Nos vemos en Italia Capítulo 30
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Capítulo 30

Sloane se dirigió nerviosa a la zona de recogida de equipajes.

Se sentía una persona muy diferente de la mujer que había abandonado Seattle hacía un mes.

Entonces, había estado tan centrada en su objetivo, tan absorta en su trabajo y en intentar que su negocio fuera un éxito, que había perdido la perspectiva.

El estudio de diseño era lo único en lo que podía pensar, lo único en lo que quería pensar.

Era un milagro que Ben hubiera aguantado tanto tiempo sin que ella le prestara atención.

Un mes fuera le había dado una perspectiva mejor. Seguía amando su negocio y quería triunfar, pero Italia le había recordado lo mucho que significaban para ella las personas de su vida, lo mucho que significaba Ben.

Él la esperaba con una docena de rosas en una mano, sonriendo al verla correr hacia él.

—Me parece que han pasado años desde la última vez que te vi —dijo ella, echándole los brazos al cuello, a punto de aplastar las flores.

Ben se rio mientras daba un paso atrás. Obviamente, ella lo había abrazado con más fuerza de la que esperaba. Pero luego él también la rodeó con sus brazos, lo mejor que pudo con las flores, y ella sintió la seguridad y la tranquilidad de estar pegada a su compañero de vida.

—Cuánto te he echado de menos —murmuró él.

—Yo también te he echado de menos. —Ella se apartó un poco para mirarlo a la cara—. Qué bien se está en casa.

Ben le entregó las flores y ella inclinó la cabeza para oler uno de los frágiles capullos.

— Son preciosas.

—Poco prácticas. Pero pensé que esta ocasión merecía algo poco práctico, algo que simplemente dijera «te amo».

—Yo también te amo. —El cálido resplandor que sentía Sloane en su interior se reflejó en su rostro.

Otros viajeros pasaban por allí. Algunos con aspecto tan desaliñado y cansado como ella y, sin embargo, sonreían al ver las flores.

Un anciano incluso les hizo un gesto de aprobación con el pulgar.

Se estaban convirtiendo en todo un espectáculo, probablemente haciendo que la gente se preguntara si acababan de comprometerse, lo cual era sin duda la razón por la que Ben bajó la voz hasta convertirla en un susurro.

—¿Soñé lo que me dijiste sobre tener un bebé?

—¿Que quiero tener uno? No, no fue un sueño. Lo dije en serio. Y sigo queriéndolo.

—¿Y tu negocio? Sé que será difícil…

—Muchas madres tienen negocios. Si ellas pueden hacerlo, yo también. Ya no lo veo como algo excluyente.

—Yo te ayudaré. Haré todo lo que pueda para darte el tiempo que necesites —prometió Ben.

— Sé que lo harás. Pero no voy a tener un bebé solo para dejártelo a ti. No quiero ser una madre ausente. Quiero formar parte de la experiencia. Solo tendré que aprender a hacer malabarismos mejor.

—No sabes lo emocionado que estoy. —Sus ojos brillaron.

—Yo también estoy emocionada —contestó ella, sorprendida al darse cuenta de que lo decía en serio. Le había encantado ser la mentora de Lilly. También iba a disfrutar siendo madre. Solo había necesitado una pequeña prueba para empezar.

—Entonces, vamos. Tengo intención de dejarte embarazada ya mismo.

Ambos se rieron mientras se acercaban a la cinta transportadora que empezaba a soltar el equipaje.

«¿Debería llamarlo?».

Charlotte había esperado que los resultados del ADN le proporcionaran información sobre sus abuelos o, tal vez, sobre su tía, y le dieran una forma de ponerse en contacto con ellos.

Aunque sentía curiosidad por su padre, que hubiera engañado a su esposa y dejado embarazada a la chica de al lado, de apenas dieciocho años, no lo dejaba en buen lugar.

No lo consideraba alguien a quien quisiera conocer.

Pero lo único que aparecía en la sección de familiares de su informe de ADN era una foto y una dirección de correo electrónico de un tal Robert Sharp, que compartía la mitad de su ADN.

Era mayor, canoso y un poco curtido, pero con un aire refinado y urbano.

Parecía un banquero jubilado o un vendedor de trajes caros.

También parecía un pariente cercano. Incluso ella veía lo parecidos que eran sus ojos y su nariz a los suyos, su sonrisa también, y por eso no dejaba de abrir el informe y examinar su foto.

Tenía que haber una razón por la que él se hubiera hecho una prueba de ADN, ¿no?

O quizá no. Quizá simplemente quería conocer su origen étnico, o era un regalo de alguno de sus otros hijos, todos ellos más cercanos a la edad de Sabrina que a la de ella y que quizá no sabían nada de su indiscreción.

Charlotte se mordió el labio inferior mientras intentaba ampliar la fotografía. Probablemente había sido muy guapo. Seguía siendo guapo. Quizá eso fue lo que atrajo a Sabrina…

¿Qué había pasado entonces? ¿Cómo se había desarrollado su relación y cómo había reaccionado él al enterarse de que Sabrina estaba embarazada?

Charlotte había dado por sentado que esas eran preguntas que podría hacerle a sus abuelos, si lograba localizarlos.

Pero no parecía que ninguno de los parientes por parte de su madre hubiera aportado su ADN, al menos no a ese servicio en concreto.

Podría enviar las solicitudes a otras empresas y esperar unas semanas más. Quizá surgiera algo…

O tal vez no quisieran ser contactados. Eso también era posible.

¿Cómo reaccionaría Robert si se pusiera en contacto con él?

Charlotte no quería en absoluto abrir la puerta a nada doloroso en su vida.

Lidiar con Cliff ya había sido bastante difícil.

Él no estaba acostumbrado a perder, y desde que se había dado cuenta de que ella no iba a volver, se había vuelto muy vengativo.

Había recogido la ropa y otras pertenencias personales que ella había dejado en la casa de Malibú y las había tirado todas al camino de en trada.

Su padre, Lilly y ella habían tenido que ir a recogerlo todo.

También se le había visto de fiesta por toda la ciudad con numerosas mujeres, lo que había vuelto a incendiar las redes sociales.

Nada de eso era agradable, pero habían pasado seis semanas desde que ella regresara de Italia.

Seis semanas en las que, en los momentos tranquilos del día, normalmente cuando se suponía que debía estar trabajando en su libro, había abierto una y otra vez ese correo electrónico para contemplar la foto de Robert.

También habían pasado seis semanas desde que Julian se había marchado de su vida.

Eso era mucho peor que lo que estaba haciendo Cliff.

Ella estaba en paz con su decisión de seguir adelante y poner fin a su matrimonio, pero había sido el abandono de Julian lo que más le había dolido, porque sabía que una relación con alguien de su carácter le aportaría la plenitud que había estado echando de menos.

Y estaba preocupada por él. Sabía que había empezado un tratamiento, pero ¿le estaba ayudando? ¿Tenía la medicación efectos secundarios? ¿Cómo estaba asimilando todo aquello?

Al menos Lilly parecía feliz. Eso era lo que importaba, se dijo Charlotte.

Penny le había estado enseñando a tejer.

También habían empezado a cultivar un jardín.

Y había estado yendo a nadar por las noches con Don, así que recibía mucho amor y atención.

Don incluso había sugerido comprarle un cachorro después de que Charlotte entregara su libro y pudiera ayudar a adiestrarlo.

Y, teniendo en cuenta lo mucho que Lilly aún lamentaba la ausencia de Old Blue, Charlotte pensaba que era una buena idea.

Estaba agradecida a sus padres por llenar tanto la vida de Lilly, ya que eso le permitía trabajar. Le servían de gran distracción incluso en momentos como esos, en los que no podía dejar de pensar en Julian y de echarlo de menos.

O no podía dejar de pensar en los resultados de Ancestry.com.

¿El que su padre biológico hubiera enviado su ADN sería una invitación? Era difícil de creer, pero supuso que sería posible…

Era un sábado por la tarde, cuando se suponía que debía estar terminando su libro, y Don y Penny se habían llevado a Lilly al cine, cuando finalmente decidió que, si alguna vez iba a pasar página, tenía que enviarle al menos un correo electrónico a Robert.

Él podría ignorarla si quería. Así obtendría la respuesta a la pregunta de si él quería estar en contacto con ella.

Después de escribirle, volvió a su manuscrito durante un rato. Pero solo una hora más tarde, más o menos, descubrió que él había respondido con su número y una pregunta: ¿Te importa si hablamos por teléfono?

El corazón empezó a latirle con fuerza. Se dijo a sí misma que no llamara. No estaba segura de poder soportarlo. Además, no quería que él tuviera su número, por si resultaba ser raro y no la dejaba en paz después.

Pero siempre podía ocultar su número antes de llamar. Y eso fue lo que hizo.

—¿Hola?

Su voz le provocó un escalofrío. No sabía casi nada de él y, sin embargo, lo tenía al otro lado del teléfono. Su padre biológico.

— Soy yo —contestó ella—, Charlotte —añadió, dándose cuenta de que probablemente él no sabría cómo se llamaba—.

Creo que podría ser tu hija. —Puso los ojos en blanco ante su propio comentario.

Sin duda, eran parientes. ¿Qué otra cosa podrían ser?

—. De hecho, los resultados de mi prueba de ADN así lo sugieren.

—Me preguntaba si habría alguien ahí fuera —respondió él— . Casi había perdido la esperanza. Si no le hubiera dado permiso a la empresa de pruebas de ADN para recibir notificaciones, quizá me lo habría perdido. Pero llegó de repente y me sorprendió tanto que casi choco con el coche.

—¿Me has estado buscando? —Charlotte sintió una opresión en el pecho.

—No tenía muchas pistas, así que no podía buscarte en serio. Me hice esa prueba de ADN con la esperanza de que, si había tenido un hijo con Sabrina, él o ella se pusiera en contacto conmigo.

—¿Por qué te importaba tanto?