Capítulo 20 #3
—Siempre había demasiados obstáculos: las personas con las que ya estábamos comprometidos, el miedo a arruinar nuestra amistad, el coste que tendría para mi relación con Sloane si arruinábamos nuestra amistad.
Pero yo también siento que fue una oportunidad perdida.
Quizás seguiríamos juntos —murmuró ella—.
Quizás incluso tendríamos hijos a estas alturas.
—Yo, desde luego, no habría sido tan estúpido como para dejarte marchar —aseguró él.
A pesar del alcohol, la afirmación sonó muy seria, pero en lugar de alejarse de él, ella le tomó la cara entre las manos.
—Yo tampoco habría sido tan estúpida como para dejarte marchar —repitió Charlotte y, poniéndose de puntillas, lo besó en los labios.
Había sido una acción impulsiva, alimentada por el alcohol y probablemente por la desesperación de escapar de lo que estaba viviendo.
En cierto modo, Julian lo entendió. Pero también había algo mucho más profundo.
Se conocían desde hacía años. Dios sabía que él había coqueteado con la idea de «¿y si…
?» en numerosas ocasiones. Así que, una vez que los labios de Charlotte tocaron los suyos, no se atrevió a apartarla.
Se dijo a sí mismo que podía permitirse eso, nada más, solo eso.
Cuando la abrazó con fuerza, como había querido hacer durante la última semana o más, le sorprendió que ella no recobrara inmediatamente la cordura y se apartara.
Desde que eran niños, habían sido muy cautelosos, muy cuidadosos, de no cruzar esa línea.
Alejarse de la amistad que siempre habían tenido era arriesgado, incluso en ese momento.
Y, sin embargo, ella no solo lo abrazó, también gimió cuando sus lenguas se encontraron.
La respuesta tan entusiasta casi le hizo caer de rodillas.
Julian había contado con disfrutar besando a Charlotte si alguna vez tenía la oportunidad, pero nunca había imaginado que el placer sería tan abrumador.
Estaba tan desesperado desde su diagnóstico que las hormonas que lo invadían en ese momento crearon un efecto catapulta, llevándolo más alto que nunca.
—Dios, me encanta cómo besas —murmuró ella, con los labios aún pegados a los de él—. Debería haber sabido que serías bueno en esto. Eres bueno en todo.
Excepto en el autocontrol, por lo que parecía.
En algún lugar recóndito de su mente, sabía que le estaba haciendo un flaco favor.
Charlotte no sabía que había algo terriblemente malo en él, no sabía que al final acabaría sintiéndose decepcionada y traicionada.
No quería sorprenderla con las terribles noticias que había estado ocultando, aún no estaba preparado para afrontarlas él mismo.
Se había prometido que no tendría que lidiar con ello allí.
Italia era su última oportunidad de normalidad antes de tener que enfrentarse a que todos se enteraran y lidiar con la lástima que eso inspiraría.
Así que, tras varios besos aún más apasionados, cuando sintió las manos de Charlotte deslizarse por su camisa, y se sintió tentado de poner las suyas sobre las de ella, reunió fuerzas para apartarse.
—¿Qué pasa? —preguntó ella, con la respiración agitada, al igual que él—. ¿Qué ocurre?
—No podemos hacerlo, Char. Solo nos traerá problemas.
—¿En qué sentido? —Ella frunció el ceño. Como él no respondió de inmediato, continuó— : Si te preocupa Cliff, no me importa lo que piense. Me duele más mi propio fracaso, después de haber dado lo mejor de mí en mi matrimonio, que haberlo perdido.
—Pero más vale malo conocido que bueno por conocer. ¿Por eso te sientes tentada de volver con él?
—La pérdida es complicada, Jules. A veces te hace dudar de ti misma. Pero sé que nunca podría volver a confiar realmente en su amor, así que sería infeliz, lo que significa que nunca funcionaría, aunque intentara forzarlo.
—Aun así. Es algo nuevo. No sería prudente involucrarse con otra persona tan pronto.
—Entiendo por qué dices eso —admitió ella—. Y quizá tengas razón. En cualquier caso, no quiero volver a meter la pata, y desde luego no quiero hacer nada que pueda arruinar nuestra amistad. Significas demasiado para mí.
—Yo siento lo mismo. —Julian apoyó la frente contra la de ella, deseando poder dejarse llevar por la chispa que sentían, avivarla hasta convertirla en algo ardiente, intenso y apasionado, y luego cuidar de ella como debía hacerlo una pareja.
Sobre todo, si eso significaba mantenerla alejada de Cliff, quien, estaba convencido, solo volvería a hacerle daño.
Lo habría intentado, si hubiera podido. Pero no podía permitirse ser tan egoísta. Si realmente ella le importaba, la protegería de estar atada a alguien a quien tendría que cuidar cuando su salud comenzara a deteriorarse.
—Ojalá las cosas fueran diferentes.
— ¿Por qué hablas como si fuera demasiado tarde? —preguntó Charlotte—. ¿Por qué actúas como si nunca pudiera suceder?
—No estás en la situación propicia. —Era una excusa, y él lo sabía. Era él quien no estaba en la situación propicia, pero tenía que decir algo y no estaba preparado para contarle la verdad. Sloane y ella ya tenían bastante con lo suyo. ¿Cómo iba a arruinar su viaje a Italia?
—Quizás más adelante… —Ella parecía indecisa, insegura.
—Quizás. Démosle un poco de tiempo. —Julian sintió una dolorosa opresión en el pecho porque sabía que ese tiempo jugaba en su contra.