Capítulo 16
A las diez de la mañana siguiente, Luca envió un mensaje de texto a Charlotte para decirle que tenía un taxi esperando en la calle.
Él no tenía coche, conducía una de sus Vespas.
Ella esperaba que Sloane y Julian estuvieran despiertos y dispuestos a ayudar, pero no se lo había pedido específicamente, no quería hacerles madrugar si preferían quedarse en la cama.
A todos les costaba adaptarse al cambio horario.
Ella no se había dormido hasta casi el amanecer.
Pero era la única que estaba despierta a la hora convenida.
Ni siquiera contaba con la ayuda de Lilly.
Había llamado a la puerta de su hermanastra y se había sorprendido cuando Lilly le dijo que no quería ir.
Sin embargo, justo antes de salir para acudir sola al lugar de la reunión, oyó pasos.
Supuso que sería Lilly, que había cedido, pero un segundo después, Julian entró bostezando en la cocina.
Estaba sin afeitar y, claramente, acababa de levantarse de la cama, ni siquiera se había peinado, pero estaba vestido.
—¿Ya está Luca en el punto de encuentro? —preguntó.
—¿Te acordaste de que iba a venir? ¿Te has levantado para ayudarme?
—Sí. Lo mencionaste anoche —contestó él—. Pero ¿dónde está Lilly? ¿No quiere participar en esto?
—Al parecer, no.
—¿Por qué no?
— Debe de ser difícil para una niña que acaba de perder a su madre lidiar con las cajas que vamos a traer. Y Luca estaba muy ansioso por deshacerse de ella. Eso tuvo que doler. —Charlotte no tenía la impresión de que Luca y Lilly hubieran estado muy unidos, pero, de todos modos, sería difícil.
Eran muy diferentes. Luca era flexible y despreocupado, Lilly era seria y cautelosa y probablemente mucho menos flexible porque parecía no poder ejercer ningún control sobre su propia situación.
Debido a esas diferencias, Charlotte podía entender por qué Luca pensaba que Lilly era difícil.
Estaba cerrada, no dejaba entrar a nadie y, una vez que decidía algo, era casi imposible hacerle cambiar de opinión.
Pero había razones para el comportamiento de Lilly, y Luca no parecía preocuparse lo suficiente como para intentar comprenderlo. Solo quería seguir adelante con su vida.
—Ha pasado por muchas cosas, así que no la presioné —añadió ella y, retrocediendo hacia la sala principal, estiró el cuello para ver lo más lejos posible por las escaleras.
Esperaba que Lilly cambiara de opinión, que pudieran encontrar un punto en común para asumir la responsabilidad de todo lo que quedaba de Sabrina, pero la puerta de su media hermana permanecía cerrada—. Supongo que realmente no va a venir.
—Nos las apañaremos —aseguró Luca—. Vamos.
—De acuerdo. Una vez que traigamos las cajas aquí, ella podrá revisarlas cuando le apetezca. O no hacerlo. Depende de ella.
Tuvieron que zigzaguear por varios caminos con coloridas criaturas marinas de cerámica incrustadas en las paredes de cemento a ambos lados y bajar un tramo de escaleras antes de salir a la calle donde los esperaba Luca.
Estaban cerca del mar y un hotel. A medida que la carretera se curvaba para seguir la costa, Charlotte pudo distinguir un hotel aún más grande al otro lado de la calle, justo al lado del agua.
No estaban en el centro de la ciudad, con la catedral y la plaza, que se encontraba más arriba en la montaña.
Pero sí cerca de la autopista que llevaba al oeste, a Positano, y al este, a Amalfi, por lo que había mucho tráfico.
Luca estaba apoyado contra el taxi, que se había detenido en una pequeña entrada para apartarse del tráfico. Cuando los oyó llegar, guardó el teléfono y empezó a sacar cajas del asiento trasero mientras el conductor abría el maletero para que pudieran sacar el resto.
Apilaron todo en la entrada del camino. Luego, Luca le dijo al conductor que lo llamaría cuando terminaran y ayudó a llevar las cajas a la villa.
Tardaron casi una hora y tuvieron que hacer cuatro viajes. Charlotte solo podía imaginar lo difícil que habría sido si Sabrina hubiera tenido tantas cosas como la mayoría de las personas de su edad.
—Tenemos suerte de que esto sea todo — le comentó a Julian mientras apilaban las cajas en un trastero al lado de la terraza.
—Normalmente no te traes muebles ni otros objetos grandes al otro lado del océano —señaló él—. Debió de vender todo lo que tenía antes de salir de Estados Unidos.
Sabrina parecía haber sido una persona muy inquieta. Charlotte tenía la impresión de que nunca había acumulado muchas cosas.
—Sea cual sea la razón, me alegro.
—Ya está. —Luca se acercó por detrás y colocó la última caja encima del resto.
— Grazie —dijo Charlotte—. Te agradezco tu ayuda.
— Nessun problema. —Él levantó la mirada hacia la casa—. ¿Cómo está Lilly?
—Se pondrá bien. —Charlotte siguió su mirada, pero solo vio el reflejo de las impresionantes vistas que tenían. Esperó estar en lo cierto.
— Bene —respondió él, sacudiéndose las manos como si se sacudiera toda responsabilidad futura.
Teniendo en cuenta la situación, Charlotte no podía culparlo por ello. Todos dijeron « Ciao », y entonces él se marchó, y Charlotte se preguntó si volverían a verlo mientras estuvieran en Praiano. Tampoco había mostrado gran interés en mantenerse en contacto.
—No es mala persona —comentó Julian.
—¿Porque ayudó a cargar unas cuantas cajas que pertenecían a la mujer con la que había estado antes de morir? —preguntó Charlotte—. Solo está aliviado de haber sacado de su casa a Sabrina, a su hija y todas sus pertenencias.
—Sí, yo tengo la misma impresión. —Julian se sentó en una silla junto a la mesa del comedor exterior—. Dio a entender que no deberían haberse liado.
—Yo no le oí decir eso. —Ella se sentó frente a él.
—Fue en uno de nuestros viajes con las cajas.
—Gracias por levantarte para ayudarme. Sin ti, me habría llevado mucho más tiempo.
—No fue nada. Siempre es divertido superar a mi hermana, que prefirió quedarse durmiendo —añadió para enfatizarlo.
—A Sloane le habrá costado conciliar el sueño anoche, como a mí. —Charlotte se rio entre dientes.
—Excusas, excusas —bromeó él.
—No todo el mundo es como tú —aseguró ella— . Eres como Ben, un tipo realmente bueno.
—Soy mucho mejor que Ben —protestó Julian, con un gesto de fingido enfado.
—Bueno, si eres mejor que Ben, Cliff no debe de ser ningún rival para ti. —La mente de Charlotte se centró inmediatamente en su propia situación.
—Pensaba que eso se daba por sentado.
—Supongo que debería haberme casado contigo. —Ella puso los ojos en blanco.
Julian no se rio, como ella esperaba. Su comentario quedó flotando en el aire de forma incómoda, haciéndola desear poder retirarlo. Había habido momentos en los que se había sentido atraída hacia Julian. La broma había resultado más cercana a la verdad de lo que ella pretendía.
Sintió que se ruborizaba cuando él se levantó.
—Definitivamente, no querrías casarte conmigo —sentenció él, muy serio, y entró en la casa.
Lilly se quedó en la cama toda la mañana, esperando hasta asegurarse de que Charlotte y Luca hubieran terminado de hacer lo que tenían que hacer con las cosas de su madre antes de atreverse a salir de su habitación. Cuando finalmente bajó, se sintió aliviada al no ver ni una sola caja.
— ¿Ha venido Luca esta mañana? —le preguntó a Charlotte, que estaba sentada a la mesa del comedor trabajando con su ordenador portátil.
—Sí —respondió ella distraídamente.
—¿No ha querido hablar conmigo?
Charlotte estaba mirando la pantalla con el ceño fruncido, pero, al oír eso, levantó la vista.
—Ha preguntado por ti, quería asegurarse de que estabas bien.
—¿Qué le has dicho?
—Le he dicho que vas a estar bien, porque creo que vas a estar bien. —Charlotte señaló hacia la cocina—. He preparado una ensalada caprese para desayunar, si te apetece. También hay fruta y muesli con yogur.
— No tengo hambre.
—Son casi las dos. —Charlotte consultó el reloj, hablando en ese tono que los adultos usaban para hacerles saber que la respuesta era incorrecta—. ¿Estás segura?
—Estoy segura. —Lilly pensó que Charlotte la presionaría para que comiera, pero no lo hizo.
—Está bien —contestó ella—. Estará ahí esperándote cuando estés lista.
—¿Dónde están todos? — Lilly miró a su alrededor, esperando ver a Sloane y Julian, pero Charlotte parecía estar sola.
—Julian salió a hacer algunas fotos. Sloane aún no se ha levantado.
Todavía está en horario de California. Por desgracia, yo también, pero tengo que trabajar, así que no puedo quedarme en la cama.
¿Te gustaría empezar a revisar las pertenencias de tu madre mientras yo me encargo de algunas cosas aquí?
Lilly había estado pensando toda la noche en esas cajas. Temía que hubiera algo que le hiciera parecer alguien a quien no se debía acoger, pero, aun así, no se atrevía a tocar las pertenencias de su madre.
—No quiero ver nada.
—¿Porque revisar esas cajas te entristecería demasiado? —Charlotte echó la silla hacia atrás.
—Supongo —asintió ella—. Es solo que no quiero ocuparme de eso. ¿Dónde están, por cierto?
—¿Las cajas? En el trastero de fuera.
—¿Ya lo has revisado todo? —Lilly pensó en sus boletines de notas.
—No. Me parecía un poco intrusivo… Quería esperarte.
—¿Te importa eso? —Lilly nunca había conocido a un adulto que la tratara como si sus pensamientos, sentimientos y opiniones realmente importaran.
—Claro que sí.
—¿Y si no quiero volver a ver nada de ella nunca más?
—No pasa nada. Solo dímelo.
—¿Por qué quieres verlas tú?
—Porque, aparte de hablando contigo, es la única forma que tengo de conocer a Sabrina. Pero no hay prisa. Podemos esperar unos días a ver cómo te sientes. Quizá cambies de opinión. De todos modos, tengo mucho que hacer.
— ¿Qué tienes que hacer? —Lilly enganchó los dedos entre las tiras que colgaban de sus pantalones cortos.
—Empezar mi próximo libro.
—¿Es lo que estás haciendo ahora?