Capítulo 20
La imagen de Sabrina que se había formado en la mente de Charlotte hacía que Penny pareciera la mejor madre del planeta, tanto que Charlotte la llamó antes de acostarse.
También les envió a ella y a Don fotos de la villa, Praiano y Lilly, algo que ya debería haber hecho si no estuviera tan indecisa sobre los últimos acontecimientos en su vida y el papel de sus padres en ellos.
Charlotte percibió lo aliviados que estaban ambos por haber sido perdonados y se sintió culpable por haber estado enfadada con ellos.
Habían tenido que tomar una decisión difícil y creían haber tomado la correcta.
Y, teniendo en cuenta lo que estaba descubriendo sobre Sabrina, probablemente fuera la decisión correcta.
No mucha gente tenía el tipo de padres que había tenido ella, biológicos o no, y estaba decidida a mostrarles mucha más gratitud.
Al menos parecía estar superando ese aspecto del desastre en que se había convertido su vida. Cualquier cosa era una mejora.
Acababa de dejar el teléfono en la mesita de noche y se había acurrucado para dormir cuando empezó a sonar. Suponiendo que era su madre llamando para decirle algo que se le había olvidado, miró la pantalla. Pero no era Penny, era Cliff.
Había estado ignorando sus mensajes. No sabía cómo responderle. ¿Por qué no estaba él divirtiéndose como tanto había deseado cuando destruyó su matrimonio?
Dejó que saltara el buzón de voz. Luego se incorporó y, apoyándose en el cabecero de la cama, lo buscó en Internet.
No se había permitido buscar lo que se había publicado sobre él últimamente, no desde que encontró aquella foto suya con Marija Vidmar.
Sabía que tampoco debía hacerlo en ese momento, pero la tentación era demasiado grande.
Encontró fotos y vídeos de él en su último partido y la serie de entrevistas que le siguieron, pero cuando no descubrió nada más sobre Marija ni ninguna otra mujer, una oleada de alivio la invadió con tanta fuerza que le resultó imposible ignorarlo de nuevo cuando volvió a llamar.
Una parte de ella seguía insistiendo en que todo aquello no era más que un terrible error, una pesadilla que acabaría desapareciendo y todo volvería a estar bien.
Al principio habían disfrutado mucho juntos.
Preparándose para el sonido de su voz y los recuerdos que le evocaría, descolgó.
—¡Por fin! —exclamó él—. ¿Qué demonios tengo que hacer para que me respondas?
Ella no le debía nada. Ya no. Pero no quería empezar una pelea. Esa noche, después de hablar con sus padres, solo quería limar asperezas y recuperar su antiguo equilibrio. ¿Podría ocurrir lo mismo con Cliff? ¿Podrían reconciliarse y olvidar que él le había pedido el divorcio?
En ese momento no le parecía demasiado descabellado, si se olvidaba de los últimos meses y se centraba solo en el compromiso que había sentido cuando estaban juntos.
—He estado… —destrozada, herida, sumida en la confusión— ocupada.
—¿Con qué?
¿Había prestado atención a lo que estaba pasando en su vida?
—Empezando mi nuevo libro. Averiguando cosas sobre mi madre biológica. Conociendo a Lilly.
—¿Cómo es ella?
—Como un cervatillo que de repente se encuentra solo y no sabe adónde acudir. —Pensar en su media hermana le provocó una cálida sensación que brotó desde lo más profundo de su ser—. Siempre está observando lo que sucede a su alrededor, manteniéndose al margen, por si necesita salir corriendo.
—Tú y tus analogías —contestó él, claramente poniendo los ojos en blanco.
Charlotte había intentado transmitir algo que era importante para ella: la inseguridad que sentía Lilly y lo hermosa e inocente que era. Pero él estaba irritado por la forma en que ella había decidido expresarlo. O no le importaba lo suficiente como para entenderlo.
—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Charlotte.
—Es solo tu forma de hablar. Eres la única persona que conozco que habla así.
—Lo siento. —Ella se sintió dolida.
Él no se disculpó, lo cual era irónico, ya que, en su opinión, era él quien debería haberlo hecho.
—Llegamos a la final. ¿Lo viste?
No hasta que había buscado su nombre en Google unos segundos antes.
—Sí. Enhorabuena. Debes de estar entusiasmado.
—Lo estoy. Anoté veintiocho puntos y le di la vuelta al partido. De otra forma, no lo habríamos conseguido.
—¿Y los demás? —preguntó ella para enfatizar que él era parte de un equipo, pero Cliff no pareció darse cuenta de que estaba señalando lo que él siempre hacía: centrar todo en sí mismo.
—Ayudaron.
Era una afirmación despectiva, como si quisiera decir que solo habían contribuido en pequeña medida.
—Eso es maravilloso.
—Ojalá hubieras estado aquí para verlo.
—Me alegro de que tengas éxito y disfrutes de tu carrera. Para eso dijiste que querías el divorcio, ¿no? Para poder divertirte durante tu etapa como jugador de baloncesto.
—Para ya —espetó él—. No lo dije como tú lo interpretas.
¿Cómo iba a interpretarlo si no, sobre todo después de que él apareciera en Las Vegas con una guapa modelo?
—¿Sigues saliendo con Marija?
—No. No tiene sentido del humor, ni personalidad alguna.
—No sabía que fuera su personalidad lo que buscabas.
—Vamos, Char. Sé que estás enfadada. Pero todo el mundo tiene dudas de vez en cuando. Lo importante es… que te echo de menos y siento lo que hice.
—¿Estás diciendo que quieres que volvamos?
—Sí. La vida no es lo mismo sin ti. Quiero ver si podemos hacer que nuestro matrimonio funcione.
Eso era exactamente lo que ella había deseado oír.
Y, sin embargo…, no mejoró nada. Tenía la impresión de que él estaba perdido, no sabía lo que quería y estaba dando palos de ciego.
Volver a confiar en él sería como cruzar un puente que ya se había derrumbado y la había dejado caer una vez.
¿De verdad quería correr ese riesgo por segunda vez?
—¿Char? —insistió él cuando ella no respondió.
—¿Dejarías que Lilly viniera a vivir con nosotros? —preguntó ella, solo para ver hasta dónde estaba dispuesto a llegar para recuperarla.
—¿Quieres traer a tu hermana… aquí?
No parecía nada entusiasmado con la idea. Pero ella ya sabía que no lo estaría. Cliff quería tener hijos propios algún día, pero había dejado claro que aún no estaba preparado. Entonces, ¿por qué iba a aceptar convertirse en el tutor de uno?
—No tiene ningún otro sitio a donde ir —explicó Charlotte, lo cual, por supuesto, él ya debía saber.
Él dudó. Luego, sintiendo la trampa que ella le había tendido, contestó:
—Claro, ¿por qué no? Este lugar es lo suficientemente grande para un ejército.
Dadas las circunstancias, era la única forma de evitar parecer un mal tipo.
El problema era que ella no creía que él fuera a cumplir su palabra, no una vez que ella volviera.
En cuanto surgiera cualquier inconveniente causado por la presencia de Lilly, por ejemplo, que Charlotte tuviera que asistir a algún acto en el colegio cuando él quería que estuviera en su partido o lo que fuera, empezaría a presionarla para que cambiara de planes.
Y eso si no cambiaba de opinión sobre ella y su matrimonio otra vez y la echaba de casa.
— Gracias —contestó sin sentirlo realmente, aunque él no pareció darse cuenta.
—No hay problema. Entonces…, ¿significa eso que volverás a casa más pronto que tarde? Quiero decir, mientras ella pueda venir aquí, no hay razón para quedarse en Italia, ¿no?
—Ya he pagado la villa.
—¿Y? ¡Te estás perdiendo los playoffs !
—Tengo que escribir un libro, Cliff.
—¿Y cuánto vas a ganar con ese libro?
Nada comparado con lo que ganaba él. Esa era su opinión. Pero era dinero que ella necesitaría si no conseguían que su matrimonio funcionara.
—Es mi carrera.
—Y lo entiendo. ¡Pero son los playoffs , por el amor de Dios! Dile a tu editora que lo escribirás cuando puedas. Lo entenderán.
—Lo pensaré. —El hecho de que él pudiera imponer su autoridad no significaba que ella pudiera hacerlo también. Se cubrió los ojos con una mano—. Será mejor que me vaya. Aquí es tarde y tengo que levantarme temprano para escribir.
—De acuerdo, pero sintoniza el partido de mañana. Va a ser bueno. Quizás puedas llegar a casa antes del siguiente.
—Lo pensaré —repitió ella y le deseó buenas noches antes de colgar.
Contempló el teléfono durante varios segundos, mientras se le formaba un nudo en la garganta.
Y se dio cuenta de que había perdido más que su matrimonio.
Había perdido la fe en el hombre al que amaba.
Él había demostrado ser muy diferente de lo que ella había pensado.
Pero en su corazón sabía que había estado haciendo la vista gorda ante sus rasgos menos favorables durante mucho tiempo.
Demasiado alterada para dormir, le envió un mensaje de texto a Jules: ¿Estás despierto?
Para su sorpresa, obtuvo una respuesta casi inmediata.
Julian: Estoy sentado en la terraza, editando algunas fotos. ¿Pasa algo?
Charlotte: ¿Dónde está Sloane?
Julian: Dormida .
Lilly también, lo que significaba que podían escaparse un rato a solas.
Charlotte: ¿Quieres dar un paseo conmigo?
Julian: ¿Adónde?
Charlotte: A ese restaurante, Kasai, si todavía está abierto. Me gustaría tomar una copa de vino y un poco de tiramisú.
Julian: Me has conquistado con lo de Kasai.
Charlotte sonrió. ¿Qué habría hecho esas últimas semanas sin Jules? Y le contestó: Gracias .
—Lilly está empezando a sentirse más cómoda con nosotros, ¿te has dado cuenta? —preguntó Jules mientras observaba a Charlotte hundir la cuchara en el tiramisú que servían en Kasai. Allí el tiramisú era dulce y cremoso, con un ligero toque a café y licor.
—¿Te refieres a algo en concreto?
Estaban sentados en la calle en una de las cinco mesas, todas ocupadas a pesar de lo tarde que era.
—Hoy me ha agarrado del brazo mientras paseábamos por la playa —le contó él—. ¿Te lo puedes creer?
—Es un paso muy valiente. —Charlotte tomó otro bocado de su tiramisú—. Pero tú has sido su favorito desde el principio.
— No estoy seguro de eso. Incluso si fuera cierto, estamos hablando de Lilly, la chica que apenas podía mirarnos a los ojos cuando la conocimos hace poco.