Nosotras bajo el sol (Romances prohibidos 2) Capítulo 25
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Capítulo 25

T iffany sabe que es humana porque el corazón le palpita con fuerza y siente un dolor que le está desgarrando la piel de todo el cuerpo; si no fuera por eso, pensaría que es un robot que funciona a base de órdenes programadas en su sistema.

Lleva varias horas en su casa después de haber dejado el garaje con el alma hecha pedazos.

Ha llorado un buen rato y luego ha cogido el portátil para comprar el primer vuelo disponible para el día siguiente; después ha cogido un par de maletas grandes del sótano y ha subido a su habitación para empezar a llenarlas.

Dobla las camisetas sin apenas verlas y las va metiendo sin ningún orden específico porque su mente está tan perdida que no puede centrarse en otra cosa que no sea lo que ha ocurrido hoy.

Repasa con calma los acontecimientos, la visita de su mejor amiga, la forma en que sus manos temblaban deseosas de tocar a Tiffany, cada palabra que le dijo, susurrada, jadeante mientras la devoraba por completo y, finalmente, la horrible conversación que tuvieron en el que ha sido su negocio durante mucho tiempo.

Sigue sin entenderlo, por más que lo analiza, le cuesta comprender que a estas alturas Kelsey Barrett siga negándose a ver la realidad de lo que pasa entre ellas.

Antes era fácil empatizar con ella en ese sentido porque era complicado asegurar lo que sentía la una por la otra si no habían tenido ningún acercamiento desde antes de la boda, pero ahora, después de llevar semanas siendo una especie de pareja que ha decidido llevar lo suyo en privado, es increíblemente obvio que ambas están enamoradas, y que la gente la llame loca, pero eso es incompatible con seguir casada con su marido, que además es hermano del de Kelsey.

—Mierda. —Arroja con rabia al suelo un pantalón vaquero al que se le ha atascado la cremallera y ella se ha empeñado en hacer que vuelva a funcionar.

Está cerrando una de las maletas cuando oye la puerta principal de su casa cerrarse.

La respiración se le atasca en algún sitio y su cuerpo empieza a temblar de anticipación.

Le duele lo que va a hacer, porque está segura y además sabe que es lo correcto; ha estado al lado de Michael muchos años, ha sido feliz y ha vivido experiencias maravillosas junto a un hombre que no se merece que ella lo engañe.

Toma una bocanada de aire y se arma de valor para salir de la habitación.

Prefiere tener esta conversación en el salón donde cada uno pueda ocupar un sillón y tener el suficiente espacio para verse a la cara.

Cuando llega al final de la escalera, su marido está quitándose la chaqueta de forma torpe y ella se queda durante un instante observándolo.

Su mente vuela al momento en el que lo conoció, aquella primera vez que se acercó a ella y a Tiffany le pareció un chico condenadamente atractivo.

Luego cuando conoció a su mellizo y, de alguna forma que incluso a ambos sorprendió, fue capaz de diferenciar a Mick de Rick con solo mirarlos juntos una vez.

Sonríe con melancolía y vuelve a observarlo pensando que, aunque no estuviera enamorada de Kelsey, ella ya no siente lo que debería por Michael, por lo que tarde o temprano su matrimonio iba a llegar a su fin.

—Cariño, no te lo vas a creer. —Mick la saca de sus pensamientos mientras se acerca dando saltitos como si tuviera cinco años—: Rick ha conseguido una oferta increíble en la tienda de pesca online y ha comprado dos cañas con un descuento del cincuenta por ciento.

Tiffany levanta ambas cejas sin tener idea de qué contestar a eso.

—Vaya —se limita a decir intentando regalarle una sonrisa.

El hombre se acerca para saludarla y Tiffany logra esquivar el beso de forma disimulada con un abrazo que sabe a despedida.

—Tengo que hablar contigo —le dice cuando se separa de Mick—. ¿Vamos al salón?

El hombre asiente sin sospechar nada y su mujer está segura de que ahora mismo en su mente solo está contando los días para que pueda probar su caña de pescar nueva.

Ella se sienta en una de las butacas y él se deja caer en el sofá con un gruñido de satisfacción. Se queda callado mientras la mira, esperando por ella.

—Mañana me voy a California. —No sabe cómo coño se comienza una conversación así cuando se supone que todo marcha bien entre ellos.

—¿Ha pasado algo con tu familia? —Mick frunce el ceño mientras lo pregunta.

Ella niega con la cabeza y exhala un suspiro corto.

—No sé cómo decirte esto de la mejor manera, Michael —se aprieta el puente de la nariz con fuerza—, pero me he dado cuenta de que lo nuestro dejó de funcionar hace tiempo y creo que seguir juntos no tiene ningún sentido.

Mick arruga más las cejas y a eso le suma un gesto de confusión. Tiffany sabe que su marido está procesando lo que acaba de oír, que su cerebro ha empezado a moverse, buscando dónde está el error en lo que acaba de decir.

—No te entiendo —lo dice mientras se rasca la barba—. ¿Te vas a California porque necesitas un tiempo?

Tiffany necesita tomar varias respiraciones antes de contestar.

—No, Mick, me voy a California porque si no estamos juntos, no tengo nada que hacer aquí en Chicago.

—Pero estamos juntos, cariño —contesta como si no fuera obvio.

—No me estás escuchando —Tiffany habla con calma—. Eres un hombre maravilloso y nuestra relación ha ido muy bien, pero desde hace un tiempo he empezado a sentir que ya no es lo mismo, que lo que siento por ti ha cambiado a un amor distinto.

Mick vuelve a rascarse la barba. No entiende nada, para él un buen matrimonio consiste en que ambos rían de sus chistes, no haya discusiones, hagan cosas juntas y tengan sexo.

Todo eso lo tiene con Tiffany y desde luego no ve el fallo por ningún sitio a menos que él haya hecho algo mal.

Richard siempre le dice que las mujeres son muy complejas, que hay días que piensan de una forma y a la semana, de otra.

Que cambian de humor cuando les viene la regla, se agobian con rapidez y lloran con facilidad.

Él no había tenido esa sensación con Tiffany jamás, pero quizá ahora está pasando por algunos de esos momentos de los que su hermano habla.

—Tómate todo el tiempo que necesites, Tiff —dice convencido de que lo que su mujer requiere es estar haciendo sus cosas lejos de él por unos días—. Yo me quedaré aquí cuidando el fuerte mientras tanto.

Tiffany resopla y ni siquiera intenta disimular su hastío.

Quiere a su marido, pero reconoce que en muchas ocasiones le es imposible diferenciarlo de un niño pequeño.

En cierto sentido, su matrimonio siempre había funcionado por eso, porque Mick lo ha vivido como alguien ajeno y no como el protagonista verdadero, haciendo que su unión se sostenga por el papel que firmaron hace doce años.

Cualquier hombre en su lugar se habría dado cuenta de la relación inusual con Kelsey, habría dejado de hacer todo en pack de cuatro y se habría centrado más en la relación con su mujer.

No es la primera vez que tiene la sensación de que los mellizos se casaron porque no hacerlo y vivir juntos hasta morir de viejos iba a ser raro y lo que tocaba —según lo que dicta la sociedad— era estar con una mujer.

—Michael, lo que intento decirte aquí es que quiero el divorcio —su marido parpadea varias veces—.

Siento que sea de esta manera, soy consciente de que debí decirte cómo me sentía y que buscáramos una solución juntos, pero simplemente pensé que se arreglaría solo, o no sé, fui ingenua al pensarlo de esa manera.

Tiffany omite la parte en que siempre ha estado enamorada de su cuñada y que en las últimas semanas estaba inmersa en un tórrido romance que se le había ido de las manos, que había sido egoísta y que no se había detenido a pensar que el inicio de esa aventura que había estado encapsulada por años, lo único que iba a hacer era romper del todo su matrimonio.

—No te preocupes, cariño —contesta el hombre con una sonrisa y Tiffany desconfía de que la haya entendido—.

Todos los matrimonios pasan por ciertas desavenencias.

Christopher de contabilidad estuvo durmiendo un mes en el sofá de su casa porque su mujer decía que no soportaba su presencia en la habitación.

De eso hace un par de años y ahora siguen juntos porque han superado el conflicto.

Tiffany no puede creer lo que escucha. Oficialmente Michael Clotet es el hombre más inocente —o tonto según quien lo vea— de todo Chicago.

Decide intentarlo una vez más solo por el hecho de que su casi exmarido merece que ella invierta todo el tiempo necesario en dejarle claro lo que está pasando.

—Hay matrimonios que no tienen arreglo, Mick, y ese es nuestro caso.

—Levanta una mano cuando él abre la boca—.

No has hecho nada malo, has sido un buen hombre y sé que me has querido mucho, el problema es que una relación no se sostiene solo con amor y, aunque yo también te quiera muchísimo, no es suficiente para mantenernos juntos.

Tiffany se levanta, se sienta a su lado en el sofá y le coge una mano. Se fija en la diferencia de tamaño y vuelve a recordar la época universitaria cuando sus amigas le decían que ese hombre jamás la dejaría insatisfecha. Menudas pervertidas.

—Yo necesito otras cosas, ¿sabes?, y es estúpido decirlo ahora cuando ya no hay vuelta atrás, pero llevo tiempo necesitando algo más.

—Lo mira con cariño mientras él sigue parpadeando—.

Siento que ahora nos hemos convertido en una especie de amigos que se acuestan de vez en cuando y que viven juntos bajo el mismo techo.

Es bonito, es divertido, pero no es suficiente. ¿Lo entiendes?

Mick tarda en responder porque sin duda no lo entiende.

—¿Y qué tengo que hacer para que sea suficiente? —pregunta, y a Tiffany el corazón se le rompe en mil pedazos.

—Nada, no tienes que hacer nada porque ahora no va a funcionar.

Ya he cruzado ese camino donde no hay vuelta atrás, desde el que te veo con otros ojos y ya no me queda otra que dejarte ir.

Tienes derecho a ser feliz con una mujer que te quiera como su pareja, de rehacer tu vida con alguien más, y me parece mezquino quedarme a tu lado porque yo no soy esa mujer. Ya no.

Mick por fin asiente y Tiffany suelta el aire que acaba de retener.

Los ojos se le humedecen porque sabe que lo va a echar de menos y tendrá que pasar un duelo que espera que no sea demasiado complicado.

Por suerte, en California tiene mucho que hacer y también mucho en qué pensar, así que al menos podrá mantenerse muy ocupada mientras pasa la peor parte.

Lo abraza y él coloca sus brazos alrededor de ella, pero de repente su marido le da varias palmaditas en la espalda, como si la estuviera consolando o felicitando.

—No te preocupes, cariño, ir a California por unos días te hará bien.

—Tiffany no se mueve—. Cuando vuelvas podemos ir a cenar, hacer una escapada juntos, bueno, hay que mirar primero el calendario, que este mes tenemos dos salidas programadas para pescar, pero tendremos alguna cita si eso te hace sentir bien.

Tiffany decide que ya ha hecho todo lo que está en su mano para explicarle a Mick lo que significaban sus palabras.

Por lo visto, su marido está lejos de entenderla, pero con total claridad en unos días y con la ayuda de Rick lo comprenderá, y ahí volverán a tener esta conversación, aunque será por teléfono porque ella no piensa volver.

—Voy a subir para terminar de hacer las maletas y dejarlas listas para esta noche —explica y lanza su último intento—. Si no te importa, dejaré el resto de mis cosas aquí y ya nos coordinaremos para llevármelas.

La respuesta de Mick es sonreírle y apretarle el muslo una vez.

Tiffany lo da todo por perdido, así que se levanta y se va escaleras arriba hacia su habitación, pensando que mañana es el primer día de su nueva vida, una vida sin Kelsey por primera vez desde que tenía catorce años, y no tiene ni idea de cómo va a sobrevivir a eso.