Nos vemos en Italia Capítulo 22 #2
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Capítulo 22 #2

— La farmacia está muy ocupada en esta época del año y no tiene días de vacaciones. Solo nos quedan diez días, así que, de todos modos, no hay tiempo para organizarlo.

—Qué fastidio.

—Sí. Le gustaría mucho conocerte.

—A mí también me gustaría conocerlo.

—Quizás puedas venirte a casa cuando volvamos —propuso Sloane al llegar a la calle donde estaba la tienda.

—¿Te refieres a si no estoy en Cherokee?

—Hace un rato no parecías muy convencida de querer vivir con Steve. ¿Has cambiado de opinión?

No, porque ir a la granja significaría dejar a Charlotte, y eso no sería una decisión fácil, suponiendo que pudiera decidir ella. Quizás Charlotte no querría quedarse con ella, aunque no volviera con Cliff.

—Aún no sé lo que quiero hacer.

El sonido de la puerta alertó a Sloane de que Charlotte acababa de salir de la casa.

Sabía que no era Lilly, no a esas horas.

Lilly se había ido a la cama con su libro electrónico hacía más de una hora.

Estaba tan absorta en el segundo libro de la serie de Sarah J.

Maas que solo un terremoto o un incendio la haría salir de su habitación después de que hubieran terminado la cena y tuviera la oportunidad de leer.

Y Julian no había regresado después de estar fuera todo el día.

Sloane había estado esperando a que entrara por la puerta.

Después de lo que acababa de ver, necesitaba hablar con él.

—Ahí estás —saludó Charlotte.

Afortunadamente, ese comentario no requería respuesta, así que Sloane se tomó un momento para recomponerse.

Había esperado tener algo de privacidad hasta que su hermano llegara a casa, y pensó que podría encontrarla en la terraza.

Había oído a Charlotte hablando por teléfono con Cliff antes y había supuesto que no volvería a salir, aunque solo fuera para evitar lo que Sloane tuviera que decir sobre la parte de la conversación que había escuchado, en la que parecía que Charlotte se estaba debilitando y que, finalmente, podría ceder a sus súplicas.

Sloane se subió la manta hasta los hombros y la utilizó para cubrirse parcialmente la cara.

—Creía que te habías acostado cuando lo hizo Lilly —comentó Charlotte.

Sloane mantuvo la mirada fija en las luces que salpicaban la oscuridad sobre Amalfi para que Charlotte no viera las lágrimas en sus ojos.

La foto que le había enviado la compañera de trabajo de Ben la había dejado sin fuerzas.

Sentía que no podía respirar, y mucho menos explicar lo que estaba ocurriendo, ni siquiera a su mejor amiga, sobre todo porque intuía que todo el mundo pensaría que se merecía exactamente lo que le estaba pasando.

Al fin y al cabo, ella era la que no estaba segura de si quería seguir con su matrimonio.

—No.

—¿Dónde está Jules?

El mar rompía con suavidad más abajo, el aire olía ligeramente a cítricos y piedra mientras una brisa fresca le agitaba el pelo.

—Él… eh… no lo sé —logró responder.

—¿Lo estás esperando? —Charlotte sacó una silla y se sentó a la derecha de Sloane.

Sloane se estaba desmoronando. No podría seguir fingiendo mucho más tiempo.

Al no responder de inmediato, Charlotte se inclinó hacia delante, tratando de captar su mirada.

—Parece que últimamente no está nunca.

—Ha estado… —Sloane respiró hondo y tragó saliva— pasando mucho tiempo en Sorrento.

—¿En Sorrento? ¿Sin nosotras?

—Dijo que hay mucho que fotografiar, así que…

—Lo entiendo —asintió Charlotte—. Pero ya es de noche. Hace mucho que ha anochecido. Creo que ya debería estar en casa.

Sloane no dijo nada. Le costaba demasiado hablar.

—¿Sloane? ¿Me has oído? He dicho que parece que ya debería estar en casa.

—¿Qué quieres que te diga? —espetó, demasiado alterada como para contenerse—. ¡Pues no lo está!

—¿Qué pasa? —preguntó Charlotte, agarrándola del brazo para que se girara y la mirara a los ojos.

La preocupación en la voz de su amiga rompió lo que quedaba de la barrera que contenía las emociones de Sloane. Ya no podía hablar, y las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro.

—¿Qué ha pasado? —volvió a preguntar Charlotte, claramente alarmada.

Sloane pensó que ya no tenía sentido ocultárselo, y le mostró el teléfono mientras cerraba los ojos con fuerza y se los cubría con las manos.

—¿Qué es esto? —preguntó Charlotte.

—¿No lo ves? —dijo Sloane con voz entrecortada, bajando las manos—. ¡Es Ben!

—Sé que es Ben, pero no parece que esté haciendo nada malo. Lleva a un niño a hombros, pero no está con ninguna mujer. Solo está… en un aparcamiento.

—No es un niño cualquiera, Char. Es Colt, el hijo de la mujer que contrató su farmacia justo después de que yo me fuera. Se llama Adele algo. No se la ve en la foto porque está agachada metiendo la compra en el coche.

—No estarás diciendo… No creerás que Ben tiene una aventura. Lo más probable es que solo conozca a esa mujer desde que ella empezó a trabajar allí.

—No creo que tenga una aventura. Todavía no.

—Pero…

—Pero las cosas podrían ir fácilmente en esa dirección. Ella está divorciada y su marido no es un buen padre. Estoy segura de que a Ben le encantaría intervenir. Ni siquiera tendría que esperar a que ella se quedara embarazada.

—¿Cómo sabes que está divorciada y que el niño no tiene un padre implicado?

—Ben me lo contó.

—Espera… —Charlotte señaló el teléfono—. ¿Dónde es eso?

—Justo al lado de la farmacia. Hay un gran supermercado.

—Probablemente salió del trabajo, la vio guardando la compra y estuvo entreteniendo a su hijo mientras ella terminaba. ¿No es su coche el que está aparcado justo al lado del de ella?

—Sí, pero…

—Sloane, según lo que me acabas de contar, él ha sido sincero contigo sobre la nueva empleada, que tiene un niño pequeño al que está tratando de ayudar. ¿Cómo cambia eso las cosas?

—¿No lo ves? ¿Qué feliz es? Quiere tener hijos, Char. Sandra, su compañera de trabajo que me envió esta foto, dijo que Adele y él se están acercando. ¡Por eso se puso en contacto conmigo! Está preocupada. Debe de tener motivos para estarlo.

—Podría estar equivocada…

—Le estoy reteniendo. Si no acepto tener hijos, me dejará. Si no es ahora, será más adelante. —Sloane señaló la foto que Sandra había tomado de Ben—. Podría ser por ella.

—¡Sloane, no! —Charlotte suspiró audiblemente—. Ben te quiere. Siempre te ha sido fiel. ¿Por qué vas a dudar de él ahora?

—¡Porque noto cómo nos estamos distanciando! Estamos cambiando, tenemos intereses diferentes. No creo que yo sea la mujer adecuada para la persona en la que se está convirtiendo él.

—¿Habéis hablado de esto?

—No lo suficiente. No queremos reconocerlo. Pero tenemos que hacerlo. Queremos cosas diferentes.

—¿Estás lista para dejar atrás tu matrimonio?

—No lo sé. —Sloane se hundió en su asiento y terminó el último sorbo de vino de la copa que se había llevado fuera—. Estaría renunciando a un hombre maravilloso.

—Así es.

—¿Crees que cometería un error?

—No sabría decirlo. —Charlotte pareció elegir cuidadosamente sus palabras—.

A veces dos personas no son adecuadas la una para la otra, aunque ambas sean buenas personas.

De hecho, eso es sobre lo que versa mi nuevo libro, y ese podría ser el caso aquí.

Pero siempre has estado muy enamorada. Es difícil optar por el divorcio cuando no te separas por… por algo que fuerce la decisión.

—¡Solo queremos vidas diferentes! —insistió Sloane.

—¿Estás segura de que no quieres tener hijos?

—No —admitió ella—. Pero tampoco quiero sentirme obligada a tenerlos.

—Lo entiendo. Yo quería tener hijos, pero Cliff no estaba preparado…

—¡Puaj! —la interrumpió Sloane, limpiándose la nariz con el dorso de la mano—. No me compares con Cliff.

—Sé que no te cae bien, pero…

—¿Vas a volver con él? Porque su opinión sobre los hijos no es el problema.

No quiere que tengas amigos ni familia en tu vida.

Ese bastardo egoísta te quiere solo para él, para que dediques todo tu tiempo, esfuerzo y energía exclusivamente a él.

Y dentro de unos años, probablemente te dejará por una mujer mucho más joven.

—¡Oye! —exclamó Charlotte.

Sloane sabía que estaba yendo demasiado lejos, pero no podía evitarlo. Estaba dolida y enfadada, y sentir que solo ella tenía la culpa lo empeoraba todo. ¿Por qué no podía desear tener hijos como tantas otras mujeres?