Nosotras bajo el sol (Romances prohibidos 2) Capítulo 27 #2
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Capítulo 27 #2

La mujer tarda lo suyo en lograr contestarle una frase completa sin que los hipidos la interrumpan. De un segundo a otro se ha convertido en un torrente de lágrimas y mocos que le cuesta controlar.

—Estoy bien, estoy bien —es lo único que puede repetir y a su padre le cuesta creerlo porque no para de llorar.

—Ven, vamos a sentarnos.

Jake la lleva con él hasta el sofá, desaparece hacia la cocina y de inmediato vuelve con servilletas y un vaso de agua.

—Toma, intenta tomar sorbos. —El hombre le frota la espalda como cuando era pequeña y venía muy disgustada del colegio—. ¿Mejor?

Kelsey respira varias veces antes de contestarle y mueve la cabeza para decirle que sí.

—Lo siento, no era mi intención asustarte.

—Solo me basta con saber si estás bien, ¿ha pasado algo? —indaga mirándola a la cara—. ¿Le ha ocurrido algo a Richard?

—Él está bien —deja el vaso sobre la mesa mientras le contesta—. Y yo también, solo que hacía tiempo que no venía a casa y me he emocionado al verte.

Su padre la observa y Kelsey detecta esa mirada, la misma que tenía cuando la descubría mintiendo.

—Hija, sé que no ha sido eso lo que te ha hecho ponerte así —le pone una mano en el hombro con cariño—. Algo te está molestando y normalmente acudirías primero a Tiffany, lo que me hace pensar que lo que sea que haya pasado, es con ella.

El leve movimiento en sus hombros le da la razón a su padre. Ha sido escuchar su nombre y dar un respingo.

Kelsey no dice nada porque si lo hace, solo podrá soltar la verdad y es incapaz de hacerlo, sobre todo a su padre.

—¿Habéis discutido? —prueba Jake. Su hija sigue como una estatua, así que insiste con otra cosa—. ¿Su marido ha hecho algo que te cuesta contarle?

—No. —Eso hace que Kelsey tenga que responder de inmediato—. No se trata de eso, papá.

Se lleva la mano a la frente, le está costando mucho ese momento, pero también tiene la necesidad de soltarse un poco, aunque no diga directamente la verdad.

—¿Alguna vez has tenido miedo de algo? —consulta la chica—, pero no un miedo cualquiera, pánico, porque si te equivocabas, el daño podía ser peor.

Jake Barrett no tiene ni que pensarlo.

—Cuando tu madre murió —contesta con firmeza—.

Estaba asustado cuando enfermó, me dolía verla así, pero cuando se fue…

—al hombre se le rompe la voz—. Ella era tu soporte, cada vez que llamabas, era Martha quien te aconsejaba y te ayudaba en lo que necesitabas.

Siempre fue así desde que eras pequeña, y cuando murió me dejó esa inmensa responsabilidad.

Ahora es Kelsey quien aprieta el brazo de su padre dándole consuelo.

—¿Es eso lo que te pasa? —pregunta Jake recuperando la entereza—. ¿Tienes miedo de algo?

Kelsey encoge los hombros.

—No sé en qué punto de mi vida estoy, papá —comienza a desahogarse—. Se supone que debería sentirme feliz, tengo una vida plena y sin embargo…

—No lo estás —termina Jake la frase por ella—. ¿Qué es lo que te hace infeliz?

Kelsey exhala una sonrisa amarga, ojalá fuera tan fácil contestar a eso.

—No lo sé. —Aprieta los labios y mueve la cabeza—. Siento que diseñé toda mi vida, ¿sabes? Paso a paso y el resultado lo he clavado, pero no se siente como un triunfo, papá. Tengo al hombre, tuve la boda, el vestido, ahora la casa… ¿qué hice mal para sentirme así?

—No has hecho nada mal, Kelsey. Es imposible dibujar un futuro perfecto —hace un gesto con las manos—.

Desde que eras una niña te empeñaste en eso, tenías muy claro lo que ibas a hacer con tu vida adulta y tu madre y yo fuimos muy felices cuando lo conseguiste.

Todavía guardo la hucha que nos pediste durante meses para comprarte el vestido de novia más bonito del mundo.

Jake acaba la frase con una risa corta, melancólica, y Kelsey frunce el ceño. En su cabeza, esa historia es diferente.

—Esa hucha me la dio mamá para que ahorrara, quería que el dinero no fuera problema cuando llegara el momento de la boda y todo fuera perfecto. De hecho, siguió metiendo dinero allí durante mucho tiempo.

Su padre ladea la cabeza, confuso.

—Eso era lo que tú querías —dice señalándola—. Tu madre y yo solo te apoyábamos en cada cosa que se te ocurría. Se te había metido en la cabeza eso de casarte como las princesas, cuando cumpliste diez años hasta decidiste adónde te irías de luna de miel.

—Australia —dicen al mismo tiempo y sonríen.

—Luego se te pasó todo aquello, gracias a Dios, y empezaste a disfrutar de tu adolescencia —de repente suelta una sonora carcajada—. Tu madre estaba convencida de que no ibas a casarte, al final gané la apuesta y sí lo hiciste.

Las cejas de Kelsey se disparan hacia arriba.

—¿Por qué mamá pensaba eso? —interroga, curiosa.

—Porque tenía serias dudas de si de verdad lo tuyo era casarte con un príncipe o fugarte con Tiffany Dalton.

El pitido en sus oídos la deja sorda y en su cabeza empiezan a reproducirse con velocidad todos los momentos junto a su mejor amiga.

El día que se conocieron, la primera vez que su corazón se aceleró cuando la vio sonreír.

La noche que se cogieron de la mano, la tarde en la habitación en que Tiffany pasó su nariz por el cuello de Kelsey… el primer beso, aquel te quiero…

—Papá —suelta la frase con la voz estrangulada. No entiende nada—. ¿Mamá creía que…? —sacude la cabeza—. ¿Tú también?

Jake mueve la mano, restándole importancia.

—Yo no me entero de esas cosas, pero Martha estaba segura. Cuando nos presentaste a Rick, yo le dije que se había equivocado y ella solo me miró y me dijo «¿mellizos? venga ya, Jake» —hace un mohín con los labios—. No habló nunca más del tema porque de verdad parecías feliz.

La cabeza de Kelsey es una montaña rusa que no se detiene ni por un momento y no puede evitar lanzar la pregunta.

—Entonces, si hubiera sido cierto, ¿lo habríais aceptado?

Jake abre mucho los ojos, completamente sorprendido.

—¿Que estuvieras con Tiffany? —cuestiona, pero sigue preguntando—. ¿Me preguntas si hubiéramos aceptado que estuvieras con una mujer?

Kelsey asiente lentamente.

—Hija, ¿es eso lo que te pasa? —se lleva la mano al poco pelo que le queda—. Joder, Kelsey. Claro que lo hubiéramos aceptado. A tu madre y a mí eso nos daba igual, solo queríamos que tú fueras feliz. ¿Qué creías, que nos hubiésemos opuesto a ello?

Kelsey tiene la mirada ida, incapaz de centrarla.

—Pensé que esperabais lo que tengo ahora, recuerdo las largas conversaciones sobre la familia, el matrimonio, la gran boda —se aprieta el puente de la nariz—. Es lo que he tenido en la cabeza siempre, lo que creía que era correcto.

—Kelsey —su padre le coge ambas manos—. Martha y yo jamás te empujamos a ello, te hablamos de la importancia del respeto, de elegir a alguien que te quisiera como nos queríamos nosotros.

Nunca te dijimos que te casaras con un hombre, eso era lo que tú soñabas.

Tu madre y yo solo te apoyamos. Nada más.

Entonces, a Kelsey Barrett el muro de hormigón que había construido alrededor de esa historia se le derrumba.

Su padre tiene razón, era ella quien soñaba con todo eso y lo tenía tan metido en la cabeza que para cuando llegó Tiffany a su vida, por mucho que sintiera por ella, no podía salir de lo que ella había planificado.

Su padre la abraza y ella ni siquiera es consciente de que vuelve a llorar. Lo único que puede pensar es en lo idiota que ha sido, en cómo un sueño de niña se había incrustado en su cerebro obligándola a cumplirlo sin ser consciente de que ese no era su verdadera felicidad.

—Estoy enamorada de ella, papá —Jake la abraza más fuerte—. La quiero y la estoy perdiendo porque soy incapaz de salir de esta película.

Su padre se separa unos centímetros.

—¿Es mutuo? —pregunta.

—Sí —Kelsey se limpia las lágrimas—. Le ha pedido el divorcio a Mick y ha regresado a California. He venido a buscarla para que recapacitara, para que no dejara a su marido y volviera a Chicago.

Jake la mira como si hubiera perdido la puta cabeza.

—Sí, ya, lo he hecho mal —sonríe Kelsey entre lágrimas.

—¿Qué vas a hacer?

—Sé que no es tarde —coge el vaso de agua y se lo termina de un trago—, el problema es que no sé cómo hacerlo. Me he creído tanto que la vida que debía tener era al lado de mi marido, que ahora mismo estoy muy perdida.

—¿Eso quiere decir que quieres o no a Richard? —Jake no entiende nada.

Kelsey niega con la cabeza.

—No como debería quererlo, a la única persona que he querido de verdad es a ella —Kelsey se muerde los labios con fuerza—. Me casé con él porque sabía que adonde fuera Mick, Rick le seguiría, y eso significaba que iba a estar cerca de ella.

Su padre no lo dice en voz alta, pero le es inevitable pensar en los años desperdiciados de su hija y probablemente de Tiffany por no ser sinceras con lo que han sentido toda la vida.

—Creo que necesito descansar un poco antes de hacer cualquier cosa —se hace un masaje en las sienes y cierra los ojos—. ¿Te importa si me acuesto un rato?

Jake se pone de pie y la ayuda a levantarse.

—Tu habitación está limpia, las sábanas las cambió hace tres días la chica que viene a ayudarme —su padre la abraza—. Tómate el tiempo que necesites, hija, pero no vuelvas a tardar más de veinte años en aceptar dónde está tu verdadera felicidad.