Capítulo 17 #3
Lilly abrió la puerta. Debería buscar el teléfono de su madre, si es que estaba allí, pero solo con ver aquellas cajas se le llenaron los ojos de lágrimas.
Ver y tocar las cosas de su madre, especialmente su teléfono, haría demasiado real el hecho de que nunca volvería.
Ese teléfono significaba más para Sabrina que cualquier otra cosa.
A veces, Lilly ni siquiera conseguía que su madre le respondiera, tan absorta estaba en lo que hacía con su teléfono.
Lo tenía en la mano todo el tiempo, siempre en alguna de sus aplicaciones de citas o en Instagram, o enviando mensajes a algún chico, aunque ya tuviera novio.
Una vez bromeó diciendo que nunca estaba de más tener un plan B.
Lo había dicho mientras estaban con Steve.
Eso fue lo que alertó a Lilly de que, aunque por fin habían encontrado un hogar maravilloso y a una persona realmente buena con quien compartir sus vidas, no lo conservarían por mucho tiempo.
—Hola, ¿qué estás tramando?
Lilly se giró y vio a Julian, que había salido de la casa con su cámara. Siempre era el primero en levantarse, parecía más acos tumbrado al jet lag que su hermana o Charlotte.
—Nada —respondió ella, aunque había estado pensando que, si encontraba el teléfono de su madre, podría llamar a Steve.
Steve siempre había sido amable con ella, había intentado que fueran una verdadera familia, así que tal vez no le importaría saber de ella.
Lilly sabía que él había llamado de vez en cuando para ver cómo estaba, incluso después de que se fueran a Italia.
Había oído a su madre decirle que no las molestara más, que lo que ella hacía con su propia hija no era asunto suyo.
—¿Estás lista para revisar las cosas de tu madre? —Julian señaló hacia el trastero—. Es una mañana tranquila y agradable, podría ser un buen momento.
—En realidad, no. —Ella cerró la puerta—. Al menos, no todas las cosas. Solo me preguntaba por su teléfono. A menos que alguien pague la factura, no funcionará mucho tiempo más, así que estaba pensando que quizá… quizá debería apuntar algunos números antes de que desaparezcan.
—Es una idea estupenda —asintió él—. Esperemos que aún no lo hayan dado de baja.
El hecho de que pudiera estarlo añadió una sacudida de alarma a sus otras emociones.
Lilly tenía que rebuscar en esas cajas, y cuanto antes mejor.
Su madre siempre iba atrasada con las facturas.
Ya le habían cortado el servicio telefónico antes, y había tenido que pagar una multa y una tarifa de reconexión.
Lilly recordaba cómo había despotricado por ello.
También había provocado una pelea con Luca porque ella quería que lo pagara él, y él no quiso.
Luca le reprochó que ni siquiera había intentado hacer turnos extra en su trabajo de camarera, y ella le había respondido que era porque quería pasar tiempo con él y pensaba que él también quería pasar tiempo con ella. Había sido su primera pelea.
—¿Sabes si Luca lo trajo? —preguntó Lilly, vacilante.
—Supongo que sí. ¿Por qué no iba a hacerlo?
Porque Sabrina le debía mucho dinero a Luca y ese teléfono era lo único que podía vender para recuperar parte de ese dinero.
Así se lo había dicho cuando Lilly le preguntó si se lo podía quedar, una petición que él rechazó de inmediato, alegando que era demasiado joven y no podría pagar la factura mensual.
—Por nada —murmuró la niña—. Simplemente pensé que tal vez él se lo había dado a Charlotte y no lo había guardado con sus otras cosas.
—Charlotte no ha dicho nada. Pero podrías preguntárselo.
—Sí, lo haré cuando se despierte.
—Eso podría tardar un rato. Recibí un mensaje suyo en mitad de la noche diciéndome que había terminado las primeras cinco páginas de su nuevo libro.
—Eso está bien, ¿no?
—Es fantástico, pero también significa que necesita dormir un poco. Sloane ya está levantada. Está a punto de darse una ducha y empezar el día. ¿Te apetece dar un paseo conmigo?
—¿Adónde vas?
—Aún no lo sé. A veces salgo simplemente a ver qué encuentro y, si me apetece, hago algunas fotos. ¿Tienes hambre? Podríamos desayunar algo mientras damos una vuelta.
Lilly quería encontrar el teléfono de su madre antes de que lo desconectaran para poder guardar el número de Steve y saber cómo estaba Old Blue. Pero ni siquiera estaba segura de que el teléfono estuviera en las cajas, que, para empezar, no quería tocar.
Además, había algo en Julian que le recordaba a Steve.
No solo era agradable, sino también estable y confiable.
Solo con oír su voz se sentía mejor. Anhelaba más de esa estabilidad, y dado que Charlotte había comenzado su libro, tendría que seguir trabajando en él, y Lilly se quedaría sola con Sloane, en quien no confiaba tanto, así que decidió acompañarlo.
No lo conocía muy bien, pero normalmente no le hacía muchas preguntas tontas, no intentaba que hablara de cosas de las que ella no quería hablar y parecía estar a bien con todo tal y como era.
—No tengo dinero —contestó—, así que no quiero comer. Salir cuesta más. —Luca siempre se quejaba de eso cuando Sabrina quería comer fuera—. Pero te acompañaré.
—Lilly, solo tienes doce años —contestó Julian—. Deja de intentar cargar con todo el peso del mundo sobre tus hombros. No espero que tengas dinero. Si te ofrezco algo, es que puedes aceptarlo. Si no quiero pagarlo, no te lo sugeriré, ¿de acuerdo?
Ella sintió que su cuerpo se relajaba al aliviarse en parte el peso de sus emociones.
Odiaba ser tan dependiente, odiaba ser demasiado joven para valerse por sí misma.
Muchos de los hombres con los que había estado su madre le reprochaban el dinero que les costaba.
Pero al menos Julian no la hacía sentir mal por ello.
—Gracias.
—Salgamos de aquí y veamos qué encontramos. —Él le sonrió.
—¿No debería dejarle una nota a Charlotte? —preguntó Lilly, vacilante.
—Le enviaré un mensaje.