Nos vemos en Italia Capítulo 29 #2
93%

Capítulo 29 #2

—Eso espero. —Charlotte miró su teléfono. Julian se había marchado hacía solo unas horas, pero ya se moría de ganas de saber de él.

Por desgracia, no había noticias, pero ella seguía mirando.

—¿Vas a intentar escribir unas cuantas páginas hoy? —preguntó Sloane.

—No puedo retrasarme más.

—Al menos sabes que lo que estás escribiendo es bueno —añadió Sloane—. Eso debería animarte.

—Lo hace. — Aunque a Charlotte le preocupaba el riesgo, sabía que la situación de su carrera podría ser peor. Si a Megan y a la editorial no les hubiera gustado lo que estaba escribiendo, se habría visto en un buen lío.

Tomó el teléfono de nuevo y le envió un mensaje a Julian: ¿No te interesa saber qué ha dicho mi editora sobre mi libro?

Pensó que eso sería el incentivo perfecto para que él respondiera. Pero esperó varios minutos… y no obtuvo respuesta.

Estás haciendo que Charlotte se sienta muy triste.

Julian estaba sentado en una habitación de hotel en Roma, agotado por el viaje en tren hacia el norte y con náuseas mientras leía los mensajes que había recibido. El último era de Lilly. Lo más difícil era no responderle.

Se puso a revisar los mensajes de Sloane.

Su hermana se estaba enfadando. Nunca antes la había ignorado.

Tendría que responderle tarde o temprano, al fin y al cabo, era su hermana.

Pero no podía hacerlo en ese momento, cuando ya se sentía tan mal.

Ella había llamado a sus padres y les había pedido ayuda para intentar localizarlo.

Aunque ya sabían de su diagnóstico, habían averiguado también que su relación con Charlotte había cambiado y le estaban insistiendo para que volviera a la villa y arreglara las cosas con ella, lo cual lo sacaba de quicio. Sloane no debería haberles dicho nada.

Sabía que tenía suerte de tener a tanta gente en su vida que se preocupaba por él y estaba dispuesta a apoyarlo en los momentos difíciles.

Pero ellos no lo entendían: él no quería que tuvieran que hacerlo.

Siempre se había enorgullecido de lo que podía ofrecer.

Si acababa incapacitado, convertido en alguien que solo podía recibir, ¿cómo iba a ser de algún valor para nadie?

Julian suspiró. No había comido en todo el día, pero no le importaba.

Estaba demasiado cansado para preocuparse por eso.

No había dormido mucho desde que llegó a Italia.

Al principio, estaba demasiado alterado por su diagnóstico y por cómo y cuándo iba a dar la noticia.

Después había pasado todas las noches que había podido con Charlotte, intentando acumular tantos recuerdos como fuera posible, como si eso bastara para ayudarle a afrontar su futuro particular.

Se iba a acostar. Pero antes de dejar el móvil, recibió otro mensaje de Charlotte: Por favor, no me hagas daño.

Dio un respingo. Ese mensaje le arrancó un pedazo de su ser. No quería hacerle daño. Intentaba salvarla, pero solo podía hacerlo manteniéndose alejado de ella.

A la larga, Charlotte estaría mucho mejor así. Quería repetírselo, pero sabía que, si entablaba una conversación con ella, se derrumbaría. Probablemente deseaba lo mismo que ella, incluso más que ella.

Dejó el móvil en la mesita de noche, se tapó con las sábanas y se dio la vuelta. Estaba haciendo lo correcto. No tenía otra opción.

No dejaba de repetírselo a sí mismo, pero los minutos pasaban y el sueño no llegaba.

Finalmente, tras casi una hora, se incorporó y volvió a tomar el móvil.

Lo hago por el bien de Charlotte. Algún día lo entenderás , le escribió a Lilly.

No puedo creer que les hayas contado a mamá y a papá lo de Charlotte , respondió a Sloane.

Y a Charlotte: Por favor, no te sientas herida. Siempre te amaré.

Se dijo a sí mismo que lo dejaría así, con la esperanza de poder dormir por fin, pero no pudo evitar esperar a sus respuestas.

Lilly: Si la quieres, volverás .

Sloane: Están de acuerdo conmigo. Charlotte es perfecta para ti. Por eso no dejan de llamarte: para decírtelo. El párkinson no significa que tu vida haya terminado. Lucha por vivir cada momento al máximo, como siempre has hecho. Eso haría mi hermano.

Charlotte: Soy yo quien debe decidir qué es lo mejor para mí y para mi futuro .

Lilly era demasiado joven para entenderlo, se dijo a sí mismo. Y Sloane tenía razón, pero en ese momento no tenía ganas de pelear. Esperaba estar más fuerte al día siguiente.

El problema era que Charlotte también tenía razón. Era una mujer adulta. Ella debía decidir qué era lo mejor para ella. En cualquier otra circunstancia, eso sería así. Pero no podía permitir que cometiera ese error.

— Algún día te alegrarás —murmuró y se volvió a tapar con las sábanas.

El vuelo de vuelta a casa fue largo e incómodo, y a Charlotte se le hizo aún más pesado porque no conseguía dormir.

Había disfrutado mucho de Italia. También le había encantado la villa y tenía muchas ganas de volver.

El verano siguiente, en cuanto Lilly terminara el colegio, esperaba que pudieran pasar otro mes en la Costa Amalfitana.

Al fin y al cabo, era el lugar donde había conocido a Lilly y se había enamorado de ella, por así decirlo.

Praiano, en especial, siempre ocuparía un lugar especial en su corazón.

Pero el recuerdo de su estancia en la Costa Amalfitana era agridulce.

Aunque no había conocido a Julian allí, sí era donde se había enamorado de él y, sin embargo, él no le había respondido desde que se marchó, salvo para decirle que siempre la amaría y que iba a vivir su vida sin ella por su bien, no por el de él.

Quería que ella encontrara a alguien que no fuera una carga tan grande, quería que tuviera el tipo de vida feliz y plena que «se merecía».

Charlotte había intentado explicarle que prefería la calidad a la cantidad: los años que pudiera pasar con él a los que pudiera pasar con cualquier otra persona.

Pero él nunca le había respondido a ese mensaje.

Lo último que había sabido por Sloane era que había empezado un tratamiento con su médico y luego se había marchado a Islandia, donde estaba tomando fotos del volcán que estaba en erupción allí.

Se lo imaginó bajo un cielo plomizo, con la lava iluminándole el rostro desde abajo, y sintió un nudo en la garganta.

—¿Te hace ilusión volver a casa? —preguntó Lilly. El vuelo más barato para Sloane había sido vía Dallas, así que solo viajaban juntas Charlotte y Lilly, que llevaba leyendo casi desde que despegaron, cuando no dormía.

Charlotte había estado mirando por la ventanilla, observando cómo el suelo se acercaba rápidamente mientras se preparaban para aterrizar.

—Sí —contestó con una sonrisa, pero se sentía más insegura de lo que quería admitir.

Sabía que Cliff tendría los papeles del divorcio esperándola.

Él mismo se lo había dicho. Lo último había sido anunciarle que iba a intentar romper el acuerdo prenupcial y dejarla sin nada, y ella había estado tan absorta en intentar avanzar en su libro que ni siquiera había tenido la oportunidad de ponerse en contacto con un abogado.

Había pensado que se ocuparía de todo eso una vez que volviera a Los Ángeles, y esa debía ser su prioridad en ese momento.

—¿Y tú? —le preguntó a Lilly, para desviar la atención de sí misma.

— Yo también estoy emocionada.

Su hermana parecía más nerviosa que emocionada, y Charlotte entendía por qué.

Su vida era completamente diferente a como había sido hacía solo un mes.

Aún no había conocido a los padres de Charlotte en persona, y no tenía ni idea de cómo sería vivir con ellos.

Además, se encontraría en otra zona nueva.

—No te preocupes. —Charlotte le dio un codazo—. Todo va a ir bien.

—Lo sé. —Probablemente irradiaba más confianza de la que sentía.

Ambas fingían. Cada vez que Lilly preguntaba por Julian, Charlotte actuaba como si todo lo que hubiera pasado fuera a salir bien.

Como si fuera fuerte y estuviera feliz. Sabía que Lilly había sufrido los altibajos de las numerosas relaciones sentimentales de su madre y no quería hacerle pasar por la misma angustia e incertidumbre.

Estaba decidida a mantenerse firme como una roca, sin importar lo que tuviera que pasar a nivel personal, para que Lilly pudiera sentirse por fin segura y protegida.

Esa era la promesa que Charlotte se había hecho a sí misma cuando decidió hacerse cargo de Lilly.

Aunque seguía queriendo encontrar pareja y tener hijos, no iba a cargar a Lilly con sus propis fracasos amorosos.

El tren de aterrizaje vibró bajo sus pies y las alas zumbaron cuando el avión tocó tierra y rebotó ligeramente antes de posarse con seguridad en la pista. Lilly abrió los ojos de par en par.

—El aterrizaje puede resultar un poco desconcertante —explicó Charlotte.

Lilly se relajó al ver que el avión rodaba con más suavidad por la pista.

—¿Crees que Jules nos estará esperando? — preguntó mientras la azafata abría la puerta y todos empezaban a sacar el equipaje de los compartimentos superiores.

Por un momento, Charlotte se sintió tentada de creer que era posible.

Seguro que él cambiaría de opinión. ¿Por qué iba a condenarse a una vida de soledad cuando ella estaba allí, dispuesta a amarlo?

Le había enviado un mensaje con la fecha y la hora de su llegada a Los Ángeles y le había pedido que las recogiera en el aeropuerto.

Si él iba a responder a algo, sería a la petición de un favor.

Jules era así, le encantaba echar una mano a la gente.

Pero como no había respondido, ella no tenía ninguna seguridad. Aun así, esperaba que él les diera una sorpresa.

—Nunca se sabe —contestó con esperanza.

Pero cuando bajaron del avión y recogieron el equipaje, solo estaban allí sus padres esperándolas.