Nosotras bajo el sol (Romances prohibidos 2) Capítulo 11
38%

Capítulo 11

T iffany se queda en la cama esa mañana más tiempo del que debería, pero es que su cuerpo le exige descanso y su mente una tregua.

Su marido se ha marchado a trabajar hace media hora y le ha preguntado si se encuentra bien porque, a pesar de que ella es de las que podría quedarse en la cama todo el día, siempre se levanta pronto, hace café y desayuna con Mick antes de que los dos abandonen la casa.

Hoy es distinto, de hecho, lleva desde el lunes —cuando tuvo esa conversación agridulce con Kelsey— que se siente de una manera extraña, diferente a lo que ha estado experimentando los últimos años en los que la resignación le ha abierto una pequeña herida en el pecho que se ha ido agrandando con el tiempo.

Ahora hay una mezcla de decepción y algo de rabia porque esta vez está completamente segura de que su mejor amiga se siente de la misma forma que ella.

Negarlo le parece incluso una falta de respeto porque Tiffany estuvo ahí, atrapando sus labios mientras amortiguaba los jadeos de una Kelsey que no paraba de tocarla, lamerle la piel y susurrarle palabras al oído.

No fue solo lujuria, fue la unión de dos mujeres que llevan décadas huyendo de un sentimiento que no ha disminuido nada y que por fin ha podido salir a la superficie.

Por eso está tan irritada, porque una cosa es entender que ambas decidieron una vida diferente y que cambiar eso no es algo sencillo, y otra que Kelsey se niegue a hablar, a decirle algo que le permita al corazón de Tiffany seguir funcionando con normalidad.

—Joder. —Se lleva las dos manos a la cara y le da una patada a la sábana para apartarla.

No desayuna, no tiene hambre. Se limita a hacerse un café después de haber pasado por el baño para asearse y vestirse. Ha evitado verse en el espejo, está segura de que se encontrará con una mirada apagada y llena de incertidumbre que ahora mismo no le apetece ver.

Deja la taza en el mármol de la cocina, se levanta del taburete con desgana y camina hacia la puerta que conecta con el garaje de sus cuñados.

Ha caminado apenas un par de metros cuando se da cuenta de que ella ya está ahí.

Hay un olor por encima de todos esos aromas que usa para las velas que Tiffany identifica de inmediato.

Es humanamente casi imposible y a menudo se pregunta si es una simple creación de su imaginación, pero siempre sabe cuándo Kelsey está en un lugar antes de que la vea y jamás se equivoca.

—Buenos días —saluda, y el tono le sale desprovisto de toda emoción.

Kelsey, que estaba preparándose para ese momento, se gira con su mejor sonrisa, una tan abierta que parece que acaba de ganar la lotería.

—Hola, Tiff, llegas justo a tiempo. —La sonrisa no se borra—.

Estoy preparando los pedidos que tienen que salir hoy, además he revisado el inventario y voy a hacer unas compras.

¿Tú necesitas algo más? Claro que necesitas más cosas —se ríe y niega con la cabeza—, sé que siempre estás probando ceras y colorantes, quizá quieras algo nuevo, así que necesito que…

Kelsey sigue hablando por al menos cinco minutos más apenas sin respirar.

Tiffany la escucha mientras la mira a la cara y su mal humor va en aumento.

Sabe lo que está haciendo su mejor amiga, exactamente lo mismo que el lunes: intentar eliminar cualquier oportunidad para que ambas pudiesen conversar de lo sucedido.

—Kelsey —intenta interrumpirla, pero su amiga sigue hablando y gesticulando como si estuviera presentando un concurso.

—Creo que es una buena idea, si a ti te parece bien, por supuesto —sigue moviendo la boca, ahora hablando sobre un pack nuevo de bajo coste—. Yo creo que esto permitirá a los que no compran nuestras velas habitualmente por el precio que lo hagan ahora y los ganaríamos como clientes.

A Kelsey se le corta la respiración de golpe cuando Tiffany acorta la distancia entre ellas y le coge las dos manos para que deje de moverlas.

—¿Puedes parar, por favor? —La voz de Tiffany está rota, con un cansancio que es evidente—. ¿No crees que somos lo suficientemente mayorcitas como para dejar de actuar y enfrentar lo que está ocurriendo entre nosotras?

La otra mujer tiene la piel de la cara pálida y sus ojos se han abierto de forma exagerada. La respiración es tan agitada que su pecho se infla como un globo con cada inhalación.

Cuando Kelsey abre la boca, Tiffany siente un alivio repentino porque cree que, por fin, ha llegado el momento de una conversación, pero el panorama cambia de un segundo a otro cuando la mujer no emite palabras, sino un quejido desgarrado proveniente del llanto.

—Tiff —susurra cuando se lleva las manos a la cara en un intento fallido de no mostrar su histeria.

Kelsey Barrett no solo llora porque la presión la está asfixiando, lo hace también porque lleva muchos años enquistando una verdad que ahora se ha convertido en una roca pesada.

Cuando ocurrió el primer beso, sintió muchas cosas, aunque fue capaz de guardarlo en una caja que por fortuna pudo llevar siempre en su bolsillo y seguir caminando al lado de su mejor amiga, pero perderse en su cuerpo aquella noche antes de la boda y sentir cómo todas esas piezas que nunca logró dar forma, de repente, se volvieron una gran obra de arte, eso es más de lo que ella ha podido cargar todo este tiempo.

Ahora han vuelto a acostarse y ella no tiene ni idea de cómo afrontarlo.

El llanto se convierte en hipidos temblorosos y empieza a dolerle la cabeza; si no se controla, acabará con una migraña que le durará todo el día.

—Por favor —ruega Kelsey entre lágrimas—, ahora no pue… no puedo, Tiff.

Tiffany aprieta la mandíbula, lo hace con fuerza para que su boca no se abra y por ella salgan palabras que no quiere decir porque está segura de que no solo ocasionaría un antes y un después en la relación con su mejor amiga, sino que también le causaría mucho daño.

Tiffany Dalton prefiere ser atacada por un tiburón antes que herir a Kelsey.

—Tranquila. —Le pone las manos sobre los hombros porque tocarla en otra parte del cuerpo la hará explotar—. Respira conmigo, venga.

Kelsey intenta seguir las indicaciones de su cuñada, lo hace sin mirarla a los ojos, observando la pared que hay frente a ella.

No está teniendo un ataque de ansiedad, pero sí algo muy parecido que hace que el aire se convierta en una masa pesada que le impide entrar a los pulmones con facilidad.

Solo desea que su mente deje de martirizarla, que tenga un momento de tranquilidad total y, con sorpresa, descubre en ese mismo instante que no recuerda la última vez que tuvo un día así…

si no cuenta cuando estuvo enredada entre las piernas de Tiffany la semana anterior en la cabaña, porque allí solo se limitó a disfrutar de lo que estaba pasando.

—Tenemos que…

—No —la corta Kelsey y niega con la cabeza, angustiada—. No, Tiff, no puedo. No estoy preparada para hablar de esto. ¿Por qué no podemos retomar el pacto? ¿Por qué, simplemente, hacemos como si no hubiera vuelto a suceder?

Tiffany siente una vara caliente atravesándole la garganta. No solo es que su amiga no quiere hablar del tema, es que pretende que —una vez más— todo vuelva a enterrarse. No sabe si será capaz de soportarlo esta vez.

—Soy consciente de que no estoy siendo madura con esto, pero simplemente no estoy lista para enfrentarme a todo —hipea y se muerde los labios—. Te prometí que lo hablaríamos y no estoy segura de que algún día pueda cumplir esa promesa.

Lo dice con el corazón tan roto que Tiffany es capaz de escuchar cómo se resquebraja desde su posición. Exhala con fuerza y entiende que, aunque insista, no va a lograr nada. No está contenta, de hecho, se siente miserable, pero si una de las dos se niega a hablar, no hay nada que hacer.

—Está bien —cede, y su cerebro le recuerda que es una imbécil—. No hablaremos de ello y, si algún día te sientes preparada, me lo dices.

Kelsey asiente y se limpia las lágrimas que le han empapado la cara.

—Gracias. —Kelsey levanta los brazos y rodea con ellos a su cuñada con fuerza.

A Tiffany le molesta más ese acercamiento porque en el momento en que sus cuerpos se han tocado, Kelsey ha suspirado con ese placer que da el llegar a casa después de un viaje demasiado largo. ¿Cómo puede ignorar esto que es tan evidente?

—Es mejor que sigamos con los pedidos porque, si no, no podremos enviarlos esta tarde —zanja Tiffany, alejándose de su cuerpo.

—Sí. —Kelsey se sorbe la nariz y vuelve a pasarse los dedos por los ojos—. Tienes razón.

Unos minutos después, ambas están haciendo sus tareas y, aunque desde fuera parecen dos mujeres que trabajan cada una en lo suyo, por dentro sus mentes están revueltas, preguntándose una y otra vez cuánto tiempo aguantará el fino hilo que las mantiene unidas bajo la falsa identidad de mejores amigas y no de lo que de verdad son.