Nosotras bajo el sol (Romances prohibidos 2) Capítulo 21
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Capítulo 21

T iffany Dalton es capaz de distinguir cuando tiene un buen día de uno mediocre o incluso malo. Este es, directamente, una mierda.

Hace veinte minutos que su marido la ha dejado en el aeropuerto, se han despedido con un beso y un «voy a echarte de menos» de Mick que le ha sabido agridulce.

Eso ha aumentado su mal humor —no que él sea tan cariñoso— porque Tiffany experimenta algo parecido a un par de manos retorciéndole las entrañas mientras le recuerda el daño que le está haciendo a su matrimonio y al hombre al que debería respetar.

Eso se une con la actitud esquiva de Kelsey cuando Tiffany trata de hablar de ellas y, como guinda del pastel, está a punto de volar a California para hablar con una chica que decidió acostarse con su padre —que le duplica la edad— y el resultado es que tiene un medio hermano que jamás hubiera imaginado.

Si sucede algo más, está segura de que recogerá sus cosas, se mudará a Bali y se cambiará el nombre completo.

Arrastra su maleta por el pasillo que conduce al avión, mirando al frente, pero sin observar nada.

Una mujer le da la bienvenida y, tras revisar su billete, le indica que su asiento está en la tercera fila.

Tiffany guarda su equipaje en el compartimiento superior y luego se deja caer en el que está junto a la ventana.

Se pone los cascos y empieza a reproducir un audiolibro que se había descargado por si se aburría en el vuelo.

El tiempo en el aire le pasa tan lento que se ha levantado tres veces para estirar las piernas, ha ido al baño, se ha tomado dos cafés y luego ha pedido un dónut.

Suspira agradecida cuando el piloto anuncia que se están acercando al Aeropuerto Internacional de San Diego a la vez que les recuerda que deben abrocharse los cinturones.

Media hora más tarde, Tiffany está atravesando las puertas exteriores para encontrarse con Piper, que la espera aparcada detrás de una fila de coches.

—Hola. —Piper le sonríe, pero cuando nota el gesto torcido de su hermana, se preocupa—. ¿Qué pasa, Tiff?

La respuesta es un bufido largo mientras se acomoda en el asiento contiguo. Se pone el cinturón con más fuerza de la necesaria y se coloca las gafas de sol.

—Todo está siendo una mierda. —Lo escupe con rabia.

Piper alarga el brazo y le aprieta el muslo con cariño antes de quitar el freno de mano y salir del aeropuerto.

—¿Me lo vas a contar? —La mayor de las dos lo pregunta porque han pasado cinco minutos y el silencio se ha instalado de forma definitiva—. Sé que estás así por lo que me has contado, pero la idea de que vinieras unos días también es para que puedas desahogarte.

Tiffany se recoge la melena suelta que de repente le molesta.

—Estoy furiosa, triste, confundida. —Suelta otro bufido, este no es tan largo como el primero. Se le humedecen los ojos—. No me malinterpretes, tengo claro que seguir casada con Michael no es una opción.

—Vale, eso responde a lo de la confusión. ¿Con qué encajan la furia y la tristeza? —interroga Piper suavemente mientras toma la salida a la autopista.

—Es que no entiendo a Kelsey, te lo prometo.

Puedo comprender una parte de su miedo, pero joder, Piper, llevamos toda la vida llevando una relación que va más allá de la amistad.

—Con una mano se separa el cinturón de seguridad del pecho, se siente asfixiada—.

Nos hemos acostado las veces suficientes como para saber que esto no va de un polvo o un capricho.

Pasamos horas al día juntas encerradas en ese garaje trabajando, pero también hay caricias y besos.

Y la forma en que me mira… solo hay que verlo.

—Lo he visto —lo secunda la mujer al volante—, así como me he dado cuenta de la forma en que tus ojos se suavizan cuando ella está frente a ti.

Tiffany exhala y niega con la cabeza. Se aprieta los ojos con las puntas de los dedos intentando que esas lágrimas que pugnan por salir se queden en su sitio.

—Sabes que yo voy a apoyarte en la decisión que tomes, sea cual sea —continúa Piper—, porque para mí lo más importante es que estés bien.

Solo quiero que no decidas algo en caliente, que lo pienses, porque estarás acabando con un matrimonio en el que has sido feliz porque no puedes seguir ocultando que estás enamorada de tu mejor amiga, mujer que, por cierto, no tiene intención de hacer lo mismo que tú.

A Tiffany la rabia le sube por la garganta, sabe que está reaccionando mal por todo lo que tiene acumulado, pero le molesta mucho que su hermana piense que deja a Michael porque quiere a Kelsey y nada más.

—Divorciarme no es la consecuencia de no poder ocultar que estoy enamorada de ella.

—Lo dice despacio, como si estuviera dando la explicación a una niña—.

Llevo sintiéndome así por Kelsey desde que era una adolescente.

Separarme es la forma más sensata que hay cuando tienes un hombre bueno a tu lado, empiezas a engañarle y ya no quieres que te toque, ni siquiera pasar tiempo con él.

Mick tiene el derecho de estar con una mujer que le dé lo que yo no puedo.

Y yo —se señala con fuerza en el pecho—, también.

Si no es con ella, será con alguien más.

Piper se queda callada unos segundos, meditando cuál será su respuesta porque su hermana está en ese punto en el que cualquier cosa que ella diga puede causar un incendio forestal.

—Si lo tienes tan claro, entonces no hay nada más que pensar —aporta con la voz suave—. ¿Sabes cuándo lo harás?

—Seguramente cuando vuelva. —Aprieta los labios y cierra los ojos un instante—. Hablaré con Michael e intentaré dejarlo zanjado.

—¿Y con ella? —se atreve a preguntar Piper.

—También. A pesar de que tengo una idea de lo que va a pasar, Kelsey y yo necesitamos tener esa conversación. —Tiffany suspira cuando al pensar en ella el pecho le vibra—. Voy a volver a California, no tiene ningún sentido que me quede en Chicago.

Piper sonríe, no lo hace como si estuviera celebrando algo porque le parece fuera de lugar, pero no va a ocultar que está contenta de volver a tener a su hermana en la ciudad. Siempre han estado muy unidas y, aunque se han visto a menudo todos estos años, no ha sido lo mismo.

La conversación se queda en ese punto porque Tiffany parece realmente agotada y Piper le da una tregua porque en menos de una hora tendrán que enfrentarse a otro tema que las desestabiliza a ambas.

Olena Boyko escucha el sonido de un coche acercarse a su caravana y el corazón se le acelera como si le estuvieran dando caza.

Toda la situación en la que ella misma se metió —a su pesar— la ha tenido tan nerviosa como en un estado perenne de alerta, pero no todo ha sido tener que aparecer frente a la hija mayor del…

padre de Nazar, sino por lo que le hace sentir la propia Piper.

Las dos veces que la ha visto, se ha sentido inquieta, como si tuviera el cuerpo lleno de hormigas, y cuando ha escuchado su voz por teléfono, ha experimentado una tranquilidad que hace años que no siente.

Está convencida de que es porque de las dos, Piper ha sido la más cercana; sus ojos la miran sin juzgarla, a diferencia de Tiffany.

Se pone de pie y se acerca a su hijo, que está jugando en el suelo sobre una alfombra de colores llena de camiones y muñecos.

—Pórtate bien, ¿vale? —Se agacha y le pasa la palma por la cabeza y el niño la mira con esos ojos grandes y bondadosos—. Mamá va a recibir una visita.

Se incorpora cuando siente el toque en la chapa y se acerca para abrir la puerta.

—Buenas tardes. —Saluda Olena—. Pasad, por favor.

Piper le sonríe y ambas se quedan un instante enganchadas hasta que la voz de Tiffany soltando un escueto «hola» hace que el momento se rompa.

Las tres mujeres se sientan de la misma forma que la última vez, solo que un poco más cómodas porque esta vez no tienen que apretujarse en el pequeño sofá.

—Tenemos los resultados. —Piper saca de su bolso un sobre y lo pone en la mesa—. Y confirman lo que nos dijiste: Nazar es hijo de nuestro padre.

Las tres mujeres giran el cuello al mismo tiempo para ver al niño, que sigue jugando, ajeno a todo lo que está pasando.

Olena no toca el sobre, ella estaba completamente segura de lo que había dicho y no necesitaba ninguna confirmación.

—Siento que hayamos tenido que llegar a esto, pero confío en que puedas entenderlo —continúa Piper, mirándola directamente a los ojos.

Olena siente un pequeño escalofrío y lo disimula asintiendo con la cabeza.

—No os juzgo por querer comprobarlo, yo en vuestro lugar habría hecho lo mismo. —Se encoge de hombros—. Pero como os dije, solo busco lo mejor para mi hijo.

—Y por supuesto nosotras vamos a ayudarte.

—Piper se acomoda en el sofá con un nerviosismo que no comprende—.

Quería proponerte que tú y Nazar os mudarais a la residencia que dirijo.

Es un lugar tranquilo y seguro donde los dos podréis estar bien, y no tendrás que preocuparte por el alquiler ni gastos mientras buscas con calma un trabajo apropiado.

A Olena se le ilumina la mirada y esas facciones jóvenes se pronuncian más.

—Gracias, no sé qué decir. —Sonríe y Piper se queda mirando ese estiramiento de labios—. Esto nos ayudaría mucho, de verdad. Este lugar no es el sitio en el que quiero que Nazar crezca y, con un buen trabajo, seguro que puedo ofrecerle algo mejor.

Tiffany se ha mantenido al margen de todo, pero en ese momento en que escucha a su hermana hablándole con voz suave, no puede evitar participar, sobre todo después de que Piper le entregara cinco mil dólares a una desconocida que aseguraba haber parido a su medio hermano y ahora la pretenda llevar a la residencia con todos los gastos pagados.

—No creas que ahora vas a vivir a nuestra costa. —Escupe Tiffany, y Piper gira el cuello con los ojos muy abiertos—. No es nuestra responsabilidad y mucho menos nuestra culpa que hayas decidido meterte en los pantalones de un hombre casado.

Olena recibe el golpe directo al estómago y por un momento se queda privada de oxígeno. Miles de imágenes se cruzan por su cabeza, ofreciéndole detalles que no quiere ni recordar.

—Tiffany. —La reprende su hermana, y le hace un gesto con la mano.

—Es la verdad. —No se retracta—. Esta chica tomó sus decisiones y ahora tiene un hijo al que no puede mantener. Vamos a ayudarla, es nuestro medio hermano, pero que no crea ni por un momento que va a vivir una vida de lujos a nuestra costa.

Olena Boyko se pone de pie de repente, haciendo que las hermanas se sobresalten. La chica pone ambas manos sobre la mesa y se inclina un poco hacia ellas.

—Vuestro padre es un cerdo que me violó, que se hizo pasar por un hombre cercano y, cuando se ganó mi confianza, me atacó.

—La frase final hace que le tiemble la voz, pero Olena carraspea y se recupera—.

Pero no por eso voy a darle una mala vida a mi hijo.

Os agradezco que salgáis inmediatamente de aquí, ha sido un error buscarte, Piper.