Capítulo 16 #3
—¿El italiano con el que vivían no puede darte más información?
—Vivieron con Luca durante tres meses escasos, y él y yo solo hemos tenido dos conversaciones, ambas relacionadas con cuestiones logísticas, como recoger a Lilly y sus cosas y los efectos personales de Sabrina.
—¿También te dio las cosas de Sabrina?
—Tenía que hacer algo con ellas.
— ¿Qué tal enviárselas a sus padres o a algún hermano? ¿Qué vas a hacer con ellas tú?
—Probablemente debería quedárselas Lilly. De todos modos, tengo que ver qué hay antes de tomar una decisión.
—¿Cuándo las revisarás?
—Cuando Lilly tenga la oportunidad de decidir si quiere hacerlo conmigo. Por el momento, no parece muy dispuesta a hacerlo.
—Quizás le resulte demasiado doloroso pensar en su madre.
—Probablemente. Le estoy dando tiempo para que se adapte a todo antes de molestarla con eso. De todos modos, hoy tengo que hacer algunas cosas para mi editora.
—Hablando de tu editora. —Hizo una pausa—. ¿Has empezado tu nuevo libro?
—Todavía no. — El pánico que sentía Charlotte se intensificó. ¿Qué iba a hacer con su libro?—. Pero estoy buscando una idea ahora mismo y, cuando la encuentre, me voy a aferrar a ella y seguir adelante. Se acabó cambiar de opinión. Se acabó la incertidumbre.
—De acuerdo. Si necesitas que vaya y te ayude con Lilly para que puedas aislarte y concentrarte, dímelo.
Charlotte sabía que no era una promesa vacía, sus padres harían todo lo que pudieran, y eso la hizo sentir que estaba siendo demasiado dura con Penny.
—Gracias, mamá.
—Siempre te he querido mucho —respondió su madre.
—Yo también te quiero —dijo Charlotte, dejándose caer sobre la cama.
—Cuéntanos cómo va todo.
—Lo haré — prometió y luego colgó.
Estaba a punto de volver al ordenador. Tenía que seguir adelante o la tensión y el estrés no harían más que aumentar, pero, en el último momento, llamó a Julian.
—¿Dónde estás? —le preguntó en cuanto él descolgó.
—Hay un antiguo convento en lo alto de Praiano. He subido hasta aquí. ¿Por qué?
—Tenía… curiosidad. —Ella no sabía exactamente por qué. Solo que necesitaba oír su voz.
—¿Necesitas algo de mí?
—No. —Intentó pensar en algo, pero no se le ocurrió nada.
—¿Así que esto es para evitar el trabajo? — preguntó Julian tras un largo silencio.
—Quizás. —Ella se cubrió los ojos con un brazo.
—Se acabó. Voy a llamar a Sloane para que traiga a Lilly aquí. La subida les vendrá bien como ejercicio, les guste o no, y así todos estaremos fuera de casa durante las próximas horas y tú podrás concentrarte.
Por muy amable que fuera, quería ser ella quien fuera a buscarlo.
No le importaba lo alto que tuviera que subir.
No quería pensar en Cliff, ni en su divorcio, ni en su fecha límite, ni en lo que iba a hacer con Lilly.
Definitivamente, no quería escribir en ese estado de ánimo.
Solo quería disfrutar de Italia junto a Julian.
Había algo catártico en su presencia, en su humor, en su sonrisa.
—Estás intentando hacer fotos —respondió ella—. Aquí estarán bien.
—Charlotte.
—¿Qué?
—Bloquea todo y escribe cinco páginas. Nada más.
Es lo único que tienes que hacer. Luego, los cuatro compraremos queso, salami, dátiles, nueces, manzanas y otros embutidos, junto con una buena botella de vino, y disfrutaremos de una velada relajante para que puedas recargar energías y levantarte mañana y escribir cinco páginas más.
Día a día. Así es como vas a abordar esto: un pequeño progreso cada día para que no sea demasiado abrumador.
Lo hacía parecer fácil. Pero la constante agitación emocional estaba matando su creatividad.
—¿Qué hago con las cosas de Sabrina que están en el trastero?
—No tienes que decidirlo ahora. No se van a mover de ahí. Y no hay prisa por tomar ninguna decisión respecto a Lilly. Simplemente viviremos el momento, disfrutaremos de nuestra estancia aquí en Italia mientras escribes tu libro y veremos adónde nos lleva la vida.
—¿Y mi divorcio?
—Deja eso en Estados Unidos por ahora.
—Pero no quiero escribir, Jules. Quiero estar contigo —admitió ella.
—Es tu instinto de lucha o huida. —Dudó antes de continuar—: Estás intentando huir a un lugar seguro, pero no puedo permitírtelo. Tienes que seguir luchando y enfrentarte a ello. Pero estoy aquí para ayudarte. Superaremos juntos el mes, día a día, como he dicho.
—De acuerdo. —Charlotte respiró hondo—. Pero te llamaré en cuanto llegue a las cinco páginas, aunque sean horribles.
—No pasa nada. Escríbelas y ya las arreglarás más adelante.
Ella estaba tan agradecida por él y su amistad en ese momento crítico que se le llenaron los ojos de lágrimas.
—¿Estás bien? —preguntó Julian al ver que ella no se despedía.
—Sí. —Charlotte sorbió por la nariz.
—Puedes hacerlo —insistió él, la voz cargada de convicción.
—De acuerdo, entrenador —respondió ella, y siguió repitiendo lo que él le había dicho mientras volvía a su ordenador y comenzaba una historia sobre una mujer que había tenido una experiencia cercana a la muerte que cambió por completo la forma en que quería vivir el resto de su vida.