Novio perfecto (Campus Drivers 2) 25. Carrie #2
83%

25. Carrie #2

—No está mal. ¿Tú qué opinas, Carrie? —me pregunta Don.

—Mmm... Carrie no se ha enterado de nada —digo, haciendo una mueca.

—Le estamos regalando un nuevo tapizado para los asientos de su coche —me explica Adam—. Y esto es una muestra de lo que puede elegir.

—¡Ah! Vale, ahora tiene mucho más sentido.

Don me pasa las muestras y las examino con atención.

—El once es bonito y agradable al tacto. Pero, vamos, es solo mi opinión.

—El 11, apuntado.

—Y tú, Carrie, ¿no le regalas nada a nuestro pequeño Donny? —pregunta Lewis.

—Su regalo está en la habitación, lo tendrá más tarde.

—¡Oh! ¡Mira, la muy pillina!

—¡No es lo que he querido decir!

—Sí, claro, claro... Yo nací el 29 de febrero, por cierto. Y mi cuarto es la primera puerta a la derecha.

—Tío, pero tú eres...

—¡Tu próximo cumple es dentro de cuatro años, qué pena! —interrumpo a Donovan.

—Te esperaré.

Se da dos golpecitos en el pecho y me señala con el dedo. Veo cómo sus ojos se desvían hacia Don, justo detrás de mí, y no sé qué descifrar en la cara de su amigo, pero mueve las cejas con aires de macarra.

El antebrazo que me rodea se pega un poco más a mi vientre, y la otra mano empieza a juguetear con los ricitos que nacen en la base de mi nuca.

No soy especialmente dada al contacto físico, pero esta vez le dejo hacer.

Es agradable, tiene algo de reconfortante.

No parece sorprender a nadie a nuestro alrededor, y las conversaciones continúan hasta que las necesidades de mi vejiga rompen el ambiente creado.

Para cuando vuelvo del baño, Don ya no está en el sofá. Lo busco por la habitación y lo localizo junto a la ventana, hablando con su hermana. «¡Por fin!». Me pone tan nerviosa como si la implicada fuera yo.

Se ha quitado la corbata y se ha desabrochado algunos botones de la camisa; tiene el ceño fruncido y mueve la boca a toda velocidad. Amelia, en cambio, mira hacia el cristal y asiente de vez en cuando.

Debe de notar que lo estoy observando, porque dirige la mirada hacia mí y me sonríe.

Amelia se da cuenta. Me encantaría saber leer los labios para descubrir qué le susurra entonces.

Estoy convencida de que le dice algo sobre mí.

Intento descifrar lo que se dibuja en el rostro de Donovan mientras sigue mirándome.

De pronto estalla en una carcajada, asiente y dedica a su hermana una sonrisa pícara.

Aprovecho que queda libre un sillón para sentarme y observo a los estudiantes que se mueven a mi alrededor.

Lois y Lane están abrazados, más enamorados que nunca.

Becca y Carter están en su dinámica bipolar: se comen la boca entre discusión y discusión.

Por los fragmentos de conversación que alcanzo a oír, Carter sigue con el tema del perro que quiere adoptar.

Paso a Adam, apoyado junto a la tele, metido de lleno en una charla con Kirk y otros tres chicos del equipo de baloncesto.

Lanza miradas discretas hacia Amelia y termina dándose cuenta de que lo estoy observando desde lejos.

Asiente y me sonríe, confirmando sin pudor que la hermana pequeña de su compañero de piso le ha llamado la atención.

Hace poco habría odiado presenciar esta proliferación de parejas, pero no esta noche.

Parece fácil y agradable. Mi mirada se desvía de forma natural hacia Donovan: le tiende la mano a Amelia, quien se la estrecha mirándolo muy seria.

Está lejos de haber pasado página —es demasiado pronto—, pero ya hay un progreso evidente.

Se separa de su hermano y Adam no tarda en acercarse.

«¿No seré yo la reina de las celestinas? ».

Donovan se sienta en el reposabrazos de mi sillón, apoya el codo en el respaldo y me hunde el índice en la sien.

—¿Estás meditando?

—Estoy preparando mi próximo movimiento. Amelia y Adam se llevan genial; voy a empezar una carrera como emparejadora profesional.

—Qué bonito proyecto... ¿Alguna idea de tu próxima víctima?

—¿Por qué no Kirk? No deja de mirar a Lois a escondidas, se le ve incomodísimo; aunque, bueno, también es verdad que se lo tiene merecido.

Lane le lanza cada mirada asesina cuando lo pilla in fraganti que parece que lo vaya a acabar metiendo en el maletero y tirándolo al fondo del río Scioto. Necesita una novia.

—Cheyenne ya está en ello. En nuestra cita desastrosa me confesó que le gustaba.

—¿En serio? ¿Y no le dijiste nada?

—Nop.

—Eres malvado.

—Para nada, ¡le haría un favor a todo el mundo!

—Solo a Lane y a ti...

—Venga ya, solo te fastidia porque entonces vas a tener que buscarte a otro al que emparejar. ¿Y qué hay de Lewis?

—Cuando intento imaginarlo con una chica... mi cerebro entra en cortocircuito. Y, además, si ni siquiera he acabado contigo. Si todavía no he conseguido emparejarte a ti, con él será misión imposible.

—No te preocupes por mí.

Esa frase cargada de dobles sentidos me hace alzar la vista hacia él. «¿Sigue hablando de esa famosa chica que ha mencionado antes en la cocina? Sea quien sea, espero que sea lesbiana o que esté escondiendo un pene bajo la falda».

Me cuesta entender su comportamiento. Por cómo me mira, podría pensar que soy yo a quien quiere.

Me lleva buscando toda la noche, pero con nuestro pasado sexual es difícil distinguir la frontera entre amigos con derecho a roce y algo serio.

De hecho, soy la primera que no sabe en qué lado quiere estar.

—¿Te he perdido por el camino?

Parpadeo mientras pasa un dedo por mi frente fruncida. Desde su posición me domina en altura, y bastaría con tirar del cuello de su camisa para besarlo. Podría ceder a ese impulso sin pensar en lo que me asusta detrás de un gesto así...

—¿Qué está pasando ahí dentro? —susurra, sujetándome la barbilla entre los dedos.

«¿Ahí dentro, dices?». Ya te explico yo lo que está pasando: está desarrollándose algo que roza claramente la película porno mientras estoy en medio de un salón lleno de gente.

No tengo problema cuando leo una escena subida de tono en un lugar público, pero aquí, con Donovan como protagonista, resulta asfixiante.

—¿No te molesta que Adam y Amelia se estén comiendo con los ojos?

Mi cambio de tono lo sorprende; se queda mirándome a la cara como si hubiera visto pasar mi excitación por ahí antes de desviar la vista hacia ellos.

—No, ¿por qué iba a molestarme?

—¿Cómo que por qué? ¡Tío, es la base del código de bros ! ¡El mejor amigo jamás puede tirarle los trastos a la hermana pequeña! ¡Se supone que deberías saltar por encima de la mesa y soltarle un puñetazo!

—Con Adam estoy bastante tranquilo.

—Amelia podría ser su primera vez...

—¿Te ha hablado de eso? —se sorprende, mirándome.

—¡Sí! Debe de haber algo especial en mí que hace que los tíos me cuenten cosas íntimas. Entonces ¿vas a decidirte a pegarle o qué?

—No es como si tuviera la mano bajo su falda. Además, me cae bien Adam, no me apetece pegarle.

—Puf... Estás destrozando todos mis clichés favoritos, qué decepción.

—Te recuerdo que has sido tú quien ha maquinado todo esto. ¡Ve tú a romperle la cara!

—No te enteras... Esperaba que me entretuvieras y lo has echado todo a perder. Ya solo me queda irme a casa; la noche se ha ido a la mierda.

—Tú no te mueves de aquí. Es mi cumpleaños, yo decido cuándo te vas.

«De acuerdo».