Nosotras bajo el sol (Romances prohibidos 2) Capítulo 20
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Capítulo 20

T iffany ha visto pasar casi todas las horas en el reloj durante la noche, de espaldas a su marido mientras escuchaba su respiración regular.

Se ha levantado dos veces, una a beber agua y otra para asegurarse de que había metido los tapones de los oídos en la maleta.

A las seis se ha rendido y se ha levantado para hacerse el primer café del día.

Tiene la cabeza a punto de explotarle, con problemas que se le acumulan y se mezclan.

Por un lado, tiene un hermano nuevo y es algo que todavía tiene que encajar, por otro está Kelsey, que bueno…

ni siquiera sabe cómo atacar ese problema, y después está lo de Mick, con el que tiene que reunir el valor de tener una conversación muy incómoda.

A pesar de lo temprano que se ha levantado, llega al garaje pasadas las nueve porque después de desayunar con su marido —como mínimo le debe eso después de que anoche, cuando habló con él para explicarle que se iba una semana con su hermana, él se mostrara odiosamente comprensivo— Tiffany ha limpiado la cocina y los dos baños, recogido algunas cosas y terminado de revisar su maleta por enésima vez.

—Buenos días —dice al entrar.

Kelsey levanta la mirada hacia ella y frunce el ceño cuando ve esas ojeras horribles que la hacen parecerse a un mapache.

—Hola.

—¿Estás bien? Tienes un aspecto horrible —dice preocupada.

Tiffany estira los labios sin mostrar los dientes.

—No he dormido nada —dice mientras deja el bolso y se apoya en la pared al lado de la estufa—. Piper me llamó anoche.

Kelsey se levanta del taburete tan rápido que casi lo tira.

—¿Ya tiene los resultados de la prueba de paternidad?

Su cuñada asiente con un único movimiento de cabeza.

—Está confirmado, Nazar es hijo de mi padre.

Kelsey hace lo que lleva horas deseando hacer, porque ayer, durante toda la jornada, decidió mantenerse firme igual que Tiffany y ninguna cruzó el garaje ni una sola vez para acercarse a la otra, no hubo roces, no hubo besos y tampoco abrazos.

Ahora sí lo cruza sin pensarlo y le rodea el cuello con los brazos.

Tiffany hunde la cara entre su hombro y su cuello y respira profundamente, dejándose caer un poco sobre ella como si necesitara sentir que Kelsey siempre estará ahí para sostenerla.

—Lo siento mucho, cariño —susurra contra su pelo.

—Me está costando entenderlo, Kels —la voz le sale amortiguada por la lana de su jersey—. Mi padre no es así… O al menos, no lo era. Y ahora hay un crío de dos años que vive en una caravana y tiene mi sangre.

Kelsey no contesta porque no sabe qué decir a eso, así que hace lo único que se le ocurre: ponerle la mano en la nuca y masajear con los dedos esa zona donde sabe que a su amiga se le acumula toda la tensión. Empieza a presionar y Tiffany cierra los ojos un momento y suspira de alivio.

—Gracias —dice cuando por fin se separa, con los ojos húmedos.

Kelsey le baja la cremallera del plumón que todavía no se ha quitado y se lo cuelga en una silla.

—Vamos a hacernos un café, lo necesitarás si no has dormido.

Tiffany la sigue y se sienta en el taburete mientras espera, observando a su cuñada moverse distraída mientras a ella el corazón le va a mil por hora.

—Kels, me voy a California —dice cuando su amiga se sienta a su lado.

Kelsey se congela unos segundos.

—¿Cuándo?

—Hoy, el vuelo sale a las dos y cuarto, Mick vendrá a buscarme a las once para llevarme al aeropuerto.

—¿Hoy? —repite Kelsey, intentando procesarlo.

—Sí. Piper me lo propuso anoche y acepté sin dudarlo —Tiffany da un sorbo a su café—. Quiero estar allí cuando Piper vaya a contárselo a Olena, y ella quiere que se lo contemos a mi padre en persona, no por teléfono…

—¿Y? —pregunta Kelsey cuando Tiffany se queda a medias.

—Y necesito salir de aquí, Kels, marcharme unos días y despejarme.

Kelsey traga saliva de forma visible.

—Claro, ¿cuánto tiempo te vas? —pregunta intentando que la voz no le tiemble porque sabe que si Tiffany necesita alejarse de Chicago unos días es por todo lo que está pasando entre ellas.

—Unos días, tal vez una semana, no lo sé, depende de cómo vaya todo.

A Kelsey se le aprietan las costillas y se queda mirando su propia taza mientras la sostiene entre las manos.

—Claro, vete el tiempo que necesites —logra decir—, yo me ocupo de esto.

—¿Segura?

—Claro —dice, levantando la vista—. Ve a ocuparte de tu familia, aquí no va a hundirse nada. Yo me encargo.

Tiffany asiente aliviada y camina hacia el mueble de la cafetera para servirse una segunda taza y Kelsey se queda con la mirada fija en la pared de enfrente.

No sabe si podrá con esto, desde que discutieron tiene un dolor raro en el esternón que no le permite tumbarse bocarriba sin sentir que se le va a partir el pecho, y ahora solo puede pensar en que Tiffany se va a California, concretamente al apartamento que tiene en Oceanside, ese donde ella estuvo viendo cómo su amiga se corría en una habitación con vistas al mar.

Allí está su vivienda propia, está su hermana, su familia y la vida que dejó para seguir a un hombre al que ya no quiere, y si al final se divorcia, no habrá una sola razón por la que Tiffany quiera volver a Chicago.

—¿Estás bien? —pregunta Tiffany cuando vuelve a su sitio.

Kelsey la mira y trata de sonreír. No puede decir nada, no tiene derecho a hacerlo si es ella misma la que se empeña en seguir con su marido a pesar de estar enamorada de Tiffany.

—Sí, ¿organizamos esto antes de que te marches? —Kelsey cambia de tema—. ¿Cuántas velas tienes curando?

—Cuarenta y dos. Veinte de cedro, doce de higuera y diez de la nueva de sándalo. Las de cedro se pueden empaquetar el lunes, las otras a partir del miércoles. El problema son los pedidos nuevos que entren.

—No te preocupes, hay stock de casi todas y de las que no hay, pondré el aviso de agotado en la web, o eso o puedo hacerlas yo.

—¿Tú? —Tiffany levanta las cejas y sonríe un poco por primera vez desde que ha entrado.

—¿Qué? —Kelsey se contagia de su sonrisa juguetona—. Llevo años viendo cómo las haces, Tiff. Sé a qué temperatura hay que verter y sé que, si me paso, se agrieta.

—De acuerdo —asiente divertida.

—¿Sí? ¿Te fías de mí?

—Por supuesto —Tiffany se levanta, coge el delantal que siempre usa, con manchas de cera por todas partes, se lo pasa a Kelsey por la cabeza y después le anuda las cintas en la cintura con un lazo medio torcido—.

Recuerda, ochenta grados para verter y el vaso tiene que estar templado, si está frío, te hará líneas por fuera y no servirán.

—Ochenta y vaso caliente, vale, anotado.

—Templado —corrige Tiffany, acercándose a ella—, y no las muevas después. Doce horas quietas.

—Perfecto —Kelsey se inclina y le da un beso en los labios.

Apenas es un roce, pero se parece mucho a esos que se dan las parejas que llevan muchos años juntas, y Tiffany se queda muy quieta.

—¿Qué?

—Nada, es que me gusta que me beses —admite Tiffany como si Kelsey no lo tuviera lo bastante claro todavía.

La besa de nuevo y esta vez lo prolonga sujetándole la cara con las dos manos. Tiffany suspira contra su boca, le pone las manos en la cintura y profundizan el beso sin ninguna prisa por separarse.

—Estás fría —murmura Kelsey cuando le mete las manos por debajo del jersey.

—Y tú ardes —jadea Tiffany.

Kelsey le besa el cuello y a su cuñada la atraviesa una corriente que le tensa todo el cuerpo.

—Tengo que contarte una cosa —Tiffany se aparta un poco, aunque lo único que desea es seguir.

—¿El qué?

—Anoche se lo conté a Piper, lo nuestro… Ya sabes, que tenemos un lío.

Los ojos de Kelsey se desorbitan y contiene la respiración.

—¿Por qué has hecho eso? Se supone que debíamos mantenerlo entre nosotras —dice, pinzándose el puente de la nariz con los dedos.

—Lo sé, pero ya lo sabía. O sea, no que estábamos liadas ahora, pero sí sabe lo que pasó antes de la boda y lo que siempre he sentido por ti, la única novedad para ella es que ahora nos acostamos.

—Vale —Kelsey baja la mirada.

—Oye —su amiga la coge por el mentón—. Sabes que Pi jamás diría nada, y yo necesitaba hablar con alguien de esto…

Kelsey la mira y le sonríe, después se muerde los labios. No puede reprocharle nada por desahogarse con su hermana porque ella ha estado haciendo lo mismo con su amiga del yoga.

—Lo sé, yo también se lo he contado a Megan, debí habértelo dicho.

Tiffany abre mucho los ojos y sus labios se separan ligeramente.

No le importa que se lo haya contado, Kelsey le ha hablado mucho de su amiga Megan y sabe que es de confianza, lo que le sorprende es que lo haya hecho teniendo en cuenta que, según ella, solo están de prueba, o de lo que sea, porque a veces a Tiffany le cuesta mucho saber lo que pasa por la mente de su cuñada.

—No pasa nada, supongo que ambas gestionamos esto como podemos. ¿Qué opina ella?

—¿Qué? —la pregunta pilla a Kelsey por sorpresa.

—Que cuál es su opinión sobre lo que está pasando entre nosotras, es psicóloga, ¿no? Su visión debería ser imparcial.

—Sí, bueno… —Kelsey se remueve con incomodidad, porque si se basa en la última conversación que tuvo con su amiga, tendrá que decirle que Megan está del lado de Tiffany y no del suyo, y bastante tiene con sentir que está dando pasos sin que haya suelo debajo como para confirmarle a Tiffany que, según Megan, ella también debería divorciarse de Rick—, tampoco le he contado mucho como para que pueda darme su opinión, yo…

Kelsey se detiene de golpe cuando es consciente de que le está mintiendo a Tiffany, y esa es una línea que no quiere cruzar.

—Me apoya y me escucha, Tiff, pero creo que todavía no tiene suficientes detalles como para hacerse una idea completa de lo que pasa entre nosotras.

No es la verdad, pero tampoco es una mentira, solo ha esquivado la pregunta y, aunque Tiffany se ha dado cuenta, decide dejarlo pasar.

—Claro, estos temas son delicados y opinar si no se conocen los detalles es complicado.

Kelsey le sonríe y se muerde la lengua. Le quiere preguntar la opinión de Piper, pero prefiere no hacerlo, primero porque no es justo teniendo en cuenta que ella ha evitado responder, y segundo porque está segura de que Piper debe tener una opinión muy parecida a la de Megan.

—Debería irme a casa para prepararme, Mick no tardará mucho en llegar.

—Claro. —Con la necesidad de hacer algo con las manos y la incomodidad de tener que despedirse, Kelsey se da la vuelta, coge el plumón de Tiffany y la ayuda a ponérselo.

—Gracias —dice su mejor amiga cuando se gira.

Kelsey deja de respirar y siente la presión en el esternón otra vez. Tiffany se va y no va a ser un día ni dos, es probable que estén una semana sin verse y Kelsey se da cuenta de que no está preparada para eso.

—Ten buen viaje, cariño —susurra, besándole los labios—. Espero que vaya bien la conversación con Olena, y con tu padre. ¿Me llamarás?

—Claro que sí —Tiffany la vuelve a besar.

Aunque necesita este viaje, ella tampoco está lista para pasar tantos días alejada de Kelsey, pero se recuerda que es necesario, que necesita un poco de espacio para pensar y tomar las decisiones correctas porque pueden cambiar su vida actual de forma radical, y ha de estar muy segura de lo que hace.

—Te quiero —dice y le sonríe antes de girarse para abrir la puerta del garaje.

—Y yo a ti. Ten cuidado, y avisa cuando llegues, por favor.

Tiffany se gira antes de salir y sus miradas se quedan enganchadas el tiempo suficiente como para que la electricidad fluya entre ellas y les caliente todo el cuerpo a pesar del frío que entra por la puerta.