Nosotras bajo la luna (Romances prohibidos 3) Epílogo
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Epílogo

Catorce meses después.

—Mami, mami. —Nazar corre desde la puerta trasera hasta que se estampa con las piernas de Piper Dalton.

La doctora sonríe y lo coge en brazos mientras él se ríe encantado de volar como un avión.

—¿Te has portado bien? —pregunta mientras lo baja hasta el suelo.

Nazar dibuja el mismo gesto de siempre cuando no quiere soltar una mentira, porque le han explicado que mentir está mal, por lo que decir que se ha portado bien sería engañar a su otra madre.

—Es un buen chico. —Jake Barrett se acerca a ellos y pasa la mano por el cabello corto del niño.

—Sé que lo es, pero también que es un terremoto —dice Piper, y Jake suelta una carcajada estruendosa.

Nazar abraza a Piper antes de correr en la dirección contraria agitando las manos.

Tanto Olena como ella vieron que el niño aceptaba con mucha facilidad que la doctora Dalton era la otra figura materna en su vida y, tras una larga conversación en la que decidieron formalizar su relación, ahora son una familia envidiada.

Ella y Jake caminan hacia el centro del local y Piper coge una copa de vino que le ofrece uno de los camareros contratados.

Están en la inauguración de la segunda tienda de Pacific Wick en California, que se ha abierto apenas ocho meses después de la primera, que ha resultado ser la mejor decisión que han tomado sus dueñas.

Funciona de maravilla, han tenido que ampliar horarios y su clientela está encantada, tanto que decidieron que esta estaría ubicada en la zona opuesta para cubrir la demanda de gran parte de la ciudad.

—Enhorabuena, Kel. —Piper se acerca a su cuñada, que sonríe radiante, y se abrazan—. Es increíble.

Kelsey mira a su alrededor; no puede estar más de acuerdo con la doctora.

El local tiene dos plantas, con muchas estanterías que exhiben todas las velas que ofrecen de diferentes aromas, tamaños y colores.

También han incluido un producto nuevo, hecho de la misma cera, pero sin mecha para encender, sino que se usa más como ambientador.

—Espero que esta vaya bien, porque si no, tendremos que mudarnos contigo.

Kelsey suelta el comentario en forma de broma, aunque en el fondo tiene algo de verdad.

Piper sabe que han hecho una gran inversión para abrirla a la vez que ampliaban la pequeña fábrica que hace tiempo dejó de funcionar en el garaje de Jake.

Ahora han alquilado un almacén donde cuatro chicas, junto a Tiffany, hacen las velas para surtir las tiendas físicas y las ventas online.

Con total seguridad necesitarán más empleadas para esta segunda apertura.

—Tu chica está allí —señala Kelsey, y la doctora Dalton se gira con el corazón desbocado.

Hace casi año y medio que están juntas y todavía la boca se le seca cuando la ve, sobre todo en sitios como estos, en los que Olena brilla con luz propia eclipsando a los que están a su alrededor.

—Hola —susurra la ucraniana cuando Piper se detiene frente a ella—. Has llegado pronto.

Piper no contesta de inmediato porque tiene la mirada clavada en los labios de Olena y, atendiendo al deseo visceral de besarla, se acerca a su boca y la roza suavemente con la suya.

—Tenía ganas de verte —contesta Piper y se muerde el labio—. Estás preciosa.

Olena le deja una caricia discreta en la mano a su chica y le hace un movimiento con la cabeza para que la siga.

Durante unos minutos caminan por la tienda y la ucraniana le explica dónde está cada cosa, señalando cada detalle que las dueñas han incluido para una mejor experiencia para sus compradores.

—Esta será mi área de trabajo y compartiré horario junto a otra chica. —Señala una zona donde están las vitrinas más grandes—. Cuando yo esté en la tienda, seré la que se encargue de la caja. Me da un poco de nervios —confiesa.

—Lo harás bien. —Piper le pasa una mano por el pelo rubio, que hoy lleva suelto.

Olena dejó de trabajar para Harold hace unos meses porque su hijo decidió llevárselo a su casa; no se sentía cómodo pensando que a su padre podría pasarle algo en el poco tiempo que estaba a solas.

Entonces aparecieron Tiffany y Kelsey para proponerle entrar en Pacific Wick.

Olena ni siquiera tuvo dudas: las condiciones eran buenas, los horarios flexibles y podía tener a Nazar cerca mientras estuviera en el taller produciendo las velas.

Allí estuvo hasta hace poco, cuando una de las empleadas de la tienda sufrió un pequeño accidente doméstico y la ucraniana se ofreció a cubrirla ante la emergencia.

Ella misma se sorprendió de lo bien que se le daba atender al público; además, tenía pleno conocimiento del producto después de pasar semanas fabricándolo.

Y ahora, en esta nueva sucursal, hará la función de encargada, no solo de dependienta.

Olena sonríe y le coge la mano a su chica para llevársela a la parte trasera de la tienda. Allí es donde guardan todas las velas para reposición y también los productos para limpiar.

—Gracias por darme una nueva vida —suelta de repente, y Piper se queda muy quieta—.

Hace unos años estaba tan hundida que solo tener a Nazar me daba la fuerza para seguir.

Cuando fui a buscarte aquel día —Olena sonríe y niega con la cabeza—, sentí algo en el pecho, ¿sabes?

, pero creí que eran simplemente los nervios y el hecho de estar frente a una Dalton.

Ahora sé que no; ahora entiendo que ese fue el momento en que el destino nos unió.

A Piper se le humedecen los ojos y, cuando Olena la besa con tanta ternura, no puede evitar retener un sollozo. La ucraniana la abraza con fuerza, siente el calor de su cuerpo fundiéndose con el suyo y sabe que es la mujer más feliz del mundo.

—Ay, joder. —Tiffany se tapa los ojos como si tuviera cinco años y estuviera viendo una escena solo para adultos—. No pensaréis hacerlo aquí, ¿no?

Piper resopla; su hermana pequeña sigue teniendo mucha imaginación.

—Felicidades, hermanita. —Piper ignora su comentario y la estrecha entre sus brazos—. Ha quedado fantástica.

—Gracias, estoy muy orgullosa —contesta Tiffany y sonríe—. Os estaba buscando porque vamos a hacer el brindis.

Las tres mujeres salen del escondite y aceptan las copas de champán que les entrega una camarera. Luego las dueñas de Pacific Wick dan un corto discurso de agradecimiento y todos levantan su copa deseándoles lo mejor.

—Venga, es hora de dormir, que mañana tienes que ir al cole. —Olena coge a su hijo en brazos y, después de que el niño se despida de Piper, suben a la habitación.

Piper se queda abajo doblando la manta que usan para el sofá, apagando el televisor y recogiendo algunos juguetes desperdigados por el salón.

Bosteza ruidosamente mientras lo hace; ha sido un día bastante largo y está agotada.

Han estado con su hermana y Kelsey varias horas más después de que todos los invitados se marcharan; la tienda no abrirá oficialmente hasta mañana.

—¿Quieres una infusión? —Olena aparece en la escalera, también con gesto cansado—. Se ha dormido pronto y quiero tener unos minutos para nosotras antes de irnos a la cama.

Piper asiente; estos son los pequeños detalles que le encantan de Olena: no importa lo rápido que vaya el mundo, ella siempre lo detiene para tomarse un momento para las dos.

—Vamos al patio, hace muy buena temperatura —propone la doctora Dalton, y ambas se encaminan a la puerta trasera.

—Vaya. —Olena sube la mirada al cielo en cuanto salen—. La luna llena está preciosa.

—Lo está —secunda Piper, también mirando hacia arriba.

Ambas se sientan en un par de sillas que dejaron allí hace unos meses, cuando empezaron a salir al patio para quitarse el agobio de un día complicado. No hacen mucho más que hablar o incluso estar en silencio, solo con el sonido de sus respiraciones y la compañía mutua.

—¿Estás preparada para mañana? —pregunta Piper, porque sabe que Olena está nerviosa y por eso no ha querido meterse en la cama.

—Sí, aunque ya sabes que al principio me entran los nervios —contesta y se lleva la taza a los labios.

Piper extiende una mano hacia un lado y Olena no tarda en cogérsela. Entrelazan sus dedos y se miran.

—Eres fuerte, valiente y una mujer alucinante.

—Piper se gira para hablarle a su chica de frente—.

No tienes miedo de enfrentarte a nuevos retos, a esforzarte.

Todo esto sin descuidar a Nazar, sin dejarme a un lado así estés cansada.

Estoy completamente segura de que encargarte de una tienda no es nada para ti.

La sonrisa de Olena se extiende por su rostro y la ucraniana se acerca para atrapar los labios de la doctora Dalton.

Cuando salió de aquella caravana para vivir en Monterey House, nunca imaginó que detrás de esa mujer que parecía querer ayudarla sin exigencias iba a encontrar al amor de su vida.

Piper no tuvo que hacer ningún esfuerzo para conquistarla; simplemente se limitó a ser ella misma, estar a su lado y darle a Nazar —que, aunque sea su hermano, lo quiere como a su propio hijo— un hogar seguro.

Todo lo complicado de dejar su país atrás, el dolor de lo que le hizo Lucas Dalton y la desesperación de verse sin nada con que darle una buena vida a Nazar, Piper lo borró a base de miradas cálidas, de comprensión, de besos y mucho amor.

—No sabes lo mucho que te quiero, Piper —dice la ucraniana sin apartar la mirada de sus ojos—. Tú y Nazar lo sois todo para mí.

—Y vosotros lo sois para mí.

Se quedan un momento en silencio, observándose con el cariño infinito que ha surgido entre ellas en todo este tiempo.

—Te ves preciosa —dice Olena de repente—. La luz de la luna te sienta bien.

Piper sonríe y mira hacia arriba antes de hablar.

—A las dos nos sienta bien. —Le da un beso corto en los labios y los ojos de ambas se conectan—. Nosotras bajo la luna.