Capítulo 19 #3
Mientras caminaba junto a la orilla en Positano con Julian, que había sugerido que siguieran fuera de casa un poco más para darle a Charlotte más tiempo para trabajar, Lilly vio a un hombre levantar a su pequeña hija para llevarla sobre los hombros y quedó hipnotizada por la imagen.
Siempre había querido experimentar algo así.
Por eso había llamado «papá» a tantos hombres.
Sabrina la había animado a hacerlo, por supuesto.
Impulsaba ese tipo de conexión demasiado pronto.
Pero Lilly lo había hecho con la esperanza de que eso los convirtiera en una verdadera familia, lo que en ese momento la hacía sentirse una tonta desesperada.
En algún momento, ese tipo de cosas se habían convertido en una broma.
A excepción de Steve, quizá, cada nuevo «papá» estaba mucho más interesado en Sabrina que en ella.
Lilly era simplemente una molestia que tenían que aguantar si querían tener una relación con Sabrina.
Mientras se agachaba para recoger una caracola rota, recordó la pelea que había oído la noche antes de que se marcharan de la granja.
Steve había pillado a Sabrina engañándolo con alguien que había conocido en una aplicación de citas y le había dicho que había terminado con ella.
Al principio, Sabrina había intentado convencerle de que no estaba realmente interesada en ese otro hombre.
Luego le prometió que nunca volvería a ponerse en contacto con él.
Pero a Steve ya no parecían importarle los cambios que ella hiciera.
Insistió en que se mudara de inmediato, pero Lilly también recordaba haberle oído decir que ella podría quedarse.
Su madre ni siquiera había hablado con ella sobre esa posibilidad.
Lilly era la única persona que Sabrina sabía que estaría siempre ahí, la única persona que no podía enfadarse y marcharse, pasara lo que pasara.
Pero ¿qué habría pasado si su madre la hubiera dejado en la granja? ¿Habrían sido ambas más felices?
Teniendo en cuenta lo que había sucedido desde entonces, Lilly estaba convencida de que, para ella, sí habría sido lo mejor. Si Sabrina hubiera muerto estando Lilly en la granja, probablemente habría seguido viviendo allí. Con Old Blue. Sin cambios.
Pensar en el querido perro de Steve siempre la afectaba mucho.
Pero incluso si su madre lo hubiera permitido, no habría podido vivir con un hombre que no fuera pariente suyo mientras Sabrina seguía adelante sin ella, especialmente después de lo que había pasado con Walter.
Walter siempre estaba presente en su mente, haciéndola desconfiar de todos los «padres» que habían llegado después.
¿Qué le iba a pasar? Por muy simpática que pareciera su hermana, Lilly no sabía si realmente podía confiar en Charlotte.
Con el matrimonio de Charlotte en crisis, en ese momento no había ningún hombre en su vida.
Cuando lo hubiera, sería más probable que rompiera sus promesas, sin olvidar la posibilidad de que su marido, jugador profesional de baloncesto y rico como el demonio, como Lilly había oído decir a su madre, volviera con ella.
¿Cómo podría alguien decirle que no a un jugador de baloncesto profesional?
¿A alguien que no solo era rico, sino también famoso, guapo y atlético?
Si Sabrina estuviera en el lugar de Charlotte, volvería con él, y Lilly lo sabía.
Sabrina nunca había sido capaz de pasar la prueba de los chicos, y nunca se había sentido tentada por nadie tan deseable como un deportista profesional.
—¿Por qué crees que el marido de Charlotte ha roto con ella? —le preguntó Lilly a Jules.
Él estaba demasiado ocupado observando una gaviota que se acercaba con aire confiado hacia ellos como para responder y, de repente, la agarró del brazo para que se detuviera.
—¿Pasa algo? —preguntó ella, sorprendida.
—No me gustan los pájaros —contestó él.
—¿Les tienes miedo? —Ella se rio al ver la expresión de su rostro.
—No he dicho eso. He dicho que no me gustan.
Les tenía miedo. Lilly lo notaba.
—No te preocupes. —Agitando los brazos, ahuyentó al pájaro antes de volver junto a Julian—. Yo te protegeré —concluyó con una sonrisa burlona.
—Podría haberlo hecho yo. —Él arqueó una ceja con desaprobación—. Solo estaba esperando a ver si era necesario.
Julian ni siquiera intentó hacerle creer esa mentira. Él también se rio, y eso hizo que ella lo apreciara aún más. Se dio cuenta de que no era tan diferente de Steve: tan auténtico que podía reírse de sí mismo por tener miedo de algo tan inofensivo como un pájaro.
—Eres gracioso, ¿lo sabías?
—Para que lo sepas —Julian flexionó los músculos —, también soy fuerte y masculino, y perfectamente capaz de protegerte de todo… Excepto de los pájaros.
Esa vez, cuando ella se rio, le pareció perfectamente natural deslizar su brazo por el de él mientras seguían caminando, algo muy poco habitual en ella. No podía creer que se sintiera tan cómoda con él. Jules era como un hermano mayor para ella.
—¿Vas a responder a mi pregunta sobre Cliff y Charlotte?
—Mírate, cada vez más segura y valiente. —Él bajó la mirada hacia su brazo.
Lilly se sintió ruborizar y apartó el brazo, pero él lo volvió a enganchar al suyo.
—No sé por qué la dejó —contestó.
—Debes de tener alguna idea —insistió ella.
—¿Aparte de que Cliff es un capullo? La verdad es que no.
—¿Qué posibilidades hay de que quiera volver con ella? —Lilly lo soltó para agacharse y recoger otra caracola rota, que pasó a la mano que sostenía todas las demás.
—En cuanto se dé cuenta de lo que ha perdido, diría que muchas posibilidades. Nunca encontrará a nadie mejor. Pero tal vez ni siquiera sea tan listo como creo, en cuyo caso no se dará cuenta.
—Te gusta mucho Charlotte —observó ella.
—Sé qué clase de persona es. —Él desvió la mirada hacia el mar.
—¿Tienes novia?
—Ahora mismo no.
—¿Por qué no?
—¿Qué mujer querría a un hombre que les tiene miedo a los pájaros? —Él esbozó una sonrisa torcida.
—Sí, eso es intolerable —bromeó ella mientras recogía otra caracola.
—¿Por qué solo recoges las rotas? —preguntó Julian cuando la vio guardarla con las demás.
—El que algo esté roto no significa que no tenga valor —señaló ella.
Él arrugó la frente, como si fuera a discutir con ella, pero luego las arrugas desaparecieron y volvió a sonreír con naturalidad.
—Eres más sabia de lo que tu edad indica, ¿lo sabías?
—Solo tenía a mi madre. Una de las dos tenía que ser el adulto —murmuró ella, sintiéndose un poco más aliviada cuando él se rio como si la entendiera, y recogió otra caracola rota que le entregó.