Nos vemos en Italia Capítulo 25 #3
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Capítulo 25 #3

—Estoy bien. —Sloane apretó la mano a Lilly, algo que no habría hecho ni siquiera una semana antes, y se sintió reconfortada cuando Lilly le devolvió el apretón antes de correr a reunirse con Jules, que estaba intentando enseñarle a hacer mejores fotos.

Esperar a que regresaran a la villa y los demás se fueran a la cama fue una tortura.

Sloane quería hablar con su marido lo antes posible, pero el hecho de que fuera mediodía de un viernes en Seattle y que Ben estuviera en la farmacia jugaba en su contra.

No quería enfrentarse a él en el trabajo.

Prefería que estuviera en casa, relajado y dispuesto a tener una charla sincera.

Era más de medianoche en Italia cuando él finalmente respondió al mensaje que ella le había enviado antes preguntándole si podía reservar media hora para hablar esa noche.

He salido del trabajo un poco antes. Ha sido una tarde tranquila. ¿Es un buen momento?

Ella se levantó de la cama, abrió la puerta y se asomó al pasillo para asegurarse de que la casa estaba en silencio y de que nadie la interrumpiría.

La luz de la habitación de Lilly estaba apagada.

No sabía dónde estaban Julian y Charlotte.

Los había dejado sentados en la terraza hacía una hora, con la esperanza de que, si disolvía la fiesta, se fueran a la cama.

Ya no los veía desde su ventana, pero tampoco los había oído entrar.

Tras volver a cerrar la puerta, se metió en el baño, para que su voz no se oyera más allá de su habitación, y se sentó en la tapa cerrada del inodoro mientras marcaba el número de Ben.

—Hola, ¿qué tal? —saludó él en cuanto contestó.

—Me gustaría hablar contigo de algo —respondió ella.

—Ya me lo imaginé por tu mensaje. Creo que nunca me habías enviado uno tan inquietante. Estoy nervioso. ¿Has tomado una decisión sobre lo que quieres para tu futuro?

—Sí —dijo y respiró hondo.

—¿Ese futuro me incluye a mí? —Ben permaneció en silencio un momento—. Porque tu último mensaje daba a entender que sí.

—Por supuesto que te incluye. —Incapaz de quedarse quieta, Sloane se levantó de un salto y empezó a dar vueltas por la pequeña habitación, sintiendo las frías baldosas bajo sus pies descalzos —. También incluye niños… Una niña.

—¿Qué?

—Antes de que te emociones demasiado, déjame explicarte —se apresuró a frenar sus expectativas.

—Te escucho —contestó él con cautela.

¿Estaba esperanzado? ¿Escéptico? Ella no sabría cómo interpretarlo.

—¿Y si nos quedamos con Lilly nosotros?

Las emociones anteriores de Ben habían sido difíciles de descifrar: ¿cauteloso, esperanzado, también un poco preocupado?, pero en ese momento sentía claramente su sorpresa.

—¿La hermana de Charlotte? ¿Quieres terminar de criarla?

—Escúchame. —Sloane se frotó el muslo con la mano libre —.

Es una niña maravillosa, muy sensible y amable.

Ha sufrido y tiene miedo de confiar, de aferrarse de verdad y conectar por temor a que la decepcionen de nuevo, pero es increíblemente inteligente.

Ya la he visto crecer y cambiar, y salir de su caparazón.

Todo está sucediendo ante mis ojos. Con amor y cuidados constantes, creo que será capaz de superar el trauma que ha sufrido en su corta vida.

—Me alegro de que le vaya tan bien. De verdad. Pero… Lilly tiene doce años.

—¿Y qué? ¿Qué quieres decir con eso?

—¿De verdad quieres empezar con una niña que está a punto de convertirse en adolescente? Ya sabes lo difíciles que pueden llegar a ser, ¿no? Para alguien que no quiere tener hijos, eso es como… como lanzarse directamente al fuego.

—Algo puede ser difícil y aun así merecer la pena.

—Cierto…

—Nos necesita, Ben. Y sería la solución perfecta para Charlotte.

—¿Lo has hablado con Charlotte?

—Claro que no. Lo correcto era hablar primero contigo. Tenemos que estar juntos en esto.

—Pero si ni siquiera querías que Charlotte terminara de criar a Lilly. Pensabas que podría arruinarle la vida. ¿Y ahora quieres hacerlo tú?

—Quiero que lo hagamos nosotros. Que le demos un hogar.

—Es un compromiso enorme. ¿Es este el camino que de verdad quieres seguir?

Cerrando los ojos con fuerza, Sloane echó la cabeza hacia atrás. Quizá debería haberlo pensado un poco más. Parecía impulsivo. No conocía a Lilly desde hacía mucho tiempo, pero alguien tenía que acogerla, y esa solución parecía ideal para todos, sobre todo si eso hacía feliz a Ben.

—Lo es. —Ella sabía que era precipitado, pero, sorprendentemente, sentía una certeza sólida.

—Vaya —contestó él tras otro momento de silencio atónito—. Una niña de doce años.

—Si la conocieras, ni lo dudarías.

Cuando Ben empezó a reírse, ella apretó el teléfono con más fuerza. ¿Era ese el momento en el que él le diría que era demasiado tarde? ¿Que, después de todo, prefería a Adele y a su hijo de cinco años? Sabía que era poco probable, pero sus celos le sugerían lo contrario.

—¿Qué pasa?

—Si ya la quieres tanto, estoy seguro de que yo también lo haré.

—¿Eso es un sí? —El alivio, la emoción y el terror invadieron a Sloane a partes iguales.

—Es un sí, siempre y cuando Charlotte esté de acuerdo y Lilly también, por supuesto. ¿Crees que lo estarán?

—No tengo ni idea. —Sloane sabía que Lilly había pasado más tiempo con ella que con cualquier otra persona. Sabía que se llevaban bien y disfrutaban de la compañía mutua. Sabía que haría todo lo posible para asegurarse de que Lilly tuviera todo lo que pudiera necesitar.

Pero Steve también le ofrecía un buen hogar, uno que incluía a Old Blue. Y Sloane había visto cómo miraba a Charlotte, como si la admirara más que a nadie en el mundo. ¿Y si Charlotte le ofrecía lo mismo?

—Si ellas quieren, ¿te haría feliz? —preguntó ella—. ¿Lo suficientemente feliz como para quedarte conmigo?

—Cariño, nunca podría dejarte. —La voz de Ben se suavizó.

—¿Ni siquiera por Adele y su adorable hijito?

—Déjalo ya —espetó él—. Ya te lo he dicho. No podría dejarte por nadie.

—No quiero sentir que te estás conformando con menos de lo que quieres. —Las lágrimas ardían en los ojos de Sloane.

—Tú eres lo único que quiero —insistió Ben—. Es lo que he decidido desde que te fuiste. Y si además puedo ser padre de Lilly, eso es mejor aún.

Sloane se dejó caer sobre la tapa cerrada del inodoro. ¿Se arrepentiría él de haber asumido ese compromiso? Con el tiempo, ¿desearía algo más? No tenía forma de saberlo, pero se querían lo suficiente como para seguir intentando que su matrimonio funcionara.

—La vas a adorar. Y ella te va a adorar a ti.

—Vaya —repitió él—. Me cuesta asimilarlo. Jamás me lo habría esperado. ¿La… traerías a casa contigo o qué?

—Creo que sí. ¿Por qué no?

—Por mí está bien. Avísame si tengo que preparar la habitación de invitados.

Sloane se imaginó decorando la habitación de Lilly, llevándola al colegio y ayudándola con los deberes. La responsabilidad de criar a una niña, el riesgo de estropearlo todo, le daba un poco de miedo. Siempre le había dado miedo.

Pero el amor que ya sentía por Ben y por Lilly la hacía estar dispuesta a intentarlo.