Capítulo 16 #2
—Ojalá. —Charlotte suspiró—. Estoy respondiendo correos electrónicos.
Mi editora me ha preguntado qué narrador prefiero para la versión en audio, así que he estado revisando las opciones.
También me ha pedido mi opinión sobre la portada, pero es difícil decir cómo debería ser cuando ni siquiera sé de qué va a tratar la historia.
Lilly solía mantener las distancias con Charlotte y sus amigos.
Dependía de ellos para todo, pero lo último que quería era dejarse engañar por la esperanza y la expectativa de un buen resultado, solo para acabar en manos de alguna autoridad u otra.
Aun así, ante el comentario de Charlotte, dio un paso al frente.
—¿No sabes de qué va tu próximo libro?
—He estado buscando en Internet, tratando de encontrar una buena idea. —Charlotte frunció el ceño y sacudió la cabeza.
— ¿Cuánto tiempo te lleva escribir un libro?
—Bueno, solo he escrito uno, y el primero no sirve para juzgar. Con Playing for Keeps estaba tanteando en la oscuridad, aprendiendo el oficio sobre la marcha, así que fue un proceso largo.
—¿Esta vez podrás hacerlo más rápido?
—En teoría, sí.
Lilly sabía lo que significaba esa palabra y odiaba la preocupación que la invadió.
No quería sentir lo que había sentido tantas veces por su madre.
Era demasiado difícil cuidar de los adultos que la rodeaban.
Había hecho todo lo posible con Sabrina, pero nada parecía ayudar.
Siempre había alguien que decía algo que no debía, o su jefe insistía en que hiciera algo de otra manera y a ella no le gustaba, o un cliente intentaba estafarla y eso le daba una excusa para perder los estribos, lo que significaba que la despedirían si no renunciaba.
Por lo general, Sabrina renunciaba. Luego actuaba como si no hubiera tenido otra opción, como si las condiciones laborales fueran tan terribles que no había podido quedarse. Y lo mismo ocurría con los hombres. Al principio todo era maravilloso, pero luego todo iba cuesta abajo.
—¿Cuánto tiempo te queda?
—Solo unos meses —admitió Charlotte—. Pero no te preocupes. Encontraré una solución.
¿Y si no podía? ¿Qué pasaría entonces? Ya no tenía a Cliff ni su dinero en los que apoyarse. Lo había dejado claro. ¿Iba a poder pagar las facturas?
—¿Tienes bloqueo de escritor? — preguntó Lilly, esforzándose por comprender los límites difusos de su nueva situación, así como los escollos y obstáculos con los que podría encontrarse.
—Quizá sea eso.
—¿No lo sabes? ¿Lo has tenido antes?
—Tuve algunas dificultades con mi primer libro.
—¿Cómo vas a superarlo?
—Buena pregunta —respondió Charlotte—. Supongo que voy a darme permiso para escribir algo terrible.
—¿Por qué harías eso? —Lilly abrió los ojos desmesuradamente.
— Necesito bloquear a la editora que hay en mi interior de alguna manera. Esa zorra me tiene bien agarrada.
Cuando la oyó reír, Lilly se sintió mejor.
Charlotte no se lo estaba tomando demasiado en serio y no había sentido la necesidad de utilizar un lenguaje más apropiado para niños, diferente al que usaría con Sloane, y Lilly se sintió más esperanzada de que Charlotte pudiera superar sus problemas, aunque Sabrina nunca lo hubiera conseguido.
—¿Se te ocurrirá algo?
Charlotte debió de percibir el miedo en su voz, porque se levantó y rodeó la mesa. Al principio, Lilly temió que intentara tomarle las manos o abrazarla o algo así, lo que le provocó un escalofrío, pero no lo hizo. Solo se apoyó en la mesa, a unos treinta centímetros de distancia.
—Aunque no pueda escribir este libro y mi editora no me conceda una prórroga, me aseguraré de que tengas lo que necesitas y de que ambas superemos esto, ¿de acuerdo?
—¿Cómo? —Lilly no estaba convencida. Sabrina siempre había dicho que haría que las cosas funcionaran, y nunca lo había conseguido.
—Porque soy capaz y tengo recursos, y encontraré la manera.
Quizá fuera cierto. Quizá Charlotte encontraría la manera. Pero si las cosas se ponían aún más difíciles, disminuirían las posibilidades de Lilly de encontrar un hogar con su media hermana.
El teléfono de Charlotte sonó y ella volvió a su ordenador portátil para ver quién era.
A Lilly se le encogió el estómago cuando empezó a frotarse la frente, como si no le gustara lo que veía en la pantalla.
—¿Malas noticias? —supuso, sintiendo regresar el pánico con el que había luchado tantas veces.
—Son mis padres — respondió Charlotte—. Será mejor que conteste.
A Lilly le intrigaban los padres de Charlotte.
Cómo interactuaba con ellos. Cómo había sido su vida.
Si había sido mejor que vivir con Sabrina.
Si Charlotte había sido la más afortunada de las dos, a pesar de haber sido ella la que había sido dada en adopción.
Pero no quería que Charlotte pensara que se estaba entrometiendo o siendo demasiado curiosa.
—Voy a preparar algo de desayuno —dijo y se fue a la cocina.
Lilly había salido de la habitación, pero, de todos modos, Charlotte se llevó el teléfono al dormitorio y cerró la puerta.
Estaba haciendo todo lo posible por ser amable y tranquilizadora con su media hermana, pero la situación tampoco era fácil para ella.
La forma en que la habían tomado por sorpresa le hacía difícil perdonar a sus padres.
Tampoco quería que la interrogaran cuando todo estaba aún tan en el aire.
Pero sentía que les debía algo más que mostrarse hosca, enfadada y poco comunicativa. Habían sido buenos con ella y no eran totalmente responsables de esa situación.
Aun así, sentirse de repente tan en deuda con ellos por los derechos y privilegios que había dado por sentados cuando pensaba que era su hija biológica, formaba parte de la multitud de emociones con las que estaba luchando.
—¿Hola?
—¡Por fin! —saludó Penny—. ¿Cómo van las cosas?
—Bastante bien, supongo. —Charlotte comprendió que su madre se esforzaba por compensar el reciente drama.
— ¿Qué significa eso? ¿Cómo es Lilly?
—Recelosa, a la defensiva, asustada… Como te puedes imaginar.
—Esperaba que al menos nos enviaras una foto. Me encantaría verla. Quizá podríamos incluso hacer una videollamada por Zoom para que nos la presentaras.
Era evidente que su madre se sentía insegura por lo que estaba pasando y deseaba formar parte de ello. Pero eso era algo que Charlotte tenía que resolver antes de que todo pudiera volver a la normalidad.
—Aún no estoy preparada.
Hubo un largo silencio. Penny no estaba acostumbrada a encontrar resistencia, no cuando se llevaban bien, y casi siempre se llevaban bien.
La repentina culpa que sintió por ser ella quien cambiara eso se sumó a las otras emociones negativas que Charlotte estaba experimentando.
—Está bien —contestó su madre al fin—. Bueno, aquí estaré cuando estés lista.
—Lilly es una niña guapa y algún día será preciosa. —Charlotte cerró los ojos con fuerza y comenzó a masajearse las sienes. Lo había dicho solo por decir algo que no estuviera cargado de emoción—. Se parece a su madre. ¿Conociste a Sabrina?
— No. La asistente social nos pidió que fuéramos a buscarte al hospital.
Estábamos dispuestos a conocerla en persona, pero ella no se sentía con fuerzas para ello y, por supuesto, no queríamos complicarle aún más la situación.
La agencia accedió a entregarle una carta que le escribimos, agradeciéndole que nos dejara quedarnos contigo y prometiéndole que haríamos todo lo posible para darte una buena vida.
Esperábamos que eso la tranquilizara. Por supuesto, ella ya sabía mucho sobre nosotros por la solicitud.
Nos eligió entre muchas familias. Enviamos fotos y todo lo demás.
Esa revelación solo la hizo sentir peor. Penny estaba claramente orgullosa de haber ganado la lotería de los padres, pero Charlotte solo podía pensar que su madre biológica nunca había intentado verla.
—¿Así que fue una adopción abierta, pero ella nunca se puso en contacto con vosotros?
Charlotte había buscado la diferencia en Internet.
Una adopción cerrada significaba que no se compartía información identificativa con los padres adoptivos y que no había contacto continuo.
Una adopción abierta significaba que se permitía intercambiar información, novedades y, a veces, incluso visitas.
—Supongo que se podría decir que fue una adopción semiabierta —explicó Penny—.
Sus padres no ocultaron su identidad. Nos permitieron ver algunas fotos, sus registros médicos e información sobre sus antecedentes.
Queríamos asegurarnos de que no hubiera tomado drogas, ya sabes, y las pruebas revelaron que no lo había hecho. Pero no tuvimos ningún otro contacto.
«¿Por qué no?», se preguntó Charlotte. ¿Sabrina no había sentido curiosidad por ella?
¿No había querido conocer a su primera hija, incluso después de hacerse adulta y tener a Lilly?
¿Por qué Sabrina había renunciado a ella y se había marchado sin mirar atrás?
¿Y qué había pasado con los padres de Sabrina?
¿Por qué nunca se habían interesado lo suficiente como para ponerse en contacto con ella?
Charlotte estaba impaciente por conocer los resultados de su prueba de ADN con Ancestry.com, pero al mismo tiempo le daba miedo lo que pudieran revelar.
—¿Qué te ha dicho sobre su padre? —preguntó Penny—. ¿Y sobre sus abuelos?
—Aún no le he preguntado por ellos.
— ¿Por qué no?
—Porque tiene doce años, mamá, y su madre acaba de morir.
Además, yo sigo siendo casi una desconocida para ella.
No quiero que parezca que solo he venido a Italia para endosársela a otra persona.
Quiero establecer una relación con ella antes de buscar cierta información.
Si consigo que confíe en mí, quizá se abra y me cuente más de lo que haría de otra manera.
—Lo entiendo. Solo pensaba… ¿No te ha contado nada sobre su familia? Supuse que habría dicho algo.
—No, nada. Hasta ahora se ha mostrado reacia a hablar de su madre, ni siquiera quiere revisar las pertenencias de Sabrina.
—¿No tenían una buena relación?
—Es difícil saberlo.