10. Donovan
Donovan
Carrie ha debido de darse un buen golpe jugando a las acrobacias sobre mi cama.
Una conmoción cerebral me parece la explicación más lógica a su comportamiento desde aquel día.
Primero, ha vuelto a ser la borde del principio.
Últimamente, había adoptado una actitud más suave, y ahora está tan cortante como en los primeros días.
Segundo, me he percatado de algunas miradas raras mientras hablábamos en el Sweety.
De hecho, ahora que acabamos de encontrarnos en la biblioteca, le noto una mirada extraña, pese a que intente aparentar normalidad.
En fin, seamos sinceros, Carrie nunca ha sido normal.
Intentar serlo le confiere un aire extraño.
—Me miras como si quisieras obligarme a comerme tu libro —suspiro, pasando una página del mío—. ¿Te sentó mal mi broma sobre el anulingus? Te confieso que sonaba mejor en boca de Lewis...
—No suena bien en ninguna boca. Estoy reflexionando sobre tu caso, por eso te observo.
—Me incomoda.
—Pobrecito. Perdona por no devorarte con la mirada como las de tu club de fans. Por cierto, ya que hablamos de eso, ¿no podrías decirle a esa chica que estamos aquí para trabajar?
Hace un gesto con la cabeza hacia una mesa donde una pelirroja mona me lanza, desde que he llegado, miradas tan discretas como ráfagas de luces largas en plena noche.
—Sinceramente, compadezco a tu futura novia. Es insoportable.
—¿Estás de mal humor por alguna razón en concreto? —pregunto.
No es la primera vez que una chica me tira los tejos durante nuestras «clases», y nunca había parecido molestarle tanto a Carrie.
—No, forma parte de mi personalidad. ¿Te molesta?
—Bueno, yo...
—Mejor —zanja sin dejarme terminar—. ¿Por qué capítulo vas?
—Por el once.
—Entonces ya has pasado la escena de la pelea.
—¿Cuál de todas ellas? —ironizo, apoyando la barbilla en la palma—. Estamos de acuerdo en que esos dos se pelean cada diez páginas, ¿no? Que si me has mentido, que si estás demasiado cerca de esa chica, que si...
—¡Es un reflejo de la realidad!
—¡Para nada!
—Busca en Google los motivos de las crisis de pareja y verás que es exactamente eso.
—No cuestiono que haya broncas, solo digo que es constante.
—Se nota que no has conocido a mis padres —la oigo gruñir.
—¿Les pasa a menudo?
—Ya no —escupe cortante.
Mencionar a sus padres parece un tema delicado. Me gustaría preguntarle más, pero quizá no sea el día adecuado para hurgar. Además, estoy seguro de que me diría que contarme su vida no entra en nuestro trato.
—En fin, tú dedícate a inspirarte en todo esto para no repetirlo con la futura señora W —continúa, dejando claro que no quiere extenderse sobre la relación de sus padres—.
A modo de resumen: evitamos los ataques de celos injustificados, la posesividad exagerada y esa tendencia claramente enfermiza a convertir una situación banal en una traición imperdonable.
Por lo que a ti respecta: evita darle motivos para ponerse celosa, deja de mirar a cada tía que pasa como si fuera una opción de recambio, no antepongas siempre a tus colegas a ella, y evita meterte en situaciones en las que se imagine lo peor.
Por ejemplo, no quedes a escondidas con una amiga, aunque solo sea una amiga...
—Buena idea. Aunque me he fijado en que siempre acaban follando como locos para reconciliarse.
—No, si lo de Donny es la poesía... —suspira, claramente exasperada—. Sigue leyendo, ¡casi prefiero cuando mantienes la boca cerrada!
Como el alumno aplicado que soy, obedezco a mi profesora: retomo la lectura, pero en voz alta, procurando subir un poco más el volumen de lo apropiado para el lugar en el que estamos.
—¡Donovan! —escupe Carrie, amenazante.
—Vale, vale —cedo, y sigo el hilo del capítulo en mi cabeza.
Tengo la cara pegada a una descripción poscoital cuando una voz grave rompe el silencio a nuestro alrededor.
—¡Wolinskiii!
Alguien protesta, Carrie suelta una palabrota, levanto la cabeza de golpe y observo al tipo que acaba de gritar mi nombre mientras se acerca a grandes zancadas.
No sé quién es. Estoy a punto de abrir la boca para saludarlo de todos modos, pero no se dirige hacia mí.
Se lanza hacia Carrie, se detiene detrás de su silla y le agarra el moño para sacudirlo en todas direcciones.
—¿Cómo estás, Wolinski de mi corazón? —vuelve a la carga, inclinándose sobre su espalda, con la barbilla apoyada en su hombro.
—Eh... bien... —respondo, completamente descolocado.
El tío me presta atención medio segundo antes de volver a centrarse en mi love coach . Me doy cuenta de que las mejillas de esta acaban de ponerse de un rojo intenso.
—Se lo decía a ella, pero me alegro de que estés bien, tío —me suelta, asintiendo con la cabeza.
—Bueno, es que Wolinski soy yo —aclaro con un tono poco amable.
—Y ella también —replica con el mismo tono.
Lentamente, deslizo la mirada hacia la de Carrie.
—¿Te llamas Carrie... Wolinski? —digo, entendiendo mi metedura de pata.
—Sí.
—¿Tienes hueco esta semana? —retoma el otro, tirando de uno de los mechones de mi acompañante.
—Tengo la agenda a tope, pero la semana que viene creo que podré sacar tiempo.
—Me gustan tus gafas nuevas.
Él le sonríe, ella le sonríe. Oscilo entre sus caras; parece que se conocen bien, y no me gusta demasiado que vengan a quitarme a la profe en mis narices.
—Me voy, te llamo este fin de semana, ¿vale?
Se endereza y culmina su discurso dándole un golpecito en la punta de la nariz. Me lanza un saludo rápido y cruza la biblioteca con sus largas piernas de capullo.
—¿Él sí puede llamarte? —pregunto enseguida.
—Somos de la misma ciudad, conozco a John desde hace mucho.
—¿Te acuestas con él?
Lo he soltado sin pensar. Ella abre los ojos, sorprendida.
—Esta conversación no tiene ningún interés —responde, ajustándose una patilla de las gafas.
—Entonces te acuestas con él —deduzco, riéndome—. No hace falta que te hagas la tímida, Wolinski.
Estiro las piernas y cruzo los brazos detrás de la nuca.
—Joder, no me creo que te apellides como yo.
—¡Oh, no! ¡Has perdido toda tu singularidad! —gime, levantando las manos al techo.
—¿Por qué no me lo habías dicho?
—Nunca me lo has preguntado.
—Cierto.
Ahora que lo menciona, no sé gran cosa sobre ella. Estoy tan acostumbrado a salir con chicas de verborrea fácil que no me había percatado de lo reservada que es Carrie. De repente, darme cuenta de que me resulta una completa desconocida me incomoda.
—¿Tienes familia en Polonia? —le pregunto entonces.
—No, mis abuelos emigraron aquí cuando ya no les quedaba ningún pariente en el país.
—Yo aún tengo a mi abuela en Rybnik; mi padre va de vez en cuando.
—Nunca he estado, pero dicen que es un país precioso.
—Hace mucho que no voy, pero cuando termine la carrera tengo pensado volver unos días. ¡Podrías venir conmigo! Te llevaría a Varsovia, te va a flipar.
Se echa a reír.
—¿Cómo? ¡Un viaje entre Wolinskis, mola!
—¡Qué dices!
Mi propuesta la hace reír; no parece darse cuenta de que no era una broma.
—Espera, ¿hablas en serio? —balbucea al ver mi cara seria.
—Relájate, estaba de coña —me retracto para salir del momento incómodo.
«A ver, ahora en serio, ¿qué se me ha pasado por la cabeza para proponerle eso? No es como si fuéramos amigos ni nada por el estilo».
Más tranquila, retoma la lectura mientras yo sigo mirándola, preguntándome cómo demonios he podido soltar algo así. Si tengo que ser sincero, me estoy acostumbrando demasiado a su compañía, y el hecho de que sepa lo de Amelia tiende a hacerme bajar la guardia. «¡Gracias por la hostia de realidad!».
Intento volver a concentrarme en la historia, pero he perdido la motivación.
—Por hoy he tenido suficiente, me voy a ir a casa. ¿Quieres que te acerque?
—No hace falta, gracias. Voy a quedarme un poco más.
—Te llamo mañana.
—Nop. Mensaje.
—¿Qué tiene él que yo no tenga para poder llamarte? —me quejo mientras recojo mis cosas.
—¿Tienes una hora para que te lo explique? —me pincha.
—Algún día estarás loca por mí.
Es una broma, pero una vez que ha salido de mi boca suena rara.
—¡Seguro! —asiente—. Te declararé mi amor eterno durante nuestra escapada polaca, te lo prometo.
Empujo la silla bajo la mesa, que rodeo para acortar la distancia con Carrie. Le agarro el moño como ha hecho el famoso John hace un momento y le planto un beso húmedo en la mejilla.
—¡Hasta muy pronto, Wolinski de mi corazón!
No oigo lo que me responde, porque ya estoy al otro lado de la sala.
En lugar de pensar en lo que debo hacer para mejorar, no dejo de pensar en lo que debería tramar para que Carrie esté más relajada en mi presencia. Bueno, esto no era exactamente lo que tenía en mente cuando le pedí ayuda, pero no puede venir mal para el futuro.
Solo tengo que verlo como unas prácticas.