Nos vemos en Italia Capítulo 19 #2
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Capítulo 19 #2

—¿Por qué no? Parece que me atraen las cosas rotas.

—Rio—. Quiero arreglarlas. Me preguntaste por Sabrina.

Probablemente ese fuera también su caso.

Pero ella no me dejó ayudarla, no dejó que nadie la ayudara.

Le ofrecí quedarme con Lilly cuando se marchó.

Creía de verdad que la niña estaría mejor aquí.

Pero Sabrina no quiso ni oír hablar del tema.

—Ya había renunciado a una hija. Probablemente no quería ni pensar en renunciar a otra.

—Me gustaría creer que esa fue la razón —contestó él tras dudar—.

Supongo que Sabrina quería a Lilly a su manera.

Pero parecía incapaz de anteponer las necesidades de Lilly a las suyas propias.

Eso me enfurecía. Y cuando intenté intervenir, me acusó de querer quedarme con Lilly por…

por razones equivocadas, lo cual es muy triste, porque ella debería haberme conocido mejor.

No estuvimos juntos mucho tiempo, pero nunca he hecho nada para dañar a un animal o a un niño y nunca lo haría.

Solo quería darle a Lilly un hogar estable y lleno de amor.

Era lo que necesitaba. Pero debido a lo que hizo Walter… Eso sin duda influyó.

—¿Lo que hizo Walter?

—¿No lo sabes?

—No sé nada —contestó ella—. Me estoy metiendo en esto a ciegas.

Él dudó, como si no estuviera dispuesto a explicárselo.

—¿Steve? Si eso me ayuda a comprender mejor a Lilly, lo que ha pasado y lo que puede necesitar, por favor, cuéntamelo.

—Estoy seguro de que ella preferiría que no lo supieras. Preferiría que nadie lo supiera. Según Sabrina, la afectó mucho, así que creo que debería dejar que ella te cuente lo que pasó. Cuando esté preparada.

Su lealtad solo hizo que Charlotte confiara más en él. Quería presionarlo, había despertado su curiosidad. Pero se dio cuenta por la firmeza en su voz de que no iba a cambiar de opinión.

—De acuerdo. Entonces, solo dime esto: ¿Quién era Walter?

—El tipo con el que estuvo Sabrina antes que conmigo, en Colorado.

—Entiendo. ¿Y le hizo daño a Lilly de alguna manera?

—Mejor que te lo cuente ella —insistió Steve.

Charlotte pensó que Sabrina había cometido un grave error al dejar a Steve. Por la forma en que Lilly hablaba de él, se notaba que era un buen hombre. Pero Sabrina no había sido capaz de dejar de sabotear su propia felicidad, lo que, por desgracia, había afectado directamente a la de su hija.

—Tendré en cuenta todo lo que me has dicho. Y cuando volvamos a Estados Unidos, planearemos un viaje a Iowa.

—Suena bien.

—No te olvides de enviarme una foto de Old Blue.

—No me olvidaré —aseguró él.

Sloane aguardaba expectante, lista para comentar la conversación en cuanto Charlotte colgara.

—¿Qué te ha dicho?

—Ha dicho que está dispuesto a quedarse con Lilly.

—Eso me pareció entender. ¿Hablaba en serio?

—Eso parecía.

—Pero… ¿significa eso que sus abuelos, su padre y demás familia no son opciones viables?

—Los padres de Sabrina son muy mayores y no están en condiciones de hacerse cargo.

—¿Y el padre de Lilly?

—Vive en México. No valdría la pena el tiempo, el esfuerzo ni el dinero necesarios para localizarlo.

Aunque lo encontrara, tendría que obligarlo a pagar la manutención.

No quiero lidiar con toda esa negatividad.

—Al parecer, el señor Heidelman había hecho bien su trabajo y había encontrado a la única pariente viable: ella.

—¿Crees que Lilly querría volver a la granja?

—Es posible. Ya sabes lo que siente por Old Blue.

—Entonces, podría ser la solución perfecta.

—Steve parece un tipo estupendo —coincidió Charlotte.

—¿Llevarás a Lilly a visitarlo cuando volvamos?

—Creo que debería, ¿tú no?

—Por supuesto.

Charlotte estaba a punto de dejar a un lado el teléfono de Sabrina cuando sonó con un mensaje de texto. Steve le había enviado la foto que ella le había pedido, un selfi en el que también aparecía él, junto con un mensaje:

Old Blue y yo te echamos de menos, Lill. Estamos deseando que vengas a vernos .

—¿Es él? —preguntó Sloane, asomándose por encima de su hombro.

—Debe de serlo. —Charlotte levantó el teléfono para que pudiera verlo mejor.

—Tiene unos ojos bonitos y desprende una serenidad que inspira confianza.

Charlotte estudió la foto. Sloane tenía razón.

Steve era alto y desgarbado, calvo y algo curtido, con una barba frondosa casi toda gris pero bien recortada, y tenía una sonrisa tímida y dulce para un hombre de su tamaño y edad.

Con solo mirarlo, ella sintió que era el tipo de persona que cumpliría su palabra.

Se recordó a sí misma que las apariencias podían ser engañosas, pero los comentarios y sentimientos de Lilly sobre Steve respaldaban su opinión.

—¿Estaría Lilly mejor con él? —La pregunta iba dirigida, sobre todo, a sí misma, pero pensó que Sloane aprovecharía la oportunidad para responder con un rotundo sí.

Sloane era la que había estado tratando de convencer a Charlotte de que no acogiera a una niña de doce años.

Pero la notó sorprendentemente reticente.

—No lo sé. Tendremos que ver cómo van las cosas a partir de ahora.

Charlotte reprimió una sonrisa. Las duras palabras de Sloane ocultaban un corazón muy blando. Quizás aún no lo supiera, pero eso servía como una prueba más de que empezaba a encariñarse con Lilly.