Nos vemos en Italia Capítulo 14 #2
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Capítulo 14 #2

—No. Ella estaba en la otra habitación mientras discutíamos, haciendo sus deberes.

Siempre desaparecía cuando empezábamos a pelear.

Lo odiaba, por supuesto. ¿Qué niño no lo odiaría?

Ni siquiera sabía que su madre se había ido.

Llevaba puestos los AirPods cuando fui a decirle que había habido un accidente y que teníamos que ir al hospital inmediatamente.

—Estás describiendo una situación de constante agitación emocional —observó Charlotte—. ¿Así era la vida de Lilly?

—Soy una persona apasionada. Sabrina era una persona apasionada.

—O sea, que sí.

— Sì —admitió él finalmente con tono fatalista.

— ¿Sabes cómo era la vida de Lilly cuando estaban con el hombre que te precedió? ¿Sabrina o Lilly hablaron alguna vez de ello?

—Lilly lo hizo. Un pó , un poco. El hombre del perro ciego.

—Steve. El granjero.

—¿Ya te ha hablado de él? —preguntó Luca, sorprendido—. Ese perro lo era todo para ella.

—Me dio la impresión de que allí es donde más feliz fue.

—Podría haberle prestado más atención —admitió él— . Pero si no iba a funcionar con su madre…

—No te interesaba ser padre —terminó Charlotte.

Evidentemente, la pobre chica había sido tratada como un lastre que Sabrina había arrastrado con ella.

Quizás ese perro ciego le había dado a Lilly algo a lo que amar, un animal que también la había amado sin condiciones.

Charlotte odiaba que Lilly no hubiera podido quedarse allí.

—Entonces, ¿qué vas a hacer? —Luca frunció el ceño mientras Mario les servía el café y las crepes, deseándoles buon appetito —. ¿Te llevarás a Lilly a tu casa para que viva contigo y tu marido rico y famoso?

Luca sin duda pensaba que ella tenía un buen lugar para Lilly. Al parecer, no se había enterado de la noticia de su divorcio, lo cual no era de extrañar, ya que vivía en Italia.

—No estoy segura de lo que haré —admitió Charlotte—. Aún no. ¿Por casualidad tienes el número de Steve? ¿O su dirección o cualquier cosa que me permita contactar con él?

—¿Y para qué quieres hablar con Steve? —Él volvió a fruncir el ceño.

—Para descubrir cómo es y escuchar lo que tiene que decir sobre Sabrina y Lilly.

La única forma que tenía de conocer a su madre biológica, y cómo había sido la vida de su hermana antes de que Sabrina falleciera, era a través de otras personas y de lo que Sabrina había dejado atrás.

Pensó que, si lograba entablar amistad con Steve, tal vez podría llevar a Lilly a ver al perro.

Eso podría ofrecerle algo de consuelo en ese momento tan difícil.

—No sé cómo localizarlo —aseguró él—. Recuerdo que llamó a Sabrina varias veces mientras ella estuvo aquí, pero yo nunca hablé con él.

—Quizás su información de contacto todavía esté en el teléfono de Sabrina.

—Si no lo borró…

Charlotte esperaba que no fuera así, pero Lilly le había dicho que su madre tenía tendencia a cortar todos los lazos cuando pasaba página.

—¿Tiene Lilly el teléfono de su madre?

—No. Me daba miedo dejar que viera algunas de las fotos y otras cosas que hay en él. Yo mismo me sorprendí con lo que vi.

—¿Qué encontraste? —Charlotte se detuvo con la taza a medio camino de su boca.

—Había estado comunicándose con otros hombres mientras estaba aquí, enviando fotos y mensajes de texto de contenido sexual. —Él hizo una mueca y sacudió la cabeza.

—Entonces, ¿tienes su contraseña? —Ella suspiró.

—Fue fácil de adivinar: el mes y el día de nacimiento de Lilly.

—¿Y dónde está? —Charlotte supuso que poder acceder al teléfono de Sabrina era bueno. Al menos le permitiría ver cómo era su madre biológica de una manera diferente.

—Con las otras cosas de Sabrina, en la casa. Ayer había demasiado para llevar. Lo empaqueté todo y te lo iba a enviar cuando volvieras a tu país.

—No puedo esperar tanto tiempo. Quisiera tener el teléfono mientras estoy aquí, si no te importa.

— Tutto bene , no me importa —respondió él.

Discutieron los detalles logísticos para llevar las cajas a la villa. Al parecer, había una carretera más cercana al mar. Podría aparcar en la carretera inferior, de modo que solo habría que subir un tramo de escaleras, en lugar de tener que bajar todo desde la calle de arriba.

—¿Puedes contarme algo sobre el padre de Lilly? —preguntó ella mientras terminaban de comer.

—La verdad es que no.

Charlotte no pudo evitar sentirse decepcionada, aunque ya se lo esperaba. Al fin y al cabo, él había contratado a un abogado por alguna razón, y ese abogado había acudido a ella, no al padre.

—¿Ni siquiera su nombre?

—Puede que lo encuentres en alguno de sus diarios u otros documentos. —Luca sacudió la cabeza.

— ¿No los has leído?

—No. Solo revisé su teléfono para buscar a alguien con quien contactar sobre Lilly, y no quise ver nada más.

Era comprensible. Charlotte dejó la taza vacía sobre la mesa.

—Entonces supongo que no sabes nada sobre mi padre.

—Ni siquiera sabía que existías. —Él hizo una mueca.

—Gracias por dedicarme tu tiempo esta mañana y por ayudarme a recoger las cosas de Sabrina mañana —dijo Charlotte. Dejó veinte euros de propina y se levantó.

— Prego, signorina . Me alegro de poder ayudar. —Luca parecía sincero.

Le dieron las gracias a Mario, que les deseó lo mejor mientras seguía gestionando su pequeño restaurante casi sin ayuda, y salieron a la calle, donde Charlotte volvió a darle las gracias a Luca.

—Voy a echar de menos a Lilly —aseguró él justo antes de que ella se marchara—, pero no puedo convertirme en su padre. Espero que lo entiendas. Tener un adolescente es difícil incluso sin toda la ira, la inseguridad y el resentimiento que siente Lilly. No estoy preparado para lidiar con eso.

Alguien tenía que preocuparse lo suficiente como para lidiar con ello.

—Lo entiendo. —Charlotte se daba cada vez más cuenta de que esa persona probablemente sería ella. Luca no era la persona adecuada para criar a Lilly. Eso lo tenía claro.