Nos vemos en Italia Capítulo 19
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Capítulo 19

En cuanto lo conectaron al cargador, el teléfono de Sabrina reveló más de lo que Charlotte hubiera querido saber sobre su madre biológica.

Había esperado hacerse una idea de quién era Sabrina, de dónde venía emocional y geográficamente, y si se había perdido algo al haber sido dada en adopción.

Pero lo que Sloane y ella leyeron en los mensajes de texto y en la aplicación de citas de Sabrina reveló una parte de su madre biológica que debería haber permanecido en privado.

—Uf. — Charlotte hizo una mueca—. Decía lo que fuera para mantener a esos tipos interesados.

—¿Por qué crees que era así? —preguntó Sloane—. Era como si tuviera que tener a alguien en reserva en todo momento. ¿Por qué nunca estaba satisfecha con quien estaba?

—Es difícil de decir. ¿Inseguridad, tal vez? Debía de alimentarse de los cumplidos y la caza, por eso pasaba tan rápido al sexo. Siempre intentaba excitarlos y hacer que la desearan.

—Podría ser vanidad.

—Los seres humanos son complicados. Probablemente sea una mezcla de varias cosas. Pero ¿no sería más satisfactoria una relación estable y amorosa que la atención fugaz de tantos hombres? —preguntó Charlotte, todavía tratando de entender cómo la hacía sentir ese aspecto de su madre biológica.

—Alguien más maduro se daría cuenta de eso — observó Sloane con ironía—. Por desgracia, Sabrina parecía bastante superficial.

—Odio tener que darte la razón —asintió Charlotte. Todo lo que había visto y oído apuntaba a lo mismo—. El número de Steve está aquí —añadió—. ¿Debería llamarlo?

—¿Para qué?

—Quizá él pueda poner todo esto en contexto, y el contexto es la única forma de entender realmente cómo era ella.

—Si quieres… — Sloane se mordió el labio—. Al menos así también podremos saber más sobre Lilly. Podría ser de gran ayuda.

Charlotte también sentía curiosidad por Steve. ¿Qué le había atraído de Sabrina? Parecía una persona mucho más sensata…

Con el cambio horario, serían las seis de la mañana en Iowa, demasiado temprano para llamar a la mayoría de la gente. Pero Steve era granjero. No podía imaginar que no estuviera despierto.

Respiró hondo y marcó el número que figuraba en su agenda.

Se sintió recompensada cuando él respondió casi de inmediato, y tras un breve silencio, durante el cual creyó detectar sorpresa, él habló alerta.

—¿Sabrina?

Charlotte se quedó paralizada. ¿Tenía derecho a molestar a un completo desconocido con sus dramas familiares? Probablemente él se sintiera aliviado de haber sacado a Sabrina de su vida. Pero había contestado. Y había sido bueno con Lilly.

—Me temo que no soy Sabrina, Steve. Me llamo Charlotte Williams.

—¿Quién eres y por qué tienes el teléfono de Sabrina? —preguntó Steve tras un par de segundos.

—Me temo que… Bueno, lamento decirte que Sabrina ya no está con nosotros.

—¿Qué significa eso?

—Ha fallecido.

—¿Quieres decir que está muerta? —Siguió un silencio cargado de conmoción—. ¿Cómo? ¿Cuándo?

—Dio un volantazo con su Vespa y… chocó contra un autobús.

—¿Un autobús? —repitió él—. ¿Yendo en una Vespa, en Italia?

—Sí. —Charlotte tragó saliva con la garganta seca—. Ocurrió hace unas semanas.

—Siento mucho oírlo. ¿Dónde está Lilly? —preguntó inmediatamente—. ¿Está bien? O…

—Lilly está bien —lo interrumpió ella—. O tan bien como puede estar una niña de doce años en su situación. No estaba con Sabrina en ese momento.

—Gracias a Dios. Pero… no me digas que se ha quedado con ese tipo en Italia.

—Ya no está con él. Ahora está conmigo.

—¿Y tú eres…?

—Su media hermana. —Una vez más, ella percibió la sorpresa del hombre.

—No sabía que tuviera una media hermana —respondió él lentamente.

—Sabrina me dio en adopción cuando tenía dieciocho años.

Yo… ni siquiera sabía que era adoptada. Las personas que me criaron lo hicieron como si fuera suya.

Hubiera seguido creyendo eso, pero, después de la muerte de Sabrina, me contactaron para hablarme de mi media hermana, porque ahora no tiene a nadie que la cuide.

—Sabrina nunca mencionó que tuviera…

Cuando dejó la frase en el aire, Charlotte supuso que se había dado cuenta de cómo podría hacerle sentir.

—¿Otra hija? —terminó por él. Había tenido una buena vida, no debería dolerle tanto que Sabrina nunca hubiera reconocido su existencia. Pero tampoco podía ignorar el dolor.

—¿Dónde te criaste? —preguntó él.

—En Los Ángeles.

—Supongo que, en cierto modo, eso no me sorprende del todo. —Se hizo el silencio—. ¿Qué va a pasar con Lilly?

—Es lo que estoy tratando de decidir. Tengo veintinueve años y estoy a punto de divorciarme. No estoy segura de ser la mejor opción a largo plazo para ella. Pero no parece haber nadie más. No sabes nada sobre su padre, ¿verdad?

—No mucho. Sabrina me dijo que vive en México. Tiene un chárter de pesca allí.

—¿Sabes si Sabrina tenía algún contacto con él?

—No lo creo —contestó él sin dudar—. Él la odiaba. La acusaba de quedarse embarazada a propósito, en un intento de atraparlo, y no estaba dispuesto a aceptarlo.

Charlotte agarró el teléfono con más fuerza. ¿Hasta qué punto era terrible su madre? Aunque no parecía que el padre de Lilly fuera mucho mejor. Probablemente el suyo tampoco lo era.

—Después de conocer a Sabrina, ¿dirías que crees eso o…?

—¿Estás buscando la verdad? —preguntó él.

—Por supuesto. —Ella hizo una mueca de dolor y se preparó.

—Podría creer que ella hiciera algo así, sí, si le convenía.

Sintiéndose aún más desanimada, Charlotte apoyó la cabeza en la mano e inmediatamente sintió que Sloane le tocaba el brazo en señal de empatía.

—Aun así, él debería pagar la manutención de su hija —señaló ella.

—Si alguna vez vuelve a Estados Unidos, tal vez podrías buscarlo —sugirió Steve —. Pero localizar a alguien cuesta dinero, probablemente más del que jamás conseguirías sacarle. Como tiene su propio negocio, es bastante fácil ocultar dinero. No está bien, pero sucede.

—Eso no es muy esperanzador. —El coste de intentar cobrarlo superaría la recuperación.

—Está lo que es correcto y luego está lo que es práctico. Créeme, si Sabrina pensara que podría hacerle pagar, lo habría intentado.

Otro comentario que la hizo creer que su madre biológica se apoyaba en los demás, sobre todo en los hombres de su vida, siempre que podía.

—Ya veo. —Charlotte se aclaró la garganta—. ¿Y los abuelos de Lilly?

—Sabrina también fue un embarazo inesperado. Sus padres son demasiado mayores para hacerse cargo de una preadolescente.

—Pero ¿siguen vivos?

—A duras penas, me temo. Mientras Sabrina estaba conmigo, su madre sufrió un derrame cerebral. Su padre dedica todo el tiempo, la energía y el dinero que le quedan a cuidarla.

—Incluso si… si no pueden ayudar, podría ser bueno para Lilly volver a co ntactar con ellos, siempre que estén dispuestos. ¿Sabes cómo se llaman o cómo puedo contactar con ellos? No los veo en el teléfono de Sabrina, pero tampoco sé bajo qué nombre buscarlos. No hay nada obvio como «mamá» o «papá».

—Lo último que supe es que hubo una gran pelea entre ellos y que ya no le hablaban.

Quizás ella los borró. No estoy seguro. A Sabrina no le gustaba que le recordaran que tenía responsabilidades.

La mayor parte de lo que sé lo averigüé escuchándola por casualidad al teléfono u observando su comportamiento.

—Entiendo. Pero tenía que haber alguien… ¿Qué hay del resto de la familia? ¿Sabrina mantenía contacto con alguien más?

—Tuve la impresión de que toda la familia la había repudiado.

—¿Por qué?

—Quemó muchos puentes, no era fácil quererla. —Se oyó un suspiro al otro lado del teléfono.

—¿La amabas? —Le había hecho la misma pregunta atrevida e indiscreta a Luca, pero Charlotte estaba dispuesta a arriesgarse, una vez más, porque la respuesta le importaba. ¿Sabrina quemó todos los puentes? ¿No aprendió de sus errores y mejoró?

—Lo intenté —susurró él.

—¿Qué te atrajo de ella en primer lugar?

—Vivo en un pueblo pequeño y quería conocer a alguien. Ella aportaba diversión y emoción. Siempre estaba haciendo algo, siempre riendo. Para alguien que se ha dedicado por completo al trabajo desde que tengo memoria, me crie en esta granja, resultaba atractiva. Demasiado —añadió.

—¿Y qué salió mal?

—No había suficiente debajo del brillo —respondió Steve.

—¿Y Lilly? La querías, ¿no?

—Sí. Me siento mal por ella. Es una buena chica. Se merece algo mejor.

—Ella dice que intentaste darle algo mejor.

—Odié ver cómo se la llevaba de la granja. Aquí era feliz. Quería a Old Blue más que nadie.

—Old Blue es tu perro. —Imaginar lo que podría haber sido entristeció a Charlotte—. Luca me habló de él. Es ciego, ¿verdad?

—Sí, es ciego, pero solo tiene unos cinco años. Lo llamo Old, o sea, viejo, porque me recuerda a un caballo que tenía cuando era niño. El caballo sí era viejo —explicó él con una risita.

—¿Y Lilly y Old Blue eran amigos?

—Inseparables.

—¿Me puedes enviar una foto suya para enseñársela? Está pasando por un momento muy difícil. Quizás la ayude.

—Por supuesto. Se llevaron bien desde el primer momento. Quienquiera que fuera el dueño de Old Blue antes de que encontrara un hogar aquí conmigo lo maltrató gravemente, por eso perdió la vista. El pobre no confía fácilmente en nadie, pero confió en Lilly.

—¿Perdió la vista por… por maltrato? —Ella se sintió horrorizada al pensar que alguien pudiera maltratar a un perro hasta el punto de dejarlo ciego.

—En el mejor de los casos, fue negligencia. De todos modos, creo que Old Blue y Lilly eran almas gemelas que solo intentaban sanar juntos.

—¿Habría alguna posibilidad de que…, quiero decir…, ¿te importaría si algún día llevara a Lilly a verte a ti y a Old Blue? —Steve parecía una persona tan amable y decente… Creo que le encantaría.

—Por supuesto. Lilly siempre es bienvenida aquí. Incluso… —Él se aclaró la garganta—. Incluso la dejaría vivir conmigo si no quieres convertirte en su tutora, así que no te sientas acorralada.

—¿La acogerías? —Charlotte se quedó boquiabierta.