Capítulo 25
—De haber sabido lo que me estaba perdiendo, habría aprovechado mejor las semanas que llevamos aquí —bromeó Charlotte mientras Julian yacía exhausto en sus brazos—. Esto no le pasa a una chica todos los días.
—Sí, bueno, creo que ya hemos dejado claro que has estado casada con un cabrón egoísta.
Charlotte estaba tan acostumbrada a tolerar a Cliff y su comportamiento, y a intentar ser ella quien compensara la diferencia, que ni siquiera se había dado cuenta de lo mal que se habían puesto las cosas ni de lo pesado que se había vuelto ese papel.
—No quiero hablar de Cliff. —Tampoco quería pensar en él. No podía creer que la hubiera abandonado y le hubiera roto el corazón… Ni que, gracias a Julian, se sintiera mejor que antes de que Cliff le pidiera el divorcio.
Solo podía esperar que, fuera lo que fuera eso, durara…
—No hay problema —respondió él—. Por lo que a mí respecta, no tenemos por qué hablar en absoluto.
—No te vas a librar tan fácilmente —le advirtió ella con ironía—. ¿Qué te pasa?
Él había querido contarle algo mientras hacían el amor, pero ella había tenido demasiado miedo de que, lo que fuera, le hiciera dejar de tocarla, como cuando había interrumpido el beso.
—Nada —respondió él—. Estoy cansado. Solo quiero dormir.
—Bueno. Me voy a mi habitación. —Charlotte empezó a levantarse, pero él la agarró por la muñeca.
—Me refería a dormir contigo.
—Así está mejor. —Rio y miró el reloj de la mesita de noche. Les quedaban unas horas antes de que Sloane y Lilly se levantaran, así que volvió a meterse en la cama.
Julian se acomodó en sus brazos con la cabeza apoyada en su hombro, y ella le acarició el pelo. No había forma de que pudiera dormir. Estaba demasiado sorprendida por sus propias emociones. ¿No debería sentirse rara estando así con el hermano de su mejor amiga?
Probablemente sí. Hasta hacía solo un par de meses, había estado con Cliff. Y, sin embargo, no se sentía rara. Se sentía como si por fin hubiera encontrado el camino a casa.
—¿Te parece bien… lo que hemos hecho? —preguntó ella—. Quiero decir…, hemos cruzado una línea que sé que tú has tenido cuidado de no traspasar. Tú has sido mucho más prudente que yo en eso. Pero… espero que no te arrepientas.
—He disfrutado cada segundo —aseguró él.
—No será fácil explicárselo a Sloane. —Su respiración se calmó. El peso de él resultaba reconfortante.
—No, no lo será.
—¿Es eso lo que ibas a decir antes, cuando yo… te dije que no lo estropearas?
Esa vez, Julian permaneció en silencio durante varios segundos.
—Hablaremos de ello por la mañana —contestó al fin—. Solo… déjame disfrutar de esta noche.
—No hay problema. Pero no quiero que te preocupes. Sé que crees que lo he hecho para desquitarme por lo de Cliff, pero no es así. Esta noche ha significado algo para mí. Tú significas algo para mí.
Al ver que él no respondía, ella siguió acariciándole el pelo. Pensó que se estaba quedando dormido… hasta que unas lágrimas le calentaron la piel.
—¿Jules?
—Mañana —le recordó él.
Charlotte no sabía qué hacer. Él le había pedido esa noche y ella había accedido a concedérsela, pero…
—No soporto que te sientas tan mal.
—Mañana — repitió él, con más firmeza.
—Está bien, esperaré —aceptó ella—. Pero, sea lo que sea, te prometo que todo va a salir bien.
Una hora más tarde, cuando Julian por fin se había quedado dormido, ella salió sigilosamente de la habitación para buscar su propia cama. Pero seguía tan aterrorizada por lo que él fuera a decir cuando por fin se explicara que no pudo dormir.
Nunca había visto llorar a Jules. ¿Qué podía afectarle tan profundamente?
Charlotte estaba nerviosa mientras se vestía por la mañana. Tenía que ponerse a escribir, pero Jules había parecido tan preocupado después de que hicieran el amor…
Alguien llamó a la puerta mientras se cepillaba los dientes.
—¡Adelante! —gritó con el cepillo en la boca.
Lilly entró y se puso a su lado, de modo que pudieran verse las dos en el espejo del baño.
—Quiero llamar a Steve hoy. ¿Te parece bien?
—Claro. —Después de enjuagarse la boca, Charlotte se recogió el pelo en un moño suelto—. Tienes su contacto en tu teléfono.
—Entonces, ¿puedo llamar a Estados Unidos? ¿No cuesta dinero?
—He incluido tu teléfono en mi contrato y he cambiado a un plan internacional mientras estamos aquí.
—¡Qué bien!
El pequeño salto de emoción hizo que los cinco dólares extra al día valieran la pena.
—Seguro que le encantará saber de ti. Deberías enviarle alguna foto de nuestra excursión a la gruta. Pero recuerda que en Cherokee hay siete horas menos, así que espera al menos hasta el mediodía. Se levanta temprano, pero no en plena noche.
—Lo haré. —Lilly asintió, y estaba a punto de marcharse cuando miró a Charlotte un poco más de cerca—. ¿Estás bien?
—Por supuesto. ¿Por qué lo preguntas?
—Pareces cansada.
Y estaba cansada. No había dormido más de dos horas, incluso después de volver a su cama.
Tenía demasiadas cosas en la cabeza, entre ellas los recuerdos de haber hecho el amor con Julian.
Había sido el mejor sexo de su vida y todavía estaba emocionada por ello.
Pero no tenía forma de saber exactamente cómo cambiaría eso su relación.
—Quizá me eche una siesta más tarde.
—¿Vas a escribir ahora?
—Después de comer. —Antes iba a buscar a Julian y a aclarar de una vez por todas sus dudas.
Pero, cuando bajó, él ya se había ido. Solo estaba Sloane, preparando el desayuno.
Charlotte sacó el móvil del bolsillo y le envió un mensaje:
Charlotte: Cobarde.
Julian: No tengas tanta prisa. ¿Qué tal si nos lo pasamos bien mientras estamos aquí? ¿Nos divertimos un poco y afrontamos la realidad cuando volvamos a casa?
—¿A quién le estás escribiendo? —Sloane se giró, seguramente al oír sus pasos.
—A nadie. —Charlotte no quería admitir que le estaba escribiendo a Julian. Normalmente, eso no habría sido un problema. Pero ¿después de lo de la noche anterior? Sentía que tenía que tener cuidado—. Solo estoy leyendo todos los mensajes que me ha enviado Cliff.
— ¿Hay muchos?
—¡Un montón! Se está volviendo loco.
—Eso es un poco preocupante.
—¿Por qué?
—Porque me da miedo que vuelvas con él.
—No voy a volver con él. Ni hablar. —No después de lo de la noche anterior. Cliff nunca la perdonaría, aunque ella le hubiera dejado claro que no estaba interesada en reconciliarse—. Ni siquiera me tienta.
—¡Vaya! —Sloane estaba atónita ante su seguridad— . Has avanzado mucho.
—¿Has visto a Jules esta mañana? —preguntó Charlotte, tratando de no parecer demasiado interesada.
—Sí. Estuvo aquí hasta hace unos minutos.
La villa olía a gardenias, que alguien había puesto en un jarrón, y a mantequilla mientras se acercaba a servirse una taza de café.
—¿Adónde ha ido?
—Ya lo conoces: adonde le lleve su arte. ¿Vas a escribir?
—Sí. —Charlotte lanzó una mirada resentida a su portátil. Tenía que olvidarse de todo lo demás hasta que pudiera entregar esos capítulos de muestra.
—Cuando termines por hoy, iremos a Atrani a ver la Torre dello Ziro.
—¿Atrani?
—Es otro pueblo costero a unos veinte minutos de aquí.
—De acuerdo. ¿Y qué es Torre dello Ziro?
—Una torre de vigilancia. Sé que ya hemos visto unas cuantas, pero esta se encuentra tras las ruinas de las murallas del ducado de Amalfi, que fue una gran potencia comercial en el Mediterráneo durante la Edad Media. Debe de ser pintoresca.
—¿Irá Jules?
—Dijo que sí. Fue él quien lo sugirió.
Ella pensó en su último mensaje: «¿Qué tal si simplemente nos lo pasamos bien mientras estamos aquí? ¿Nos divertimos un poco y afrontamos la realidad cuando volvamos a casa?».
Quizá era lo que él necesitaba. Quizá ella debería dar un paso atrás, relajarse y darle más espacio para que pudiera afrontar lo que fuera que estuviera pasando.
La paciencia nunca había sido su fuerte, pero no quería presionarlo.
Ambos necesitaban tiempo, tiempo para que se produjera el cambio.
No tenía ni idea de lo difícil que Cliff haría que fuera su divorcio.
Ella seguía luchando por salvar su carrera.
Y desde que tenía a Lilly en su vida, necesitaba ser más cautelosa de lo que jamás había sido.
No había nada malo en tomar las cosas con más calma. Sí, estaba ilusionada con Jules. Pero no tenía ni idea de si lo de la noche anterior llevaría a algo. Si ser feliz en ese momento significaba ser feliz para siempre. Apenas estaban al principio.
Tenía que procurar no dejarse llevar por sus expectativas.
—Genial, voy a terminar mis páginas —le anunció a Sloane. Luego se llevó el café hasta su portátil y respondió al último mensaje de Julian:
Tómate todo el tiempo que necesites. Estaré aquí cuando estés listo para hablar.
P.D. Anoche fue increíble… ¿Realmente pasó?
Lilly se clavó las uñas en las palmas de las manos mientras esperaba a que sonara la señal de llamada.
Acababa de enviarle a Steve una foto de la gruta con un mensaje diciendo que había ido allí con Charlotte, Sloane y Julian, así que tenía que saber que era ella.
Pero quizá no contestaría. Quizá no quería que lo molestara la hija de una antigua novia.
Estaba a punto de colgar, cuando él contestó.
—Hola, Lilly. ¿Cómo estás?
—Estoy bien. —La ternura en su voz estuvo a punto de hacerla llorar.
—¿Te lo estás pasando bien con tu hermana y sus amigos? Por la foto que acabas de enviar, eso parece.
—Sí. —Lilly estaba tumbada en la cama, donde había estado leyendo su libro. Agarró una almohada y se la puso sobre la cara para intentar contener la emoción que la invadía por dentro.
—¿Qué has dicho?
—He dicho que sí —repitió ella, quitándose la almohada para que su voz no sonara amortiguada.
—¿Esa foto era de una cueva o algo así?
—La Gruta Esmeralda. Fuimos en barco.
—¿Qué más has estado haciendo?
—Ir de compras. Nadar. Turismo. Sloane me ha estado enseñando a cocinar. Y Charlotte me ha comprado un montón de ropa nueva.
—Qué bien. ¿Sigues haciendo los deberes?
—Ahora mismo no. Charlotte dijo que no me preocupara por eso, que puedo volver a empezar cuando lleguemos a casa. Dijo que ahora mismo tenemos que centrarnos en recuperarnos.