Novio perfecto (Campus Drivers 2) 25. Carrie
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25. Carrie

Carrie

Me acabo de estampar contra el brazo musculoso de Donovan y ¡duele! No entiendo por qué se ha quedado rígido antes de ponerse a gritar así al entrar en su casa.

Me agacho para mirar al salón y no veo nada raro. Hay un montón de gente bebiendo y charlando.

—Voy a hacer como si no hubierais arruinado mi entrada —retoma en voz alta—. Voy a cerrar la puerta, contar hasta cuatro y, cuando la vuelva a abrir, me vais a recibir como se debe. ¿Es mi cumpleaños o no?

«No, es que parece de coña».

Vuelve a pegarme el antebrazo a la frente para hacerme retroceder. Si midiera diez centímetros más, le habría mordido hasta hacerlo sangrar. Mi espalda choca contra Amelia cuando Don da un portazo.

—¿Hablas en serio? —suspira ella.

—¡Tres, cuatro!

Gira el picaporte y entra por segunda vez. Un «¡feliz cumpleaños!» estalla en la sala. Si hubiera sido ellos, le habría tirado el vaso a la cara. O la tele.

—¡Oh! ¡Qué sorpresa! —finge emocionarse—. Estoy tan conmovido...

—Ve tirando, vamos, diva —gruño a su espalda.

—Dadme los bolsos y los abrigos, los dejo en mi habitación.

Le paso mis cosas a Don y Amelia hace lo mismo. Apenas me he alejado un metro cuando me rodea la unidad especial.

—¡Has cenado en casa de sus padres! —protesta Lois.

—Carter me lo ha dicho, ¡te odio! —añade Becca.

—¡Has cenado en casa de sus padres!

—¡Te odio!

Entre el fuego cruzado de Lois y Becca, doy un pisotón esperando a que terminen.

—De verdad, Carrie, eres una pésima amiga —se lamenta Becca—. ¡Eh! Pero si es mi vestido.

—¡Le queda genial! —opina Lois.

—Tiene una cremallera a lo largo de toda la espalda. A Donny le va a encantar.

—Sí, pero las medias son un rollo.

— ¡Stop!

Les planto una mano en la boca a cada una. Están como cabras, las dos.

—Tienes suerte de que nuestros pintalabios no dejen marca —murmura Becca bajo mi mano.

—No voy a sobrevivir a esto, necesito algo de beber...

—¡Yo me encargo! —se ofrece Lois quitándose la mano que la amordazaba—. ¡He hecho batidos! Por cierto, ¿quién es la chica que ha venido con vosotros y parece a punto de vomitar?

—¡Mierda! ¡Amelia! —la llamo al darme cuenta de que la he dejado sola—. ¡Ven!

Se acerca hasta nosotras y quizá debería cruzar los dedos por la forma en la que me mira. Está claramente enfadada por haberla arrastrado hasta aquí. Tiene pinta de asesina a sueldo de Europa del Este. Bueno, si he conseguido cogerle cariño a su hermano, no todo está perdido con la hermana.

—Chicas, esta es Amelia, la hermana de Donovan. Y ellas son Becca y Lois —añado para cerrar las presentaciones.

—¡Bienvenida a Columbus! ¿De dónde eres? —pregunta Lois.

—De Washington.

—¡Te pareces muchísimo a tu hermano! Es increíble. ¿Qué quieres beber? Iba a servirle algo a Carrie, ¡he hecho batidos!

Esta chica tiene demasiada energía. Y definitivamente demasiados batidos.

—Prefiero algo fuerte.

—¡Ahora vuelvo!

Cuando Lois reaparece con dos vasos, busco una forma de romper el hielo.

—¿Sabías que a Amelia también la dejaron al empezar el curso? Parece que ahora está de moda deshacerse de la pareja para disfrutar del campus.

—¡Guau! Tú sí que sabes cómo hacer que la gente se sienta cómoda. ¿Practicas o te sale natural? —me suelta mi nueva mejor amiga.

—Talento innato.

—¡Ay, no! Lo siento mucho —interviene Lois con empatía—. Yo pasé por eso y, créeme, visto con perspectiva, fue lo mejor que me pudo pasar.

—Me tranquiliza muchísimo —ironiza Amelia—. Sales con un amigo de mi hermano, ¿no?

Soy la única que capta el tonito irónico y le lanzo una mirada de advertencia.

—Sí, con Lane. El grandote aquel de allí.

—Escribe guiones porno con mi chico —añade Becca.

—¿Porno? Interesante.

—¡Muy interesante! —confirma ella con un mohín goloso.

Suspiro por dentro. Cuando me llevo el vaso a los labios noto una presencia a mi espalda... y un peso sobre mi cabeza.

—¿Qué hacéis ahí en vuestro rincón? Es mi cumpleaños, exijo que forméis un pequeño corro a mi alrededor para celebrar mi glorioso nacimiento.

Con la barbilla apoyada en mi coronilla y las manos sobre mis hombros, Donovan sigue con su circo egocéntrico. Y yo sigo sintiendo cosquilleos por todo el cuerpo cada vez que me toca.

—¿Sabíais que era su cumpleaños? —pregunto a las chicas para picarlo.

—No, yo solo he venido a beber gratis —responde Becca.

—Y a mí Lane me obliga a seguirlo a todas partes porque me quiere demasiado como para estar una hora sin mí —añade Lois, rematando la broma.

—¿Hace falta que recuerde que a mí me han obligado a venir o está claro para todos? —interviene Amelia.

Las chicas se giran hacia ella al unísono.

—¿Quién te ha obligado?

—Carrie.

«¡Chivata!».

—¿Por qué has hecho eso? —me pregunta Lois.

—Tenía miedo de que no viniera nadie, así que me he querido asegurar obligando a algunos a unirse a la fiesta.

—Es tan considerada... —susurra Don en mi oído.

—Está desequilibrada —corrige Amelia.

—¿Quién es esta encantadora joven que no conozco? —irrumpe de pronto Lewis, sumándose a nuestro grupo.

«Joder. Genial. ¡Yo esperaba que conociera a Adam antes de tener que enfrentarse a Lewis!».

Le tiende la mano a Amelia, que duda antes de estrechársela.

—Lewis Conley.

—Amelia Wolinski —dice ella, en tono plano.

Él deja de sacudirle la mano... pero no la suelta.

—¿Wolinski? Pero ¿qué es esto? ¿Os multiplicáis al infinito o qué? Te aviso, Carrie estaba aquí primero. ¡Mis Wolinski son intocables! ¡Tendrás que elegir a otro Campus Driver!

—Pero ¿qué estás diciendo? —salto al instante.

Giro la cabeza hacia Don. Me sonríe de una forma muy rara.

—Es mi hermana pequeña, pedazo de idiota —le suelta a Lewis—. Un poco de respeto, si no quieres que te reviente con mi botellín de cerveza.

—¿La hija del Coach? —grita mirando alrededor—. ¡Como me pille cerca de su niña, no lo cuento! Haced como si no hubiera venido.

Da un salto atrás y sale huyendo. Está clínicamente afectado, y no creo que exista terapia capaz de arreglarlo.

—Déjame adivinar —refunfuña Amelia cuando vuelvo a mirarla—. ¿Es uno de esos amigos tan geniales de los que hablabas antes?

—Acabas de conocer al más raro de todos. Los demás te parecerán maravillosos en comparación.

—¡Lo corroboro! —interviene Lane, apareciendo al lado de Lois.

—No te emociones, cariño. Todo el mundo sabe que el más guay es Adam. Tú vas justo después de Lewis en el ranquin de patologías.

—Yo colocaría a Donovan en la clasificación —corrijo—. Pero sí, Adam gana claramente en simpatía.

—¡No, Lois, tú también no! —se indigna Don—. ¡No me digas que te parece encantador!

—Pues sí.

—¡Adam! ¡Ven aquí, tío!

El aludido nos lanza una mirada desde el sofá antes de acercarse.

—¿Por qué nuestras chicas piensan que tú eres el mejor de los cuatro? —le espeta Lane.

Primero Lewis, y ahora este insinuando que estoy con Don.

Es verdad que pasamos mucho tiempo juntos, pero aun así me sorprende.

Y, por una vez, no me provoca ganas de poner distancia.

No sé si es porque Donovan sigue pegado a mi espalda, pero casi...

me gusta. Estoy cansada de ver siempre lo negativo. Esta noche quiero dejarme llevar.

—Prefiero no responder a esa pregunta —se ríe Adam.

—Aquí tienes al último de la pandilla —le explico a Amelia—. O, mejor dicho, al primero, al número uno por excelencia. Al top de los tops .

—Ya nos ha quedado claro —refunfuña el que intenta estrangularme.

—Es la hermana de Don —le advierto después a Adam.

Un breve cruce de miradas entre él y yo basta para situarlo todo. Es el único que está al corriente. Asiente levemente y le dedica a mi vecina una gran sonrisa.

Lo observo de reojo y mis predicciones se confirman: Amelia percibe sin dificultad su aura tranquilizadora.

—¿Te apetece ayudarme a preparar las bebidas? —le propone con entusiasmo—. Tengo un montón de cosas vergonzosas que contarte sobre tu hermano.

—¡Traidor!

—Encantada. Te sigo.

Se alejan hacia la cocina y yo aprieto el puño en señal de victoria. Con Adam al mando, estoy segura de que Amelia revisará sus prejuicios sobre Don y sus amigos.

—Bien jugado —me susurra precisamente Don.

Me besa en la mejilla, mi vientre se contrae y no lucho contra la oleada de excitación que se instala bajo mi ombligo.

Carter se une a nosotros y lo escucho explicar el proyecto en el que está trabajando con Lane, mientras sigo cómodamente apoyada contra mi pilar humano.

—¡Don, ven aquí! —grita Lewis desde el sofá—. ¡Es hora de abrir tu regalo!

—¿El de verdad?

—¿Cómo que el de verdad? ¿Te han dado uno falso? —le pregunto, girándome para mirarlo.

—¡Oh, ya lo creo que sí!... Ven conmigo. No se atreverán a humillarme si estás aquí.

Me arrastra hasta el sofá donde se han reunido los demás y, sin previo aviso, me sienta sobre sus rodillas. Instintivamente intento levantarme, pero me bloquea con el brazo.

—Necesito un escudo. No me fío nada de esta panda de idiotas.

—¿No te da vergüenza ponerme en peligro?

—Estoy de acuerdo, ¡qué vergüenza! —confirma Lewis, sacudiendo la cabeza—. En realidad, solo quiere manosearte y nos usa como tapadera. Eres patético, tío.

Le tiende una cajita a Donovan, que me hace un gesto para que la abra por él.

—¿Me va a saltar algo a la cara? —le pregunto a Lewis.

—Mientras no le abras la bragueta a Don, todo irá bien.

—Compadezco a tu futura novia.

—Soy Duncan MacLewis, superviviente del clan de los solteros, ¡y nadie me cortará la polla! —declara con una mano en el pecho.

—Ha dicho «polla» —señala Donovan.

—Ya me había dado cuenta, gracias.

—¡Venga, abre mi sorpresa!

Tiro del lazo y, por precaución, alejo el paquete de mi cara al levantar la tapa. Cuando estoy segura de que no corro ningún peligro, acerco la caja y dejo que Donovan saque lo que hay dentro.

—Joder, chicos, ¡sois los mejores! —exclama de repente.

Entorno los ojos, intentando entender qué pueden tener de extraordinarios unos trozos de tela. Perdida, lanzo una mirada a las chicas; ellas parecen saber perfectamente de qué se trata.

—Puedes pasarte a ver a RJ cuando quieras y eliges con él el cuero que prefieras —interviene Lane—. A mí, personalmente, me gusta el número nueve.