Novio perfecto (Campus Drivers 2) 6. Donovan #3
16%

6. Donovan #3

—No. Primero vas a contarme qué te pasa, Amelia. Llevo diez días aguantando tu actitud infantil y estoy harto. Madura de una vez y explícate.

—¿Madurar? —sisea, respirando con fuerza por la nariz—. ¡Vete a tomar por culo, cabronazo!

—¡Guau! Muy constructivo. Muy propio de una niña mimada. Entonces ¿eres consciente de que tu comportamiento es estúpido y de que no tienes agallas para explicarme cuál es tu problema?

He dado con la tecla correcta: se pone roja como un tomate.

—¿Agallas? ¿¡Agallas!? —empieza a gritar—. ¿Tú me dices eso a mí, pedazo de egoísta? ¡A ver si te enteras de una vez, Donovan: intenté contarte mi problema, como dices, y ¿sabes qué? ¡Te importó una mierda!

—Pero ¿de qué estás hablando?

—¿Y ahora de repente te interesa lo que me pasa? —continúa, fuera de sí—. ¡Anda ya! Llegas con más de tres años de retraso, gilipollas.

La situación se descontrola. No la he visto venir. Pero ¿de qué coño está hablando?

—¿Qué pasa, Donny, has perdido tu arrogancia?

—¿Qué te he hecho que sea tan terrible?

—¿Te acuerdas de tu maravilloso amigo Cooper? —escupe, con un asco palpable.

—¿Mi colega del instituto?

Ha pasado ya un tiempo, me había olvidado de él por completo. Jugábamos juntos en el equipo de baloncesto.

—Sí, tu colega. ¿Te acuerdas también de lo que te decía entonces?

¿De todas esas veces en las que me quejaba de él porque no paraba de tocarme las narices cuando lo invitabas a casa?

¿De las decenas de veces que te dije claramente que no me gustaba y que no quería volver a verlo por allí? En vez de escucharme, te hacía gracia.

No entiendo adónde quiere llegar. ¿Qué pinta Cooper en este ajuste de cuentas? Se metía con ella, sí, y a mí me parecía divertido. Era mi amigo; jugaba con ella como se fastidia a una cría pesada.

—Lo mandabas a recogerme al instituto en tu lugar. Te burlabas de mí cuando se ponía a aporrear la puerta del baño para que me diera prisa.

Toma aire. Sigo perdido, pero una punzada desagradable empieza a clavarse entre mis costillas.

—¿Por eso me tratas con ese desprecio desde entonces? ¿Por unas cuantas bromas inocentes?

—¿Quieres saber qué hacía ese Cooper tan « inocente » mientras tú solo pensabas en ti?

Me llamaba por la noche, me bombardeaba con fotos de su polla desde números desconocidos y se jactaba de ello cuando conseguía acorralarme en la cocina.

Cuando lo mandabas a recogerme al instituto, me aterrorizaba.

Un día, en lugar de llevarme a casa, me dejó al otro lado de la ciudad.

Sentí el miedo más grande de toda mi vida cuando me di cuenta de que no iba en dirección a casa.

Creí que iba a... Se fue y me dejó tirada en una calle de mala muerte, muerto de risa.

Era de noche cuando volví a casa, y tú me gritaste.

Me voy desmoronando a medida que las piezas encajan en mi cabeza.

Me acuerdo perfectamente de aquello: Cooper me había dicho que Amelia no estaba delante del instituto cuando pasó a recogerla y que una de sus amigas le había comentado que se había ido a dar una vuelta con un chico.

Así que, claro, le eché la bronca porque estaba bajo mi responsabilidad.

—¡Deberías habérmelo dicho!

—Duró meses, y tú no estuviste ahí para mí —me lanza.

—¿Él...? ¿Él te...?

Aprieto los dientes. Voy a vomitar.

—¿Que si me violó? No. Lo que le excitaba era aterrorizarme.

Tengo que salir del coche. ¡Ahora mismo!

Abro la puerta de un tirón y salgo disparado. Camino de un lado a otro por el arcén antes de soltar un grito. Por mucho que adore mi coche, descargo la rabia a patadas contra los neumáticos y los bajos.

Al final vuelvo a sentarme al volante. Necesito conducir para aclararme la cabeza.

—¿Por qué no me hablaste claro, joder? ¡Han pasado más de tres años, tres putos años! —bramo, golpeando el volante.

—Oh, no, por ahí no, Donovan. Ni se te ocurra reprocharme eso. No es culpa mía que estés más pendiente de ti mismo que de la gente que te rodea. Si has tardado todo este tiempo en hacerte las preguntas correctas sobre nosotros dos...

—¿Cómo se suponía que iba a saberlo, joder? ¿Y papá y mamá?

—Ni se te ocurra contarles nada. Cuando entendí que no iba a recibir ayuda por tu parte, decidí apañármelas sola. Al final, tú te fuiste con papá y Cooper se largó a saber dónde...

Llego al aparcamiento del aeropuerto y estaciono, con las manos heladas y la respiración entrecortada.

—Ahora que ya sé lo que pasó, no pienso aceptar que sigamos teniendo este tipo de relación.

—Vamos a dejarlo ahí, Donovan. No tengo intención de volver a ser la hermanita admiradora que fui. Y, además, no hace falta vivir cerca de ti para saber cómo te comportas con las chicas... Razón de más para que cada uno siga su camino.

Coge su bolso del asiento trasero y sale del coche.

Mientras avanza hacia la terminal del aeropuerto, me quedo paralizado.

Todo lo que creía saber se viene abajo. Tomo consciencia de la imagen que doy.

Peor aún: entiendo que la actitud de mi hermana no era la de una niña mimada, sino la de una chica que sufría y a la que su hermano mayor dejó tirada. Y ni siquiera le he pedido perdón.