18. Donovan #2
Se me escapa una risa. Los sábados solemos turnarnos para cubrir los bares del campus y del centro. Hoy le toca a Adam, y es la segunda vez que recibe un regalito sorpresa.
SUPERLANE: Por cierto, estoy con Lois y los chicos en el Java. Ah, y también con Carrie. Muy simpática, por cierto.
Frunzo el ceño. No sabía que iba a salir con ellos. Me sorprende, de hecho. Aparte de mí, no sale con mucha gente y menos de fiesta.
—¿Pasa algo? —pregunta Cheyenne, preocupada.
—Mi colega Lane tiene un problema con el coche —miento mientras respondo rápidamente.
DONOVAN: No le quites el ojo de encima.
Lo envío antes de darme cuenta de lo intranquilo que estoy sabiendo que está en un bar lleno de tíos.
Abro el mensaje de Lewis.
LEWIS: Tío, te repudio. ¡Ni siquiera me habías dicho que tenías una cita seria esta noche! Qué vergüenza. ¿Tengo permiso para tirarle los trastos a la señora Wolinski? Me habías escondido lo increíble que era... Ha intentado sacarme un ojo con la pajita. ¿Crees que tengo posibilidades?
Mi rodilla golpea la mesa. Y a Cheyenne se le cae el cuchillo.
DONOVAN: ¡NO!
Aprieto la pantalla con tanta fuerza que el dedo se me pone blanco.
—¿Se le ha averiado el coche?
Levanto la vista. Parece sinceramente preocupada. Soy un cabrón por tratarla así. Pongo el móvil en silencio, decidido a comportarme con más dignidad y a terminar la cena rápido.
Esta cita estaba condenada al fracaso desde el principio. Sé que no irá más allá, pero cumplo con mi papel hasta el final.
Una vez pagamos la cuenta, acompaño a mi no novia hasta su coche. Aún tendré que agradecerle a Lewis su brillante idea; me hubiera desquiciado si me hubiera tocado acompañarla a casa.
—Bueno... —empieza, apoyando la mano en la parte de arriba del coche—. Gracias por la cena, ha estado bien.
Se mueve incómoda, mira alrededor antes de volver a mirarme. Mierda, ¿cree que voy a besarla? ¿Que voy a pedirle otra cita?
—No te preocupes —dice, interrumpiendo mi incomodidad.
Me dedica una mueca comprensiva y me abraza brevemente.
—Digamos que seré tu nueva fan simpática, con la que te tomarás un cafecito de vez en cuando para comentar tu último partido.
—He sido un muermo, ¿verdad?
—Yo no exageraría tanto. Lo hemos intentado, y me alegro de que hayamos podido charlar y conocernos un poco.
Sonríe con sinceridad. Me arrepiento de no sentir ese pellizco en el pecho del que hablan las novelas.
—Además, para serte sincera, Donovan, he estado a punto de cancelar nuestra cena. Hay un chico de tu equipo con el que comparto una asignatura y...
—¿Con quién?
—Se llama Kirk.
Me muerdo el labio para no reírme. ¿Debería decirle que es el ex de Lois y que...? No. Lane será el más feliz del mundo como Kirk se eche nueva novia.
—En fin, ¿sin rencores? —dice, jugueteando con su trenza.
Debería sentirme ofendido de que prefiera a ese idiota de Kirky, pero en realidad es todo lo contrario. Puro alivio.
Ya no me siento culpable en absoluto al desearle que pase una buena noche, y me siento aliviado al meterme en mi coche para salir disparado hacia el Java. Aparco y corro hasta el bar, aprovechando que un grupo está saliendo para colarme dentro.
La diferencia de temperatura es tremenda.
Seguramente porque hay más gente de lo habitual.
Juliet, la hermana de Carter, trabaja aquí desde hace varios años.
Gracias a eso, tenemos una mesa reservada para los Campus Drivers.
Así que no me cuesta nada localizar a mis colegas al fondo de la sala.
Ellos todavía no me han visto, están todos mirando en la misma dirección.
Carrie no está sentada con ellos, espero que no se haya ido ya.
Lane gira la cabeza para coger su vaso y se cruza con mi mirada mientras zigzagueo entre los clientes.
No parece sorprendido de verme aparecer, y lo que leo en sus ojos me hace fruncir el ceño.
Se ríe, le da un codazo a Lois y luego señala hacia la derecha para invitarme a descubrir lo que todo el mundo está mirando.
Soy más alto que la mayoría de la gente que me rodea, así que tengo vía libre para presenciar el espectáculo que se desarrolla cerca de la barra. «¿Es Carrie? Joder, ¡sí que lo es!».
Me quedo paralizado, entrecierro los ojos y mascullo un insulto. De pronto, entiendo mejor el mensaje de Lewis. Me desvío de mi trayectoria inicial y me lanzo directo hacia mi nuevo objetivo.
Si tenía dudas durante mi cita, acaban de desaparecer.
Tengo ganas de estamparle una silla en la cabeza a ese chico de piel morena y enorme que está bailando con ella.
Mi corazón late con rabia, y unos celos desconcertantes me retuercen las entrañas.
No sé si ese cabrón percibe la amenaza que emana de mí, pero sin siquiera verme, le susurra algo a Carrie y se va a sentar junto a Lois, que le revuelve el pelo. «¡Maldita traidora!».
—¡Don!
Lane y Lewis aparecen como por arte de magia delante de mí y cada uno me pone una mano en el hombro. No aparto los ojos de Carrie mientras empiezan a hablarme.
—Pareces un poco tenso, ¿no? —finge preocuparse Lewis.
—¿Quién es ese tío? —siseo, estrangulándolo mentalmente—. ¿De dónde coño ha salido?
—Se llama Jeff —suelta Lane con total naturalidad—. ¡Es majo!
Centímetro a centímetro, desplazo mis ojos asesinos hacia mi antiguo amigo.
—Carrie y él se llevan bien —añade.
«Voy a pegarle». Lewis y él siguen sujetándome por los hombros, amortiguando el movimiento de mi cuerpo.
—¿Qué pasa? —se alarma Lois, irrumpiendo entre nosotros.
Me examina a mí, y luego hace lo mismo con Lane.
—Donny está celoso —dice él con tranquilidad.
—¿Celoso de quién? —se sorprende, mirando hacia Carrie—. ¿De Jeff?
—¡Pues claro! —añade Lewis—. De hecho, acabamos de salvarle la vida a tu hermanito pequeño. Me debes gratitud eterna.
—¿Su hermano? —me quedo desconcertado.
—Ah, ¿no lo habíamos mencionado? —se burla Lane, pellizcándome la mejilla—. Tranquilo, Don, Jeff tiene diecisiete años y, créeme, sabe perfectamente que Carrie no está disponible.
Me guiña un ojo con complicidad. Ni siquiera intento entender cómo ha podido adivinar tan rápido que me interesa. Después de todo, yo había pillado que estaba colado por Lois mucho antes de que él se dignara a admitirlo.
—¿Es tu hermano adoptivo? —le pregunto a Lois.
—No veo por qué me preguntas eso... —ironiza—. La verdad es que su estatura siempre me ha resultado sospechosa. Debería llamar a mis padres y obligarlos a decirme la verdad. ¡A lo mejor la adoptada soy yo!
Mis nervios se calman un poco. Había olvidado por completo que Lane nos había hablado de los hermanos de Lois.
—Deberías ir a recoger a tu chica —interviene Lewis, soltándome por fin—. Está un poco achispada y acaba de quitarse el jersey.
Vuelvo la cabeza hacia Carrie y me atraganto con mi propia saliva. «Pero ¿qué coño está haciendo?». Por suerte, es la única que está bailando sobre esa especie de escenariucho, pero hay unos cuantos tíos babeando mientras le miran el ombligo.
Empieza a sonar una canción de Shakira por los altavoces.
Sus genes colombianos están reaccionando demasiado bien para mi gusto.
Ajena a todo lo demás, mueve las caderas, ofreciendo una vista perfecta de su vientre descubierto.
Nunca la había visto llevar esa camiseta diminuta que, por cierto, pienso quemar en cuanto tenga ocasión.
—¡Carrie! —la llamo, sin éxito.