Nos vemos en Italia Capítulo 11 #3
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Capítulo 11 #3

El anhelo que sentía por Sabrina le provocaba a Lilly un dolor físico en el pecho. Casi todo lo relacionado con su madre había sido difícil y confuso, incluso cuando estaba viva. Y no había cambiado con su muerte.

—Hacía que Italia pareciera un lugar muy interesante —contestó—. Y me gusta la pizza .

—¡Ahí tienes el rayo de luz! —rio Charlotte.

—¿El… qué?

—Significa que de algo complicado sale algo bueno, algo que te puede hacer feliz.

Lilly ya no tenía que empezar una y otra vez mientras Sabrina conocía a un hombre tras otro, ya no tenía que preocuparse de que otro «padre», la espiara como había hecho Walter.

Eso tenía que ser el rayo de luz. Pero con la muerte de su madre, su vida había empeorado, no mejorado.

Quizás Sabrina no fuera totalmente fiable, pero Lilly ya no tenía a nadie que la cuidara.

—Luca dijo que escribes libros.

—Solo he escrito uno, y necesito escribir otro.

—Pero ¿eres famosa?

—En realidad no. Es mi futuro exmarido quien es famoso. Clifford Jackson, de los Lakers. ¿Luca también te habló de él?

Lilly se alegró de que Charlotte hubiera sacado a Clifford en la conversación, porque ella no se había atrevido a hacerlo, no quería hacerla sentir mal, ya que parecía que era Clifford quien quería el divorcio.

—Sí. Luca dijo que eres rica. —En realidad, Luca había dicho que Charlotte podía cuidar de ella porque tenía más dinero del que podría gastar. Pero Lilly no añadió esa parte.

—Cliff es rico —aclaró Charlotte—. Pero ya no estamos juntos y no estuvimos casados mucho tiempo, así que él se queda con la mayor parte del dinero. Me mudé con mis padres antes de venir aquí. Volver a estar soltera es algo muy nuevo y me resulta extraño.

Lilly no sabía qué decir. Si Cliff se quedaba con la mayor parte de su dinero, eso no podía ser bueno para ella.

Oía la tristeza en su voz, y no quería empeorar las cosas.

Cada vez que su madre se separaba de quienquiera que fuera con quien salía, no quería volver a hablar de él nunca más. ¿Era lo mismo con Charlotte?

—Lo siento. Dijiste que podía preguntarte cualquier cosa —murmuró.

—Lo dije en serio. Siempre puedes hablar conmigo, incluso sobre Cliff. El divorcio no será fácil, pero el dolor tiene un ciclo. ¿Lo sabías? Pasas por diferentes etapas y las superas con la esperanza de que, al final, las cosas mejoren.

—¿Mejorarán? —Lilly deseaba desesperadamente que alguien le prometiera que el dolor y el miedo que sentía desaparecerían, porque todo en su vida parecía empeorar.

—Creo que sí —respondió Charlotte— . Pero no te voy a prometer nada. No puedo decir algo solo para que te sientas mejor. Quiero que sepas que, si digo algo, puedes confiar en ello, ¿de acuerdo?

No era la promesa que ella esperaba, pero parecía sincera, y eso le facilitaba confiar en Charlotte.

—De acuerdo.

—¿Por qué no me cuentas algo sobre este pueblecito? —Charlotte levantó la mano para señalar a su alrededor.

—Entiendo por qué le gustaba a mi madre —respondió Lilly—. Le encantaba estar junto al mar.

—¿Qué te gusta de aquí?

—La pizza .

—Por supuesto. —Sonrió Charlotte—. Parece que eso no te ha decepcionado.

—No. La pasta también está buena —añadió Lilly—. Y el sorbete de limón. Lo sirven en un limón gigante.

—Nunca he visto eso en casa.

—Creo que solo se puede encontrar aquí, pero está por toda la costa de Amalfi.

—Tendré que probarlo sin falta. Pizza , pasta y helado, ¿eh? ¡Me temo que voy a engordar bastante este mes!

La charla desenfadada hizo que Lilly sintiera que podía volver a respirar. Ni siquiera se había dado cuenta de que había estado conteniendo la respiración, pero la opresión en el pecho se alivió lo suficiente como para que ya no se sintiera mal.

—¿Cuál es tu restaurante favorito? —preguntó Charlotte mientras sacaba un insecto muerto del agua.

—No recuerdo el nombre, pero sé dónde está —contestó Lilly—. Está en Positano.

—Por lo que he oído, Positano no está lejos.

—No lo está. Pero es un pueblo diferente. Hay que tomar un taxi, que cuesta dinero —señaló. Esa había sido siempre la razón de su madre para decir que no cada vez que Lilly quería ir allí.

Su madre nunca tenía dinero. Había tenido que depender de los hombres de su vida para que le proporcionaran gran parte de lo que necesitaban, y al cabo de un tiempo esos hombres se cansaban. Algunos guardaban más rencor a Lilly que a Sabrina porque no tenía nada que ofrecer.

—Parece que vale la pena el viaje. ¿Vamos esta noche? ¿Sabes si hay que reservar?

Ella sacudió la cabeza, pero, por primera vez desde que murió su madre, sintió ganas de sonreír. Cenar en un restaurante elegante sería como una celebración, y hacía mucho tiempo que no tenía nada que celebrar.

—Lo buscaré en Google. —Charlotte se sentó en el borde del jacuzzi —. Entiendo que estás en una situación aterradora y difícil, Lilly, y espero ayudarte a que sea más fácil, en todo lo que pueda.

—Gracias. —Lilly sintió que su sonrisa se desvanecía. Esas palabras sonaban bien, pero no sabía qué significaban, no exactamente. Quizás Charlotte tampoco sabía aún qué significaban.