Capítulo 19
T iffany prácticamente arrastra los pies hasta que llega al baño dentro de su habitación. Está siendo un día rarísimo, pero ella ha silenciado todo ese ruido yendo a una clase doble de Crossfit que la ha dejado mareada y por poco echa la comida del mediodía en medio de una colchoneta.
La mañana ha comenzado como cualquier otra en las últimas semanas, ella huyendo de la cama, preparando café y lista para abandonar la casa antes de que su marido se levantara, pero esta vez Mick bajó las escaleras hasta la cocina apenas minutos después de que lo hiciera ella y ni siquiera la dejó prepararse para el interrogatorio.
—Cariño, estoy preocupado por ti —comenzó el hombre, que intentaba quitarse la somnolencia del cuerpo frotándose los ojos con los dedos—. ¿Qué pasa?
Tiffany tuvo que disimular el temblor que le recorrió el cuerpo y, estando de espaldas a Mick, hizo tiempo para recomponerse mientras servía dos tazas de café.
—¿Por qué estás preocupado?
Tiffany no fue demasiado ingeniosa, de hecho, si realmente no le estuviera sucediendo nada, lo primero que habría hecho sería besarle los labios a su hombre y preguntarle qué tal había dormido. Contestar con una pregunta es la señal más clara de que, en efecto, algo pasa.
—No vas a negarme que estás… no sé, ¿rara? —Mick ahogó un bostezo traicionero—. Hace semanas que apenas te veo, no hemos vuelto a desayunar juntos como es habitual y, tras la cena, casi nunca te vas a la cama conmigo.
Michael dio varios pasos hacia ella y le puso ambas manos en la cintura.
Tiffany se sintió una completa hija de puta cuando su primera reacción fue sentirse incómoda por el toque que ha disfrutado más de una década.
Intentó sonreír, aunque estaba segura de que lo que le salió fue una mueca grotesca que no quiso ni imaginar, y terminó poniendo sus palmas sobre los hombros de su marido.
—Lo sé y lo siento —le hizo una caricia que no le apetecía y, al entenderlo, se sintió aún más miserable—. El tema de mi padre… ya sabes, es algo que no me esperaba y no lo estoy encajando muy bien.
La primera señal de que las cosas con Michael estaban realmente mal es que Tiffany fue muy escueta cuando le contó que tenía que viajar a California por un tema familiar.
Cuando regresó a Chicago, no le dio demasiados detalles, se limitó a decir que había aparecido una chica que aseguraba haber estado con su padre y que Piper y ella estaban haciendo toda clase de pruebas para saber si esa desconocida decía la verdad.
Luego una noche le habló de Nazar, otro día de la prueba de paternidad y al final del dinero que su hermana le había dado.
Todo a cuentagotas, escudándose en que no se sentía bien al hablar de eso.
Tiffany está completamente segura de que si esto hubiera pasado hace años —la aparición de Olena Boyko— no hubiera dudado en apoyarse en su marido, en contárselo todo sin dejarse ni una coma.
—No tienes por qué sentirlo, cariño —Mick le besó los labios y al menos ella no sintió asco—. Solo que si necesitas lo que sea, por favor, dímelo. Te he dado todo el espacio posible, pero quiero que sepas que estoy aquí para lo que sea.
En ese momento Tiffany quiso clavarse un puñal en el pecho. Estaba haciendo daño a un hombre increíble que la había querido siempre bien, y ella no había podido amarlo con todo su corazón porque la mayor parte de ese músculo pertenecía a Kelsey desde hacía mucho tiempo.
Entra a la ducha y se queda bajo el agua tanto tiempo que empieza a salir fría, así que cuando el cuerpo le grita «basta», sale envuelta en una bata gruesa que no le quita los escalofríos que está experimentando.
Diez minutos después baja las escaleras para intentar preparar algo de cena. Hoy Mick y Rick han quedado con unos amigos para ver el partido de esta noche, así que a ella le toca estar sola y solo de pensarlo, siente un alivio envenenado.
Si las cosas con Kelsey no estuvieran tensas, seguro que hubieran quedado en alguna de las casas para ver una de esas comedias ridículas que a ella le encantan y que ambas acaban disfrutando juntas, pero la mañana en el garaje fue más fría que la nieve que no ha parado de caer en Chicago y las dos han actuado como si todo estuviera bien.
Les ha quedado bastante mal; si fueran actrices de teatro, la obra estaría clausurada por las actuaciones nefastas de ambas.
El teléfono móvil de Tiffany empieza a sonar y durante un instante gira la cabeza a un lado y a otro porque no recuerda si lo ha dejado arriba o en el salón al bajar.
Intuye que está en el sofá, así que camina con calma hasta que ve el aparato con la pantalla iluminada: Piper está haciéndole una videollamada.
—Tiff —la saluda su hermana con una voz tan apagada que parece enferma.
—¿Qué te pasa? —pregunta preocupada, cuando también nota la profundidad de sus ojeras.
Piper resopla y se pasa los dedos de la mano por la frente.
Está agotada porque, aunque ella no tenga el papelón que está viviendo su hermana, la situación que han descubierto la ha sumido en un estado que a ella misma le cuesta comprender.
Por un lado, está furiosa, pero por otro no puede dejar de pensar en Olena, en todo lo que ha sufrido y en el pequeño Nazar siendo cuidado por una señora mayor que seguramente no tendrá todos los sentidos necesarios para estar atenta de un niño tan pequeño.
—Ya tengo los resultados. —Levanta un sobre rectangular de tamaño mediano con dos dedos como si estuviera empapado con una toxina mortal—. Enhorabuena, tienes un hermano menor.
Las dos se quedan en silencio mientras se observan como intentando darse ánimo mutuo para digerir esta noticia.
—Supongo que es una prueba que no tiene fallos, ¿no? —Tiffany lo pregunta, aunque sabe bien la respuesta.
Como era de esperar, Piper niega con la cabeza.
—El laboratorio te da un 99,8 % de certeza de que el test no se equivoca —exhala una risa amarga—, y aunque podamos repetirla, creo que no merece la pena.
Si te soy sincera, desde que Olena vino a verme, una parte de mí estuvo completamente segura de que no mentía.
Luego, cuando vimos al niño, esos gestos, ese parecido a papá…
para mí no había dudas. Esto quise hacerlo para tener una prueba irrefutable, algo que nadie pueda desmentir sin más.
Tiffany sabe que Piper se refiere a su padre porque, a pesar de que siempre lo han visto como un hombre cariñoso y cercano, también es del tipo tozudo, el que se empeña en decirte que tal cosa es así porque sí o el que te convence de que el cielo no es azul por más que esté mirando hacia arriba.
—¿Qué vamos a hacer? —es la única pregunta que le sale a la menor de las dos—. Esto va a ser un caos, Pi.
—¿Crees que no lo sé? —el bufido se parece mucho al de un gato enfadado—. Solo pienso en mamá y en el disgusto que se va a llevar.
Tiffany asiente, pero de un momento a otro todo se mezcla.
La infidelidad de su padre, el saber que ya no son solo Piper y Tiffany Dalton, Kelsey, Michael…
y todos esos pensamientos la hacen romperse.
De repente sus ojos se humedecen y les sigue un río de agua salada que le empapa la cara.
Ella lo único que puede ver detrás de esas cortinas es la cara desencajada de su hermana y cómo boquea intentando decirle algo.
—Tiff, buscaremos una solución —Piper no sabe qué otra cosa puede ayudarla a calmarse—. Hablaremos primero con Olena y luego con papá. Intentaremos dejar a mamá lo más alejada de todo esto hasta que encontremos una solución.
Tiffany busca aire desesperadamente para calmarse, se seca la cara y se muerde los labios para contener el llanto.
—No es solo eso, Pi —busca la caja de pañuelos que está en la parte baja de la mesa del centro y se limpia la nariz—.
Es que, joder… no puedo más. Estoy acostándome con Kelsey y voy a dejar a Michael, pero no para tener algo con ella porque está tan asustada que prefiere seguir en un matrimonio con un hombre al que no desea que intentarlo conmigo.
Piper se queda tan quieta que Tiffany cree que la pantalla se ha quedado congelada. No respira, no parpadea, solo tiene la mirada clavada en su hermana.
—¿Qué? —suelta, perdida y con la cabeza dando vueltas.
—Que estoy acostándome con…
—Sí, eso lo he entendido —la interrumpe Piper—, y no puedo decir que me sorprenda, pero ¿divorciarte?
—Sé que Mick es un gran hombre, pero no valgo para esto, para engañar a la gente y menos a quienes me quieren —vuelve a limpiarse la nariz—.
Kelsey y yo llevamos semanas juntas, hemos compartido como más que amigas en el día a día y eso lo único que ha hecho es confirmar que la quiero a ella.
En el garaje todo ha ido mejor que nunca, vino a California conmigo a apoyarme, ha estado de una manera distinta, ¿sabes?
, como si fuéramos realmente una pareja, y he sido muy feliz.
Piper sabe que su hermana lleva años sintiendo por su cuñada algo que no debería y también es consciente de que era recíproco porque solo había que fijarse en la forma en que Kelsey miraba a Tiffany, en cómo siempre adoptaba esa posición cerca del cuerpo de su amiga para tocarla en todo momento.
El problema, el que siempre olió, es que Kelsey Barrett tiene una manera de pensar de otro siglo, en la que no concibe otro tipo de vida que no sea al lado de ese marido que eligió, aunque eso le costara su felicidad.
—No pienses que te estoy juzgando —Piper quiere dejarlo claro porque entiende que su reacción inicial puede generar dudas—, solo quiero saber si estás segura. Comprendo lo que sientes por ella y lo que estáis teniendo, pero si no vais a estar juntas, ¿aun así vas a dejar a Mick?
—Sí —Tiffany no titubea—. Lo quiero mucho, pero lo que siento por él no es amor de verdad.
¿Cuántos años puedo durar así? Algún día querré amar como lo hago con Kelsey y entonces, quizá, será demasiado tarde para rehacer mi vida.
Además, si me quedo a su lado es también hacerlo al lado de ella y ¿para qué?
, ¿siendo las amantes clandestinas que follan cuando sus maridos no están? Me niego.
A Tiffany se le vuelven a humedecer los ojos y Piper empieza a desesperarse. Ojalá su hermana estuviera más cerca para poder consolarla y hablar de este tema sin estar frente a una pantalla. Entonces se le ocurre una idea.
—¿Por qué no vuelves unos días, Tiff? —pregunta con un tono de voz más animado—. Ven sola, te servirá para despejarte en un lugar que te gusta y lejos de Chicago, donde está lo que ahora te tiene así. Podemos aprovechar para hablar todo lo que quieras y también visitar a Olena. ¿Qué te parece?
A Piper le brillan los ojos y Tiffany no puede evitar sonreír mientras asiente. Se limpia las nuevas lágrimas que corren por sus mejillas y toma una respiración profunda.
—Ahora buscaré un billete, espero encontrar algo para mañana mismo.
—Seguro que sí —la anima Piper—. Solo avísame cuando lo compres para saber a qué hora llegas y recogerte en el aeropuerto.
Tiffany no tiene fuerzas para decirle que no se preocupe, que ella se va en taxi hasta su ático, pero en verdad prefiere que sea Piper quien la recoja y además la abrace con fuerza.
—Vale, lo haré.
—Entonces nos vemos mañana, hermanita —dice Piper.
—Ahora soy la del medio. —Tiffany tuerce el gesto e intenta hacer una broma—. Nazar se ha quedado con el título del más pequeño.
Ambas esbozan una sonrisa pequeña porque, aunque les joda lo que ha hecho su padre, Tiffany no se siente tan mal de que el niño entre a su vida y Piper siente hormigas en el cuerpo cuando piensa en su nuevo hermano, pero sobre todo en la madre.