Nos vemos en Italia Capítulo 24 #2
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Capítulo 24 #2

Quería preguntárselo. Pero se había negado a bajar e intentar hablar con él de nuevo, no después de que la hubiera rechazado la última vez.

Ella también había tenido una noche difícil.

Cliff no se lo había tomado bien cuando le había anunciado que no tenía intención de reconciliarse.

Al principio, se lo había tomado con tanta incredulidad que se había echado a reír.

Pero cuando ella le había permitido colgar sin devolverle la llamada, se había empezado a dar cuenta de que hablaba en serio.

Entonces había empezado a llamarla sin cesar y, como ella no contestaba, había recurrido a una serie de mensajes de texto:

De todos modos, nunca te quise… ¡zorra estúpida! ¿Te das cuenta de lo que estás dejando escapar?

¿Por qué te enfadas conmigo? ¡Solo me sentí confundido!

A veces pasa… Mira, lo siento, nena. No hagas caso a mis mensajes anteriores.

Estaba enfadado, eso es todo. Hablemos. ¿Podemos? ¿Por favor? ¿Quieres contestar de una vez la puta llamada?

Y como ella seguía sin ceder:

¿Qué demonios te pasa? ¿Tengo que volar hasta ahí y arrastrarte de vuelta?

Charlotte se estremeció ante la idea de que él pudiera aparecer en Italia. Eso era lo último que necesitaba. Pero, de momento, se sentía a salvo. Los Lakers seguían en los playoffs . Él no podía irse de juerga por el mundo.

Los mensajes de Cliff continuaron:

Pedir el divorcio fue un lapsus momentáneo de juicio. Si no puedes quererme a pesar de algo tan insignificante como eso, es que nunca me quisiste de verdad.

Tras ese último mensaje, ella decidió responder.

Charlotte: Cliff, por favor, déjalo. Respira hondo. Pase lo que pase, siempre seré tu mayor admiradora.

Cliff: ¡Ya tengo suficientes jodidos admiradores!

Charlotte: Cálmate. Tú empezaste esto.

Cliff: ¿Cómo?

Charlotte: ¡Tú me echaste!

Cliff: ¿Así que buscas venganza? ¿Intentas hacérmelo pagar? Acabo de decirte que fue un error de juicio. ¡No pensaba con claridad!

Charlotte: ¡No busco venganza! Es solo que ahora tengo que pensar en Lilly.

Cliff: Lilly no es responsabilidad tuya. Deja de actuar como si fuera la hija que siempre has querido.

Charlotte: Ella me necesita. Esa es la cuestión.

Cliff: Pues apóyala como debe hacerlo una hermana, sea cual sea el hogar al que vaya. No tienes que ser su madre, por el amor de Dios .

Antes había dicho que Lilly podía irse a vivir con ellos.

Eso revelaba que nunca lo había dicho en serio.

Y la forma en que se comportaba le recordaba lo posesivo que siempre había sido con su tiempo, lo poco que le había permitido incluir a sus padres y a sus amigos en su vida.

La había obligado a vivir para él, y ella simplemente ya no estaba dispuesta a seguir haciéndolo.

Lo que él había hecho durante los últimos dos meses había sido como echarle un jarro de agua fría en la cara.

No había sido agradable, pero eso, y su viaje a Italia, donde había podido recordar cómo eran las relaciones más sanas, sin duda la había despertado.

Charlotte: La quiero .

Cliff: ¿Y yo qué?

Ella no había sabido qué responder a eso.

Todavía lo quería, no como antes, pero lo quería, porque él había formado parte de su vida.

Sus acciones en ese momento tenían más que ver con reconocer la verdad.

Se debía a sí misma exigir un trato justo, y el hecho de que él hubiera roto con ella era una especie de regalo, una oportunidad de tomar un camino diferente y que, si lo gestionaba bien en lugar de ceder a lo más fácil, sería mucho más feliz.

Incluso si no lo era, al menos sería capaz de hacer lo correcto por las demás personas de su vida.

Charlotte: No quieres darme lo que necesito.

Cliff: ¡Nunca he sido tacaño contigo!

Eso era cierto. Pero él se refería al dinero, y ella no.

Charlotte: Lo sé, y te lo agradezco. Intenté no aprovecharme de eso .

Como sí hacía la familia de Cliff.

Charlotte: Pero creo que deberíamos tomarnos, como mínimo, un respiro y ver cómo nos sentimos más adelante.

Cliff: ¿Por qué? Yo estoy listo para volver juntos ya.

Charlotte: Necesito algo de tiempo para centrarme en mí misma, en mi carrera y en criar a mi hermana.

Cliff: ¿Así que te la vas a quedar?

Charlotte: Si es lo que ella quiere.

Cliff: ¡Ni siquiera la conoces!

Charlotte: ¿Acaso llegamos a conocer realmente a nadie?

Ese último mensaje había sido una puñalada para él por darle la espalda tan de repente, por romperle el corazón y trastornar su vida.

La verdad era que ella ya no podía confiar en su amor.

Ya no creía en él. Sentía que su matrimonio se había esfumado tan rápido y fácilmente, demasiado rápido y fácilmente, como para haber sido real alguna vez.

Miró el teléfono. Cliff le había enviado muchas otras cosas después de eso.

Pero ella sabía que, si no dejaba de responderle, él seguiría insistiendo eternamente.

No estaba acostumbrado a que le dijeran que no.

No se tomó la molestia de leer el resto de lo que le había enviado.

Julian estaba fuera, intentando limpiar algo, no veía el qué, pero supuso que tenía que ver con el ruido que la había despertado de nuevo, y sintió que la necesitaba, aunque él no dejara de alejarla.

Dejó el teléfono sobre la cama, bajó corriendo las escaleras y encontró a Julian arrodillado bajo el resplandor plateado de la luz de la luna, con un fino hilo de sangre deslizándose por un corte en la mano.

— ¿Qué ha pasado? —preguntó ella, sobresaltada al ver la herida.

Cuando él levantó la vista hacia ella, parecía tan perdido y lleno de desesperación que ella no pudo evitar agarrarlo del hombro.

—Sea lo que sea, estoy aquí para ti.

Julian no estaba seguro de cómo había conseguido Charlotte meterlo en la casa.

Los primeros minutos después de que ella saliera eran una nebulosa.

Sabía que ella le había limpiado y vendado el corte que se había hecho al intentar recoger el cristal: tenía una tirita en la mano y ya no sangraba.

También sabía que ella se había encargado del desastre que había en la terraza.

Recordaba haberla oído entrar y salir mientras insistía en que él descansara en el sofá.

Aparte de esas dos cosas, no podía decir qué había pasado ni durante cuánto tiempo.

Se había quedado dormido mientras ella no estaba, no se había dado cuenta de nada hasta que ella volvió y lo ayudó a levantarse del sofá para llevarlo a su habitación.

—Julian, necesito que me digas qué está pasando —insistió ella, haciéndole sentarse en la cama mientras le quitaba los zapatos y los calcetines—. Algo va mal. Lo noto. Y Sloane también.

—Estoy bien —murmuró él.

—No, no lo estás. —Poniéndose de pie, Charlotte le hizo levantar los brazos para quitarle la camiseta.

—Es que esta noche he bebido un poco de más. Eso es todo.

—Has bebido «de más» casi todas las noches desde que llegamos aquí. ¿Por qué? Beber así… no es propio de ti.

—Son las vacaciones.

—¡No es eso! No estás de fiesta. Te ausentas durante largos periodos de tiempo y bebes solo. Pero, sea lo que sea lo que te pase, te ayudaremos. Espero que lo sepas.

—Sé que lo intentarías —contestó él.

—¿Qué significa eso? —preguntó ella—. ¿Qué pasa?

—Si las cosas fueran diferentes —Julian no pudo evitar tocarle la cara. Siempre había sido tan condenadamente hermosa…— me casaría contigo —anunció—. Cliff no tendría ninguna posibilidad de recuperarte porque te trataría tan jodidamente bien que nunca querrías dejarme.

Cuando ella lo miró boquiabierta, él se echó a reír, y eso le hizo fruncir el ceño.

—Ni siquiera sabes lo que estás diciendo —contestó ella.

—Sí que lo sé —insistió él.

—Acabas de decir que te casarías conmigo.

—Y lo haría.

—Nunca has mostrado ningún interés. —Charlotte le dio un ligero empujón en el hombro—. ¡Me has rechazado cada vez que he… que he cruzado esa línea!

—Porque no puedo tenerte. Pero siempre he sabido que eras especial. El tipo que se quede contigo va a ser muy afortunado. —Pensó en su aún marido e hizo una mueca—. Solo espero que no sea Cliff.

—Ya le he dicho a Cliff que no voy a volver con él, y lo dije en serio.

—¡Bien! No te mereces a Cliff.

—Julian…

Acababa de cerrar los ojos, pero la gravedad en su voz le hizo reunir la energía para abrirlos de nuevo.

—Me estás dando un susto de muerte, ¿lo sabes? —dijo ella —. ¿Qué te pasa? ¿Te estás muriendo?

—No. —Julian soltó una risita. Al menos, todavía no. Preferiría morir antes que vivir lo que temía que podría llegar a ser su vida, pero quizá solo se estaba compadeciendo de sí mismo.

—Entonces, ¿qué pasa? —insistió Charlotte.

—Esta noche no quiero estar solo —respondió él—. Quédate conmigo, al menos hasta que me duerma.

Ella pareció indecisa por un momento. Luego, mientras él se metía bajo las sábanas, cerró la puerta del dormitorio, volvió y se metió en la cama con él.

—Ojalá confiaras en mí —murmuró ella cuando él la encontró, la rodeó con los brazos y la atrajo hacia sí.

—Confío en ti. —«Esto es mejor que nada», pensó él—. Confío demasiado en ti. Ese es el problema.

—¿Cómo puede ser eso un problema? —preguntó ella.