Capítulo 6
—Mamá quiere cambiar las cortinas.
—¿Otra vez? —pregunta Tiffany con una mueca de sorpresa.
—Sí, parece que el verde ya no le gusta, dice que le recuerda a los quirófanos —su hermana Piper pone los ojos en blanco a través de la pantalla.
Tiffany está sentada en su cama, con la espalda apoyada en la pared y el portátil sobre las piernas.
—Bueno, ya sabes cómo es. No discutas, acompáñala a elegir otras y te ahorrarás dolores de cabeza.
—Qué remedio, a veces me pregunto de dónde saco tanta paciencia.
Su hermana se ríe y la mira con esa mezcla de cariño y adoración que siempre ha sentido por su única hermana. Piper es apenas dos años mayor que ella, cumplió los cuarenta y dos hace poco y quizá por esa escasa diferencia de edad entre ambas, siempre han estado muy unidas.
—Te echo de menos —susurra Tiffany, y su hermana se besa los dedos y estira la mano hacia la pantalla.
—Te recuerdo que fuiste tú la que se marchó —bromea Piper.
—Yo no me fui, me arrastraron a esta ciudad que se congela en invierno —protesta con dramatismo.
Piper se ríe y se suelta la pinza del pelo para recogérselo de nuevo.
Ambas se parecen mucho: la misma mirada, la misma forma de caminar y el mismo color de ojos.
La diferencia más notable entre las dos está en sus vidas; mientras que Tiffany vive con su marido y trabaja en un garaje con su mejor amiga desde hace más de una década, su hermana vive sola en una casa cercana al complejo residencial para ancianos que dirige.
Piper lo creó hace siete años; después de varios trabajando como doctora en urgencias en un hospital privado, decidió que era el momento de usar sus conocimientos para otra cosa y centrarse en un sector concreto.
El complejo tiene treinta y seis apartamentos ocupados por ancianos que reciben asistencia las veinticuatro horas del día.
Piper, además de dirigir, también es una de las cuatro facultativas del centro, aunque el papeleo y las gestiones la absorben más de lo que le gustaría.
A Tiffany le gustaría tenerla más cerca, sobre todo porque Piper nunca ha tenido buen ojo con los hombres y ha tenido tres fracasos en los que cada uno la ha marcado más que el anterior.
—No pienso salir con nadie nunca más —le aseguró la última vez.
Tiffany solo pudo abrazarla y una parte egoísta de ella quiso que su hermana cumpliera su palabra, porque así no tendría que ver cómo le partían el corazón una y otra vez.
—¿Cómo va todo con Kelsey? —pregunta Piper, y Tiffany, que está descalza, ve cómo los dedos de sus pies se doblan por la tensión.
—Bien, como siempre, ya sabes.
—Tiff…
Tiffany traga saliva y su mente se transporta de inmediato a hace tres años, cuando su hermana había ido unos días a visitarla como hace de vez en cuando.
Estaban en el garaje. Tiffany colocando mechas, Kelsey repasando pedidos y Piper ayudando a montar cajas para los envíos mientras parloteaban de todo un poco y se ponían al día, pero Piper hacía algo más que eso: estaba muy atenta a su hermana y su cuñada, porque la complicidad entre ellas era tan brutal que hubo momentos en los que sentía que sobraba, y después de muchos años, al fin se decidió a preguntar.
Habían terminado de trabajar y las dos hermanas estaban solas en su casa porque Michael no había vuelto del trabajo todavía.
—¿Te puedo preguntar una cosa sin que te enfades? —dijo Piper, haciendo que los ojos de Tiffany se abrieran de forma exagerada.
—Sí, claro.
—¿Qué es lo que pasa entre Kelsey y tú?
El aire abandonó los pulmones de Tiffany y Piper fue muy consciente de cómo le cambiaba la expresión, del terror que se dibujó en su mirada y también de la tristeza que la atravesó durante un par de segundos.
—No te entiendo —respondió con la voz temblorosa.
Piper se inclinó un poco hacia ella y le cogió la mano; conocía demasiado bien a su hermana como para saber que había tocado un tema muy delicado para ella.
—Yo creo que sí que me entiendes. Venga, Tiff, habla conmigo. Os llevo observando desde que os conocéis.
—¿Observando qué exactamente?
—Vuestra forma de interactuar; nunca me ha parecido la de dos amigas normales.
Cuando erais adolescentes pensaba que solo erais unas crías intensas, de esas que se cogen de la mano por la calle y se duermen juntas en la misma cama, pero ya no sois esas niñas.
Estáis casadas con dos hombres encantadores y lo que he visto hoy en ese garaje ha sido lo mismo de hace años.
Os tratáis como si la otra fuera lo más preciado, no perdéis la oportunidad de tocaros y os miráis como si…
Tiffany palideció y bajó la mirada, sintiéndose incapaz de soportar que alguien le dijera en voz alta lo que ella ya sabía. Piper le apretó más la mano y la cubrió entre las suyas.
—Tiff…
—Estoy enamorada de ella —soltó de golpe, y el pecho de Piper se infló como un globo de la impresión.
Ella tenía sus sospechas de que había algo entre ellas, pero no se imaginaba que tuviera ese nivel.
—¿Desde cuándo? —logró preguntar cuando se recompuso.
Tiffany se encogió de hombros y los ojos empezaron a brillarle.
—Desde el instituto, supongo.
—Dios mío, Tiff, ¿cómo puedes…?
—Ella no quiere nada; nos acostamos una vez, pero me suplicó que lo olvidara e hiciéramos ver que no había pasado.
—Cariño… —Piper no sabía qué decir, todavía impactada por la naturaleza de la confesión—. ¿Por qué sigues con Michael entonces?
Su hermana sonrió con ternura.
—Quiero a Michael —aseguró más tranquila—.
Al principio me costó, pero supe compartimentar.
Aparqué lo que sentía por Kelsey hacia un lado, lo empujé hacia el fondo y me olvidé.
Ella me dejó clara su posición y supe que tenía que pasar página.
Con Mick es fácil, es divertido, atento y bastante comprensivo, y quizá por la necesidad que tiene de pasar tanto tiempo con su gemelo, no le parece raro que nosotras nos tengamos tanto cariño, ya sabes.
—Entiendo —dijo, aunque no era verdad; le estaba costando mucho asimilar la información—. ¿Cuándo pasó? Quiero decir, ¿cuándo os acostasteis?
—La noche de la despedida de soltera.
—¿Antes de la boda?
Piper estaba perpleja. De la boda hacía más de una década: ¿cómo podía su hermana sobrevivir a eso teniendo a esa mujer al lado cada día?
—Tiffany, deberías divorciarte de Michael y alejarte de ella; no puedes estar dividida de ese modo, no puede ser sano…
—No puedo alejarme de ella —la interrumpió su hermana—, eso sí que no podría soportarlo. Puedo mantener esta vida porque sé que ella está ahí al lado —Tiffany señaló la pared—, sin ella, todo se apaga, Pips.
Piper la abrazó, le besó la mejilla y desde entonces solo le pregunta por el tema de vez en cuando, y hoy es una de esas veces.
—Esa es una respuesta muy vaga —se queja Piper—. Y teniendo en cuenta que las últimas veces que hemos hablado estás bastante dispersa, te lo repito: ¿cómo va con Kelsey?
Tiffany resopla y echa la cabeza hacia atrás, dándose un pequeño golpe con la pared.
—No lo sé, últimamente todo es raro, quiero decir, no raro de mal, es que…
—¿Qué? —le aprieta su hermana.
—Que ahora me cuesta un mundo dejar aparcado lo que siento, es como si durante años hubiera estado ahí dormido y con saber que estaba ahí me bastaba.
—Y ahora no.
—No. Es… —Tiffany no sabe cómo explicarlo sin parecer que ha perdido la cabeza—, es como al principio: el cosquilleo, el temblor, se me agita todo cuando me mira o me toca y tengo que esforzarme mucho para no pensar en ella cuando tengo relaciones con Mick.
—¿Y ella? ¿Lo habéis hablado?
—No le he dicho nada; es un tema prohibido entre nosotras, enterrado, pero tengo la sensación de que para ella es incluso peor que para mí. Cuando la abrazo tiembla, suspira, y a veces me aprieta tan fuerte que me hace daño, es todo…
—Tiffany —la voz de Piper sale autoritaria, como cuando la regañaba cuando eran pequeñas—.
Creo que ha llegado el momento de que os sentéis a hablar de esto de una maldita vez.
Puedo entender que lo que pasó en su momento os asustara: erais jóvenes, ibais a casaros con dos buenos hombres y estabais confundidas, pero esto ya no me parece confusión, me parece estupidez y cobardía.
Has cumplido los cuarenta, eres una mujer adulta igual que ella y estáis jugando a esconderos como si fuerais unas adolescentes.
—No es tan sencillo.
—Sí que lo es, Tiff. Sois vosotras dos las que lo estáis complicando todo. Ya me has dicho que Kelsey no quiere oír hablar de esto, pero a lo mejor es el momento de que le lleves la contraria y la hagas enfrentarse a una realidad que las dos estáis ignorando.
—No la puedo presionar, Pips; podría perderla. Esto se me pasará, como siempre. Nosotras estamos bien así, te lo prometo.
Piper niega con la cabeza, pero no presiona más.
—¿Cómo fue tu cumpleaños? —pregunta, cambiando de tema.
Tiffany se ríe.
—Como siempre, barbacoa y pastel con fotos comestibles.
La carcajada de Piper es sonora y contagiosa.
—Me pregunto si algún año serán más creativos.
—Lo dudo —dice su hermana—, el fin de semana nos vamos a la cabaña para terminar de celebrarlo. Esa es la versión oficial de Mick, pero en realidad hay un evento de esos de pesca al que están deseando ir.
Piper vuelve a reírse. Adora a su cuñado, a pesar de que le parece que está demasiado unido a su hermano, pero también lo están Tiffany y Kelsey, aunque de otra manera que haría que los gemelos se quedaran impactados si lo supieran, o no, porque Rick y Mick parecen vivir más el uno para el otro que para sus mujeres.
—Es decir, que os llevan a la cabaña para dejaros solas mientras ellos acampan por ahí —resume Piper, divertida.
—Exacto. Han comprado una carpa nueva y están deseando estrenarla —dice, con los ojos en blanco.
—Bueno, te tengo que dejar, Tiff. Voy a ir recogiendo esto para marcharme a casa, estoy agotada.
—Claro. Hablamos en unos días.
—Pasadlo bien en la cabaña —su hermana le guiña un ojo antes de colgar, y Tiffany suspira con una sensación de hormigueo en el estómago cuando piensa en ello, porque se va a quedar sola con Kelsey por la noche y, aunque eso ha pasado muchas veces, siente que esta es diferente.