Nos vemos en Italia Capítulo 28 #2
91%

Capítulo 28 #2

Si esperaba ganarse a Lilly con ese cumplido, no funcionó. La forma en que frunció el ceño le recordó a Julian a la chica que había sido el día que se conocieron.

— Yo también creo que eres un imbécil —contestó ella, y Julian casi escupió el café por toda la mesa al echarse a reír.

—Parece que es más como su madre de lo que me habías dado a entender —dijo Cliff, dirigiéndose a Charlotte mientras Lilly subía las escaleras dando pisotones.

—Por favor, para. Tú te lo has buscado. —Charlotte se frotó las sienes.

—¡No me lo he buscado! Solo señalaba lo obvio.

—Nada de esto ayuda —intervino Julian por primera vez—. Es hora de que te vayas.

— Tú no eres quién para decirme eso —contestó Cliff, dando un puñetazo en la mesa y poniéndose de pie.

Julian también se levantó. Cliff era bastante más alto, pero Julian no le tenía miedo. Llevaba tanto tiempo enfadado y al límite desde el diagnóstico de su enfermedad, que estaba deseando tener a alguien con quien le pareciera justificado desahogarse por completo.

—No solo soy quién para decírtelo, sino que seré yo quien te acompañe a la puerta.

—Julian, yo me encargo de esto —dijo Charlotte, cada vez más preocupada.

—¡Ni lo sueñes! —gritó Cliff al mismo tiempo—. ¡Es por culpa de que no pudiste apartar tus sucias manos de mi mujer por lo que tuve que volar al otro lado del mundo para salvar mi matrimonio!

—Un viaje en vano, Cliff —espetó Julian, bajando la voz para no alterar a Lilly— . Tu matrimonio se ha acabado.

—¿Quién demonios te crees que eres? —Cliff empezó a rodear la mesa y Julian ya estaba preparado para él, pero Charlotte se levantó de un salto para intervenir.

—¡Basta ya, los dos! Iba a dejar que desayunaras primero —se dirigió a Cliff—, pero si tenemos que hacerlo ahora, lo haremos.

—Tenemos que hacerlo ahora —repitió Cliff—. Dile que me amas. Dile que vamos a recomponer nuestro matrimonio. Dile que se largue.

—No voy a hacer eso — contestó Charlotte—. Porque Jules tiene razón. No voy a volver contigo.

—¿Por qué? Te dije que Lilly podía venir a vivir con nosotros. Dios sabe que tenemos una casa lo suficientemente grande, ¿no? También tenemos dinero. Piensa en todo lo que podrás darle.

—Yo cuidaré muy bien de Lilly —afirmó ella—. Se acabó, Cliff. Ya no te amo. Quiero estar con Julian.

Atónito, Cliff la miró boquiabierto. La declaración, y la determinación en su voz, lo habían conmocionado.

Julian también parecía conmocionado. Comprendió que se había estado engañando a sí mismo, tratando de convencerse de que Charlotte no esperaba gran cosa de él.

Pero, en ese momento, no podía eludir la verdad.

Julian se había enamorado de ella, tal y como temía que sucedería. Y ella se había enamorado de él.

Pero si de verdad la amaba, no podía imponerle lo que le deparaba el futuro. ¡Sería aún peor que Cliff!

—Está bien. —Cliff los miró a ambos—. Me voy. Pero te apuesto un millón de dólares a que me llamarás mañana —sentenció, y recogió su bolsa antes de pasar junto a Julian.

— Eh, espera —dijo Julian.

Verlo marcharse fue para él como recibir un jarro de agua fría. ¿Qué acababa de hacer? Empezó a seguirlo mientras la puerta se cerraba de golpe, pero Cliff no se dio la vuelta.

—Creo… creo que él y yo, los dos, tenemos que irnos —anunció Julian, mirando a Charlotte con expresión perdida.

—¿De qué estás hablando? —Ella lo miró perpleja.

—Lo siento —insistió él—. Lo siento mucho. Espero que algún día puedas perdonarme.

—¡Basta ya! — gritó Charlotte—. Lo sé, ¿vale? ¡Sé lo del párkinson!

Él quería preguntarle cómo lo sabía y por qué seguía con él si lo sabía, pero no podría soportar las respuestas.

—Entonces no sabes lo que estás haciendo —respondió, y rápidamente recogió sus cosas antes de apartar a las tres mujeres al salir.

Diez minutos más tarde, Sloane estaba sentada en la terraza con Charlotte a un lado y Lilly al otro, tratando de consolarla.

—Dale un poco de tiempo, Char. Ya entrará en razón.

Sloane se refería a su hermano, pero no estaba del todo convencida de que lo que decía fuera cierto.

Julian era la persona más testaruda que había conocido jamás, sobre todo cuando creía tener razón.

El hecho de que supieran de su diagnóstico cuando él pensaba que no lo sabían solo parecía impulsarlo más.

Charlotte permanecía con la mirada fija en el mar casi desde que él se marchó.

Cuando Sloane habló, se secó las lágrimas de la cara, pero no respondió.

Había intentado convencer a Jules de que se quedara, todas lo habían intentado, pero él no dejaba de decir que de ninguna manera permitiría que ella echara a perder su vida por él.

Y como ya había llamado a un Uber, no pudieron impedir que se fuera.

Tras apartarlas a ambas, se había despedido con la mano de Lilly, que para entonces también estaba de pie al fondo llorando, y se marchó en el coche.

Desde entonces, reinaba el silencio.

—Vas a estar bien —murmuró Sloane.

—Julian no responde a mis llamadas ni a mis mensajes. —Charlotte sorbió por la nariz mientras miraba su teléfono, que descansaba sobre su regazo.

—Es demasiado pronto. —En algún lugar de la calle, una moto arrancó con un petardeo—. Acaba de enterarse de que sabemos lo de su diagnóstico —le recordó Sloane.

—No debería haber intentado ocultárnoslo —refunfuñó Charlotte.

Sloane tuvo que darle la razón y, sin embargo, entendía por qué lo había hecho.

—Se siente como si le hubieran robado algo, como si ya no fuera el hombre que era antes. Nadie quiere sentirse como si fuera mercancía dañada, destinado a ser una carga para todos los que lo quieren.

—¿Y por eso sigue apartándonos?

—Hablaré con él. Soy su hermana. No puede apartarme de su lado, y lo sabe.

—A mí tampoco puede apartarme —sentenció Charlotte con tono desafiante —, espero… —añadió, con voz mucho más débil.

—No llores. —Lilly entrelazó sus dedos con los de Charlotte—. Pase lo que pase, me tienes a mí. —Le lanzó a Sloane una mirada de disculpa—. Quiero a Sloane, y quiero a Steve y a Old Blue. Pero tú eres mi hermana, y la familia debe permanecer unida.

Era un sentimiento tan tierno que Sloane ni siquiera pudo sentirse triste por su decisión.

Se había imaginado que probablemente acabaría así.

Y, si había cambiado de opinión y quería tener un hijo, debía tenerlo.

Desde que Lilly le había demostrado que quizá le gustaría ser madre, ya no le daba tanto miedo la responsabilidad y los cambios que eso supondría.

—Estoy de acuerdo —le dijo a Lilly—. Vosotras dos debéis permanecer juntas. Pero espero que sepas que siempre serás bienvenida si quieres venir a visitarme.

—Me encantaría. —Una sonrisa se dibujó en el rostro de Lilly mientras asentía.

—Puede que Steve se lleve una decepción cuando se entere de que él también ha perdido —bromeó Sloane.

—Ya se lo he dicho —respondió Lilly.

—¿De verdad? —Eso sacó a Charlotte de su abatimiento.

—Le envié un mensaje anoche, cuando tomé la decisión —explicó ella.

—¿Qué te dijo?

—Dijo que eres una persona maravillosa y que cree que estoy tomando la decisión correcta. Y me invitó a ir a visitarlo.

—Me alegro de que me hayas elegido —respondió Charlotte con voz ronca. Por fin parecía recuperar algo de compostura. Apretó con más fuerza la mano de Lilly.

Ver el placer que la respuesta de Charlotte provocaba en el rostro de Lilly hizo que a Sloane le resultara aún más fácil aceptar su decisión.

—No te preocupes —tranquilizó Lilly a Charlotte—. Recuperaremos a Jules, en cuanto se dé cuenta de que está destinado a formar parte de nuestra familia.

—El amor triunfará. —Charlotte levantó la mano de Lilly y le besó los nudillos, riendo entre sollozos—. Lo convenceremos.