Capítulo 29
Ben había conocido a Lilly a través de FaceTime.
Le parecía una joven dulce y guapa. Y también inteligente.
Le hubiera encantado tenerla desde bebé, porque eso le habría permitido disfrutar de cada etapa de su vida.
Pero incorporarse a mitad de camino era mejor que nada.
Estaba deseando tener a alguien joven a su lado, alguien a quien pudiera ayudar y guiar, alguien que lo necesitara.
Sabía que había gente que no estaba de acuerdo.
Lo mismo no valía para todo el mundo. Pero sentía que a su vida le faltaría algo sin la oportunidad de dedicarse a un pequeño ser humano.
Y después de tener tantas esperanzas de que pronto tendría una niña en su casa, la noticia que Sloane acababa de darle supuso un duro golpe.
—¿No va a venir? —preguntó—. Pero si iba a ser perfecto…
—Yo también estoy triste —admitió Sloane—. Pero no puedes culparla. Tiene muy poca familia. Es comprensible que se aferre a lo que tiene. Y Charlotte es maravillosa.
—No puedo discutir eso. Pero Charlotte vive con sus padres, está pasando por un divorcio e intentando salvar su carrera.
¿Es ella realmente la mejor persona para criar a Lilly?
Porque esto parece haber caído sobre ella en un momento realmente malo.
—Por eso ellos habían dado un paso al frente.
Tenían estabilidad y estaban preparados.
En cualquier caso, él estaba listo y, por fin, había conseguido que Sloane se subiera a bordo. No creía que fuera a presentarse otra oportunidad como esa, algo con lo que ambos estuvieran satisfechos en el futuro.
— Charlotte es capaz de hacer un gran trabajo, a pesar de las dificultades a las que se enfrenta. Ya la conoces. No permitirá que a Lilly le falte de nada.
—¿A qué precio? —¿No había sido ese el argumento de Sloane desde el principio? ¿Por qué estaba tan tranquila y aceptaba tan bien la noticia? ¿Acaso no le importaba si Lilly se iba a vivir con ellos o no?
Quizá su propuesta de acoger a Lilly solo había sido un intento de apaciguarlo, algo fácil de ofrecer ya que sabía que nunca iba a suceder.
—Menos precio que renunciar a ella —respondió Sloane.
Él no dijo nada, no podía hablar. No quería decir algo de lo que se arrepintiera más tarde.
Por supuesto que Sloane había sido sincera.
Era terrible por su parte sospechar lo contrario.
Era su dolor el que hablaba. Lo que estaba pasando en ese momento era culpa suya.
Había dejado que sus esperanzas se dispararan demasiado, a pesar de que se había advertido a sí mismo de que algo así podía pasar.
Mientras ordenaba la habitación de invitados, se había imaginado llevando a Lilly a comprar material escolar, leyéndole en voz alta —ya era un poco mayor para eso, pero esperaba que ella aún se lo permitiera— y ayudándola con los deberes.
Había tantos libros que quería compartir con ella…
: Tolkien, Sachar y una docena más. Quería asistir a las reuniones de padres y animarla mientras aprendía y se desarrollaba.
Y aunque probablemente a ella no le haría mucha gracia, él también tenía ganas de que ella lo ayudara con las tareas del jardín, porque recordaba cómo se había creado un vínculo con su padre mientras podaban, cortaban el césped y quitaban las malas hierbas.
En retrospectiva, trabajar juntos había sido más gratificante que jugar juntos. Aquellos eran los momentos en los que su padre le enseñaba en silencio muchas lecciones, y fueron esas lecciones las que lo habían moldeado para convertirlo en el hombre en el que se había convertido.
Pero, al final, el sueño de ser un padre como el suyo se había hecho añicos. Y se sentía fatal.
—¿Ben? —llamó Sloane.
— Estoy aquí —respondió él.
—Parece que te estás tomando la noticia bastante mal, cariño.
—Sí, bueno, estoy decepcionado. Quería que viniera.
De verdad que quería que viniera. —Lo que no añadió fue que, por mucho que quisiera a Sloane y nunca pudiera dejarla marchar, su vida empezaba a parecerle vacía sin hijos.
Si no hubiera sido así, habría dejado de pedírselos hacía mucho tiempo.
No sabía por qué parecía necesitarlos él y ella no.
No podía explicarlo, pero sabía que no le iba a resultar fácil pasar por la vida sin hijos.
Sin embargo, eso era exactamente lo que tendría que hacer, porque tampoco podía renunciar a la mujer que amaba. Mierda.
El destino le había concedido una pareja maravillosa con quien compartir su vida, pero a cambio le había arrebatado algo igual de importante.
—Tengo cosas que hacer aquí —se excusó, deseoso de colgar el teléfono. Había sido él quien había tomado la decisión de seguir adelante con su matrimonio y aceptar lo que eso significaba. Tenía que asumir su elección con dignidad—. Te llamaré más tarde.
—Antes de que cuelgues, quiero decirte que… conocer a Lilly y convivir con ella ha… ha cambiado algo dentro de mí —admitió Sloane tras una larga pausa.
Ben no contestó. Apenas podía escuchar. Solo quería colgar el teléfono.
— ¿Me has oído? —preguntó ella.
—Sí. Te he oído. —El café se le había enfriado sin darse cuenta—. Pero ¿podríamos hablar de esto más tarde?
—Claro, es que… es fin de semana.
—Lo sé.
—Y… como no tienes que trabajar, pensé que quizá te apetecería dedicar parte del día a convertir la habitación que acabas de dejar libre para Lilly en una habitación infantil.
Ben no estaba seguro de qué había esperado que dijera ella, pero desde luego no era eso.
—¿Perdón? —Parpadeó incrédulo.
— Te lo he dicho: Lilly ha cambiado algo en mí, Ben. He decidido que quiero tener un bebé. Tu bebé.
Inspirando aire con fuerza, Ben se quedó completamente inmóvil. Tenía miedo de reaccionar por temor a que ella se retracta ra.
—¿Hola? ¿Sigues ahí?
—¿Lo dices en serio? —preguntó él, apenas capaz de sacar las palabras de su garganta obstruida.
—Sé lo mucho que significaría un bebé para ti. No lo habría dicho si no estuviera decidida.
—Pero no lo estás haciendo solo por mí, ¿verdad? No quiero que te arrepientas más adelante. Los embarazos son duros. Y criar a los hijos también…
—Conozco los riesgos, cariño. Los he estado enumerando mentalmente durante los últimos años. Pero he decidido que, sí, tener un hijo es duro, pero también merece la pena. Por fin estoy preparada. Justo a tiempo —añadió con una risa—. No volveré a ser joven.
—Te echo mucho de menos. — El nudo en la garganta de Ben le impedía casi por completo hablar—. Me habría quedado a tu lado. Espero que lo sepas.
—Lo sé. Y ahora te dejaré colgar. Yo también tengo que irme. Le prometí a Lilly que iríamos a la playa, así que me está esperando.
—De acuerdo —contestó él, y ella estuvo a punto de colgar antes de que él se recuperara lo suficiente de la sorpresa y la alegría como para añadir—: Te amo.
—Lo sé —dijo ella en tono burlón antes de colgar.
Ben se quedó quieto durante varios minutos. Todo su mundo había dado un vuelco, y estaba aturdido por el impacto que eso le había causado. Un bebé. Sloane quería un bebé. Realmente había dicho eso. Después de todo, iba a ser padre.
Se rio a carcajadas, aunque no había nadie cerca para oírlo. Luego gritó: «¡Sí!», y levantó el puño en señal de victoria mientras se ponía de pie de un salto.
Tenía que encontrar su portátil. Si iban a montar una habitación para el bebé, necesitarían algunas ideas, y él quería ver lo que habían hecho otros padres.
No podía tomar ninguna decisión sin la opinión de Sloane, ella era la decoradora, y además una profesional, pero sin duda podía enviarle algunas propuestas.
Charlotte recibió un correo electrónico de su editora.
Megan se mostraba cautelosamente optimista respecto a su nuevo manuscrito.
Decía que, personalmente, le gustaba más esa historia que la primera, pero le preocupaba el cambio de tono.
Había pedido al editor que leyera los capítulos de muestra para conocer su opinión, tal y como Charlotte había imaginado, y a él también le preocupaba que sus lectores no la siguieran en un territorio más «emocionalmente intenso».
Pero a ambos les gustaba lo suficiente como para darle una oportunidad.
Eso significaba que iba a poder terminar el manuscrito y lanzarlo al mundo. Estaba emocionada, pero la incertidumbre que sentían atenuaba su reacción. No estaba más convencida que ellos de que su público aceptara un cambio tan grande.
Pero lo que estaba escribiendo en ese momento reflejaba lo mucho que había madurado como persona. Tenía que seguir su inspiración, lo que la conmovía. Además, tampoco se le ocurría otra cosa en ese momento, así que iba a arriesgarse.
—¿Qué pasa? — preguntó Lilly—. ¿Has sabido algo de Megan?
Estaba sentada al otro extremo de la mesa montando un rompecabezas de mil piezas y debía de haber notado el cambio en su expresión, porque Charlotte no había dicho ni una palabra.
—Sí.
—¿Qué te ha dicho? —La preocupación se reflejó en los ojos de Lilly.
Sloane estaba en la cocina preparando una bandeja de verduras, lo suficientemente cerca como para oírlas, y enseguida se acercó al comedor.
—¿Le ha gustado? —preguntó.
—Sí —respondió Charlotte con cierta vacilación—. Más que mi primer libro. Pero les preocupa cómo pueda ser recibido.
— ¿Qué significa eso? —preguntó Lilly.
—Temen que no se venda —aclaró Charlotte—. Y si no se vende…
—Bueno, no hay garantías de que ningún libro se venda, ¿verdad? —dijo Sloane.
«Sí y no», pensó Charlotte. Si hubiera vuelto con Cliff, habría tenido tantas garantías como el que más.
Su libro se habría vendido solo por su relación con él, como había ocurrido con el primero.
Ese segundo libro tendría que sacarlo adelante ella sola, lo cual era aterrador, pero no se arrepentía de su decisión.
No se había casado con Cliff por su fama, y tampoco estaba dispuesta a volver con él por eso.
—Cierto —asintió Charlotte.
—Va a ser un libro estupendo, así que seguro que tendrá éxito — predijo Sloane, en un claro intento de animarla.