Nos vemos en Italia Capítulo 15 #3
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Capítulo 15 #3

No creía. Sabrina nunca había sido de las que se aferraban a las cosas.

Se habían mudado montones de veces y tener muchas cosas que llevar consigo solo les complicaba la vida.

Pero Lilly seguía sintiéndose un poco aprensiva.

No quería que Charlotte supiera que no había sido buena estudiante.

Había dejado la escuela, demasiado ocupada tratando de mantener feliz a su madre para que sus vidas no se convirtieran en una mierda otra vez.

Aunque nunca había funcionado. Por mucho que Lilly se hubiera esforzado por resolver sus problemas, por mucho que hubiera renunciado o echado en falta en su propia vida para poder estar ahí para su madre, el ciclo seguía repitiéndose.

Aun así, había seguido intentándolo, con la esperanza de que la siguiente vez fuera diferente, pero, en ese momento, su pasado podría volverla inaceptable para la única persona que estaría dispuesta a ayudarla con su futuro.

¿Y si Charlotte pensaba que era una de esas niñas que no prestaban atención ni hacían los deberes?

Nadie quería a una niña así, especialmente un adulto con opciones, y Charlotte tenía opciones.

Siempre quedaba el acogimiento familiar.

Lilly se estremeció ante la idea de vivir con extraños que no tenían ningún motivo para preocuparse por ella más allá del dinero que recibirían.

Ojalá tuviera un teléfono móvil. Su madre se había negado a comprarle uno, diciendo que no tenía la edad suficiente, que eran demasiado caros y que no quería que Lilly empezara a «andar por ahí», o a pasar horas y horas en las redes sociales.

No tenía forma de ponerse en contacto con Luca sin pedírselo a Charlotte, para que se asegurara de que no hubiera nada suyo en las cajas que estaba a punto de llevar.

Sin embargo, dudaba que él se tomara la molestia de repasar las cajas, aunque ella se lo pidiera.

Pensaría que ella se preocupaba por nada, no creería que fuera importante.

Parecía tomarse todo con indiferencia y una sonrisa.

Al principio, a Lilly le encantaba eso de él.

Su madre lo llamaba «tranquilo». Pero ser tranquilo también significaba que no se quedaría cuando las cosas se pusieran difíciles, y él lo había demostrado.

En cuanto su madre se volvió difícil, él quiso que se mudaran, que volvieran a Estados Unidos, sin más.

Al menos Steve, el granjero, había intentado convencer a su madre de que fuera a terapia.

Le había dicho que se lo debía a Lilly, e incluso se había ofrecido a acompañarla.

Pensar en Steve le recordaba a Old Blue. Echaba de menos a ese perro incluso más que a su madre. Él la hacía sentir importante en el mundo. Se necesitaban el uno al otro, pero a nadie parecía importarle.

Desearía poder llamar a Steve. Le bastaría con oír su voz.

Él nunca hablaba mucho, pero era estable y amable.

Le gustaba simplemente estar en la misma habitación que él, y aún no podía creer que su madre hubiera conseguido estropear esa relación.

Steve era el mejor hombre con el que su madre había salido nunca.

Incluso Sabrina lo había admitido al final.

Oyó un suave golpe de nudillos en la puerta. Sorprendida por lo tarde que era, se quedó paralizada. ¿Iba a meterse en problemas? Se suponía que debía estar en la cama, pero estaba demasiado nerviosa para dormir. Volvió a oírlo, así que Lilly se acercó a la puerta.

— ¿Sí? —susurró sin abrirla.

—Soy Charlotte. Vi la luz bajo la puerta y me preocupé. ¿Estás bien?

Lilly se irguió. No había estado bien desde hacía mucho tiempo, incluso antes de que muriera su madre. Pero no sabía cómo expresar lo que sentía por dentro, no creía que nadie la hubiera escuchado o comprendido nunca, así que respondió lo que creía que se esperaba de ella.

—Sí. Estaba a punto de apagar la luz —contestó, aunque el resto de ella quería gritar, despotricar y llorar sin motivo aparente.

—De acuerdo. Si necesitas hablar o simplemente estar con alguien, estaré sentada en la terraza un rato. Siéntete libre de salir y acompañarme.

¿Charlotte también tenía problemas para dormir? Si era así, ¿por qué? ¿Estaba tratando de decidir qué hacer con Lilly?

Su media hermana parecía agradable. Pero Luca también había sido agradable, sobre todo al principio.

Eso no significaba nada. No era como si él quisiera criarla.

Y Lilly sabía que, si su madre se hubiera encontrado en la situación de Charlotte, no habría sentido que debía hacerse cargo del hijo de otra persona, ni siquiera durante un fin de semana.

Había montado un gran alboroto por «arreglarse» para no tener más hijos y siempre había hablado de lo difícil que era criar a uno, como si Lilly hubiera sido una carga.

Si su propia madre no había querido cuidar de ella, ¿qué posibilidades había de que otra persona lo hiciera?

—Gracias, pero estoy bien. —Supuso que tendría más posibilidades de seguir contando con el favor de Charlotte si fingía no necesitar nada.

Eso era lo que siempre había funcionado mejor con su madre.

No podía ser una molestia o la dejarían atrás como a todos los hombres con los que su madre había estado en el pasado—. Buenas noches.

—Buenas noches — repitió Charlotte, y sus pasos se alejaron de la puerta.