Novio perfecto (Campus Drivers 2) 16. Donovan
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16. Donovan

Donovan

CARRIE: Tienes que echarte novia .

Me quedo mirando el mensaje, intentando entender su significado.

Aunque refleja el objetivo final que debo alcanzar y la razón por la que Carrie y yo nos vemos, no puedo evitar preguntarme qué mosca le habrá picado para soltar eso de repente.

Hablamos mucho cada vez que nos vemos, y es la primera vez que me dice algo así.

Estoy tentado de responderle un «what the fuck?

» , pero mis dedos se quedan inmóviles sobre la pantalla.

¡Claro que necesito novia! Pero ¿de verdad necesito una ahora mismo?

Después de descubrir hasta qué punto la cagué con Amelia, eso era lo único que quería: convertirme en el novio perfecto y encontrar a alguien a quien proteger como debería haber protegido a mi hermana.

Pero ahora mismo no siento tanta prisa por sentar la cabeza, y cuatro palabras flotan en mi mente: ¿para qué querría novia?

—¡Eh! Don, ¿te sirvo otra? —grita Lewis desde el rincón que funciona como bar.

Asiento con la cabeza, mascullando un «necesito esa puta cerveza» cavernoso.

La fiesta en casa de Tod está en pleno apogeo y, por más que encadeno una bebida tras otra, me cuesta horrores meterme en el ambiente.

Cuando vi que Carrie me había escrito, me animé un poco, pero acaba de hundirme el ánimo en cuestión de segundos.

Decido guardar el móvil en el bolsillo sin responder y cojo el vaso que me tiende mi colega. «¡Necesito esto, como mínimo, para aguantar!».

—¿Has fichado ya a alguna chica? —me pregunta mi amigo y compañero de piso, dejándose caer en el sillón de al lado.

—Todavía no.

—Otras veces te he visto más rápido. Como no te espabiles, las más guapas van a volar, y solo quedarán las Donnies ya usadas.

No le falta razón. En circunstancias normales, ya tendría una nueva amiga en cada brazo.

Respiro hondo y frunzo el ceño, intentando concentrarme.

Trato de recuperar el espíritu aventurero que solía tener, pero lo único que me apetece es charlar con mis amigos y mandarle mensajes picantes a Carrie.

«Pero ¿qué problema tengo?». Comportarme como un buen tipo que no solo piensa en follar es justo lo que quería, ¿no?

Y, aun así, hay algo que me inquieta. Al menos debería estar babeando un poco al ver todos esos culos perfectos que van y vienen por el salón.

Quizá el paso de un extremo al otro ha sido demasiado brusco. Quizá... No tengo ni puta idea.

Levanto la vista y observo atentamente a las chicas presentes. Reconozco a algunas; otras deben de ser de primer año o recién llegadas de otras unis.

Estoy a punto de terminar mi inspección cuando una rubia menuda capta mi atención un poco más de lo previsto. Con medio rostro oculto tras el vaso rojo, sus ojos delatan la tímida sonrisa que me dirige. Es contagiosa, porque noto cómo mis labios responden. «¡Aleluya!».

—¡Muy buena elección! —susurra Lewis.

Doy un trago a mi cerveza. No he dejado de mirarla.

El antiguo yo ya se habría levantado para ir a hablarle, pero el nuevo Donovan espera.

Carrie estaría orgullosa de mis progresos.

Desde aquí parece muy mona, y su actitud contrasta con el comportamiento excéntrico de las chicas que la rodean.

Justo lo contrario de mis conquistas habituales.

No es el tipo de chica que habría llamado mi atención antes, lo que seguramente significa que he cambiado.

Aun así, esa incomodidad sigue ahí, flotando en mi pecho.

Cuando Adam se une a nosotros y se coloca justo en mi línea de visión, aparto la mirada.

Más chicos se suman al grupo, y pasamos un buen rato hablando de deporte y coches.

Varias veces hago amago de mirar el móvil, pero me contengo.

Empiezo a pensar que el mensaje de Carrie es su forma de decirme que está cansada, y eso me fastidia profundamente.

Por mi parte, podría seguir con nuestras dinámicas durante mucho tiempo.

Sin complicaciones ni rayadas. Sexo espontáneo y muy bueno...

Increíblemente bueno... ¿Qué más podría pedir? «¡Joder, otra vez igual!».

De repente empiezo a hacer balance de estas últimas semanas y me veo obligado a admitir que su idea quizá no sea tan mala, después de todo.

Lo que hago con Carrie —acostarme con ella sin ataduras— podría alejarme de mi objetivo si no ando con cuidado.

Me está gustando demasiado. ¡No pienso recaer en mis viejos hábitos!

Mi love coach probablemente tenga razón: necesito conocer a alguien si quiero evaluar objetivamente mis progresos.

Dicho así suena fatal, pero siento que estoy estancado.

Un buen día, Carrie podría despertarse y volver a convertirse en la arpía que era al principio.

Tengo que demostrarle que su inversión merece la pena si no quiero que tire la toalla.

DONOVAN: Tienes razón. Hay muchas chicas aquí. Voy a encontrar a la adecuada.

Envío el mensaje y guardo el móvil en el bolsillo, mirando de reojo a la rubia, quien no se ha movido. «Vamos, amigo, ¡tú puedes!». Esta vez le hago un gesto para que se acerque. Parpadea y se señala el pecho, asegurándose de que me refiero a ella.

Asiento, y cuando atraviesa la multitud hacia mí, noto cómo se me acelera la respiración. «Mierda. ¿Qué son estos nervios repentinos?».

Relajo los hombros y el cuello. «¡No pasa nada por acercarme a otra chica que no sea Carrie!».

—Hola.

Su voz es más aguda de lo que esperaba. Supongo que me he acostumbrado al timbre grave y ligeramente ronco de mi profesora.

—¿Cómo te llamas? —pregunto, indicándole que se siente a mi izquierda.

—Cheyenne.

—Yo soy Donovan. ¿Eres nueva aquí?

—Es mi primer año, sí.

—¿Y te gusta?

—La gente es guay y el ambiente también mola...

Frota los talones contra las patas de la silla y juguetea con los dedos.

No parece estar demasiado cómoda. Redoblo mis esfuerzos por hacerla hablar.

Capto las miradas de Adam y Lewis, que me animan en silencio.

Lo cierto es que, por muy guapa que sea, me está costando horrores romper el hielo y me siento casi tan tenso como ella.

«¿Dónde ha quedado mi legendaria confianza en mí mismo? ».

Tras diez minutos de conversación educada y algo forzada, Bennett, uno de nuestros compañeros de equipo, viene a buscarme para una partida de beer pong.

—El deber me llama —anuncio, dando una palmada—. Cheyenne, ha sido un placer hablar contigo. ¿Nos vemos luego?

—Sí —asiente con una amplia sonrisa—. Pásalo bien.

Sus mejillas están tan rojas como su vestido.

Es tímida, y adivino cuánto le ha debido de costar este primer acercamiento.

No me siento orgulloso de largarme así, pero estoy inquieto y necesito distraerme antes de que esta noche acabe en un desastre total.

«¡Se suponía que había venido para relajarme! ».

Le hago un saludo militar y me escabullo hacia la terraza. Cojo un chupito anaranjado por el camino, y las cervezas que me voy metiendo durante las horas siguientes acaban por vencer mis dudas.

La resaca es dolorosa. No recuerdo cómo volví a casa ni la segunda mitad de la noche.

Por desgracia, lo que sí sigue muy presente en mi cabeza es la nueva obsesión de Carrie y mi intento fallido de anoche.

Me dejo caer por clase, opto por una comida ligera en solitario y me entrego al deporte toda la tarde para eliminar los restos de alcohol.

Aunque hayamos ganado los primeros partidos, mi padre me mataría si supiera que he estado bebiendo cuando la temporada acaba de empezar. Salgo a correr, levanto pesas y nado; castigo mis músculos con la esperanza de purgar mi cuerpo y mi mente de todo parásito.

Cuando termino el entrenamiento, es la hora en la que normalmente me suelo reunir con Carrie para nuestras actividades clandestinas. Pero no esta vez. Me voy directo a la cama.

Siempre soy yo quien le escribe primero, pero hoy prefiero centrarme en otra cosa. Todo este asunto de la novia me está afectando más de lo que quiero admitir. Una buena noche de sueño me vendrá bien.

Cuando salgo de clase, me siento más relajado. No he vuelto a ver a Carrie desde hace dos días, ni tampoco hemos intercambiado mensajes. Se horrorizaría si supiera que echo de menos su compañía.

Cruzo el parque donde suele pasar el rato a la hora de comer, y mis piernas aceleran en cuanto la localizo en su mesa habitual. Desde su último mensaje, no he dejado de preguntarme si su comportamiento cambiaría en nuestros futuros intercambios. Ha llegado el momento de la verdad.

—Buenos días, señora Wolinski.

Sigue con la nariz metida en sus apuntes, y en lugar de sus labios, son sus cejas las que me responden, subiendo y bajando. Empezamos mal.

—¡Guau! ¡Cuánto entusiasmo! —me burlo sentándome frente a ella.

Cierra su carpeta y apoya el puño contra la mejilla. Cuando nuestras miradas se cruzan, hay un mar de sentimientos contradictorios que chocan dentro de mí.

—Hola, Donovan. ¿Qué tal desde anteayer?

Su tono suena ligeramente seco. ¿Le habrá molestado que haya desaparecido estos dos últimos días?

Seguramente me lo estoy imaginando. Es Carrie, la reina de la antipatía cíclica.

Además, es ella la que quiere que las cosas cambien.

Así que, en el fondo, soy yo quien desearía que le hubiera afectado. «Curioso». Voy directo al grano.

—Vas a estar orgullosa de mí, Carrie. He trabajado duro en esta nueva misión y he hecho una lista de mis futuras novias potenciales. Así que, ¿contenta?

—Acabas de alegrarme el día.

—¿Quieres verla?