Capítulo 22
Lilly pasó los siguientes días pensando en lo que Sloane le había dicho en el club de playa sobre mudarse con Steve.
Se imaginaba despertándose en su antigua habitación, con las cortinas de volantes que había puesto la madre de Steve, y que eran demasiado infantiles para ella, aunque nunca sería tan desagradecida como para señalarlo, y con Old Blue esperándola en el porche.
Imaginó el olor a tocino flotando por toda la casa y a Steve anunciándole que era hora de desayunar y, una vez que hubiera comido, diciéndole que se diera prisa y se preparara para no llegar tarde al colegio.
Cuando vivía con él, le preparaba el almuerzo y la acompañaba a la parada del autobús todos los días.
En cierto modo, volver a eso le parecería natural.
La vida en la granja sería tranquila, constante, tan regular como las tareas del amanecer. Justo lo que siempre había anhelado.
Pero entonces imaginó no tener a su madre allí con ella.
Aunque eso sería bueno en cierto modo, pues no habría más peleas ni la sensación de que no podía sentirse demasiado cómoda porque no duraría…
¿Encajaría realmente? ¿Pertenecía a la granja como lo hacía Old Blue?
Si no era así, ¿podría llegar a pertenecer a aquel lugar?
¿O resultaría demasiado extraño ser criada por alguien que no era pariente suyo? Un hombre soltero.
¿Podría Steve llegar a quererla como a una hija?
No tenía ninguna relación con los otros novios de su madre.
Steve era el único que realmente había intentado ser un padrastro.
Pero ella no había pasado mucho tiempo con él.
Su madre había empezado a comportarse mal al cabo de solo unos meses.
Y Lilly no quería ser una carga para él solo porque hubiera tenido la amabilidad de acogerla.
Quería que alguien la quisiera.
No, eso no era suficiente, decidió. Quería que la amaran. Eso era lo que siempre había anhelado. Su madre la quería, pero también la había utilizado para recomponer su vida cada vez que esta se desmoronaba.
—Hoy estás muy callada —comentó Sloane.
Lilly respiró hondo, oliendo el asfalto calentado por el sol mientras caminaban hacia la pequeña tienda de comestibles familiar a la que acudían cuando necesitaban comprar algunos ingredientes para la cena.
Sloane había empezado a enseñar a Lilly a cocinar, y a ella le gustaba mucho.
Había preparado muchas comidas cuando su madre vivía…
Había tenido que hacerlo si quería comer, pero no era lo mismo.
En su mayoría eran cosas envasadas, un sándwich o una lata de sopa.
Sloane decía que eso no era cocinar. Le estaba enseñando a hacer sus propias salsas para espaguetis y pasta, a hornear su propio pan y a preparar polenta, tiramisú e incluso un pastel de chocolate con capas de fresa y nata.
Casi siempre cocinaban comida italiana. Sloane decía que quería «sumergirse por completo» en la experiencia italiana mientras estuvieran allí.
Además, era fácil conseguir los ingredientes adecuados, y a Lilly le encantaba ayudarla a elegir el menú.
Esa noche iban a preparar un untable de alcachofas, luego unas gambas a la plancha con ajo y, para terminar, pasta al limón.
Lilly ya se relamía con el toque ácido y la cremosidad de la pasta.
Por suerte, le gustaban los platos con limón, muy comunes en la costa de Amalfi, y a Sloane también le encantaban, por lo que siempre los sugería para las comidas.
—Solo pensaba en la cena —aseguró Lilly, aunque eso no era del todo cierto.
—¿Tanta concentración requiere la cena? —preguntó Sloane con una sonrisa que indicaba que bromeaba.
—Supongo que no —admitió ella, pero no iba a confesar que estaba pensando en Steve o en la granja, de modo que cambió de tema— : Me pregunto si Charlotte terminará su libro a tiempo.
—Quizás no a tiempo, pero debería estar cerca. Parece que de momento va bien.
—¿Qué pasará si a su editora no le gusta?
—Eso no sería bueno.
Subieron un tramo de escaleras y comenzaron otro.
—¿Su carrera se acabaría?
—Quizás retirarían el libro del calendario de publicación para darle tiempo a cambiarlo. No estoy segura.
—Sé que ha estado preocupada.
Sloane esperó a que Lilly la alcanzara. El paso no era lo bastante ancho como para que pudieran caminar una al lado de la otra durante todo el trayecto, no si caminaba alguien en dirección contraria, por lo que Lilly solía quedarse atrás para dejar paso a los demás.
—Escúchame, Lilly. Ya no tienes que preocuparte por los problemas de los adultos, ¿de acuerdo? Como te he dicho antes, Charlotte es inteligente y de fiar. Estará bien.
Le estaba diciendo que Charlotte no era Sabrina, solo que lo hacía con delicadeza.
Y Lilly se lo agradeció. Era muy fácil dejarse llevar por la angustia que la había acompañado durante la mayor parte de su vida.
En cierto modo, la sufría menos desde que Sloane, Julian y Charlotte habían entrado en su vida.
Tenía a tres adultos capaces que la cuidaban, y el mundo parecía mucho más seguro.
Pero su estancia en Italia estaba llegando a su fin. ¿Qué pasaría después? ¿Dejaría de estar a salvo? No tenía ninguna garantía real, y eso hacía que cada día se sintiera como si estuviera dando un paso más hacia un final terrible.
—¿Crees que volverá con Cliff? —Lilly se colgó cruzado el bonito bolso estilo hobo que Charlotte le había comprado la noche anterior.
— Dios, espero que no.
Lilly sabía que Charlotte no respondía a sus mensajes.
Le había oído decirlo. Pero también sabía que él había estado esforzándose cada vez más por recuperarla.
Se había puesto en contacto con Sloane, a pesar de que había dicho que nunca se habían llevado bien.
Ella decía que Cliff era demasiado posesivo con Charlotte, que había intentado separarla de todas las demás personas de su vida que la querían, y eso hizo que Lilly se preguntara qué pasaría si Charlotte volvía con él.
No quería perder el contacto con su hermana.
Empezaba a caerle muy bien. Y era su única familia.
Cliff tenía suficiente gente, posesiones y atención.
No necesitaba también a Charlotte. ¿O sí?
—Pero ¿qué posibilidades hay? —Ella necesitaba tener algo seguro, para variar.
La respuesta de Sloane demostró, una vez más, que nada era seguro en la vida.
—Para ser sincera, ni siquiera podría ponerle una cifra —contestó—. Alegrémonos de que esté centrada en estar aquí con nosotros y en terminar su libro. Eso le dará algo de tiempo lejos de él, tiempo para darse cuenta de que está mejor sin él —añadió enfáticamente Sloane.
—¿Estás diciendo que la verdadera prueba llegará cuando regresemos a casa?
—Esa es la conclusión, supongo. —Sloane le dirigió una mirada triste y siguió caminando.
Lilly había averiguado en Internet todo lo que había podido sobre Cliff.
Era tan famoso que había mucho que leer.
Había montones de fotos que mostraban lo guapo que era.
Y, por sus entrevistas, parecía un tipo divertido.
Sin duda era bueno jugando al baloncesto.
Pero a Sloane no le gustaba. Tampoco a los padres de Charlotte, por lo que Lilly había podido deducir.
Había hablado con ellos varias veces por teléfono.
Empezaban a llamar con regularidad y pedían hablar con ella después de hablar con Charlotte.
La madre de Charlotte parecía el tipo de abuela que horneaba galletas y se esforzaba al máximo en Navidad, nada que ver con la persona cansada y frustrada que había sido su verdadera abuela.
El padre de Charlotte parecía paciente y amable, y algo indulgente con las mujeres de su vida.
A Lilly le gustaba cómo se reía cada vez que Charlotte y Penny se dejaban llevar por una idea.
— ¿Qué harían los padres de Charlotte si ella volviera con él? —preguntó Lilly—. ¿Lo impedirían?
—Probablemente no dirían nada. Es decisión de Charlotte, ¿no?
—Supongo. —Desanimada, Lilly se detuvo brevemente para pasar el dedo por el azulejo azul con forma de pulpo incrustado en la pared.
Nadie había podido decirle nunca a Sabrina lo que tenía que hacer.
Esa era una de las razones por las que nunca se había llevado bien con sus propios padres—.
¿Y Julian? —Sloane y ella pasaban tanto tiempo juntas últimamente que hablaban todo el tiempo, pero esa conversación era un poco más profunda que las demás, lo que hacía que Lilly se sintiera como si estuviera pisando terreno peligroso.
—¿Qué pasa con él? —preguntó Sloane, deteniéndose para esperarla.
— Sería el que más se disgustaría si ella volviera con Cliff.
—¿Por qué? —Sloane retrocedió unos pasos—. ¿Porque Cliff no trata a Charlotte como debería?
—Lo digo porque… porque a Julian le gusta Charlotte, ¿no?
—No en ese sentido —afirmó Sloane—. Los tres crecimos juntos. No es nada romántico.
Lilly no dijo nada cuando volvieron a ponerse en marcha, pero esa no era la impresión que ella había tenido. La forma en que Julian miraba a Charlotte, especialmente cuando ella no prestaba atención, era más bien como si le importara de una manera romántica.
Y a Sloane no le gustaba Cliff, pero Julian llevaba eso a otro nivel. No solo era protector con Charlotte, sino que estaba celoso de Cliff.
¿O se equivocaba? Se había pasado toda la vida tratando de descifrar a los distintos hombres con los que había estado su madre.
Había tenido que hacerlo, para hacerse una idea de lo que le esperaba.
Siempre sabía cuándo el último novio de su madre estaba enfadado, frustrado, feliz o incluso cuándo había perdido el interés.
Pero quizá Julian fuera diferente…
—¿Sabes si Ben conseguirá días libres para venir? —preguntó, cambiando de tema. También había hablado con Ben y le había caído muy bien. Era parecido a Julian, solo que no tan divertido.