Nosotras bajo el sol (Romances prohibidos 2) Capítulo 22
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Capítulo 22

L o único que se oye dentro de la caravana son los sonidos que Nazar hace con sus juguetes.

Tiffany se ha quedado con la espalda pegada al respaldo y la boca abierta.

A su lado, Piper no ha movido ni un músculo desde que Olena ha terminado de hablar.

Tiene la vista clavada en el sobre que hay en la mesa, el que demuestra que su padre estuvo con ella y que hace que no creer a la ucraniana sea más difícil.

Piper traga saliva y logra despegar la lengua del paladar.

—Olena, siéntate, por favor.

—He dicho que os marchéis —escupe furiosa, arrastrando cada sílaba mientras sus ojos brillan y ella pelea por no soltar las lágrimas.

—Lo sé. —Piper levanta la mirada y se queda enganchada en esos ojos un momento—. Y nos marcharemos si es lo que quieres, pero siéntate, por favor.

Olena no se mueve durante los primeros segundos, pero hay algo en el tono de Piper que la hace perder parte de su rabia, y después mira a su hijo, que ha dejado de jugar y observa a su madre con los ojos muy abiertos y las manos sobre sus piernas.

Se deja caer en el asiento y se pasa los dedos por los ojos.

—Perdona a mi hermana —dice Piper, mirando a Tiffany de reojo—. Lo que ha dicho hace un momento ha estado fuera de lugar y ella lo sabe. Está teniendo unas semanas horribles con otros asuntos que no tienen que ver con esto y se le ha juntado todo.

Tiffany abre la boca, pero está tan impactada con la noticia que no sabe qué decir.

—Ayúdame a entenderlo, por favor —continúa Piper en voz baja—. Cuéntanos lo que pasó.

Olena tarda en contestar, mira primero hacia la ventana y Piper la ve tragar saliva y coger aire de forma exagerada, como si regresar a ese momento fuera algo para lo que necesitara reunir fuerzas.

—Yo era mucama en el hotel, ya os lo dije.

Me ocupaba de parte de la cuarta planta, que era donde él estaba alojado, y el primer día que me vio fue muy amable, me saludó y me ayudó a apartar el carro para que pasaran unos clientes.

No fue nada, solo un hombre educado, y teniendo en cuenta que para gente como él nosotras somos invisibles, fue agradable.

—Claro —dice Piper.

—Al día siguiente coincidí con él de nuevo y me preguntó mi nombre, de dónde era.

—Olena se encoge de hombros y se mira las manos, donde Piper descubre que se muerde las uñas y no le extraña—.

Le dije que era ucraniana y me preguntó si me quedaba alguien allí, yo dije que mi madre y más tarde, cuando me lo encontré de nuevo, me preguntó por ella.

—¿Y a ti eso no te pareció…?

—¿Raro? —Olena la corta y niega con la cabeza—.

Te lo he dicho, me pareció amable y me recordaba mucho a mi abuelo.

Me daba buenas propinas, se interesaba por saber quién era y yo solo pensaba que se preocupaba, que era uno de esos pocos hombres que no hace diferencia de clases.

Lo empecé a ver como eso, un abuelo, tal vez un padre.

Yo apenas tenía veinticinco años y estaba sola en un país que no conocía, era agradable saber que podía haber más personas como él, no sé.

Piper baja la mirada a la mesa.

—El último día me buscó en el pasillo y me dijo que me daría algo cuando fuera a su habitación.

—Olena habla más rápido y la voz le sale temblorosa—.

Yo pregunté qué era y contestó que conocía a mucha gente y que una chica lista como yo no tenía que estar limpiando habitaciones toda su vida, que me iba a ayudar.

Estaba segura de que me iba a dar trabajo, o recomendarme a alguien.

—Olena… —la voz de Piper se entrecorta y la ucraniana la mira un momento que hace que su corazón se acelere.

—Fui en cuanto terminé la habitación en la que estaba y al entrar cerró la puerta.

Una lágrima enorme cae sobre la mesa y Piper, sin pensarlo, estira la mano y coge la de Olena, que se pasa la otra por las mejillas húmedas.

—Me giré sobresaltada y antes de que pudiera preguntar nada, me dio un bofetón y me tiró sobre la cama.

Piper y Tiffany dejan de respirar.

—No creo que haga falta que siga.

—No, no es necesario —murmura Piper.

Las tres se quedan en silencio unos segundos que se hacen eternos y Tiffany siente que le pitan los oídos.

—No puede ser —dice en voz baja, más para sí que para que la escuchen—. Mi padre no… papá no haría… —Levanta la vista y mira a su hermana—. Él no haría eso, es un buen hombre, nosotras lo conocemos.

Olena no dice nada porque entiende que para las hermanas es un shock enterarse de esto, suponiendo que le crean.

—¿Por qué no lo denunciaste? —pregunta Piper.

La ucraniana suelta una risa amarga.

—¿A quién? ¿A la policía? ¿Una mucama extranjera contra un empresario respetado? Apenas hablaba inglés bien todavía y tenía un contrato de mierda. Me habrían echado del hotel esa misma tarde y después no habría pasado nada más.

Tiffany aprieta la mandíbula. Quiere decirle que se equivoca, que aquí las cosas no funcionan así, pero es incapaz de decirlo porque sabe que estaría mintiendo.

—Me enteré de que estaba embarazada un par de meses después.

—Olena mira a su hijo con una sonrisa tierna que le aprieta el pecho a Piper—.

Pensé en abortar —explica con amargura—, pero no tenía dinero para ello y me convencí de que el niño no tenía la culpa.

No me arrepiento, Nazar es lo único bueno que me ha dado este país.

Piper se pasa una mano por la cara y trata de respirar con calma. Le arden los ojos y le tiemblan las manos porque su mente la está llevando a un recuerdo que la está poniendo nerviosa.

—Siento haberlo soltado así. No tenía intención de contaros esto, yo solo quería ayuda con Nazar, pero cuando has dicho que me metí en los pantalones de un hombre casado —explica mirando a Tiffany—, no sé, no he podido controlarme.

Tiffany la mira y siente que por primera vez la está viendo de verdad.

—Perdóname tú —dice tras un hondo suspiro—. He sido grosera, no quería…

—No pasa nada —responde Olena, y Tiffany la mira con alivio.

—Esto no cambia nada, la oferta sigue en pie —dice Piper—.

Tengo un apartamento vacío y como te he dicho antes, es tuyo si lo quieres mientras buscas un trabajo mejor.

No es gran cosa, pero tiene un patio pequeño y desde la ventana de la cocina se ve el jardín delantero.

Nazar estará rodeado de setenta ancianos que se pelearán por pasar tiempo con él.

Es la primera vez que las tres logran sonreír.

—No tendrás gastos y os llevarán tres comidas cada día. Si Nazar necesita otras cosas, nos ocuparemos, así puedes buscar trabajo con calma y no sintiendo que tienes una soga al cuello.

Olena la mira fijamente y Piper tiene que apartar la vista porque siente que cada vez que Olena pestañea, a ella el corazón le da saltitos. Se levanta y le hace un gesto a Tiffany, que parece aturdida desde hace rato.

—Ahora sí que nos vamos. Tiff y yo necesitamos tiempo para digerir esto y supongo que tú también querrás estar tranquila, pero llámame, ¿de acuerdo? Cuando tengas todas tus cosas recogidas, dímelo y vendré a buscaros.

—¿Cuándo? —pregunta Olena con el corazón en la garganta.

—Cuando quieras.

Olena baja la mirada y asiente, después las acompaña a la puerta y se queda en el escalón con Nazar en los brazos mientras las ve alejarse por el camino.

Las dos hermanas se encierran en el coche y Piper no enciende el motor a pesar de que el calor del interior es asfixiante. Lo único que hace es bajar las ventanillas y apoyar la cabeza en el asiento. Así pasan un tiempo que ninguna de las dos puede definir hasta que Tiffany es la primera en hablar.

—No sé, Pi, me cuesta creerme esto.

Su hermana gira la cabeza, despacio.

—Me cuesta creer que sea verdad. —Tiffany suelta el aire por la nariz—.

Sé cómo suena, y sé que lo del niño es cierto, pero ¿violada?

Joder, Pi. Podría habérselo inventado, quizá le dio vergüenza admitir que se había acostado con un hombre que podía ser su padre y que encima no había tenido cuidado. Hablamos de papá…

Piper se queda mirando el volante, pone las dos manos encima y las deja ahí, mirando sus nudillos blancos.

—¿No vas a decir nada? —pregunta Tiffany.

—Hace diez años vino otra mujer —dice, con la mirada perdida.

Tiffany tarda un momento en hacerse una idea de lo que intenta decir su hermana, que parece tener la mente en otra parte.

—¿Qué?

—Hubo una chica. No sé cómo consiguió mi número, pero me llamó y quedamos en una cafetería del centro. —Piper traga saliva de forma visible, poniendo cada vez más nerviosa a su hermana.

—¿Qué te dijo?

—Más o menos lo mismo que nos acaba de contar Olena, que papá la había violado.

Tiffany gira todo el cuerpo en el asiento, con los ojos desorbitados.

—¿Qué coño dices?

—No tenía un niño, pero sí quería dinero para no denunciarlo.

No le creí, en ningún momento se me pasó por la cabeza que fuera cierto, pensé que era otra interesada con algo más de ingenio.

Parecía muy decidida a hacerlo y cuando contaba su historia parecía tan convincente que me asusté.

Pensé en el daño que le podía hacer a nuestra familia si contaba esa mentira, así que accedí y le pagué veinte mil dólares a cambio de que firmara un acuerdo que le prohibía contar nada de eso ni volver a ponerse en contacto con nadie de nuestra familia.

—Joder, Pi…

—Lo sé.

—¿A papá se lo contaste? —pregunta Tiffany, intentando digerir esta noticia que le acaba de caer como un jarro de agua fría.

—No, no lo hice. No se lo conté a él ni a nadie. —Piper se encoge de hombros—. ¿Para qué iba a hacerlo? No le creí y contarles eso a mamá o papá solo les habría dado un disgusto.

—Sí, lo entiendo. —Tiffany siente que está fuera de su cuerpo—. ¿Sigues teniendo ese papel guardado?

—Sí, lo tengo en casa.

Tiffany se aprieta el puente de la nariz y piensa en su hermana hace diez años, con poco más de treinta, sentada en una cafetería mientras una desconocida le contaba algo terrible, y no quiere ponerse en su lugar.

—Debiste contármelo, no debiste guardarte eso tú sola.

—Para mí no era nada en ese momento, Tiff, era solo una gestión, otra buscona más que aparecía intentando aprovecharse de nuestro apellido.

Si una de nosotras hubiera sido hombre, estoy segura de que en lugar de mencionar a papá, habrían mencionado al hijo, pero esta mierda siempre hubiera estado ahí.

—No le creíste entonces —dice Tiffany—, pero ¿ahora?

Piper la mira fijamente y coge la mano de su hermana pequeña.

—Ahora sí, Tiff, le creo a ella y creo a Olena. No me preguntes cómo lo sé, pero estoy segura de que Olena no miente. No tenía necesidad de hacerlo, la prueba de paternidad estaba ahí y yo ya le había ofrecido ayudarla, había conseguido lo que quería, inventarse eso…

—No tiene sentido —completa Tiffany—. Dios mío, ¿qué vamos a hacer ahora? Esto es… —Tiffany levanta las manos, sobrepasada.

—De momento, no hagamos nada. Acabamos de enterarnos y necesitamos digerir esto y no actuar en caliente.

Olena no lo denunció en su momento y no sabemos si lo quiere hacer ahora, pero tampoco creo que le sirviera de mucho, no tiene pruebas, solo sería su palabra contra la de papá, él diría que fue consentido y se acabó.

—Sí, pero, Pi… Si es cierto, podría haber más…

—¿Chicas?

Tiffany tiene ganas de vomitar.

—Sí.

—Lo sé, pero por eso hemos de actuar con cabeza. Vamos a darnos un respiro a nosotras mismas y después buscaré ayuda. Contactaré con un abogado o alguien que nos pueda asesorar, y mientras tanto, ni una palabra de esto con nadie, ni Mick, ni Kelsey, y mucho menos mamá.

—Sí, vale. —Tiffany asiente, aunque no sabe cuánto tiempo podrá ocultárselo a Kelsey. Ella es su persona, ese pilar que la sostiene cuando siente que va a caerse, y ahora mismo siente que el hormigón de su cuerpo se está resquebrajando.

—¿Y con Olena? ¿Volvemos a hablar de esto con ella?

—Por ahora no, bastante tiene con todo lo que le ha pasado. No la agobiemos, cuando sepamos lo que vamos a hacer al respecto, entonces hablamos con ella.

—De acuerdo.

Piper por fin gira la llave en el contacto y arranca el motor, y lo primero que hace Tiffany es poner el aire acondicionado y rezar para que salga rápido porque se siente mareada.

—Arreglaremos esto, Tiff, si es culpable, lo pagará, pero todo a su tiempo.

Tiffany le dedica una sonrisa y al fin se ponen en marcha.