Capítulo 14
M ientras caminan de vuelta al garaje, la mente de Tiffany se convierte en un hervidero de pensamientos confusos que van y vienen.
Por mucho que lo intenta o se esfuerza por imaginar a su padre teniendo una aventura, le resulta imposible, simplemente no lo concibe.
Es un hombre atento y cariñoso que siempre está muy pendiente de su madre y que, salvo por los viajes de trabajo —que de esos ha tenido muchos— el resto del tiempo siempre lo ha dedicado a su familia.
—A lo mejor es casualidad, de pequeños, todos los críos se parecen, ¿no? —comenta mientras Kelsey abre la puerta, y los ojos de Tiffany se clavan en los hombros de su chaqueta cuando ve pequeñas motas blancas.
—¿Qué miras? —pregunta Kelsey, nerviosa ante lo cerca que la tiene, y están en plena calle.
Tiffany mira al cielo y su cuñada la sigue, y ambas chasquean la lengua al mismo tiempo cuando comprueban que está empezando a nevar.
—Genial —farfulla Tiffany.
Kelsey le hace un gesto para que entre y cierra de inmediato para que el calor de la estufa no se escape.
—Escucha —dice, bajando la cremallera de Tiffany para quitarle el plumón—. Deja de darle vueltas y de buscar teorías, espera hasta estar allí y hablar con esa chica. Seguro que es un malentendido, ¿vale? Lo aclararás, cariño.
Su amiga le acuna las mejillas y le da un beso tierno en los labios.
—Sí, seguro que se aclara —asiente Tiffany, pero su mente no logra detenerse.
Se sienta frente al portátil que usa Kelsey para buscar los vuelos y, conforme va abriendo pestañas, los nervios la van invadiendo y las teorías siguen en su cabeza hasta que cinco minutos después, sus piernas se mueven de forma frenética bajo la mesa y ella suelta un suspiro tras otro mientras busca.
—Hay un vuelo mañana a las siete de la mañana, pero hace escala en Denver y eso son un montón de horas, y luego hay otro directo, pero este no sale hasta el jueves y yo necesito irme mañana —relata sin aliento—.
Piper estaba nerviosa, así que debería ir lo más pronto posible porque no puedo dejarla con este marrón…
—Tiff.
—Además, si la nevada se intensifica podrían cerrar el aeropuerto, o peor, las carreteras se volverán intransitables. La última vez, Rick y Mick tardaron tres horas en volver desde el polígono porque la nevada fue tan fuerte y repentina que tuvieron que esperar a que el quitanieves…
—Tiffany.
Su cuñada detiene la verborrea en seco y la mira, inhalando con fuerza para recuperar el aire que no ha tomado en los últimos treinta segundos. Le tiemblan las manos tanto que se las esconde entre las piernas como si su cuñada no se hubiera dado cuenta.
Kelsey se acerca, arrastra el taburete de Tiffany y se sienta junto a ella, cogiéndole las manos entre las suyas y llevándoselas a la boca para darle un beso.
—Tranquilízate —susurra.
Tiffany traga saliva y asiente.
—Es que tengo que…
—Cariño —Kelsey le pone una mano en la nuca y la otra en la garganta, y cuando Tiffany se queda quieta, empieza a masajear la parte baja de su cabeza, que sabe que es lo primero que a su amiga se le pone rígido cuando está nerviosa.
Tiffany cierra los ojos un momento y suspira, pero está tan acelerada que el aire escapa de sus pulmones de forma entrecortada.
—Mírame, Tiff.
—¿Qué? —pregunta, soltando un leve quejido cuando Kelsey presiona en el punto que más le duele.
—Deja que me ocupe yo. Estás muy nerviosa y al final acabarás comprando un billete de autobús en lugar de uno de avión.
Tiffany la mira con sus ojos verdes muy abiertos. Sabe que Kelsey tiene razón, que la conoce y es muy consciente de que cuando se ve sobrepasada, se vuelve errática y cualquier cosa que intenta la hace mal o se equivoca, y después se frustra, se vuelve torpe y las cosas se le caen de las manos.
Le molesta sentirse así, pero no puede dejar de pensar en otra cosa, porque si es verdad y por ahí hay un niño que es su hermano pasando dificultades, querrá estrangular a su padre con sus propias manos, y después piensa en su madre, en la cara que se le quedará cuando se entere, y la invade una tristeza tan grande que los ojos se le humedecen.
—¿Por qué no te vas a casa y te tumbas un rato? Yo compraré los billetes y seguiré trabajando hasta la hora de comer.
—No, estoy bien, solo necesito unos minutos. Espera, ¿billetes?
—Sí —afirma Kelsey—. Iré contigo.
El corazón de Tiffany da un vuelco de pura emoción.
—No hace falta, Kels, tú tienes cosas que hacer y al final es un problema familiar, no te preocupes… —dice, aunque desea mucho que vaya con ella porque el apoyo de Kelsey es lo que siempre la mantiene en pie en momentos así.
—Tú también eres mi familia, Tiff, lo has sido desde que nos conocemos y no voy a dejar que te vayas tú sola.
Las dos se quedan calladas un momento mientras se miran fijamente.
Las dos están pensando lo mismo, es Mick el que debería acompañarla en algo así, él es su marido, es la primera persona en la que debería pensar cuando tiene problemas, pero las dos saben que cuando cualquiera de las dos está preocupada por algo a la primera persona que acude y siempre acudirá, es a la otra.
—Vale, gracias —susurra Tiffany, cogiéndole la mano—. ¿Y los pedidos? ¿Qué hacemos? Tenemos que sacarlos antes de… —se queda pensando, porque las fechas se le mezclan.
—Tranquila. Hay ocho que ya están listos, solo queda empaquetarlos, de los demás nos podemos encargar esta tarde y los dejamos listos para que el repartidor los recoja mañana. Hablaré con la señora Muller para que esté pendiente.
La señora Muller es la vecina que hay al otro lado de la casa de Kelsey, una mujer de setenta años que parece estar más saludable que ellas dos juntas.
Vive sola con cuatro chihuahuas a los que pasea con un carrito tres veces al día porque son tan ancianos como ella.
No será la primera vez que la mujer les hace el favor de ocuparse de los repartidores cuando ellas no están; a cambio, Tiffany y Kelsey le suelen regalar velas en todas las fechas señaladas que la mujer le regala después a su hija como si las hubiera comprado ella.
—Sí, tienes razón —admite Tiffany con una sonrisa.
—Lo sé —se pavonea Kelsey—. Venga, quita de ahí y deja que mire los vuelos, seguro que no es tan grave como lo pintabas.
Kelsey se pone las gafas y hace una nueva búsqueda que, en efecto, le devuelve unos resultados que no tienen nada que ver con lo que Tiffany decía.
—Cogeré este. Sale mañana a las nueve y media —decide, girando la pantalla hacia Tiffany.
Ella la mira y asiente sin mirar, pensando que Kelsey ni siquiera lo ha comentado con su marido y está comprando un billete de avión para irse con su mejor amiga un par de días.
Sonríe para sí y piensa en Rick y Mick: Tiffany y Kelsey podrían decirles que se van un mes a hacer una ruta y ellos no sospecharían nada, de hecho, las animarían a hacerlo porque eso les permitiría pasarse los fines de semana enteros pescando.
Siempre que ellos estén juntos, no les importa que sus mujeres se marchen.
—Listo —dice Kelsey cuando termina de comprar—. Ahora me meteré en el correo y dejaré una respuesta automática programada.
—Podríamos aprovechar y pasar por casa de tu padre, así lo ves —propone Tiffany.
Kelsey se gira de golpe, con el corazón en la garganta.
—¿No te importa? Quiero decir, no vamos a tener mucho tiempo libre y…
—Claro que no, Kels, yo también adoro a tu padre y sé que lo echas de menos.
Kelsey se inclina sobre ella, la abraza y le da un beso en el cuello. Estas son algunas de las cosas que hacen que la quiera tanto, que Tiffany siempre está pendiente de ella, de lo que necesita, y lo pone por delante de cualquier cosa que necesite ella misma.
—Formamos un buen equipo, ¿no? —murmura Tiffany cuando se separan, quitándole las gafas a Kelsey para poder contemplar esos ojos tan oscuros en los que se ve reflejada.
—Sí, yo mantengo el temple cuando tú te vuelves torpe, y tú lo mantienes para mí. Creo que encajamos bien —asiente con una sonrisa.
—Bueno, deberíamos volver al trabajo —Tiffany lo dice en voz baja y sin ningún tipo de determinación.
Kelsey traga saliva, le coge las manos y ambas se levantan.
—Kels…
—¿Qué, cariño? —pregunta en un susurro, pero Tiffany ya no puede decir nada porque su espalda está pegada a la pared, entre la impresora y el mueble de la cafetería, y Kelsey tiene atrapado su labio inferior con los dientes mientras le desabrocha el pantalón.
No deberían, pero ninguna puede detenerse y, en cuestión de minutos, las dos tienen los pantalones en los tobillos y los dedos dentro de la otra.
—Joder, Kelsey —jadea Tiffany con la voz entrecortada.
Kelsey no dice nada, se está mordiendo el labio con fuerza con la cara escondida contra su cuello mientras intenta retener el orgasmo para correrse con ella.
Ese día acaban de trabajar muy tarde, con todo lo que ha pasado por la mañana apenas han hecho nada, y después de su nueva sesión de sexo han parado para comer y ducharse.
Ahora siguen ahí, Rick y Mick han llegado sobre las ocho y han entrado a saludarlas entre risas.
No se han sorprendido de verlas ahí tan tarde, no es la primera vez que pasa, y cuando ellas han anunciado que se iban a California, a ambos les ha parecido una idea estupenda que Kelsey acompañara a Tiffany.
—¿Estás bien? Si necesitas que yo vaya también…
—Mick se ha ofrecido sin terminar la frase y ellas dos se han mirado y se han reído con complicidad porque saben que Mick lo dice por compromiso, que si tiene que hacerlo lo hará, pero si puede librarse, prefiere quedarse con su hermano, al que se le han abierto los ojos con miedo a la espera de la respuesta de Tiffany.
—No hace falta, gracias —Tiffany le ha besado la mejilla y Kelsey ha sentido un tirón en el estómago que se lo ha puesto del revés, pero no ha alterado su expresión.
No tiene derecho a decir nada porque ella también duerme cada noche con su marido por elección, es ella la que está tan indecisa con todo a pesar de tener tan claro que si solo pudiera salvar a una persona antes de que se acabara el mundo, esa sería Tiffany Dalton.
—Estupendo, gracias por acompañarla, Kels —ha dicho Mick—, a veces creo que te necesita más a ti que a mí.
Lo ha dicho en broma y él y su hermano se han reído mientras salían del garaje tras anunciar que iban a pedir comida india para la cena y que les avisarían cuando llegara, sin saber la razón que había en sus palabras. Si hay alguien a quien Tiffany necesita en su vida, esa es Kelsey Barrett.