Novio perfecto (Campus Drivers 2) 24. Donovan  #2
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24. Donovan  #2

—Intento asfixiarte por haber dejado que mi hermana saboteara mi plato de lasaña.

La noto reír y la estrecho todavía más. Carrie rodea mi espalda con los brazos y se relaja. Este instante vale más que todos los besos que tengo ganas de darle.

—Bueno, ¿esto va a durar mucho más? —grita de repente mi hermana desde el coche.

—¿Estás segura de que es buena idea que venga?

—He pensado que conocer a tus amigos quizá le haga cambiar de opinión sobre ti.

—¿De verdad crees que Lewis, por ejemplo, es el hombre adecuado para eso?

—Ahora que lo dices en voz alta, ya no estoy tan segura de mi brillante plan. Apostemos por Adam y su legendario encanto.

Sin soltarla, echo la cabeza hacia atrás.

—¿Te parece encantador?

—Sí.

—¿Más encantador que yo?

—¿Esta conversación va a terminar en una comparación ilustrada entre tu Bandido y el suyo?

—¿Por qué? ¿Quieres ver su polla?

—Odio cuando dices esa palabra.

—Polla.

—¿Y luego vas y me preguntas que si Adam es más encantador que tú?

—Eh, que Adam también dice «polla».

—Por favor, cállate.

«Imposible. Tengo demasiadas cosas que decirte».

—Gracias, Carrie.

—¿Por qué?

—Por todo. No estabas obligada a ayudarme y, aun así, estás aquí, torturándome y amenazando a mi hermana para que arreglemos las cosas.

Me responde con una sonrisa algo incómoda. Sus pestañas aletean deprisa mientras sus ojos bajan hasta mis labios.

—No es tan terrible pasar el rato contigo. Además, eres bastante fácil de adiestrar.

—Me encantaría decir lo mismo, pero chica, a ti no hay quien te dome.

Sus manos siguen enlazadas tras mi espalda. Todo en su actitud me empuja a acercar la boca a la suya. Reduzco la distancia. No hay ninguna ambigüedad en lo que estoy a punto de hacer, y ella no se aparta. «¡Feliz cumpleaños, tío!».

Estoy a dos suspiros de besarla cuando el sonido de un claxon estalla en el barrio. Carrie da un salto y se me escapa. Baja corriendo los cuatro escalones del porche y se gira.

—¡Vamos, antes de que cambie de idea!

—Joder...

Respiro rápido y fuerte mientras me dejo caer en el asiento y, antes de arrancar, le lanzo una mirada intensa para que lea bien en mis ojos que es la última vez que alguien nos interrumpe.

Da igual cuántos invitados me estén esperando en casa: nadie va a impedir que la bese.

Por el color que le sube hasta las mejillas, el mensaje le ha quedado más claro que el agua.

Salgo del aparcamiento, y el retrovisor me devuelve el reflejo de mi hermana en el asiento de atrás. Carrie se da cuenta y me da un codazo, seguido de un leve asentimiento. Articula un «vamos» en silencio.

—¿Qué tal la uni? —pregunto con voz ronca.

Amelia tarda unos segundos en darse cuenta de que le hablo a ella. Cruzamos miradas en el retrovisor, luego mira rápidamente a Carrie antes de inspirar hondo.

—Bien... me gusta.

—Guay.

Vuelve el silencio. Mi copiloto me lanza un «¡venga, sigue!» mudo. Yo le respondo con un «lo estoy intentando», y ella me devuelve un «que le eches cojones». No sale ningún sonido de nuestras bocas, pero nos entendemos perfectamente.

Carrie acaba poniendo los ojos en blanco antes de girarse hacia el asiento trasero.

—¿Qué estudias?

—Estoy en Enfermería, siguiendo los pasos de nuestra madre.

—¡Tiene que estar encantada!

—Mientras a mí me guste, lo estará.

—Tenéis muchísima suerte de tener unos padres tan guais.

Aparto la vista de la carretera un segundo para posarla en Carrie. Siempre pone ese tono raro cuando habla de su familia. Me gustaría que me contara qué es lo que la corroe por dentro.

—Y bueno... ¿tienes novio? —continúa.

—No.

—Papá me dijo que salías con un chico desde hacía un año.

—Qué cotilla... Me dejó poco después de empezar el curso para disfrutar de «los placeres» de la universidad.

—Pero ¿qué problema tienen todos esos gilipollas? —se indigna Carrie—. Nuestra amiga Lois vivió lo mismo el año pasado. La conocerás luego, ahora sale con Lane, un amigo de tu hermano.

Una oleada de calor me invade al oírla mencionar a uno de mis amigos, y aprieto los dedos alrededor del volante al recordar a ese cabrón de Cooper.

Miro rápidamente el retrovisor: mi hermana está pensando en lo mismo, por la expresión que se le ha quedado.

Me mira fijamente en el espejo. Esta vez ninguno de los dos aparta la vista.

—Son buenos tíos —añade Carrie, notando la tensión.

—Supongo que no pueden ser peores que el otro.

—Lo habría matado si me lo hubieras contado.

Lo suelto sin pensarlo. Veo cómo se le llenan los ojos de lágrimas. Joder, me siento fatal por no haberme dado cuenta de nada.

—No quiero hablar de eso ahora —murmura, volviéndose hacia la ventanilla—. De hecho, tampoco tengo ganas de ir a esta puta fiesta.

—¡Estoy segura de que te lo pasarás bien! —exclama Carrie.

—Ya me has obligado a venir con vosotros, ¿también vas a obligarme a divertirme?

—¡Ah, sí, puedo hacerlo!

—Sí que puede, sí —confirmo entre risas.

Si no estuviera aquí conmigo, no sé cómo podría gestionar todo esto.

—Me comprometo personalmente a llevarte de vuelta si mis predicciones fallan —añade ella.

—¿Tienes carné? —me sorprendo.

—¡Claro! Conduzco el coche de mi madre en Cinci.

—¿Y con qué coche piensas volver?

—Con el tuyo.

—¡Estás loca! Nadie conduce mi bebé.

—Yo creo que podría obligarte a dejarme el volante.

—¡Ni en sueños! Ni semiinconsciente cedería.

—Puedo robártelo, entonces —replica.

—¡Sí, sí, puede hacerlo! —se ríe Amelia.

«Guau. ¡Acaba de reírse!». A ella misma le sorprende tanto que cierra la boca de inmediato.

El resto del trayecto lo llena la radio, y cuando estaciono en el aparcamiento de la residencia, sueño con un barril de cerveza bien fría.

No me puedo creer que mi hermana esté aquí y vaya a pasar la noche en mi casa.

Aunque su presencia solo se deba a la amenaza de Carrie —amenaza que jamás habría cumplido—, quiero creer que está dispuesta a darme una oportunidad.

En serio, entre mis ganas de liarme con Carrie y las de reconciliarme con Amelia, la noche promete ser épica. Espero que los Campus Drivers no hayan planeado torturarme.

Las chicas van detrás de mí cuando abro la puerta de casa. Doy un paso hacia delante y alargo el brazo para impedirles avanzar.

—¿Me estáis tomando el pelo? —grito hacia el interior.