Novio perfecto (Campus Drivers 2) 14. Donovan
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14. Donovan

Donovan

Atrapado entre Lewis, quien mordisquea su tortita, y Adam, quien lleva veinticinco minutos hablando con su madre por teléfono, me quedo mirando la botella de zumo de naranja.

El aburrimiento profundo, del que soy víctima desde que me he despertado, no me da tregua alguna. Esta mañana no me apetece hacer nada.

Lewis se traga ruidosamente un bocado antes de señalarme con el cuchillo.

—¿Seguro que no quieres venir con nosotros a casa de Adam? Habrá chicas guapas y buena carne a la parrilla. Mi intención es empujar a Adam a que saque ese lado salvaje que lleva dentro.

Esos dos vienen del mismo pueblo; hasta dijeron sus primeras palabras a la vez.

De vez en cuando se van el fin de semana a casa de la madre de Adam, quien considera a Lewis como a su hijo, hasta el punto de que él se divierte llamándola mamá.

Otras veces, les he acompañado a barbacoas y otras celebraciones, pero esta vez prefiero quedarme aquí.

—No me apetece.

Mi compañero de baloncesto, amigo y compañero de piso entrecierra los ojos y me examina como si me acabara de salir una segunda nariz en medio de la cara.

—Te pasa algo desde que empezó el curso, Don. Pensaba que sería por lo de tu padre, pero empiezo a preguntarme si no ocurre algo más. ¡Acabo de decir «chicas guapas» y «carne a la parrilla» en la misma frase, tío! Y parece que te da exactamente igual.

Toqueteo el tapón de la botella, buscando en el zumo de frutas la mejor manera de esquivar esta conversación.

—¿Ya no soy tu colega? —pregunta con un tono infantil.

—¡Eres mi mejor amigo! —suelto con una voz sobreaguda—. Es solo que... me asusté al ver a mi padre inconsciente en el suelo. Este verano me hizo pensar en un montón de cosas, y eso me ha tenido la cabeza bastante ocupada. Pero tranquilo, bro , todo va bien.

Me pasa revista mientras mastica lentamente —muy lentamente— su desayuno.

—Estoy aquí, si necesitas algo.

—Lo sé.

La culpa me desgarra el pecho. Siempre le he contado todo a Lewis, y él nunca ha hecho nada para perder la confianza total que le tengo, pero esta historia con Amelia toca una parte de mí que no consigo mostrar. Salvo a Carrie, porque tiene esa capacidad de darle la vuelta a todo este puto lío.

Pensar en ella me devuelve a la noche de ayer. Una presión, con la que ya estoy familiarizado, nace en la parte baja de mi vientre y sube hasta mis dedos, que rápido buscan el móvil para mandarle un mensaje.

DONOVAN: ¿Estás por aquí?

«¡Como dé señales de vida, me planto en su casa para repetirlo!».

Doy golpecitos con el pie en el suelo mientras espero su respuesta. Cuando aparecen los puntos suspensivos, mi talón martillea un poco más fuerte.

CARRIE: No, ¡estoy en Cincinnati!

—¡Qué mierda!

Los ojos de mis colegas se vuelven automáticamente hacia mí.

—¿Algún problema? —pregunta Adam.

Niego con la cabeza mientras redacto el siguiente mensaje.

DONOVAN: Ah, ok. ¿Todo el finde?

CARRIE: Sí.

Empiezo a escribir otro mensaje, automáticamente, para preguntarle qué hace allí. En el momento de enviarlo, dudo. ¿Me incumbe? Venga, ¡a la mierda!

DONOVAN: ¿Qué tienes planeado?

CARRIE: Reto de lectura: terminar una nueva saga de cuatro tomos.

DONOVAN : ¡Guau! ¿Y necesitabas hacer dos horas de carretera para eso? ¿Qué hay en Cinci?

CARRIE: Mi casa, mi madre...

Ni siquiera sabía que era de esa ciudad. Y ahí va otra cosa más por la que aún no se me había ocurrido preguntarle.

CARRIE: Cojo el bus a menudo para volver a casa el fin de semana.

DONOVAN: No tenía ni idea... ¡No me cuentas nada en realidad!

CARRIE: Puta vida, ¿eh?

DONOVAN: Ilumíname con tu sabiduría, ¿qué debo hacer si mi maravillosa futura novia tiene dificultades para hablarme de sí misma?

CARRIE: ¡Haz que beba!

DONOVAN: No es mala... Es lo que hace el guitarrista ese en no sé cuál de tus libros para descubrir el horrible secreto de su corista... Tomo nota.

CARRIE: Tienes una memoria asombrosa, pero rara vez recuerdas las cosas útiles. Hay cosas que no se hacen, ¡pedazo de idiota!

DONOVAN: ¿Como lo de «córrete para mí»?

CARRIE: ¡Solo con leer eso en el móvil me entra ardor de estómago!

DONOVAN: Fue increíble .

CARRIE: Fue horrible...

DONOVAN: Tenía que hacerlo, ¡sale en tus libros!

CARRIE: Tío, ya te he dicho que no hay que tomarse al pie de la letra todo lo que sale en mis libros. Y lo de «córrete para mí» está al mismo nivel que un personaje que se folla a su pareja contra una pared. Eso no existe en la vida real.

Miro la conversación, boquiabierto.

DONOVAN: ¡Pues claro que existe!

CARRIE: ¡Nop!

DONOVAN: ¡Te digo yo que sí! ¡Y sé de lo que hablo!

CARRIE: Las pelis porno no cuentan.

Me vienen recuerdos muy precisos a la cabeza.

Imposible acordarme de la chica a la que empotré contra la pared de mi habitación —de hecho, no habrá sido la única—; por mucho que me esfuerce, solo me viene la cara de Carrie por encima de la de cualquiera.

¡Genial! Si ya estaba cachondo cuando le he enviado el primer mensaje, ahora ya ni te cuento.

Ella a más de doscientos kilómetros del campus y yo aquí, más salido que el pico de una mesa.

—Me voy a mi cuarto. ¿Nos vemos el domingo por la noche, chicos? —les digo mientras me levanto.

—¡Sip!

Les doy la espalda para que no noten la erección bajo mi pantalón corto y me voy a desplomarme sobre la cama. Una vez tumbado, leo el SMS que acaba de llegar.

CARRIE: En fin. Me quedan tres tomos por leer, ¡es hora de poner fin a nuestra encantadora conversación matutina!

«¡Ni de coña!». El rumbo que está tomando nuestra charla es demasiado interesante como para cortarlo.

DONOVAN : Espera, ¿nunca te han empotrado contra una pared?

CARRIE : Otra vez con esa tontería...

DONOVAN : ¿O contra un cristal?

CARRIE : El número que usted ha marcado no existe.

DONOVAN : ¿El tronco de un árbol?

CARRIE : STOP. Borra mi contacto de tu agenda, ¡te lo ruego!

DONOVAN : ¿Una superficie vertical, sea cual sea?

CARRIE : Hostia, qué pesado, ¡búscate novia, ya!

DONOVAN : ¿Cuándo vuelves?

CARRIE : ¿Y eso qué tiene que ver?

DONOVAN : Tú + Yo + Pared. ¿¿Cuándo vuelves??

CARRIE: Nunca. He decidido convertirme en cantante country , dejo los estudios. Ha sido un placer conocerte (la última parte es mentira).

DONOVAN : ¿Domingo por la noche?

CARRIE : «I’m a country boy, I’ve got a 4-wheel drive»...

DONOVAN : ¡Tengo medios para convertir tu vida en un infierno!

CARRIE : Vas a tener que encontrar una amenaza mejor, porque de esa ya soy consciente. ¡Como para no!

DONOVAN : Puedo estar en Cinci en una hora y cuarenta y seis minutos, según internet. Solo hay una Wolinski en esa ciudad, y su nombre suena colombiano. ¡Dile a tu madre que voy para allá!

CARRIE : ¡¡¡Estaré de vuelta el lunes por la mañana!!!

DONOVAN : Buena chica. Disfruta del fin de semana .

CARRIE : Visualizo perfectamente la cara que estás poniendo. ¡Para ahora mismo!

DONOVAN : ¿Cuál? ¿Esta?

Me hago un selfi rápido para ilustrar lo que imagina y me río a carcajadas cuando ella responde con una foto suya, con un dedo corazón en primer plano.

DONOVAN : Esa estaría perfecta de foto de perfil.

CARRIE : Te deseo una apendicitis de las gordas.

«Hay cierto apéndice en crisis, sí, pero ¡está bastante más abajo de lo que piensas, Carrie!».

Se desconecta unos segundos después.

Sigo riéndome mientras observo demasiado tiempo su foto antes de guardármela en el móvil y cerrar la puerta de mi habitación con llave. Como diría Lewis en su lenguaje en clave: tengo que poner una cuña bajo mi escritorio, porque está a punto de venirse abajo.

Le mando otro mensaje al despertarme, pero debe de tener el móvil apagado porque no me sale como leído. «Qué mierda, me gusta hablar con ella, y el fin de semana se me hace largo».

Entreno con mi padre toda la tarde del domingo y, cuando vuelvo a mi cuarto, tampoco tengo más éxito intentando contactar con ella.

«Joder, espero que no le haya pasado nada».

No sé si podemos considerarnos amigos, pero después del tiempo que hemos pasado juntos ampliando mi currículum de novio ideal, al menos tengo derecho a preguntarme si está bien, ¿no?

Marco su número, pero me salta directamente el buzón de voz. Le había prometido que no la iba a llamar, así que cuelgo sin dejar mensaje.

—¿Estás durmiendo, Don? —me pregunta Adam llamando a la puerta.

—¡No!

—¿Te vienes a echar un Mario Kart con nosotros?

—¡Ahora voy!

Mis dos compañeros de piso han vuelto hace apenas una hora, y me viene de lujo desconectar con ellos. Los he tenido un poco abandonados estas últimas semanas; ya toca aparcar mis preocupaciones.

Salgo de la cama de un salto, atravieso mi habitación y el pasillo, pero doy media vuelta para coger el móvil. «Por si las moscas».

—¿Qué hay de nuevo, guapo? —me suelta Lewis mientras me pasa un mando—. ¿Has visto a tu viejo hoy?

—Sí, está hecho un toro.

—Me alegro mucho.

—Tiene que volver a currar ya, porque me está dejando hecho polvo. Ese viejales es un auténtico torturador —protesto por protestar, notando ya las agujetas de los ejercicios de hoy.

—Los entrenamientos con el equipo empiezan mañana, ¿no? —pregunta Adam arrancando la partida.

—Sí —asiento, dejándome caer en el sofá.

—Vas a estar en plena forma, está genial.

—¡Papá, sal de ese cuerpo! —exclamo para ponerlo en su sitio—. Oye, ¿qué tal en tu casa?

—Digamos que la cosa está movidita. Tuve que vigilar que mi madre no se pasara con su bebida favorita...

Se encoge de hombros como quien ya está acostumbrado. Desde que su padre se fue cuando era adolescente, su madre se dio a la bebida. Ahora va alternando fases de sobriedad con otras más complicadas. Si su hijo no fuera tan protector y estuviera siempre tan presente, no daría un duro por ella.

—¿Vuelve a rehabilitación el mes que viene?

—Como cada año en Acción de Gracias —suspira.

—Por cierto, tío, ¡he encontrado este objeto satánico en el baño! —nos interrumpe Lewis con voz escandalizada.