo ahora con perspectiva, no entiendo qué se me pasó por la cabeza, pero sí sé lo que arriesgo como siga por este camino.
—¿Abrir los ojos a qué? Llevamos demasiado tiempo jugando a esto. En el fondo ni siquiera sé quién eres. Aplicas lo que saco de mis libros y, al final, ya no soy capaz de distinguir lo falso de lo verdadero.
De todo lo que le he soltado en estos últimos cinco minutos, siento que esto se me ha ido de las manos. «Demasiado lejos», me susurra una vocecita.
—¿Te estás burlando de mí? Contigo he sido más yo mismo que con nadie. ¿Por qué tienes tanto miedo, joder? ¡No te estoy pidiendo que te cases conmigo ni que me des tres hijos!
—¡No quiero un novio! ¡No te quiero a ti!
Corrección: ahí está el punto de no retorno.
—¡Ah!
Me ha dicho mil cosas hasta ahora, pero ese simple «¡ah!
» es más contundente que todo lo demás. Aun así, cuando se aparta fríamente para dejarme paso, lo adelanto sin escuchar lo que se agita dentro de mí.
Lo dejo atrás y corro hacia la calle principal, obligando a mis emociones a centrarse en mi prioridad.
Parece funcionar: mi mente está completamente en blanco.
Las tres horas siguientes pasan sin que apenas me dé cuenta. Greyson me recibe en la parada del autobús y apenas escucho lo que me cuenta. Ni siquiera ha apagado el motor de su coche cuando ya estoy en la acera frente a mi casa.