Nosotras bajo el sol (Romances prohibidos 2) Capítulo 28
94%

Capítulo 28

—No me puedo creer que estemos haciendo esto, bueno tú —dice Tiffany, de pie en medio del salón de Piper, sosteniendo una taza de café entre las manos mientras observa a Nazar en el sofá, o lo que queda de él.

Todos los cojines están en el suelo y sus juguetes por encima mientras él desliza el camión de bomberos por el respaldo y hace ruidos extraños con la boca.

Tiffany acaba de llegar. Había quedado con Piper para comer en algún sitio frente al mar, pero hace un rato le ha escrito y le ha dicho que había cambio de planes, que comían en su casa.

—A Olena la han llamado para una entrevista y no sabía dónde dejarlo —empieza Piper, sentándose en un sillón y señalando el otro para su hermana—, siéntate antes de que los invada con sus juguetes.

Tiffany se mueve y se deja caer mientras lo mira.

—Me he ofrecido. Ya había terminado mi ronda y no me costaba nada.

—Claro —la sonrisa cínica de Tiffany hace que su hermana se gire.

—Es nuestro hermano...

—Por supuesto —la pequeña de las Dalton arquea una ceja.

—¿Quieres decir lo que estás pensando o vas a estar poniendo esa cara de imbécil todo el rato? —explota Piper.

Tiffany, a pesar de la tristeza con la que ha llegado, suelta una pequeña carcajada.

—No digo nada, solo que parece que te gusta mucho ayudar a Olena. Le ofreces una casa, le das dinero, le cuidas al niño... ¿Qué es lo siguiente? —pregunta sin perder esa sonrisa burlona.

—¿Qué estás insinuando? Es nuestro hermano, ¿no? Es lógico que ayudemos.

—No he dicho que no.

Nazar se gira de golpe, se baja del sofá con cierta torpeza y camina hacia ella, haciéndolo pasar por las rodillas de Piper primero y después por las de Tiffany, que se queda paralizada.

—Creo que empezamos a gustarle —murmura Piper, y Tiffany lo sigue mirando mientras el pecho se le encoge por primera vez, como si hasta este momento no hubiera conseguido conectar con él.

—Sí —sonríe.

—Siento haber cambiado de planes sin consultarte, sé que te encanta comer frente al mar, iremos mañana, ¿vale?

—Claro, no pasa nada.

—¿Cómo te encuentras?

Tiffany llamó a su hermana en cuanto Kelsey se fue de su apartamento, solo quería desahogarse, escupir su rabia por lo que acababa de pasar, pero lo que hizo fue llorar como una niña pequeña, hipando con tanta fuerza que apenas podía explicarse y su hermana terminó colgando el teléfono después de decirle que iba para su ático.

—Estoy cabreada —dice, negando con la cabeza—, me cuesta mucho entender que no sea capaz de ver la realidad, que prefiera seguir viviendo una vida gris cuando la que desea está llena de color. —Tiffany se detiene cuando el móvil le suena y tuerce el gesto al ver el nombre de Kelsey en la pantalla.

—¿No se lo coges? —pregunta Piper.

—¿Para qué? ¿Para que intente convencerme de nuevo? No, gracias. Seguramente acaba de llegar a Chicago y hace un último intento mientras espera a que Rick vaya a recogerla.

—Pero tendréis que hablar en algún momento, Tiff, tienes el negocio allí con ella, tendréis que arreglarlo todo para que salgas de la sociedad si no vas a seguir, es importante...

A Piper la corta el sonido de su móvil esta vez, y cuando ve el nombre en la pantalla, lo gira hacia su hermana: Kelsey.

—No lo cojas —exige Tiffany.

—No seas infantil, podría haber pasado algo. —Piper descuelga—. Hola, Kelsey.

—Hola, Piper, siento molestarte, estoy llamando a tu hermana y no contesta.

—Lo sé, está aquí conmigo. —Tiffany se levanta, nerviosa, fulminando a Piper con la mirada y negando con la cabeza porque no quiere ponerse—. Está un poco... Bueno, es mejor que no se ponga, Kelsey.

—Claro, yo... Necesito hablar con ella, Piper, no por teléfono, sino en persona. Sé que no he actuado muy bien, pero es importante que hable con ella, por favor. Dile que sigo en California, estoy en casa de mi padre, que me escriba y me diga cuándo está libre y me paso por el ático. Por favor.

—De acuerdo, Kelsey, se lo diré.

—Gracias.

Piper cuelga y levanta la mirada hacia su hermana.

—Quiere hablar contigo...

—Ya, pues va a ser complicado...

—Está aquí, no se ha marchado —la corta Piper.

Tiffany, que estaba a punto de dar un sorbo al café, se queda con la taza a medio camino.

—¿No se ha ido? —repite estúpidamente.

—No, está en casa con Jake. Quiere hablar contigo en persona. Dice que le escribas y se pasa por el ático cuando te vaya bien. Creo que deberías aceptar.

—Lo sé —la pequeña de los Dalton se vuelve a sentar—. Le diré que se pase a las seis —dice con el móvil en la mano—. Ahora, ¿podemos cambiar de tema y hablar del otro asunto?

—He estado buscando abogados especializados en estos temas.

—Piper no sabe cómo decirlo—. Tengo unos cuantos nombres apuntados y también encontré el acuerdo que me firmó aquella chica, pero no he hecho nada más.

Desde que Olena nos contó eso, tengo un nudo en el estómago que me impide pensar.

No sé qué va primero, si abogado, si buscar a esa chica o ir directamente a la policía.

Tiffany estira la mano y coge la de su hermana.

—Siento haberte dejado con este marrón a ti sola, pero ahora estoy aquí, Pi.

Solo... —Tiffany aspira y suelta el aire despacio—.

Deja que hable con Kelsey y aclare todo esto y después nos ocupamos del tema de papá entre las dos.

Podemos hablar primero con Olena y saber cuál es su posición, y luego, no sé...

—Tiffany también está saturada, y muy perdida con esto.

—Haz lo que has dicho, Tiff —la interrumpe su hermana—, arregla primero lo de Kelsey y después nos sentamos para decidir de una vez lo que hacemos.

—Está bien.

Kelsey llega bastante antes de las seis, que es la hora a la que Tiffany le ha dicho por mensaje que podía pasarse.

Se baja del coche de su padre y piensa en caminar dando vueltas a la manzana para hacer tiempo y soltar un poco de toda la energía que tiene acumulada y que hace que no se pueda estar quieta, pero al final cambia de opinión y va directa hacia la entrada.

—Señorita Barrett, me alegra verla de nuevo —dice Robert con una amplia sonrisa.

—Yo también me alegro de verte —responde ella—, ¿Tiffany está arriba? He quedado con ella, pero llego pronto.

—Sí está, ha llegado hace un rato.

—Genial, gracias Robert.

Kelsey se mete en el ascensor y tamborilea sus dedos contra las piernas hasta que llega a la última planta. Aprieta el timbre en cuanto llega a la puerta y también golpea la madera un par de veces con los nudillos, ansiosa por entrar.

—Sé que es pronto —dice en cuanto Tiffany abre la puerta—, pero he llegado y...

—Pasa.

Tiffany cierra la puerta, y cuando Kelsey da un paso hacia el salón, la escucha a sus espaldas.

—Si vienes para lo mismo de ayer, Kels...

—Lo sé. Solo quiero hablar contigo de..., ¿puedo sentarme?

—Sí.

Kelsey se sienta en un sillón y Tiffany en el reposabrazos del sofá más cercano al ventanal.

—Te escucho.

—No sé por dónde empezar —dice Kelsey, y el aire le sale entrecortado al respirar—. Ayer cuando salí de aquí me fui a casa de mi padre.

—Lo sé, Piper me ha dicho que estabas con él.

—Iba a marcharme, cuando dijiste que si era para intentar convencerte podía irme y no volver, iba a coger un avión de vuelta.

—Pero no lo hiciste.

—No. Hablé mucho con mi padre, creo que jamás habíamos tenido una conversación así.

—¿Conversación sobre qué? —Tiffany se abraza el cuerpo.

Está nerviosa, no sabe a qué viene Kelsey y la idea de pensar en que es una despedida definitiva le está oprimiendo los pulmones.

—Sobre mí. Sobre mi percepción de lo correcto, de lo que yo estaba convencida de que quería y a su vez, de que ellos también, mis padres.

Siempre pensé que casarme con un chico, tener una gran boda y una casa era lo que ellos querían, me convencí de ello desde que era pequeña, joder, me estoy explicando fatal —dice, y se pasa la mano por la frente—.

Toda mi vida pensé que ellos esperaban eso para mí, una boda, un marido, una casa, un matrimonio tan perfecto como el suyo, y que si yo no daba eso, algo se rompería en mi familia, que los iba a decepcionar.

—Siempre tuviste muy claro lo que querías, cuando te conocí ya tenías un plan —murmura Tiffany.

—Sí. Ayer, cuando hablaba con mi padre se lo dije —Kelsey resume—, y me dijo que ellos jamás esperaron nada, que como yo no dejaba de planear mi boda, simplemente me apoyaron porque pensaron que era lo que quería.

Tiffany la mira en silencio.

—¿Sabes que mi madre siempre sospechó que con quien yo quería pasar mi vida realmente era contigo?

Los ojos de Tiffany se abren con sorpresa, pero sigue sin hablar.

—Después de hablar con mi padre me fui a la playa y estuve pensando mucho en todo —Kelsey se inclina hacia delante, con los codos en las rodillas y las manos juntas mientras se las frota con fuerza—.

Me casé con Richard porque tú ibas a casarte con Michael y yo sabía que si estaba con él, siempre estaría contigo.

Dios, Tiff. —Los ojos se le encharcan—. Me casé con un buen tipo solo para tener una excusa de por vida que me permitiera estar cerca de ti.

Es… soy horrible, lo he utilizado a él, te he engañado a ti y me he mentido a mí misma desde los catorce.

Cuando me besaste aquella primera vez lo supe, supe que siempre querría más besos como ese...

Se interrumpe para secarse las lágrimas.

—Kels... —Tiffany se mueve de su sitio y se sienta justo enfrente de su amiga.

—No puedo volver a Chicago, Tiff. Cuando te fuiste, pensé en seguir en casa y continuar mi vida con Richard, seguir con el negocio y...

y en cuanto hubo una excusa para venir a verte la aproveché.

Voy a pedirle el divorcio a Rick —dice de pronto, y Tiffany deja de respirar—.

Perderte como amiga ya me parecía insoportable, pero perderte como mi...

—suelta una risita ahogada y la mira con la cara roja y mojada—, mi mujer, eso es lo que siempre debiste ser, mi mujer.

Tiffany también está llorando y Kelsey estira una mano para coger la suya, besándole los nudillos.

—Espero que no sea tarde, pero cuando tenga el divorcio, quiero casarme contigo.

Tiffany suelta una risa entrecortada y ahora es ella la que besa la palma de la mano de Kelsey.

—¿Me estás pidiendo matrimonio?

Kelsey parpadea, incrédula, pero muy segura de lo que está diciendo.

—Sí, supongo que sí.

—Joder, has necesitado veintiséis años para reconocer lo que es esto y cuando por fin lo aceptas, me quieres llevar al altar. Supongo que contigo no hay término medio, ¿no? —bromea Tiffany sin dejar de llorar.

—Necesito recuperar el tiempo que nos he hecho perder a las dos. Si aceptas, te prometo que te compensaré cada día, Tiff.

—¿Me lo puedo pensar? —Tiffany levanta una ceja.

—Solo durante dos segundos.

Las dos se echan a reír, una carcajada larga, quebrada y llena de lágrimas.

—Lo siento, Tiff. —Kelsey se inclina hacia ella y se abrazan—. Siento haber tardado tanto en verlo, habernos robado todo este tiempo por culpa de un miedo absurdo al que me he aferrado de forma obstinada —dice contra su pelo.

—Lo importante es que has abierto los ojos, y sí, estaré encantada de casarme contigo.

Kelsey la besa de un modo distinto al de siempre, ya no hay pánico en el beso, ya no existe el miedo de estar haciendo algo prohibido ni la ansiedad de saber que cada vez puede ser la última.

Ahora sabe que Tiffany estará con ella cada día sin nada que se interponga entre ellas.

Le quita la ropa muy despacio, sin rastro de ansiedad, mirando cada parte de su cuerpo como si fuera la primera vez que lo ve y tuviera que memorizarlo.

—Te quiero —dice tras besarle la clavícula y levantar la mirada un momento.

Después baja hacia sus pechos, pero Tiffany le coge la cara entre las manos y le hace mirarla de nuevo.

—Dilo otra vez.

—Te quiero —Kelsey lo susurra contra su boca—, y quiero que todo el mundo lo sepa.

Tiffany traga saliva y los labios comienzan a temblarle, sus ojos se vuelven a llenar de lágrimas y su sonrisa se dibuja lentamente.

Kelsey la abraza con fuerza y se tumba a su lado porque este no es momento de continuar con esto aunque lo desea, es momento de seguir hablando y aclarando las cosas.

Se giran una hacia la otra y Kelsey le besa la frente.

—Buscaré un vuelo para mañana, tengo que hablar con Rick y zanjar esto.

—¿Y Pacific Wick? ¿Cómo lo hacemos? —pregunta Tiffany, todavía temblorosa tras todo lo que ha pasado en la última hora.

—Si quieres que sigamos siendo socias —bromea, y Tiffany le da un golpecito en el costado que la hace reír—, a mí me gustaría continuar. Lo podemos traer todo aquí y...

—Vaya, yo pensaba que querías seguir viviendo en Chicago con su buen clima —ironiza Tiffany, y Kelsey suelta un resoplido.

—Dios mío, no sé cómo hemos aguantado tantos años allí, con lo que nos gusta el sol a nosotras.

—Tú y yo. Nosotras bajo el sol —susurra Tiffany, y Kelsey traga saliva, queriendo abofetearse por todo lo que su indecisión les ha robado a ambas durante décadas.

—Sí, nosotras bajo el sol de California —asiente ella.

—Tendremos que buscar algún sitio para montar el taller —sugiere Tiffany, retomando la conversación.

—Eso lo tengo resuelto.

—¿En serio? —La ceja de la chica Dalton se levanta—. ¿Y cuándo ha pasado eso?

Kelsey se ríe.

—Esta mañana he hablado con mi padre. Su garaje es muy grande y hay mucho espacio. Le he preguntado si podríamos seguir allí con el negocio y está encantado con la idea, solo tendremos que compartir espacio con su camioneta.

—Así que ya habías decidido que iba a perdonarte. —Tiffany entorna la mirada.

—Y a aceptar casarte conmigo.

Tiffany la mira boquiabierta y complacida al mismo tiempo, porque le encanta la seguridad que al fin proyecta su amiga ahora que por fin se ha atrevido a reclamar lo que siempre ha querido.

—Ya veo. —Tiffany la besa.

—Pero si prefieres otro sitio, lo podemos mirar y usar el garaje de mi padre de forma provisional hasta que encontremos algo.

—No, su garaje es perfecto si él está de acuerdo. Así estamos cerca de él y no andas preocupada todo el día por si le pasa algo y está solo, y está cerca de aquí. Llegamos en veinte minutos con el coche.

—¿Qué coche? —pregunta Kelsey.

—No sé, el que compremos.

—Me encanta ese plan. —Kelsey le besa la mejilla y se incorpora—. Voy a buscar el billete antes de que sea más tarde, después podríamos ir a cenar frente al mar.

—Vale, pero compra billete para mí también, voy contigo a Chicago.

Kelsey la mira, sorprendida.

—Creo que necesito volver a hablar con Mick, y aprovecharé para embalar mis cosas y dejarlas listas para que las recoja el camión de la mudanza.

—Tienes razón, también hemos de preparar todo el negocio para sacarlo de allí, quizá deberíamos alquilar un apartamento por la zona un par de semanas, o un hotel. Rick y Mick son encantadores, pero no creo que les haga gracia tenernos allí después de que les pidamos el divorcio.

—Estoy de acuerdo. Tú compra los vuelos, yo voy a buscar algún sitio donde quedarnos.