Capítulo 15
—¿Qué tal ha ido? —El sol de media mañana brillaba sobre el agua y el aroma a sal y protector solar flotaba en el aire mientras Sloane se bajaba el ala de su sombrero de playa para protegerse la cara por si Lilly levantaba la vista desde donde ella y Julian chapoteaban en las olas, a casi cincuenta metros de distancia.
No quería que la hermanastra de Charlotte supiera que estaba hablando de ella o de su situación.
Charlotte acababa de llegar en taxi a Spiaggia Grande, la famosa playa de Positano.
También llevaba un sombrero de ala ancha y un pareo negro de punto sobre su bañador blanco.
Después de dejar el bolso sobre las grandes toallas que Sloane, Julian y Lilly habían extendido cuando ocuparon su lugar dos horas antes, sugirió que fueran a tomar algo.
Así que Sloane se había levantado para acompañarla y en ese momento caminaban hacia el bar más cercano, que se encontraba entre un grupo de tiendas y cafeterías al borde de la playa.
—Mi encuentro con Luca fue bien —respondió Charlotte—. Me gusta mucho. En realidad, es un tipo bastante decente, pero no pudo contarme gran cosa.
—¿Por qué no? —Decepcionada, Sloane frunció el ceño.
—Porque Sabrina no estuvo con él mucho tiempo.
Y ella no hablaba demasiado sobre el pasado.
Y, aunque habla bien inglés, sigue habiendo una pequeña barrera lingüística, por no hablar de la barrera cultural.
Nunca ha estado en Estados Unidos y tiene una visión romántica de los estadounidenses, algo que debe de haber aprendido en las películas.
—No solo en las películas. —Sloane señaló la playa abarrotada, las tiendas y los restaurantes—. Dios sabe que ya ve suficientes estadounidenses por aquí.
—¿Crees que la mayoría de esta gente es de Estados Unidos?
—A juzgar por el inglés que he oído, sí. Y como es dueño de una tienda de alquiler de Vespas, interactúa con muchos turistas. ¿Qué sabe sobre el padre de Lilly?
—Nada. Ni siquiera su nombre. Pero Luca está dispuesto a mantenerse en contacto, así que podré hablar con él de nuevo cuando haya asimilado todo lo que he averiguado hasta ahora. Quizá sepa más de lo que cree y yo no le haya hecho las preguntas adecuadas.
—Creo que es bueno que vayamos a quedarnos aquí un tiempo.
—Yo también lo creo.
Llegaron al bar y Sloane pidió tres spritzes de limoncello y una limonata para Lilly.
—Mañana traerá las pertenencias de Sabrina a la villa, incluido su teléfono, así que quizá eso me proporcione más información —le contó Charlotte mientras esperaban.
Sloane pensó en todo lo que su propio teléfono podría revelar sobre ella y tuvo que darle la razón.
—Eso debería decirte mucho, si puedes acceder a él. ¿No está protegido con contraseña, como todos los demás hoy en día?
—Él conoce la contraseña. Ya lo ha consultado, buscando a alguien que se quedara con Lilly.
—Si ha tenido que recurrir a contratar a un abogado, es porque no ha encontrado a nadie.
—Cierto. Aun así, quiero revisarlo yo misma. Leer las palabras que realmente escribió ella, ver sus fotos y revisar sus contactos.
—Claro que sí —asintió Sloane—. Eso podría revelar mucho sobre quién era ella, qué pensaba y con qué soñaba, tal vez incluso por qué su vida tomó el rumbo que tomó.
—Eso espero.
— Grazie —murmuraron ambas al camarero que llevó las bebidas, y tomaron una en cada mano.
—¿Has sabido algo de tus padres desde que llegaste?
—preguntó Sloane mientras pasaban junto a un grupo de artistas que pintaban coloridas escenas de la hermosa ciudad que los rodeaba.
Charlotte se detuvo para contemplar un lienzo a medio terminar que representaba las villas apiladas en la ladera, la escena que siempre aparecía en las fotografías más famosas de Positano.
—Los dos me enviaron mensajes de texto para asegurarse de que había llegado bien.
— Apuesto a que se preguntan adónde llevará esto.
Charlotte le dedicó una sonrisa al artista para elogiar su trabajo, y él asintió mientras ellas seguían adelante.
—Sin duda, ha sido un shock para todos nosotros.
—Deben de sentir curiosidad por Lilly.
—Así es. Debería llamarlos más tarde, cuando sea una hora decente en Los Ángeles, y dejar que la conozcan por FaceTime.
O al menos enviarles una foto. Pero no quiero agobiar a Lilly.
Creo que debemos tomarnos las cosas con mucha calma.
Y, sinceramente, ahora mismo no me apetece mucho hablar con mis padres.
—¿Por qué? —preguntó alarmada Sloane, deteniéndose—. No permitirás que esto se interponga entre vosotros, ¿verdad?
—Solo necesito un poco de tiempo. —Charlotte se volvió hacia ella— . Sé que están preocupados y quieren información detallada, pero me resulta extraño incluirlos. Esto es tan difícil para mí que quiero lidiar con ello yo sola, al menos hasta que pueda aceptarlo.
—No puedo ni imaginar por lo que estás pasando —admitió Sloane—. Lo siento.
—Me ayuda tenerte aquí —respondió ella—. Me alegro mucho de que a Ben no le haya importado que vinieras. Ojalá me hubiera casado con alguien más parecido a él —añadió con una sonrisa.
Sloane sintió el peso de la culpa que arrastraba a todas partes. ¿Qué iba a hacer con su marido? ¿Cómo sabría si debía quedarse con él o construir una vida sin él? No tenía ni idea de qué camino la haría más feliz a ella… y a él.
Afortunadamente, Julian y Lilly los habían visto y se acercaron para recoger sus bebidas, lo que le ahorró a Sloane tener que dar una respuesta.
—¿Todo bien con Luca? —le preguntó Julian a Charlotte. Su voz era alegre, sin duda por el bien de Lilly, pero Sloane conocía a su hermano mejor que nadie y sabía que después indagaría más.
— Genial —respondió Charlotte—. Mañana traerá las cosas de Sabrina a la villa.
—¿Nos las va a traer él? —preguntó Julian.
Charlotte asintió, como si fuera lo más natural del mundo. Luego inclinó la cabeza para llamar la atención de Lilly.
—Puedes revisar las cajas y quedarte con lo que quieras. Y el resto…, bueno, ya decidiremos qué hacer con el resto más adelante. Por ahora, lo guardaremos.
—De acuerdo. —Lilly parecía aliviada, pero ante la mención de su madre, volvió a bajar la mirada hacia sus pies, enterrados en las inusuales piedras negras de Spiaggia Grande.
—Espero que la limonada haya sido una buena elección para ti —observó Charlotte— . Me basé en lo que pediste anoche.
—Me gusta —asintió Lilly.
—Deberíamos almorzar dentro de un rato —sugirió Julian—. ¿Qué es lo mejor?
—¿Me lo preguntas a mí? —Lilly se tocó el pecho, ya que él la estaba mirando.
—Por supuesto que te lo pregunto a ti —respondió él— . Tú eres la experta aquí.
Eso le arrancó una pequeña sonrisa. Julian podía ganarse a casi cualquiera y sin duda había estado ejerciendo su magia sobre la media hermana de Charlotte.
—Hay una tienda de delicatessen allí arriba.
—Lilly señaló hacia el concurrido distrito comercial, que tenía un laberinto de callejuelas, escaleras y tiendas, la mayoría con apartamentos o pisos en la parte superior, y buganvillas que se desbordaban de los balcones y trepaban por las barandillas—.
Mi madre me llevó una vez. Tienen un pastel de espagueti que está bastante bueno.
—¿Qué es un pastel de espagueti? —preguntó Sloane.
—Es como… —Lilly puso cara de desconcierto mientras pensaba en cómo explicarlo—, montones de fideos metidos en un molde para tartas con trocitos de jamón y queso mezclados. Se puede agarrar con la mano y comer como si fuera un trozo de pizza .
—¿Los espaguetis no se deshacen? —Sloane no se lo imaginaba.
—No —respondió la niña—. Son gruesos y secos, así que se pegan entre sí.
—Suena interesante —intervino Charlotte—. Me gustaría probarlo. Pero primero disfrutemos unos minutos de nuestras bebidas.
Mientras Lilly y Charlotte se sentaban con Julian, Sloane se quedó atrás para hacerse un selfi junto a los artistas con Positano al fondo, que envió a Ben.
Positano es magnífico, tan bonito como dice la gente.
Eran las seis y media de la mañana en California, así que no esperaba una respuesta inmediata, y no la recibió. Esperaba que por fin él estuviera durmiendo un poco. Pero también le grabó un vídeo rápido.
Hoy está bastante abarrotado. Normal en temporada alta, sobre todo porque la playa solo mide unos cuatrocientos metros de largo.
Pero es fácil entender por qué todo el mundo quiere venir aquí.
Las sombrillas de rayas, el azul intenso del agua y las casas rosas, blancas, amarillas y azules encajadas en los acantilados son realmente especiales. ¡Que tengas un buen día!
Guardó el teléfono en el bolsillo de su pareo y siguió a Charlotte y Lilly hasta las toallas.
Julian levantó la vista al verla acercarse.
—¿Y esa sonrisa?
—Acabo de grabar un vídeo para Ben —respondió ella.
—Seguro que lo echas de menos —intervino Charlotte, que lo había oído todo.
—Sí —respondió ella, dándose cuenta de hasta qué punto.
Ben se despertó con la foto y el vídeo que Sloane le había enviado.
Dios, era preciosa, pensó mientras estudiaba su rostro.
Todavía la amaba, desearía que la vida no tuviera que ser tan dura, que no hubiera diferencias de opinión y deseos contradictorios que pudieran separar a dos personas que, por lo demás, eran perfectas la una para la otra.
¿Debería renunciar a su sueño de ser padre?
Estaba tentado de intentarlo. Por ella. Pero no creía que pudiera hacerlo. Estaba atrapado entre perder a la mujer que amaba y cumplir con un papel que había deseado desde niño.
Al principio habían sido muy felices. Lo que daría por recuperar algo de esa magia…
Gracias por lo que me has enviado. Estás preciosa. Como siempre .
Recibió su respuesta nada más salir de la ducha:
Eres un hombre tan bueno… Nunca querría hacerte daño. Espero que lo sepas.
Su mensaje le hizo amarla aún más. Necesitaba oír algo así. Pero sus palabras eran agridulces, porque ella le estaba haciendo daño y él probablemente también a ella, aunque ninguno de los dos tuviera esa intención.