Nos vemos en Italia Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

Llevaba un vestido largo blanco con una camisa transparente y un sombrero de paja.

Lilly iba detrás con unos pantalones cortos y una camiseta desgastada de Ferrari que había convertido en un top corto.

Sloane no pudo evitar pensar que, si eso era lo mejor que tenía la chica para salir a cenar, lo primero que tenían que hacer era comprarle ropa nueva.

—Genial —respondió—. ¿Dónde está Jules?

—No tengo ni idea —Charlotte paseó la mirada por la terraza. No está en casa, y este es el único jardín.

Sloane envió un mensaje de texto a su hermano y recibió una respuesta inmediata: He bajado al mar a hacer unas fotos. Ahora mismo voy .

—Ya está de camino.

—¿Sabes algo de Ben? —preguntó Charlotte mientras esperaban —. ¿Cómo se las arregla sin ti?

—Ahora está en el trabajo. Seguro que está bien. De hecho, me ha enviado una lista de buenos restaurantes para probar.

—Ya los probaremos. Esta noche elige Lilly.

—No tiene por qué ser lo que yo diga —protestó la joven, abriendo mucho los ojos.

Sloane solo había oído que iban a cenar a Positano. No se había dado cuenta de que era específicamente para complacer a Lilly.

—Esta noche puedes elegir tú. Estaremos aquí todo un mes, así que tendremos tiempo de sobra para probarlo todo. —Les mostró el teléfono con la lista a la que se refería—. Algunos de estos, los de Praiano, probablemente los visitaremos más de una vez.

—Kasai es muy bueno — aseguró Lilly.

—¿Qué te gusta comer allí?

—Tienen una pasta con trufa buenísima.

—¿Te gustan las setas?

—No creo que lleve setas —respondió ella, haciendo una mueca.

Las trufas eran setas, pero Sloane no quería estropearle su plato favorito diciéndoselo.

—Desde luego, quiero probarla mientras estamos aquí —dijo sonriendo a Charlotte, que le devolvió la sonrisa mientras salían a encontrarse con Julian en el estrecho sendero que serpenteaba entre las casas apiñadas en el acantilado.

El restaurante del que Lilly no recordaba el nombre, pero que le encantaba, se llamaba Il Tridente Positano.

Le costó más encontrarlo de lo que Charlotte había esperado, pues le había parecido muy segura de sí misma.

Pero finalmente, mientras el taxi avanzaba despacio por las estrechas calles, deteniéndose con frecuencia para esperar a que los turistas se apartaran a los lados, lo reconoció.

Cuando le preguntaron cómo había descubierto el restaurante, ya que no parecía el tipo de lugar que elegiría una chica joven, dijo que era el favorito de su madre, y que ella y Luca la habían llevado allí tanto para el cumpleaños de su madre como para el suyo.

Una vez que se sentaron y les sirvieron, Charlotte pensó que la comida era tan buena como le habían prometido.

Compartieron el carpaccio de búfalo. Luego, Lilly pidió las patatas y los ñoquis con azafrán, Julian pidió la pasta con chipirones, Sloane se entusiasmó con una pasta tubular con gambas y otros mariscos, y Charlotte eligió algo llamado pasta spaghettoni con ajo negro que también llevaba gambas.

—Ben dijo que, mientras estamos en Italia, deberíamos probar las alcachofas fritas —informó Sloane—. Al parecer, son muy populares aquí.

No había alcachofas en el menú de Il Tridente, pero sí un risotto con queso que, según Sloane, Ben también había recomendado que probasen mientras estuviesen en Italia. Sloane lo había pedido además de su plato principal para poder decirle que habían seguido su consejo y darle su opinión.

—Sin duda tenía razón sobre el arroz —a Charlotte le gustó el risotto casi tanto como su plato principal, pero no lo habría querido como único entrante—, así que estoy dispuesta a probar las alcachofas la próxima vez. —Se volvió hacia Lilly—. ¿Qué opinas? ¿Las has probado alguna vez?

—Mi madre me obligó a probarlas una vez —respondió ella—. No me gustaron.

—¿Pero a ella le gustaban? —Charlotte no podía evitar sentir curiosidad por Sabrina.

—Decía que estaban buenas, pero prefiere… —su voz se quebró al darse cuenta de su error y cambió de tiempo verbal—, prefería las que no están fritas. —Su voz se volvió aún más suave al terminar la frase—. Creo que esas nunca las he probado.

Sloane miró a Charlotte con expresión de disculpa por haber sacado el tema de las alcachofas.

—¿Qué tal si pedimos tiramisú? —preguntó, probablemente en un intento por animar a Lilly.

—¿Otra recomendación de Ben? —Julian apuró su copa.

—Estamos en Italia —contestó su hermana—. No le hacía falta recomendármelo.

—Propongo que demos un paseo y veamos un poco Positano antes de que oscurezca demasiado —sugirió Charlotte—. Podemos tomar tiramisú más tarde.

—El tiramisú de Kasai es el mejor —intervino Lilly, con voz apenas audible.

—¿En Praiano? —preguntó Charlotte, intentando sacarla de su ensimismamiento.

—Lo prepara la madre del dueño —asintió ella.

—¿Crees que abrirán hasta tarde?

—Si tienen clientes…

—¿No tienen un horario fijo? —preguntó Julian.

—En Italia no —respondió la joven—. Ahora que es primavera, la mayoría de los restaurantes están abiertos hasta tarde. Se ve gente cenando a las diez, a las once, incluso a medianoche.

—¿Has visitado algún otro sitio, aparte de la costa de Amalfi, desde que viniste aquí? —preguntó él.

—Roma y Florencia.

—¿Y el lago Como? —preguntó Sloane.

—No sé dónde está —respondió Lilly, sacudiendo la cabeza.

—¿Venecia? —sugirió Julian.

Ella volvió a sacudir la cabeza.

—Quizás deberíamos viajar un poco mientras estamos aquí —propuso Charlotte—. Creo que se puede ir en transporte público a casi cualquier sitio.

Julian y Sloane estuvieron de acuerdo, pero Lilly no dijo nada.

—¿Has conseguido buenas fotos mientras Lilly y Charlotte se preparaban? —le preguntó Sloane a su hermano.

—No me he llevado la cámara grande, no quería complicarme.

Pero he sacado algunas fotos bonitas con mi iPhone.

—Buscó entre sus álbumes para enseñárselas y Charlotte se detuvo en una fotografía que había tomado desde una ventana del segundo piso de la villa antes de salir de casa.

Podía ver a Lilly y a ella en el jacuzzi , con los grandes azulejos rojos de la terraza y el azul profundo del mar Mediterráneo extendiéndose más allá.

La buganvilla blanca que trepaba por la fachada se veía en primer plano, lo que daba profundidad y perspectiva a la imagen.

—Tienes buen ojo —observó Charlotte. La foto que había tomado hacía que todo pareciera perfecto y sereno. Nadie podría adivinar la angustia que ella había sentido en ese momento.

—Me alegra que hayamos venido. —Julian sonrió mientras recuperaba su teléfono.

Ella se dio cuenta de que él intentaba animar a Lilly, conseguir que también se alegrara.

Pero Lilly era muy difícil de alcanzar. En el jacuzzi , Charlotte pensó que había logrado algunos avances con ella, pero, desde entonces, su media hermana se había refugiado tras las murallas que había construido para mantener a raya al resto del mundo, lo que la hacía preguntarse si alguna vez sería capaz de salvar la distancia que las separaba.