Capítulo 24 #3
Julian tenía los párpados tan pesados que ya no pudo mantenerlos abiertos, ni tampoco era capaz de llevar a los labios las palabras que se arremolinaban en su cabeza.
Charlotte se despertó desorientada. No estaba en su propia habitación. Le llevó un momento, pero en cuanto Julian se movió a su lado, recordó haberlo acostado y lo fuerte que la había abrazado, aparentemente reconfortado por tenerla en sus brazos.
Se dijo a sí misma que debía levantarse y salir en silencio.
Pero sus palabras: «Me casaría contigo» resonaban en sus oídos mientras el recuerdo de ese beso que habían compartido en la playa se reproducía en su mente.
¿Qué estaba pasando? Su vida estaba dando unos giros inesperados, pero no estaba ansiosa por levantarse. Más bien al contrario. Quería tocarlo…
El corazón le latía con fuerza en los oídos mientras se imaginaba acariciándole el pecho desnudo con la mano.
Sabía cómo era ese pecho. Había intentado no fijarse en él cada vez que iban a la playa o se metían en el jacuzzi .
Estaba obsesionada con Julian y con su cuerpo.
Acababa de explicarle a Cliff que no iba a volver con él.
¿Por qué no estaba en su habitación llorando?
¿Cómo podía sentir tanto deseo por otro hombre?
Porque no era un hombre cualquiera. Jules había formado parte de su vida mucho antes de que conociera a Cliff. Y, sin duda, había habido momentos en los que había coqueteado con la idea de tener una relación romántica con él. Solo que nunca habían tenido la oportunidad.
Hasta ese momento. ¿Por qué no aprovecharla?
Su matrimonio había terminado. Y Jules no podía pensar en ella como en una hermana, no si decía que se casaría con ella si pudiera.
Por mucho que hubiera intentado convencerse de lo contrario, había percibido el deseo en su beso…
Él la estaba alejando por alguna razón. Pero tal vez la necesitaba…
Tal vez la única forma de llegar a él a un nivel más profundo era ir quitando las capas.
Sabía que era arriesgado. Si esa noche salía mal, podría perder su amistad. Pero también sabía que la pequeña llama que había comenzado a arder en su interior era como un faro en medio de la tormenta.
Armándose de valor, se inclinó y le apartó el pelo de la frente.
Cuando él abrió los ojos, se deslizó más cerca de él, le tomó el rostro entre las manos y presionó suavemente sus labios contra los de él.
Al principio, Julian se tensó, lo suficiente como para que Charlotte temiera que estuviera a punto de apartarse como la última vez. Pero entonces gimió y se colocó encima de ella mientras profundizaba el beso, y solo dejó de besarla el tiempo justo para quitarle la camiseta.
Ella no llevaba sujetador.
Julian estaba lo suficientemente sobrio como para darse cuenta de que estaba cometiendo un error.
Pero en los últimos tiempos había cometido muchos, así que no le parecía nada alarmante.
Tener a Charlotte en su cama era demasiado tentador como para resistirse, sobre todo porque ella ya se estaba quitando los pantalones del chándal.
—¿Estás segura de esto? —le preguntó justo cuando ella se quitaba las braguitas.
—Basta —respondió ella sin aliento—. No te atrevas a estropearlo como hiciste cuando nos besamos en la playa.
Julian no quería estropearlo. Quería olvidarse de que padecía párkinson, y hacerle el amor con toda la confianza que había tenido en su día. Pero no era justo no decirle que le pasaba algo muy grave…
El problema era que eso sin duda estropearía lo que estaban haciendo, y ella acababa de decirle que no lo estropeara.
Julian empezó a tocarla y a saborearla, a dejarse llevar por lo que deseaba, pero su conciencia volvió a imponerse.
—Espera. Tengo que decirte algo.
—Ahora no —le advirtió ella recelosa, mirándolo con esos preciosos ojos—. Si la fastidias, de verdad que nunca te lo perdonaré.
Su cuerpo desnudo estaba pegado al de él, y él sostenía un pecho en la palma de la mano mientras le mordisqueaba la curva del hombro. Acostarse con ella por fin era una experiencia embriagadora. Eso y su desnudez nublaban su juicio, pero decidió hacerle caso.
—Sí…, a la mierda. Siempre queda mañana.
—Siempre queda mañana —asintió Charlotte y atrajo su boca hacia la suya.
Después de eso, ya no había vuelta atrás. Ella le rodeó el cuello con los brazos mientras él se movía en la cama y bajaba la mano hasta el punto húmedo entre sus piernas.
Mientras Charlotte jadeaba y se arqueaba contra él, Julian supo que tarde o temprano tendría que responder por eso. Probablemente su hermana lo odiaría, tanto como Charlotte, cuando supieran la verdad.
Pero la vida que había tenido, la que quería de verdad, en esencia había terminado de todos modos. Así que dejó de lado el último vestigio de su moderación, y posiblemente de su decencia, y se entregó al deseo que lo impulsaba.
Casi antes de darse cuenta, ya era demasiado tarde para tomar otra decisión diferente. Se había introducido en ella, y Charlotte había entrelazado las piernas alrededor de sus caderas mientras él comenzaba a moverse.