Nos vemos en Italia Capítulo 18
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Capítulo 18

Charlotte despertó aliviada por los avances que había logrado en su nuevo libro.

No solo había escrito cinco páginas la noche anterior, sino que además le gustaban.

Eso era muy importante. Ya sabía que Josie, su heroína, se vería obligada a replantearse su matrimonio.

El conflicto no era entre un villano y un ángel, sino por tener una pareja que no quería cambiar cuando, para Josie, prosperar significaba tomar un rumbo diferente.

¿Cuándo era correcto marcharse? Esa era la gran pregunta. Y no había una respuesta perfecta, ninguna que se ajustara a todo el mundo. Josie podría decidir que para vivir su mejor vida necesitaba una pareja diferente, lo cual sería doloroso.

Explorar esa idea le estaba dando a Charlotte una nueva perspectiva sobre el matrimonio, haciéndola más dispuesta a permanecer vulnerable, más honesta sobre el crecimiento y el cambio, y más abierta a separarse cuando el compromiso se convirtiera en una jaula.

Podría provocar el rechazo de algunos lectores, pero como le estaba ayudando a superar su propio divorcio, creía que habría otros como ella que necesitarían escuchar el mismo mensaje.

De modo que…, si pudiera mantener su nivel de entusiasmo por la historia, poner su corazón y su imaginación en ella en lugar de temerla, podría disfrutar del proceso como había hecho con su primer libro.

Le quedaba un largo camino por recorrer antes del capítulo final, y el dolor de su vida personal se entrometería cuando menos lo esperara.

Pero haber empezado el manuscrito y tener una idea clara de hacia dónde iba le quitaba algo de presión.

Al menos podría darle a su editora un párrafo o dos sobre la historia para que el Departamento de Arte pudiera ponerse manos a la obra con la portada.

Luego haría exactamente lo que Julian le había dicho y se centraría en las cinco páginas que tenía que escribir cada día. El resto se resolvería por sí solo.

La noche anterior había contado los días que le quedaban hasta la fecha límite.

Cinco páginas no era un ritmo lo suficientemente rápido como para terminar a tiempo, pero era factible, incluso en su situación presente, y la pondría al alcance de la meta antes de que se retrasara de forma catastrófica.

Esperaba que su editora pudiera aceptarlo, ya que era lo mejor que podía hacer en ese momento, a menos que, por algún milagro, se sintiera tan inspirada que lograra producir más.

Bostezó, se estiró y se llevó el teléfono a la cama.

Se dio cuenta de que Cliff le había escrito.

Su nombre aparecía en negrita para indicar que le había enviado un mensaje que aún no había leído, lo que la hizo fruncir el ceño.

Le había hecho tanto daño que ni siquiera quería abrirlo.

Si le estaba pidiendo su dirección en Italia para enviarle los papeles del divorcio, eso solo demostraría lo insensible y poco empático que era en realidad.

¿Qué prisa tenía? ¿Por qué obligarla a ocuparse de los trámites de su separación, además de todo lo demás por lo que estaba pasando en ese momento?

¿Y si hubiera cambiado de opinión y quisiera volver con ella?

No estaba convencida de que eso fuera a mejorar las cosas.

Si él se ablandaba más de lo que ya lo había hecho, podría hacer que ella deseara abandonar la batalla que estaba librando para salvar su carrera y hacer lo correcto por su media hermana.

En general, había sido feliz cuando estaba casada con él.

¿Podría Cliff haber sido una persona y un marido mejor?

Por supuesto. Había habido baches en el camino.

Pero ella siempre se había centrado en los buenos momentos y en hacer que la relación funcionara, por lo que nunca lo habría abandonado.

Sabiendo que cualquier cosa que él le hubiera enviado le provocaría fuertes emociones, decidió no mirarlo.

No podía arriesgarse a que él la disgustara justo cuando acababa de empezar su libro.

Tenía que proteger a su musa. Y no podía arriesgarse a lo que le pudiera pasar a Lilly si él quería reparar su matrimonio.

Ignorándolo, hizo clic en un nuevo mensaje de Julian:

Hola, dormilona. He llevado a la cría a desayunar y a dar un paseo para darte la oportunidad de revisar el teléfono de Sabrina sin que ella estuviera presente .

Si Luca no le hubiera mencionado ya el carácter sexual de algunos de los mensajes de texto que había descubierto en el teléfono de Sabrina, Charlotte probablemente ni siquiera habría considerado revisarlo por su cuenta.

Como Sabrina siempre había sido una desconocida para ella, hacerlo le parecía invasivo y extraño.

Pero Lilly era demasiado joven para ver algunas de las cosas que, según Luca, estaban allí.

Charlotte había dejado de escribir para discutir la situación con Julian la noche anterior, antes de que él se fuera a la cama.

Después de ese extraño momento en la terraza, cuando él la había ayudado a llevar las cajas de Sabrina al trastero y ella había creado una situación incómoda al decir que debería haberse casado con él en lugar de con Cliff, no lo había visto mucho.

Pero se había acercado a él, mientras Sloane y Lilly jugaban a las damas en la casa, para asegurarse de que todo seguía como siempre entre ellos.

Lo que él dijo e hizo la ayudó y la reconfortó.

En cierto modo, él había ocupado el lugar de Sloane, lo cual era un poco sorprendente, pero ella ya tenía suficiente en qué pensar como para preocuparse también por eso.

Estaba disfrutando también de Sloane y se alegraba de que su comportamiento mientras estaba casada con Cliff, cediendo a la presión que él ejercía sobre ella en lugar de insistir más en que él aceptara a sus amigos y familiares como ella había aceptado a los suyos, no hubiera dañado permanentemente su relación.

Charlotte: ¿Cuánto tiempo estaréis fuera?

Julian: El tiempo que necesites.

Charlotte: Buscaré el teléfono y te enviaré un mensaje cuando haya terminado. ¡Gracias!

Volvió a recordar el comentario que había hecho sobre casarse con él y se avergonzó.

Seguramente él lo había encontrado muy fuera de lugar.

Había estado muy presente de jóvenes, se conocían muy bien, y a sus respectivas familias.

Probablemente la veía como una segunda hermana y le desagradaba la idea de que hubiera algo romántico entre ellos.

Seguro que por eso había reaccionado así, aunque ella solo estaba bromeando.

Bueno, había estado bromeando en su mayor parte. Una mujer podría encontrar algo mucho peor que casarse con Julian. No solo era guapo, sino también inteligente, divertido, cariñoso, protector, amable y expresivo.

«¡Ya estás otra vez! Deja de pensar en él de esa manera», se reprendió, saltando de la cama.

Después de ponerse una sudadera ligera y unos pantalones cortos, se calzó unas chanclas y estaba a punto de salir de la habitación —sin siquiera cepillarse el pelo ni los dientes, porque no sabía cuánto tardaría en encontrar el teléfono de Sabrina y quería hacerlo cuanto antes para no dejar a Julian esperando—, cuando recordó el mensaje de Cliff y se detuvo en seco en la puerta.

¿Qué le decía? ¿Estaba finalizando el divorcio o quería volver con ella?

Cerró los ojos para no ver lo que había escrito y pulsó sobre el mensaje para eliminar el resaltado que lo diferenciaba de los que ya había visto.

No quería que esa notificación le saltara a la vista cada vez que mirara el teléfono, no quería que le recordara que él le había enviado algo.

Tenía que ocuparse de su libro y de su hermana.

Eso significaba olvidarse de Cliff, al menos mientras estuviera en Italia, tanto si él todavía la quería como si no.

Metió el teléfono en el bolsillo de sus pantalones cortos y se apresuró hacia la sala de estar y la cocina, y se dirigía a las puertas que daban a la terraza cuando Sloane la sorprendió llamándola.

—Hola, ¿acabas de levantarte?

—Me alegro de que estés despierta. —Charlotte se dio la vuelta y vio a su amiga tumbada en el sofá leyendo la última novela de Kristin Hannah—. Ven a ayudarme a encontrar el móvil de Sabrina. Tengo que revisarlo.

—¿A qué viene tanta prisa? —preguntó Sloane, aunque dejó a un lado su libro mientras se levantaba.

—Quiero hacerlo antes de que vuelva Lilly.

—Porque…

—Porque Luca me dijo que Sabrina estaba enviando mensajes sexuales a otros hombres. No quiero que Lilly vea nada de eso. Podría traumatizarla de por vida.

—¿Y estás segura de que nosotras queremos verlo? —preguntó Sloane, arrugando la nariz.

Charlotte se habría reído de la respuesta de Sloane, pero tenía demasiada prisa.

—Mejor nosotras que una niña de doce años.

—No puedo decir que me haya impresionado mucho lo que he descubierto de Sabrina hasta ahora —admitió su amiga con tristeza—. Puede que suene insensible, pero creo que deberías considerarte afortunada de que te abandonara.

— Soy muy consciente de que me ha ido mucho mejor con Penny y Don.

—Charlotte hizo una pausa para responder con más reflexión—.

Pero intento no ser demasiado dura con mi madre biológica.

¿Quién sabe qué la llevó a hacerlo? A mí me parece que estaba más que perdida, siempre persiguiendo algo que no podía encontrar.

—Eres muy generosa. Pero sigo pensando que debería haber sido una mejor madre para Lilly.

Charlotte no se lo podía discutir. Sabrina era sin duda la responsable del miedo, la incertidumbre y la inseguridad que veía en los ojos de su hermana menor.

Salieron a un día ventoso, con la luz del sol cayendo sobre el mar como pintura deslizándose por el lienzo de un artista.

—¿Qué vas a hacer con el teléfono de Sabrina cuando hayas terminado? —preguntó Sloane.

—No lo sé —respondió ella—. ¿Por qué?

—Deberías dárselo a Lilly.

— Es demasiado pequeña para tener un teléfono —contestó Charlotte, cerrando la puerta tras ellas.