Novio perfecto (Campus Drivers 2) 22. Donovan
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22. Donovan

Donovan

Estoy tumbado boca abajo, mantengo los ojos cerrados, aunque llevo despierto más de media hora.

Repaso mentalmente el partido de anteayer y sigo teniendo ganas de partirle la cara a ese Berenson.

Por suerte, el miércoles pude confiar en mi autocontrol para no perder los papeles.

En su lugar, me imagino todo lo que podría haberle hecho por haberle tirado la caña a Carrie justo delante de mis narices.

Estos celos son nuevos para mí. Hoy cumplo veintidós años, ¡hay una primera vez para todo!

Cuando los vi en el aparcamiento, me entraron ganas de pisar el acelerador y atropellar a ese cabrón, pero no me arrepiento de haber optado por una estrategia diferente.

Llevaba tiempo queriendo besar a Carrie una segunda vez; casi debería darle las gracias a ese idiota por haberme brindado la ocasión perfecta.

Si no hubiera tenido que pedirle que me acompañara esta noche a casa de mi padre, habría probado suerte en el coche para dar el paso que quiero dar.

Además, Adam y Lewis aparecieron justo cuando iba a volver a besarla; sé que me habría dejado hacerlo, lo vi en sus ojos.

Eso me basta para animarme; ahora solo queda encontrar el momento adecuado para hacerlo oficial.

Pero mejor dejar pasar la cena con mis padres.

Aún me cuesta creer que haya aceptado, la verdad.

Cuando íbamos de camino a su resi, dejé el orgullo a un lado y le supliqué sin pudor, haciendo sutilmente que se sintiera culpable. Al final cedió gritándome un «vale, iré» antes de dar un portazo a mi coche.

Todavía espero que se eche atrás, o peor, que aproveche para hacerme pagar el favor con algo a cambio. No estoy en contra de recibir un «castigo» en la cama, pero conociéndola...

Unos murmullos en el pasillo me sacan de mi ensoñación. La puerta de mi habitación chirría, y oigo pasos acercándose a mi cama. Finjo que sigo dormido.

—Sigo diciendo que lo del cubo de agua es la idea perfecta —susurra Lewis.

—Personalmente, le tengo cariño a mi vida. Y me gustaría poder celebrar mi próximo cumpleaños —replica Adam en el mismo tono.

—Es cierto, ¡morir virgen sería toda una tragedia! —añade Carter.

—Yo soy un año mayor que todos vosotros —presume Lane—. Estoy a favor del cubo.

—¡Ah! Dos contra uno pues.

—Cállate, Lewis —susurra Carter—. Lo vas a despertar.

—¿No es ese el objetivo? Porque quedarme aquí mirándolo dormir me aburre muchísimo.

Están todos reunidos alrededor de mi colchón como una secta inquietante. Me planteo seguir fingiendo que duermo durante una hora más, pero no puedo arriesgarme a perder mi clase de primera hora.

Aparto la manta y me giro boca arriba.

—Os aviso, no doy mi consentimiento.

—¡Cumpleaños feliz!, ¡cumpleaños feliz! —empiezan a cantar al unísono.

—¿Dónde está mi tarta de unicornio? —les pregunto acomodando la almohada detrás de mi cabeza—. No hablaré hasta que aparezca mi tarta de unicornio, chicos.

—Qué recibimiento más cálido —refunfuña Lewis lanzándome puñados de confeti a la cara—. Deberíamos haber reclutado a la señora Wolinski para que al menos nos recibiera con una sonrisa de agradecimiento.

—Espera, ¿lo que me habéis lanzado son trozos de papel higiénico? —frunzo el ceño mientras me despego un pedacito rosa de la boca.

—¡Sí! ¿A que soy el más creativo del mundo?

Salta sobre mi cama y gatea hasta ponerse a mi altura.

—¡Tachán! —grita a dos centímetros de mi cara.

Me tiende una bolsa grande de papel de estraza . Esa expresión conspiradora que pone no me gusta en absoluto.

Abro la bolsa y meto la mano. Mis dedos rozan lo que hay dentro. «¡Sabía que debía desconfiar!».

—Qué graciosos —gruño mientras saco un sujetador negro, luego otro rosa y un tercero multicolor.

Me extrañaba que Lewis no hubiera vuelto a sacar el tema a colación cuando me pilló con el sujetador de Carrie puesto sobre el pecho. El cabrón solo estaba esperando el momento perfecto.

—Es de parte de todos —precisa Lane—. Esta vez confiamos en el criterio de Lewis. Esperamos que te gusten.

—Les pedí consejo a unas actrices —añade Carter—. Pero puedes cambiarlos si prefieres algo más...

—¿Exótico? ¿Erótico? ¿Errático? ¿Herético?

—Para ya, Lane, habíamos quedado en que nada de burlas —le reprende Lewis—. Don, somos tus mejores amigos, cero juicios, hermano.

—No sé cómo agradeceros esto.

—Espera, que no hemos terminado —se ríe Adam lanzándome otro paquete a las rodillas.

Arranco el papel de regalo, y aparecen tres libros gordos. No me hace falta ni leer las sinopsis: las cubiertas hablan por sí solas.

—Me decanté por este porque nunca había visto un ombligo tan bonito —me explica Lewis señalando el torso del modelo—. Queda tan bien enmarcado con esos pectorales y abdominales... ¿Y qué me dices de este con sus pezoncitos marrones?

Llegados a este punto, mis amigos ya no consiguen contener la risa. Son idiotas, pero me uno a ellos. Dejo los libros en la mesilla; luego se los pasaré a Carrie.

—Mis amigos valen oro. Es el mejor cumpleaños de mi vida.

—Tenemos otra sorpresa para ti, pero tendrás que esperar a la fiesta de esta noche. Nos ocuparemos de todo; iremos a por las bebidas esta tarde.

—Gracias, Adam, suena guay. Yo creo que hacia las nueve ya habremos terminado de cenar. Nos uniremos a vosotros justo después.

—¿«Nos»? —se interesa Lane arqueando una ceja.

—Carrie y yo.

—¿Ella también va a la cena con tus padres? ¡Guau! ¡La cosa se está poniendo seria entre vosotros!

—Qué raro que Becca no me haya dicho nada —se sorprende Carter—. Siempre me entero de las cosas a través de mi investigadora sexi . ¡Por fin voy a poder presumir de que tengo salseo!

—Lo siento, colega, tendrás que esperar un poco más. Carrie y yo no estamos juntos... todavía. Pero estoy trabajando en ello.

—Si quieres un consejo, ponte el sujetador multicolor. Es colombiana, seguro que le encanta —declara Lewis con absoluta seriedad—. Vamos, chicos, vamos a dejar que Don se ponga su modelito.

Salen en fila india.

Sigo riéndome mientras cojo el móvil. Tengo un montón de mensajes, pero ninguno de Carrie.

Me levanto de la cama y me froto la cara con energía. Decir que estoy nervioso por esta noche es un eufemismo muy suave. Lo más gracioso es que no sé qué me inquieta más: enfrentarme a mi hermana o a Carrie.

Había quedado en pasar a buscar a Carrie a las seis, pero los planes han cambiado. Acabo de colgar con mi padre e intento llamarla sin éxito. «Joder, mira que es pesada con lo de no coger el móvil. Pues que se aguante, me planto en su habitación por las malas».

Llamo a la puerta. Sé que está porque oigo música dentro.

Golpeo tres veces más, y por fin abre en albornoz, con el cepillo de dientes en la boca y el moño torcido plantado sobre unas cejas claramente enfadadas.

—¿Qué hafes aquí, Folinski?

Me cuelo en su habitación. Ella me sigue con la mirada, desconcertada.

—Cambio de planes. Tenemos que irnos ya.

Deja de cepillarse y señala su cuerpo con el cepillo, como diciendo: «Tío, ¿no captas que no estoy lista?».

Va al baño a enjuagarse la boca y vuelve.

—Pero si no son ni las cuatro. Vuelve a la hora prevista. Estoy a dos segundos de cambiar de idea, así que no me provoques. Fuera.

—Mi madre y mi hermana tenían que aterrizar a mediodía en Columbus, pero les cancelaron el vuelo; han tenido que coger otro hasta Cleveland y mi padre ha ido a recogerlas en coche. Tenemos que ir a mi casa a preparar la cena, así que vamos.

—¿Tu padre ha cogido el coche con sus problemas de corazón?

Me conmueve que se preocupe por él; me dan ganas de abrazarla.

—Puede conducir, y me habría pasado por encima si hubiera intentado impedírselo. Ve a vestirte, tenemos una lasaña que cocinar.

Se pone a toser, hace una mueca y se lleva la mano a la frente mientras pone voz de lamento.

—Creo que estoy enferma. Es una angina cerebral fulminante. Me queda como mucho una hora de vida, dos a lo sumo. Déjame aquí, solo te retrasaré.

—¡Estaré encantado de compartir contigo tus últimos momentos de vida! Vístete, Carrie. Ya accediste, así que ahora es demasiado tarde para echarse atrás.

Vuelve a toser, no sin colar un «cabrón» entre medias.

—¿No tienes nada mejor que decirme en este precioso día? —suelto mientras vuelve al baño—. Algo que rime con «aniversario», por ejemplo.

—¿Eres un calvario?

Da un portazo. No hay duda: es un auténtico rayo de sol, esta chica.

Mientras se arregla, echo un vistazo distraído a su estantería y a lo que hay encima de los libros. En la balda más alta encuentro un marco boca abajo. Es una foto suya con su madre. Con el parecido que tienen, no hay lugar a dudas. ¡Mamá Wolinski está cañón!

Carrie nunca me habla de sus padres. Tengo miles de cosas por descubrir sobre ella y no sé ni por dónde empezar. «¡Empieza por sobrevivir a esta cena primero!».

Dejo la foto en su sitio y paseo por su habitación durante lo que me parece una eternidad.

—¡Date prisa!

Sube el volumen del altavoz como respuesta. Me dejo caer en la cama de Becca y espero pacientemente.

Mis ojos recorren las paredes. Nunca me había parado a observar todas las cosas que tiene colgadas: carteles publicitarios vintage , fotos en blanco y negro, retratos de Carrie con las que imagino que serán sus autoras favoritas.

Todo eso encaja con ella... y al mismo tiempo solo veo la superficie de lo que es.

Me faltan demasiadas piezas para entenderla de verdad.

El pestillo chirría. Me pongo de pie de un salto y me giro hacia ella. «Dios santo... ¡está espectacular!».

—Ese vestido te queda muy bien —murmuro mientras repaso sus curvas sin ningún disimulo.

—Becca se lo dejó aquí. Tengo un poco demasiado culo para este estilo, pero me encanta el color.

«¿Demasiado culo? Pero si es perfecta».

—Además, es la última vez que lo llevo. Lo va a reconocer al instante en tu fiesta, y si no me lo arranca en el acto me puedo dar con un canto en los dientes.

—Si no lo hago yo antes... —murmuro, soltando el aire.

—¿Cómo?

—Nada. Vamos.

—¿Tenemos que pasar por tu piso?

—No hace falta. ¿Por qué?

—¿Vas a ir con esa camiseta?